Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2019

Por un movimiento de mujeres y feminista que apueste por una transformacin radical de la sociedad

Nadia Poblete
Correo de los trabajadores


Sin duda en los ltimos aos el movimiento feminista, en diversos pases se ha situado como uno de los actores sociales ms convocantes, logrando instalar diferentes problemticas asociadas al orden socio poltico y sexual que construye el Patriarcado. Desde mitad de la segunda dcada del siglo presente, en Chile, ha sido notable el aumento de organizaciones feministas, sobre todo en el mbito universitario. Tambin, comenzaron las movilizaciones masivas, miles de mujeres en la calle movilizadas contra la violencia, contra la educacin sexista y a favor del aborto. En Argentina surge la consigna y la organizacin Ni Una Menos, las compaeras realizan un gran y masivo llamado a parar actividades productivas y reproductivas, replicando experiencias histricas como la desarrollada por las islandesas el ao 1975. Igualmente en Chile, el llamado a huelga, ha sido replicado desde el ao 2016, con menor impacto que lo sucedido en Argentina, Brasil o Espaa.

No obstante, a la luz de lo que ha acontecido en estos das ad portas 8 de marzo, ese menor impacto de la convocatoria a huelgaha dado paso a diversas acciones que han evidenciado un movimiento activo. El trabajo de las compaeras de la Coordinacin 8M ha logrado articular a muchas mujeres organizadas de distintos territorios, y eso, a lo menos en la Regin Metropolitana, ha quedado patente.

En este contexto de avance de la movilizacin asociada al feminismo, la decisin sobre qu acciones polticas y cules son sus sustentos en pos de fortalecer el movimiento son relevantes. Incluso ms all de la masividad o convocatoria que logren, la repercusin que pueden tener esas decisiones en la construccin de una apuesta poltica mayor es fundamental. Se podra adelantar, en este caso, que el llamado a movilizarse en un abanico de diversas acciones tendr un impacto mayor que el llamado a paro o huelga propiamente tal difcil lograr algo similar a las islandesas: 90% de las mujeres se sum al paro productivo y reproductivo, cerraron los bancos y varios servicios, y efectivamente el pas qued detenido- e incluso, ese efecto puede diluirse sino se entronca con un relato que plantee la idea y la posibilidad de un proyecto transformador radical de nuestras realidades marcadas por la opresin.

Es as que, adems de la masividad y la capacidad de irrumpir en la ciudad, el movimiento tiene que preguntarse -debemos preguntarnos- sobre el contenido poltico que las acciones portan y sus alcances. Urge proponernos construir el carcter efectivamente revolucionario y transformador del movimiento y para ello es necesario mirar ms all de la agitacin en una fecha emblemtica.

En este sentido, hay tres ejes polticos que propongo a la discusin en tanto pilares fundamentales en la apuesta por la emancipacin:

Primero el carcter autnomo del movimiento. La autonoma del movimiento feminista ha sido un posicionamiento poltico central, ha implicado que muchas organizaciones feministas y por tanto, parte importante del movimiento desde los 80 y con particular fuerza durante los 90, se cuestionaran las articulaciones que incluan ONGs, partidos polticos y la pertinencia de exigir derechos a un Estado que estaba ya atravesado por los intereses del capital. Ese cuestionamiento se mantiene vigente, toda vez que los intereses de las organizaciones polticas que tienen como centralidad ocupar puestos en la institucionalidad gubernamental, incide en su por qu y para qu involucrarse con los movimientos sociales. Sus intereses son absolutamente distintos a los que se van entretejiendo en organizaciones sociales que van posicionndose crticamente ante la realidad que viven.

Experiencias de lo anterior hay muchas, y no es el lugar aqu evocarlas, sino simplemente sealar que en el avance del movimiento feminista, la autonoma entendida como la posibilidad de autodeterminar el actuar poltico y su horizonte, es sustantivo. La gran articulacin en la que cabemos todas es una creencia inocente. Entre nosotras hay diferencias que necesariamente nos posicionan en veredas distintas y eso puede ser un avance poltico significativo.

