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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2019

Sntomas de regresin en el independentismo cataln

Antonio Santamara
TopoExpress


El inicio del juicio a los presos independentistas ha roto el comps de espera en que se hallaba instalada la poltica catalana. Este tiempo muerto ha estado dominado por las conversaciones entre los ejecutivos espaol y cataln y la fallida mesa de partidos catalanes auspiciada por el PSC.

El comienzo de juicio ha reventado el frgil proceso negociador. La negativa de ERC y PDeCat a permitir la tramitacin de los Presupuestos Generales del Estado y la deliberada filtracin de los 21 puntos, planteados por la Generalitat para avanzar en el dilogo y alcanzar algn tipo de acuerdo, desencadenaron irresistibles tensiones externas (el tripartito de derechas) e internas (los barones del PSOE) sobre el precario gobierno del Pedro Snchez, quien decidi disolver las cmaras y convocar elecciones generales.

Durante este comps de espera hemos asistido a una soterrada pugna entre los sectores posibilistas y fundamentalistas del movimiento independentista. Los primeros se apuntaron una primera victoria, a la postre prrica, al permitir que saliera adelante la mocin de censura contra Mariano Rajoy, a pesar de la oposicin de Carles Puigdemont. Tanto es as que la secretaria general del PDeCat, Marta Pascal, hubo de desplazarse a Madrid y emplearse a fondo para convencer a los diputados de su partido. No obstante, fue un xito efmero. Poco despus se celebr el congreso del PDeCat donde Puigdemont pidi y obtuvo la cabeza de Pascal.

Ahora, con el teln de fondo de los juicios, se ha impuesto el sector fundamentalista, precipitando la cada de Snchez. Ello a despecho de los fundados temores de que tras los comicios pueda formarse un tripartito de derechas partidario de una aplicacin dura e indefinida del artculo 155 de la Constitucin. Para comprender esta determinacin, para muchos contraria a la ms elemental racionalidad poltica, deben tenerse en cuenta varios factores.

En primer lugar, el movimiento independentista ha construido un relato ficcional con una frrea ortodoxia doctrinal y visceral que cuenta con numerosos autoproclamados guardianes de la fe, como la ANC, los CDR, la CUP y medios de comunicacin como TV3 o Vilaweb. Eso constituye una autntica camisa de fuerza para aquellos sectores que intentan practicar un cierto realismo poltico. El propio Puigdemont fue vctima de ese mecanismo inquisitorial cuando estuvo a punto de convocar elecciones para evitar la aplicacin del 155. Ello contribuye a explicar la falta de coraje poltico de ERC y de los sectores postconvergentes del PdeCat, que no se atreven a enfrentarse a los guardianes de la ortodoxia ficcional y, como en el cuento de Andersen, proclamar que el rey est desnudo.

En segundo lugar, una de las seas de identidad del nacionalismo cataln es el victimismo que opera como un fuerte elemento de comunin identitaria frente al enemigo exterior. Ahora bien, victimismo rima con masoquismo, de modo que para importantes sectores, tanto de la base social como de la direccin del movimiento independentista, se precisa alimentar el fantasma del Estado opresor, antidemocrtico y anticataln. Un fantasma en gran medida construido desde el mencionado relato ficcional, pero que podra convertirse en realidad si se formase en Madrid un tripartito de derechas. Una opcin que parece ser la preferida de los sectores fundamentalistas del movimiento independentista, pues dara coherencia a su relato ficcional y alimentara las pulsiones victimistas y masoquistas de sus bases sociales. Todo ello ante la impotencia de los sectores posibilistas, atenazados por los guardianes de la ortodoxia del mundo ideolgico ficcional, incansablemente proyectado desde los medios de comunicacin, que operan como piezas fundamentales en la construccin del relato ficcional.

Contradicciones de un juicio

Justamente esos medios de comunicacin han emprendido una machacona e incansable campaa de agitacin y propaganda a propsito del proceso a los lderes independentistas. Tanto es as que, para que nadie se escape, se emiten en directo por los dos canales de la televisin autonmica acompaados de tertulianos abrumadoramente secesionistas y donde el pluralismo ideolgico brilla por su ausencia.

La intensa propaganda tiene como objetivo subrayar el carcter injusto y lesivo contra los derechos de los presos y mostrar las debilidades de las acusaciones, que hasta el momento no estn desempeando un nada papel brillante, respecto a los delitos de rebelin y sedicin.

Ahora bien, esa misma propaganda elude apuntar hacia una de las contradicciones ms palmarias de las declaraciones de los lderes independentistas. Por un lado, insisten en considerarse presos polticos, vctimas de una causa general contra el independentismo, a quienes no se acusa por sus actos sino por sus ideas. Pero, por otro, se niegan asumir las motivaciones y consecuencias de esos mismos actos. De este modo, atribuyen a la Declaracin Unilateral de Independencia un carcter puramente simblico, evitan reivindicar el supuesto mandato popular del referndum del 1 de octubre, reiterado hasta la saciedad por los medios de comunicacin afines, y afirman, contra todas las evidencias, que la Generalitat no gast un euro en la organizacin de la consulta.

Realmente, si actuasen como presos polticos realizaran una encendida defensa de sus actuaciones a fin de reivindicar el objetivo poltico de proclamar la independencia de Catalunya a travs del ejercicio del derecho a la autodeterminacin.

Retorno a la matriz reaccionaria

Como era previsible el proceso judicial ha significado una reactivacin de las movilizaciones independentistas con la mirada puesta en el intenso ciclo electoral en ciernes.

No obstante, el cariz de estas movilizaciones est tensando y replanteando las relaciones entre el movimiento independentista y el movimiento obrero. En el periodo anterior a la Guerra Civil, el catalanismo conservador se manifest radicalmente hostil al movimiento obrero. No solo en la doctrina de Prat de la Riba, como mostr brillantemente Jordi Sol Tura, sino en su prctica poltica de apoyo a la represin al movimiento obrero y a los golpes de Estado de los generales Primo de Rivera y Franco. Justamente, Josep Benet, como idelogo, y Jordi Pujol, como poltico, fueron en la dcada de 1960 los artfices del aggionarmento del catalanismo limando sus aristas ms reaccionarias y planteando una nueva relacin, digamos de cordialidad, entre nacionalismo cataln y movimiento obrero, unidos en la lucha contra el franquismo y cuya expresin ms acabada fue la Assemblea de Catalunya.

Ciertos aspectos de las ltimas movilizaciones del independentismo apuntan a una vuelta a la matriz antiobrera del catalanismo/independentismo. La huelga general del 21 de febrero fue convocada por el muy minoritario sindicato independentista Intersindical CSC en protesta contra los juicios. La huelga, calificada de paro de pas, no tuvo apenas seguimiento entre la clase trabajadora catalana. nicamente tuvo un apoyo relevante entre los funcionarios de la Generalitat, con un aire de cierre patronal ms que de huelga, y en el sector de la enseanza a travs del sindicato de enseantes USTEC, de filiacin independentista; algo que no debe extraarnos, pues gran parte del profesorado cataln opera como transmisores de la doctrina nacionalista/independentista.

La impotencia por el nulo eco entre la clase trabajadora de la huelga se reflej en los cortes de carreteras y vas frreas a cargo de los CDR y en el ataque a la sede central de CCOO, sindicato mayoritario entre los trabajadores catalanes y que, al igual que UGT, no convocaron a la huelga. El ataque a la sede de CCOO se produjo a pesar de sus muestras de apoyo al movimiento independentista, como en el caso de su participacin en la plataforma por el derecho a decidir y sus denuncias a la situacin de los lderes independentistas presos. La hostilidad de la clase trabajadora al movimiento secesionista est alimentando reacciones antiobreras ocultas tras el tamiz del antiespaolismo y el supremacismo identitario, uno de cuyos ms seeros portavoces es precisamente el presidente vicario de la Generalitat.

A diferencia del Pas Vasco, donde el nacionalismo conservador y el de izquierdas han levantado potentes organizaciones sindicales, el catalanismo ha optado por la va del entrismo en los sindicatos existentes. El caso ms notable es el de Camil Ros, secretario general de la UGT catalana y vinculado a ERC, de la cual lleg a ser lder de sus juventudes. Un xito no exento de contradicciones. As, en septiembre de 2017 fue acusado de defender el secesionismo desde el sindicato UGT y tuvo que enfrentarse a una fuerte contestacin interna de sectores del sindicato que se manifestaron contra el apoyo de UGT al referndum del 1 de octubre al tener en contra la opinin mayoritaria de sus afiliados.

Otro inquietante sntoma del retorno a la matriz reaccionaria del nacionalismo cataln fueron los insultos y las acusaciones de fascistas a los republicanos espaoles que participaban en el homenaje a Antonio Machado en Colliure, donde est enterrado. En el relato de los sectores ms hiperventilados del independentismo todos los espaoles son identitariamente fascistas. De este modo se genera el caldo de cultivo para insultos machistas como los de Toni Alb contra Ins Arrimadas, a quien por cierto le salv los muebles tras su desafortunada visita a Waterloo.

El relato independentista ignora deliberadamente la resistencia del pueblo espaol contra el fascismo que desemboc en la Guerra Civil y el apoyo del catalanismo conservador al general Franco. Ms all del carcter francamente intolerante de estas manifestaciones, que les aproximan a la extrema derecha europea, puede apreciarse una lnea de ruptura en las histricas relaciones de colaboracin entre la izquierda y el republicanismo espaol con el nacionalismo cataln frente a la derecha (neo)centralista, al menos desde los Pactos de San Sebastin que preludiaron el advenimiento de la Segunda Repblica.

Adems, la falta de apoyo a las reivindicaciones secesionistas por parte de la Unin Europea est conduciendo a estos sectores del catalanismo a emplear un tono crecientemente antieuropesta Esto ya se apreci en las declaraciones de Puigdemont calificando, en noviembre de 2017, a la Unin Europea de club de pases decadentes y obsolescentes, pero que ha ido en aumento, como, por ejemplo, con la ocupacin de la delegacin de la Unin Europea en Barcelona, organizada por la ANC, y por las reacciones a la prohibicin del presidente del Parlamento Europeo Antonio Tajani de permitir la conferencia de Puigdemont y Torra en la cmara europea.

En definitiva, en los sectores ms fundamentalistas del movimiento secesionista, bajo la retrica de la defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos se apreciaban signos de evolucin en sentido contrario que les acercan cada vez ms a los neonacionalismos reaccionarios en ascenso en toda Europa. De este modo se cuestiona la labor de democratizacin del catalanismo, bajo la gida de Benet y Pujol, y se observan signos de regresin a las esencias reaccionarias del primer catalanismo.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/sintomas-de-regresion-en-el-independentismo-catalan/



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