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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2019

La cuestin UE: dilemas y fantasmas

Rafael Poch de Feliu
Blog del autor

La actual construccin es irreformable sin ruptura, pero el miedo de los progresistas al nacionalismo paraliza todo propsito y alimenta lo que quiere evitar


La cuestin de la UE divide y lastra a las fuerzas progresistas europeas hasta la impotencia. Por qu? Por un lado cada vez se acepta ms el hecho de que, por lo menos desde los aos noventa, la UE se construy y se concibi como la franquicia de la mundializacin neoliberal en esta parte del mundo. Es una construccin blindada porque toda la poltica neoliberal, de austeridad, privatizacin, de supremaca de las finanzas y las empresas sobre los Estados, de destruccin del estado social, de deslocalizacin e incremento de la desigualdad en beneficio de los ricos, todo eso, est metido en los tratados fundamentales de la UE.

Esos tratados, que nadie ha votado, son prcticamente inamovibles porque cualquier cambio exige el voto de todos los Estados miembros, algo prcticamente imposible. Cualquier proyecto de transformacin choca con los tratados. Los tratados blindan la poltica y las instituciones del neoliberalismo en Europa, porque colocan a esa poltica y a esas instituciones fuera del alcance del parlamentarismo y de la soberana, es decir fuera de la democracia.

Esta estpida y retrgrada construccin de cemento alemn no tiene marcha atrs. Como dijo Jean-Claude Juncker en su famosa entrevista con Le Figaro de hace un par de aos, no hay democracia fuera de los tratados. As que para cambiar las cosas y hacer posible una poltica social en los estados europeos, es necesario romper la actual arquitectura germana de la UE. Reforma aqu es igual a ruptura. Y ah es donde nos topamos con la Iglesia.

La sacralizacin de la UE, factor de su desintegracin

Para un gran sector de la progresa europea, romper la UE es anatema. La UE est sacralizada. No ya romperla, sino nicamente criticarla es hacerle el juego a algo a lo que esa progresa le tiene mucho ms miedo que al neoliberalismo: el nacionalismo, generalmente capitalizado por la extrema derecha, xenfobo y ultramontano que nos trae ecos de la Europa parda de Estados enfrentados entre s de los aos treinta. Antes que apuntarse al soberanismo, que es nacional-estatal, porque ese es el marco de la nica democracia (de baja intensidad) que tenemos y enfrentarse a la UE, esa progresa, por miedo a ese espectro, prefiere seguir comulgando, como dice Frederic Lordon, con el internacionalismo europesta, es decir, el internacionalismo de la empresa, de la economa neoliberal, de la moneda, del comercio y de las finanzas, en otras palabras: con todo aquello que ha deteriorado la vida de la mayora social en las ltimas dcadas.

Evidentemente, todo eso no tiene nada que ver con el internacionalismo social de la izquierda, ni con el humanismo de los que an creen en el legado de Erasmo, Dante, Goethe y Comenio, como afirma el manifiesto Europa en llamas lanzado por el pattico Bernard-Henry Lvy en defensa de la civilizacin. Este temeroso alineamiento con el neoliberalismo y sus autopistas institucionales europeas de la progresa meditica y poltica, generalmente acomodada, es lo que ha hecho que las clases populares desfavorecidas huyan como de la peste de los discursos de la izquierda europesta y de su (neo) liberalismo social que va en el mismo paquete. No es que los de abajo se hayan vuelto locos. Lo que pasa es que esto dura ya muchos aos, que ya hay una experiencia vivida que ha generado alergias masivas a esa mezcla de avalar la degradacin socioeconmica y potenciar cuestiones de gnero e identidad para compensar lo anterior que est en el discurso progresista-europesta. As que muchos antiguos votantes de la socialdemocracia o bien no votan, o bien lo hacen, cabreados, por opciones que venden rupturas, aunque sea por la puerta falsa.

Todo esto tiene diversas concreciones y lecturas en diferentes pases. Ah est buena parte de la explicacin del Brexit, de la Hungra de Orban, de la intoxicada Polonia, del extraordinario auge que el Frente Nacional experimenta desde hace tantos aos en Francia, de que el cinturn rojo de Barcelona se haya pasado a Ciudadanos, o del xito general que se vaticina a la nueva ultraderecha en Espaa -Catalua carlista incluida- sin ir ms lejos. Pero si hay que hablar de tendencias generales, yo dira que la sacralizacin de la Unin Europea para protegerla de la crtica, es cada vez ms insoportable para ms gente.

Cmo solucionar esto? Qu tiene que hacer la izquierda para afirmar un europesmo que valga la pena, que no sea una estafa neoliberal, que no le obligue a comprar en el mismo paquete a Erasmo, Dante con el Banco Central Europea, Goldman-Sachs y la creciente desigualdad? Es posible una reforma social en la UE sin salir del cors de la moneda nica? Es posible una reforma social de la UE, sin que Alemania y otros beneficiarios del euro, rompan el club? Muchas preguntas y una sola certitud: continuar as, avalando el europeismo sacralizado, es seguir alimentando la Europa parda. El razonable miedo de la progresa europesta a la extrema derecha, solo puede engordar a la bestia. Qu aportar a esta paradoja una nueva crisis como la del 2008, que muchos observadores ya consideran ineludible?

Haba una vez un circo

A falta de respuestas, el establishment y sus papagayos mediticos sealan al culpable: Rusia. La mayor noticia falsa de los ltimos aos, la eleccin de Donald Trump como consecuencia de la injerencia rusa, no solo se impone cuando an est hmeda la anterior (las armas de destruccin masiva de Sadam Hussein), sino que crea escuela en Europa. La estupidez complotista alcanza niveles grotescos y afecta a los mximos lderes europeos. Merkel y Macron advierten de la injerencia rusa en las elecciones europeas, pese a que su telfono no est controlado por el Kremlin sino por la NSA y pese a que el nico embajador que flirtea descaradamente en Berln con los fachas de la Alternative fr Deutschland y se inmiscuye abiertamente en la poltica local es el de Estados Unidos. Macron suelta que Mosc manipula a esos chalecos amarillos que ya han invalidado la posibilidad de toda poltica socialmente regresiva en Francia bajo el actual presidente (por eso sostengo que Macron est acabado, incluso si gana las europeas).

En El Pas, un diario espaol que aos atrs fue serio, pueden leerse cosas como: Uno a uno, da tras da, como en un aterrador relato mitolgico, polimrficos tentculos se extienden desde la impenetrable atalaya del Kremlin y alcanzan y cien el hermoso cuerpo de Europa. El artculo viene ilustrado con la foto de la hija del portavoz del Presidente Putin, que trabaja de becaria para un diputado ultra francs en Estrasburgo. En La Vanguardia, otro diario serio, se afirma sobre el grotesco procs que en Barcelona, hay quien sostiene que el enemigo es Espaa sin ponderar que podemos ser una pieza de tablero de ajedrez que se maneja a distancia desde Mosc.

Lo de menos es que los periodistas hayan perdido el miedo al ridculo. Lo peor es que, en toda Europa, toda esta estupidez va de la mano de un rearme militar muy serio con incremento de las tensiones blicas, incluidas las nucleares. Todo esto avisa que la prxima crisis tendr un marco de tensin internacional que apenas exista en la anterior crisis de 2007/2008. A quien le importan las elecciones europeas en medio de este quilombo?

Fuente: https://rafaelpoch.com/2019/03/06/la-cuestion-ue-dilemas-y-fantasmas/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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