Segundo, superar el estatismo y la lgica de la inclusin. Dado que la autonoma del movimiento implica posicionarse desde una crtica profunda al Estado como instancia articuladora y gestora del bien comn, seguir demandando a ste que genere las condiciones para nuestra inclusin es puro y simple reformismo. Demuestra que hay un movimiento que est empantanadoen el paradigma de la igualdad, que an cree en el aparato gubernamental cuando ya ha sido ms que patente que ste no protege las vidas ni de las mujeres, ni de los nios, ni de las nias, ni de los pobres, ni los indgenas; solo protege los intereses del capital.

Pensar ms all de la lgica estatista es uno de los grandes desafos porque supone asumir la autonoma como proyecto poltico y junto con ello, perfilar yconstruir formas distintas de nuestra vida, nuestras relaciones humanas y con el espacio que nos rodea. Supone pensar en otro orden social, en otros marcos ticos, en definitiva en nuevas formas de construirnos como seres humanos.

Tercero, la multiplicidad de rostros que tiene un proceso transformacin. Postular que las mujeres son las portadoras de la transformacin profunda y necesaria en este momento de la historia, es reproducir lgicas ortodoxas que nos impide observar, por un lado, los diversos mecanismos de opresin, y por otro, las mltiples resistencias que una y otra vez emergen en distintos territorios.

La revolucin, las transformaciones profundas de esta sociedad que necesitamos con urgencia, no se sustentan ni dependen solo del feminismo, ni de las mujeres. La revolucin ser feminista, pero tambin ser negra, indgena, de los y las pobres, de los y las migrantes; de todos aquellos y aquellas que han sido explotados, excluidos, humillados, golpeados, que han sufrido por esta sociedad patriarcal y racista que se despliega en el marco de un capitalismo apocalptico que arrebata la vida.

Concluyendo, quizsel gran desafo poltico que nos impone este momento en el desarrollo de nuestra lucha, tiene relacin con cmo el movimiento feminista se plantea en trminos polticos mayores, cmo el feminismo es un aporte en la construccin de una transformacin radical de la vida y cmo esa forma que asume nuestra lucha se sustenta en una lectura y comprensin de lo que ocurre en Chile y en Amrica Latina y que tiene como fuente de origen el avance compulsivo y sin lmites del capital. Cules son las urgencias que debe asumir nuestra accin y nuestro posicionamiento poltico? Desde dnde y desde qu anlisis se pueden levantar posibilidades de articulacin y de construccin de un proyecto transformador?

Un movimiento anticapitalista, como declara ser el movimiento feminista, no puede invisibilizar la poltica criminal que se despliega ante nuestros ojos. Abya Yala est siendo arrasada por la colusin entre el Capital, el Estado y Fuerzas Policiales y criminales. El Estado y el capital mafializado, asesina a hombres, mujeres, nios y nias que defienden sus territorios, o que simplemente desarrollan sus vidas en lugares que el capital apetece.

Este movimiento feminista debe romper con la lgica igualitaristaque slo pide inclusin en el mismo sistema que hoy devasta territorios. Nuestra lucha por subvertir la invisibilidad y devaluacin generada por el Patriarcado, solo es posible imaginarla y proyectarlaa partir de la lucha por la vida que hoy destruye el capital. Esa vida que no tiene nada que ver con la que defienden los fundamentalistas religiosos, ni la mercantilizacin instalada en los vientres de mujeres pobres.

As desde las consignas, desde la accin que genera impacto y emocin, que disputa sentidos, desde la masividad,urge construir los contenidos profundos, esos que van perfilando la transformacin, que dan sustento a ese proceso revolucionario del que tanto hablamos, gritamos, susurramos y que se nos aparece como sueo. Esperemos que la energa que inunda este hoy, se prolongue y genere espacios de discusin, de formacin, de autoformacin; momentos en que se tensione incluso lo que hoy nos mantiene con la esperanza arriba, que seamos capaces de ver nuestras limitaciones actuales para ser parte de los procesos que se van gestando en distintos lugares, siempre desde abajo.

(*) Nadia Poblete, militante de la Colectiva Nosotras decidimos de Valparaso.

http://cctt.cl/2019/03/05/15888/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter