Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2019

Mujer trabajadora: el capital o la vida

Anna Pacheco
Pblico


Las portadoras hacen cola para transportar paquetes a travs de la frontera de El Tarajal que separa Marruecos y Ceuta. AFP PHOTO / JORGE GUERRERO

Shirley Sandy lleg de Bolivia a Barcelona hace trece aos. poca precrisis. El tren pas de largo de Barcelona y cay casi por casualidad en Vilafranca del Peneds. La noche en la que lleg no conoca a nadie, no tena claro dnde estaba o a qu se iba a dedicar. Su primer trabajo fue como empleada domstica 24/7 cuidando de una madre e hija dependientes. 1.200 euros.

Un sueldo buensimo, cuenta a Pblico por telfono. Sandy fue saltando de un trabajo a otro siempre como empleada domstica, siempre sin contrato, siempre sin cotizar. Un trabajo invisible prolongado durante casi una dcada. Hace cuatro aos que Sandy obtuvo, por fin, la residencia y un contrato legal .

Mujer, migrante y madre soltera. Sandy rene tres de los principales factores de riesgo de pobreza en Espaa, segn el informe de Intermn Oxfam Voces contra la precariedad: mujeres y pobreza laboral en Europa de 2018 . La feminizacin de la pobreza se ha cronificado en los ltimos aos. Y el ltimo informe publicado por el INE, con datos de 2016, sita una brecha salarial de ms del 22% entre hombres y mujeres.

Cuando la hija de Sandy cumpli cinco aos, su madre decidi enviarla a Bolivia ante la incapacidad de mantenerla. El trabajo de empleada domstica le haca imposible la conciliacin casi en ninguno de los trabajos le dejaban traer a la nia; y el sueldo precario tampoco le posibilitaba pagar por los cuidados a otra persona, que casi seguro acabara siendo otra mujer.

Mi hija tiene 12 aos y quiere venir, pero sabe que no podr atenderla, explica. Sandy gana 800 euros netos limpiando y atendiendo a personas dependientes , 450 euros los destina para pagar el alquiler. El hecho de que las tareas domsticas y de cuidados no remunerados recaigan asimtricamente sobre las mujeres redunda en que ellas tienen que hacer malabarismo para equilibrar su vida laboral con la familiar, explica Mercedes dAlessandro , economista feminista argentina e impulsora del portal Economa Femini(s)ta .

DAlessandro actualiza en su libro las tesis que ya reforzaron en los 70 las feministas marxistas italianas: la importancia crucial que tiene el trabajo domstico en relacin al capital. Esta economa invisible es la que hace que posible el mantenimiento del actual sistema socioeconmico.

Las trampas del mercado

La feminista y crtica terica estadounidense Nancy Fraser desarrolla en profundidad esta idea en el ensayo De cmo cierto feminismo se convirti en criada del capitalismo. Y la manera de rectificarlo . Fraser analiza las consecuencias del movimiento emancipatorio de las mujeres promulgada durante la segunda ola feminista: en vez de conseguir la igualdad de gnero, las mujeres sucumbieron ante las trampas del sistema neoliberal convirtindose en las criadas del mismo.

Tras la Segunda Guerra Mundial se dibujaron dos posibles escenarios: el primero prefiguraba un mundo feminista basado en la democracia participativa y la solidaridad social. En el segundo, se prometa una nueva forma de liberalismo que promova el individualismo y la maximizacin de beneficios con la complicidad de las mujeres. Para Fraser parece claro que nos encontramos en el segundo. Los cuidados invisibles se mantienen como cmplices ocultos del capitalismo y no solo no se ha puesto el foco en su valor; sino que siguen estigmatizados.

El trabajo domstico se presenta como una ocupacin servil y degradante que embrutece y apropiado para mujeres sin inquietudes intelectuales o ambicin, explica Paula (nombre ficticio). Paula tiene 31 aos y vive en Suiza donde ejerce de empleada domstica cuidando de dos nios y limpiando una casa. Emigr de Espaa en el 2016 tras aos poscrisis en los que tuvo que dejar sus estudios universitarios a medias. Su primer trabajo fuera de Espaa fue de aupair en Holanda con uno de esos programas internacionales.

Pas meses diciendo que no tena un trabajo de verdad, que slo era aupair . El trabajo domstico y de cuidados se presenta as como una diversin ligera, apropiada para jovencitas con ganas de vivir aventuras exticas en un entorno estimulante, denuncia. Lo cierto es que la mayor parte de compaeras de este programa eran chicas jvenes menores de 25 aos.

Algunas huan espantadas, cuenta, al descubrir que se trataba de un trabajo de verdad. La experiencia de Paula es sintomtica de una sociedad en la que el trabajo domstico y de cuidados todava no se entiende como un trabajo real. O se devala hasta el punto de convertirlo en experiencia juvenil ; o, cuando la mujer alcanza una edad, se asume que es el trabajo que le corresponde.

Paula es muy activa en redes sociales donde hace pedagoga sobre el desprestigio diario que viven las cuidadoras. Cuando cuento la cantidad de horas que echo en la casa, me preguntan: Pero esos nios no tienen madre? Bueno, claro que la tienen. Est fuera, trabajando para ganar toneladas de billetes y poder pagarme a m, argumenta a Pblico . Paula tiene claro que, si se hiciera una huelga real de cuidadoras y empleadas domsticas en toda Europa, el mercado colapsara. De ah nace precisamente la idea de que por segundo ao consecutivo los movimientos feministas llamen a la importancia de parar este 8 de marzo.

Las ltimas investigaciones coinciden en sealar algo de forma clara: la brecha salarial son los hijos . Segn datos mundiales de la Organizacin Internacional del Trabajo , la brecha crece un 10% a partir de los 30 aos, fecha clave para muchas mujeres que deciden tener hijos. A los 40, las mujeres ya cobran un 15% menos. Antes de esta edad, los sueldos de mujeres y hombres an estn ms igualados.

Mi marido no llegaba a casa hasta las siete y media de la tarde y los nios se estaban criando con los abuelos. Mi agotamiento fsico y mental era tal que no vi otra opcin que tomarme la reduccin de jornada, explica Mara G., impulsora del portal @ReduzcoMiJornadaNoMiValia . Mara, que trabaja en el sector del mrketing, define directamente como trampa esta opcin que las empresas te venden como conciliadora.

Varios colectivos, como el de Mara, denuncian que estas reducciones de jornadas amplifican la brecha y configuran el temido techo de cristal. Me cambiaron de departamento y estos aos he estado haciendo tareas mecnicas o que no requieren cualificacin. Se me ha invisibilizado y ninguneado , apunta Mara, quien recuerda que las reducciones de jornada las suelen coger las mujeres apenas la solicitan el 2% de los hombres, segn un estudio de la Universidad Complutense de Madrid de 2017.

Algunos compaeros se alegran de que se me haya castigado por poder disfrutar de mis hijos. Porque, claro, una se pide reduccin de jornada para trabajar menos, irse de compras o tirarse en el sof a ver la tele, explica a Pblico de forma irnica. Mara reconoce que esta reduccin de jornada a sus 40 aos est siendo determinante para su presente y futuro. Ya es ms pobre que su pareja a causa de la reduccin de jornada; sigue trabajando en casa, pero nadie se lo paga y, si ms adelante quisiera retomar al completo su jornada, sus oportunidades no seran las mismas.

El pez que se muerde la cola. Y una pregunta crucial: si Mara decide seguir trabajando como hace siempre, y su pareja tambin, y no quiere cargar los cuidados a las abuelas o pagar por ellos: Quin se encarga, entonces, de cuidar? Y lo ms importante: Hay espacio, siquiera, para el deseo de cuidar?

Hacia una economa procomn y feminista