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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2019

Disrupcin tecnolgica y flexibilizacin del trabajo

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Por muy poderosa que sea nuestra tecnologa y muy complejas nuestras empresas, puede que al final el rasgo ms caracterstico del mundo laboral moderno sea interno, y consista en un aspecto de nuestra mente: la creencia ampliamente extendida de que el trabajo debera hacernos felices.
(Alain De Bottom: Miserias y esplendores del trabajo)

 

Otro estertor en la acelerada agona de un mundo econmico abocado necesariamente a su desaparicin? Una prueba seguramente de que los cambios tecnolgicos nos sorprenden sin ideas mediante las cuales garantizar que favorezcan al ser humano. El reciente conflicto o incendio laboral, aparentemente ya extinguido por los bomberos polticos de Madrid y Barcelona originado por el choque de intereses entre el colectivo de los taxistas y las empresas de vehculos de transporte pblico (VTC), es la demostracin de la realidad del fenmeno que se viene denominando ltimamente disrupcin tecnolgica. Con ella se alude a la ruptura que provoca una innovacin tecnolgica que trae consigo la desaparicin de productos o servicios que hasta el momento de su irrupcin eran utilizados por la sociedad. Es el ariete posmoderno de la destruccin creativa, nocin encumbrada por el economista Joseph Schumpeter como clave para dar cuenta del crecimiento econmico continuado caracterstico del capitalismo. Es la innovacin que se da en una economa de mercado por la que surgen nuevos productos que destruyen viejas empresas y modelos de negocio. Es el mandato de la dialctica del emprendimiento.

En nuestro tiempo el poder destructivo del que ha de surgir el ave fnix del progreso econmico lo constituye sin duda la innovacin tecnolgica, y ms precisamente la innovacin tecnolgica digital. sta domina en todos los mbitos de la economa desde la produccin industrial, el sector financiero, el de la comunicacin, generando exigencias sobre el modelo educativo y tensiones muy profundas en el mbito laboral. La guerra entre los taxis y las VTC es muestra evidente de esto ltimo.

El fantasma decimonnico del ludismo se nos aparece cuando reflexionamos con ocasin de acontecimientos de esta naturaleza al igual que ocurre con la prdida de empleos en el sector bancario como consecuencia de la arrolladora digitalizacin de sus servicios. De hecho, cualquiera que entre hoy en da a una sucursal bancaria y se acerque a los cuarenta de edad tendr memoria suficiente para percatarse de lo que ha cambiado una oficina de esta clase de negocio en los ltimos aos; si antes el usuario trataba con personas en una ventanilla, ahora trata mayormente con pantallas. Internet y la plyade de aplicaciones desarrolladas para sacarle el mximo partido a nuestro inagotable cmulo de necesidades y deseos convierte al factor humano en una variable prcticamente irrelevante en la ecuacin que define lo que se requiere para triunfar en los negocios.

Ahora bien, en el anlisis de la disrupcin tecnolgica, hay que hilar bien fino. Porque la automatizacin es algo que forma parte de la evolucin de los procesos de produccin desde la poca del ludismo. Pero a los efectos sobre el mercado laboral de la robotizacin hay que incorporar ms recientemente lo que para muchos economistas constituye la verdadera amenaza para la cual se carece de soluciones, la que est transformando ya de manera profunda nuestro estilo de vida. Son los nuevos modelos de negocio que las revolucionarias posibilidades de las vanguardistas tecnologas permiten crear capaces de modificar los modos de consumo y de produccin de buena parte de nuestros servicios. Por eso los taxistas no temen tanto al coche autnomo como a los VTC.

Este proceso de destruccin creativa, consustancial al progreso capitalista si hemos de asumir la premisa del economista Joseph Schumpeter, parece conllevar indefectiblemente, pues, una merma de la oferta de empleo; pero la productividad de las personas que trabajen, gracias al uso de las nuevas tecnologas, aumenta. Y para economistas de nuestros das como Pierre Cahuc y Andr Zylberberg ello lleva aparejadas unas remuneraciones elevadas (lase su libro El negacionismo econmico publicado el ao pasado por la editorial Deusto). Ponen como exponente modlico de los beneficios laborales que generan las innovaciones tecnolgicas a cmo no Google, que no hace a su juicio sino lo que Henry Ford a principios del siglo XX: ofrecen excelentes condiciones de trabajo y remuneraciones atractivas para atraer a las personas ms eficaces..., lo que les permite obtener grandes beneficios. Estas personas son muy eficaces porque saben utilizar las tecnologas que desempean las tareas rutinarias que antes realizaban varios empleados. Los altos salarios que reciben estos eficacsimos trabajadores y los beneficios que generan a sus empresas son la causa segn criterio de la pareja de economistas citados de la demanda de nuevos servicios que darn lugar a nuevos empleos en el sector de los cuidados personales, de la restauracin, del comercio, de la salud y de la educacin. Es lo que llaman efecto multiplicador, eso s, en un punto del territorio y siempre y cuando las caractersticas del mercado laboral promuevan la movilidad de la mano de obra. Es lo que explica que en Estados Unidos tal efecto sea mayor que en Suecia, la ms elevada flexibilizacin del trabajo en el pas norteamericano. Cahuc y Zybelberg reconocen que el progreso tcnico produce conflictos sobre el reparto de las prdidas y las ganancias que genera (el caso de los taxistas versus las VTC); es decir, obliga a una recomposicin de los nichos de trabajo, modificando las cualificaciones que se requiere y revolucionando la localizacin de las actividades, pero globalmente permiten crear ms riqueza. Por supuesto, los poderes pblicos no deben levantar barreras frente a los ineluctables trastornos de la disrupcin tecnolgica. La poltica adecuada consiste en la compensacin financiera para ayudar a afrontar los cambios, as como apostar por la formacin intensiva de quienes deben adquirir nuevas competencias.

Flexibilizacin del mercado laboral. Es la clave. Olvidmonos de aquellos oficios que las personas desempaaban durante toda una vida. El taxista tendr que asumir que un da dejar de ser taxista, que en realidad slo haca de taxista y que, por tanto, tiene que estar en una permanente disposicin para hacer de lo que sea, y dispuesto a hacerlo donde sea menester, emigrando si es preciso, desarraigando su vida entera si as lo exige su subsistencia, topndose con las restricciones que en materia de movilidad humana global crecen en la actualidad por doquier. No es menor esta contradiccin. Por otro lado, en este proceso de metamorfosis vital que tiene un profundo coste humano que parece no recogerse en los libros de economa, al tiempo que el mercado laboral se flexibiliza desciende notablemente la calidad de los empleos y aumenta la desigualdad en el mismo. Y todo para que las compaas abaraten costes laborales e incrementen sus beneficios? Lo que, por cierto, no necesariamente se ve reflejado en el abaratamiento de precios de productos y servicios para el usuario en igual medida.

En un libro de comienzos de este siglo, el profesor de economa aplicada Ral Garca-Durn se preguntaba en qu consiste realmente la flexibilizacin del trabajo. Su inquietante ttulo, Mercancas, androides o personas. l prefiere quitarle su asptica mscara tan tcnicamente descrita por Cahuc y Zybelberg a los efectos de la disrupcin tecnolgica en el empleo llamndolos por su verdadero nombre, menos bonito dice. En verdad, la flexibilizacin no consiste en otra cosa que la segmentacin y polarizacin del mercado de trabajo. La idea la resume Garca-Durn en su citado libro con estas palabras: no hay un mercado de trabajo sino tres: el primario superior, reservado a los tcnicos y los managers, a la tecnoburocracia (...); el primario inferior, los tcnicos inferiores y los trabajadores muy cualificados que consiguen un trabajo fijo; el secundario (cada vez ms amplio), aquellos que por motivos sociales (...) quedan excluidos de la contratacin habitual, recurriendo el mercado de trabajo a ellos slo en determinadas ocasiones de forma puramente temporal y en condiciones totalmente precarias dada su necesidad econmica imperiosa de trabajar. Este cuadro no vale nicamente para cada pas sino tambin para el conjunto del mundo, siendo frica en su mayor parte un continente que es un nicho de mano de obra para el mercado de trabajo secundario. Son pases que carecen de los recursos necesarios para construir un buen sistema de educacin capaz de ensear nuevas capacidades a sus obreros baratos.

El politlogo Vctor Lapuente en su libro de hace tres aos titulado El retorno de los chamanes denuncia la poltica mediocre y timorata practicada en la mayor parte de Europa que, incapaz de afrontar los nuevos retos que traen consigo las continuas innovaciones tecnolgicas, no hace nada para evitar la apuntada segmentacin del mercado laboral. l distingue entre insiders y outsiders. Los primeros, con trabajo estable, bien protegidos por una legislacin social que les garantiza una buena jubilacin, con vivienda en propiedad o, incluso, con segunda residencia. Yo, por ejemplo, que soy un funcionario docente. Los outsiders claro est son los excluidos que deca Garca-Durn, un grupo heterogneo de jvenes, madres solteras, mayores de cuarenta y cinco en el paro desde hace demasiado tiempo, familias extensas con todos sus miembros desempleados, carne de can del trabajo precario, vctimas de la pobreza infantil y energtica, de los desahucios... Todo un caldo de cultivo para el descontento que genera sin duda tensin social que a ratos estalla en conflictos como el reciente de los chalecos amarillos en Francia, con el que tuvo sus conexiones, por cierto, la huelga y protestas de nuestros taxistas. Son los taxistas insiders y los de los nuevos modelos de negocio montados sobre plataformas digitales outsiders? Luchas de quienes quieren mantener un estilo de vida que perciben amenazado contra los que parecen haber asumido ya la flexibilizacin del trabajo con todo lo que ello conlleva, es decir, jornadas de duracin imprevisible sin saber qu das se podr descansar, con ingresos irregulares, en condiciones, en fin, difcilmente compatibles con una vida personal en la que quepa un proyecto fruto de una libre planificacin. Cuntos de mis alumnos bachilleres no escogen su carrera universitario en funcin de sus genuinas inclinaciones vocacionales sino atendiendo a los dictados de lo que se barrunta en el mercado laboral que pueden ser las profesiones con un futuro exitoso! Se llenarn lo pases de jvenes bien formados que no trabajan en lo que quieren sino en lo que pueden o les dicta el mercado? Se impondr globalmente un espacio laboral polarizado conformado por unos pocos nichos de empleo de calidad geogrficamente bien delimitados, por un lado, y unos vastos entornos en los que el trabajo para una gran mayora se deteriorar ms y ms, por otro? Hemos llegado a un mundo en el que ha dejado de tener sentido la nocin de oficio? Gloriosa paradoja: el mundo construido a partir del sacrosanto valor de la libertad individual que toda institucin del Estado debe respetar la ve en verdad asfixiada por las exigencias del libre mercado, sometido a los efectos no previstos de la disrupcin tecnolgica.

En su nuevo xito editorial publicado el pasado ao bajo el ttulo 21 lecciones para el siglo XXI, el historiador Yuval Noah Harari valora con mirada prospectiva la marejada tecnolgica que sacude todos los mbitos en que el ser humano se desenvuelve, tambin el del trabajo. No es que revele nada que otros no hayan advertido antes, pero por lo tan pegado a la actualidad de sus consideraciones y su notable capacidad de sntesis, merece la pena una referencia. Este autor advierte de que las innovaciones tecnolgicas puedan traer consigo, a la par que la desaparicin de oficios tradicionales, el surgimiento irremediable de lo que l denomina una nueva clase intil. No descarta que se den simultneamente una alta tasa de desempleo y una escasez de mano de obra especializada (hace pocos das se colaba en la cabecera de los informativos la noticia de que en Alemania la falta de especialistas frena el crecimientos del 47% de las empresas). En lo venidero ningn empleo estar a salvo de la desaparicin como consecuencia del permanente avance de la automatizacin y la digitalizacin. La reinvencin es el concepto clave para las personas que van a tener que afrontar el aprendizaje y desempeo de varias profesiones, con el coste personal que ello implica, que incluye una importante dosis de incertidumbre y angustia. Semejante inestabilidad nos advierte Harari har asimismo que sea ms difcil organizar sindicatos o conseguir derechos laborales. Ya en la actualidad, muchos empleos nuevos en economas avanzadas implican trabajo temporal no protegido, trabajadores autnomos y trabajo ocasional. Cmo se sindicaliza una profesin que surge de pronto y desaparece al cabo de una dcada?. Cmo al cada vez mayor contingente de falsos autnomos, generados ltimamente en cantidad significativa por estos nuevos modos de negocio que fomentan una relacin absolutamente individualizada a pesar de constituir de hecho un colectivo?

De todo lo anteriormente apuntado se deriva el temor de que el progreso tecnolgico no corrija las desigualdades e injusticia que toleran nuestras democracias liberales; y ya tenemos evidentes sntomas de que ello es nocivo para las mismas a juzgar por la resurreccin de ideologas de infausto recuerdo histrico. Aqu podramos recordar la aportacin del filsofo britnico John Gray, quien en su libro Falso amanecer, publicado dos aos antes del fin del siglo pasado, adverta recuperando a Joseph Schumpeter: Los actuales creyentes en el laissez-faire global repiten a Schumpeter sin entenderlo. Creen que, al promover la prosperidad, los libres mercados fomentan los valores liberales. No se han dado cuenta de que, aunque el libre mercado global cree unas nuevas lites, engendra tambin nuevas variedades de nacionalismo y fundamentalismo. Al corroer las bases de las sociedades burguesas y al provocar una inestabilidad a gran escala en los pases en desarrollo, el capitalismo global est poniendo en peligro a la civilizacin liberal y tambin est haciendo cada vez ms difcil que las distintas civilizaciones puedan convivir en paz. Volviendo a la pionera aportacin de Ral Garca-Durn a la toma de conciencia de los actuales tiempos de fuertes y acelerados cambios en los que nos encontramos me parece muy lcido su planteamiento en trminos de encrucijada que enuncia en la presentacin de su ya referido libro. Segn advierte, de todos nosotros depende qu camino tome el ser humano: si prosigue por la senda que consolida la estructura social de acumulacin capitalista pergeada a partir de mediados de los noventa del siglo pasado, continuaremos siendo mercancas; si muta como consecuencia del imperio omnmodo del algoritmo, acabaremos convirtindonos del todo en androides; para ser personas se requiere la vitalidad de fuerzas sociales que creen una base material para una sociedad tico-ecolgica.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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