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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2019

A propsito del referendo constitucional cubano
Poner letras a los nmeros

La Tizza

Mirar el reciente referendo constitucional en Cuba con y ms all de la tradicional batalla de cifras est atravesado por varias tensiones. La Tizza presenta, a manera editorial, algunas de ellas.


Normalidad, cambio y consumacin

Hay un hecho consumado: se vot en Cuba por una nueva constitucin y fue aprobada. Las lecturas polticas del resultado pueden ser diversas. Adentrarse en algunas de estas lecturas debe tomar, como punto de partida, que Cuba y esto es una perogrullada no es la misma de 1959, de 1980, de 1993 y as sucesivamente.

Desde La Tizza hemos sealado en varias ocasiones que los intentos por atemperar, normalizar e insertar al pas en el escenario mundial un escenario cada vez ms desigual y depredador del ser humano desde una perspectiva general en ocasiones ha cargado la mano a propuestas y prcticas que no promueven un verdadero empoderamiento popular y se subordinan demasiado a organismos internacionales que, cuando menos, funcionan como estabilizadores del sistema capitalista.

Desde esta perspectiva que lgicamente puede o no ser compartida hay dos comparaciones que no se sostienen: contrastar los resultados de este 2019 con los de 1976; y comparar el ltimo referendo con las elecciones generales o locales de los ltimos aos. En este caso, la contrastacin nos desva del ncleo central de esta votacin popular: la nueva constitucin, que genera dinmicas diferentes a los procesos electorales que se realizan cada dos aos y medio.

Por otra parte, es necesario poner en contexto la consideracin de ilegitimidad con que calific la secretara de la OEA el referendo en Cuba. Aunque fue una declaracin previa a las votaciones sin entrar en el mercenario activismo del Secretario General, Luis Almagro ello desconoce no slo la opcin del S, niega de entrada tambin la prctica ciudadana de buena parte de quienes votaron por el No o anularon la boleta. En consonancia, el Departamento de Estado de los Estados Unidos a travs del Secretario de Estado, Michael Pompeo, cuestion el referendo.

Las cifras: s, perono

Reconocer que deben ponerse letras a los nmeros es una cosa diferente a desconocer los datos. Estos ltimos deban servir tambin para lecturas polticas y definicin de estrategias despus del resultado consumado: la aprobacin de la constitucin.

La importancia del manejo estadstico es fundamental para el anlisis. No obstante, ofrecer datos impone un ejercicio de rigor y en el caso de nuestro pas particularmente viciado por ello ir tomando distancias de utilitarismos polticos. En este sentido, hemos sealado en varias ocasiones en La Tizza la crtica a la politizacin simple de las cifras.

Sobre este particular, queremos referirnos a un caso especfico. El 23 de febrero el Nuevo Herald public un texto de Carlos Alberto Montaner con el ttulo S y no y la nueva Constitucin Cubana. En este, se cita un sondeo realizado por CubaData segn el cual a partir de una muestra de mil sujetos el 42.4% votara por el S, el 41.6% por el No y el 16% no acudira. Llama la atencin la aclaracin hecha por Montaner de que les preguntaron a 1000 cubanos a lo largo de todo el pas, es decir, en esta encuesta no tuvo peso la imposibilidad de votar de una buena parte de cubanos en el exterior, a lo que nos referiremos ms adelante.

Es natural que las encuestas tengan un margen de error. Pero en este caso fue el siguiente: S (- 45.25), No (+ 32.6). De aqu se desprende, solo metodolgicamente, la necesidad de revisar la confiabilidad de determinadas encuestadoras, especialmente en materia de la objetividad de la seleccin muestral. Eso, para no decir que en este caso parece a las claras una operacin de propaganda poltica.

Un tema sensible ha sido el de los cubanos residentes en el exterior o los que se encontraban fuera del pas en el momento del referendo. En el primer caso, hablamos de una cifra superior a los 2 millones 400 mil presentes en ms de 120 pases, la mayora en los Estados Unidos. Tras este asunto existen cuestiones tcnicas que pasan por el cruzamiento de la Ley Electoral de 1992 y el Decreto-Ley №302 de 2012, tambin de voluntad poltica y quizs de carencias de ndole prctico en el caso de los Estados Unidos, despus de las medidas implementadas por el gobierno de ese pas dirigidas a hacer retroceder los vnculos bilaterales en el sentido de responder a los vacos existentes por parte de las autoridades cubanas.

Desgraciadamente, ya queda en un mbito especulativo el peso probable de la votacin en el referendo de los cubanos residentes en el exterior o los que se encontraban fuera de Cuba por motivos diversos. Concentrarse en cuntos hubieran votado S, cuntos No o no hubieran votado (durante el proceso de consulta se recibieron 2 mil 125 propuestas realizadas por los cubanos residentes en el exterior) es, ahora mismo, alquimia.

Lo cierto es que en esta votacin se perdi la oportunidad de continuar ampliando un proceso de acercamiento que ha tenido hitos como la reforma migratoria de 2012/2013, el crecimiento de las asociaciones de cubanos residentes en el exterior (164 en 79 pases para octubre de 2018) y la propia participacin en la consulta del proyecto constitucional. Eso es lo ms importante, pareciera un quiebre en la poltica hacia la migracin al que el gobierno cubano deber enfrentarse de algunamanera.

Los Ss y losNos

Quien conoce la Cuba actual, o una parte de ella, sabe que est marcada por la diversidad y ello cayendo en la trampa de la politizacin simple del referendo tambin abarca a la poltica. Que ms de un milln de cubanos votaran distancindose de la propaganda por el S confirma esa diversidad y, sinceramente, no sorprende. Al mismo tiempo, demuestra las complejidades que enfrenta en materia de hacer poltica el gobierno del pas y la sociedad cubana actual.

Las cosas no son tan simples y no obedecen a divisiones dicotmicas del tipo: el gobierno la tiene difcil, porque este resultado tambin plantea retos a las militancias polticas, las pertenencias asociativas y los intereses grupales.

En un texto publicado en On Cuba, el politlogo y ensayista Rafael Hernndez considera acertadamente que No es justo ni tampoco razonable, en trminos de la poltica que anima la nueva Constitucin, juzgar a los que votan NO como traidores o vendepatrias. Simplemente no estn de acuerdo en algn grado con ideas o normas que la constitucin adopta. Pero tampoco sera justo homogenizar el voto por alguna de esas opciones.

Y aqu vamos a algunos retos que se presentan a la sociedad. Como el voto se supone secreto, a pesar de las declaraciones pblicas que inundan nuestras redes en un sentido u otro y que nos facilitan este ejercicio tendremos que especular un poco.

Por ejemplo, por el No pudieron votar aquellos que quedaron insatisfechos con la modificacin del famoso artculo 68, en el sentido que la versin final corta y sesga su alcance revolucionario inicial; y tambin quienes activamente por ejemplo, los militantes evanglicos mantuvieron un rechazo directo a la propuesta primera. Ello sita una tensin que trasciende la Constitucin y tendr posteriores desenlaces en trminos de pulsos futuros en la construccin de significados, vida cotidiana y, de forma concreta, en un prximo Cdigo de Familia.

Por el S pudieron votar aquellos que reclamaron la inclusin de la perspectiva comunista en el texto constitucional; y tambin quienes celebran la incorporacin del reconocimiento a la propiedad privada. Y aunque no sean asuntos necesariamente contrapuestos, sabemos que el lugar de la propiedad privada en una sociedad en transicin no ha sido suficientemente aquilatado y sus alcances, lmites, desarrollo y prcticas puede generar debates importantes en el futuro.

Nos interesa comentar otros dosretos

Es cierto que hubo como ha venido ocurriendo desde hace mucho una campaa dominante por el S desde el gobierno y los medios denominados oficiales. Pero esa campaa debe ponerse en relacin con todo el proceso de discusin y educacin jurdica que le acompa.

Es equivocado en nuestro criterio igualar automticamente el S a la Constitucin al S por la Revolucin, y viceversa.

Pero tambin nos parece un sin-sentido, en el escenario institucional, organizacional, poltico y social realmente existente, pretender que el gobierno se mantuviera al margen de esta campaa. Eso, en ltima instancia, sera pasarle un acta de defuncin al propio gobierno recin conformado en abril de 2018 para que la firmara.

Por otro lado, en esta ocasin, especialmente a travs de las llamadas redes sociales, la campaa por el No tuvo un crecimiento indito en comparacin con otros procesos en Cuba. Por otra parte, presentar el resultado del S ligado solamente a la campaa oficial denigra el ejercicio consciente y meditado de buena parte de los que optaron por l. De hecho, y hablando en trminos de efectividad de la propaganda poltica, hubo personas que votaron a favor de la constitucin a pesar de la campaa.

Finalmente quisiramos, a manera de interrogantes, situar dos condicionantes del contexto al referendo:

1- Cul fue la influencia, en el voto, de la poltica de regresin en las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos que ha impulsado DonaldTrump?
2- Cunto pes la situacin de Venezuela y las amenazas de intervencin militar en esepas?

Como decamos al principio, ahora mismo estamos llamados a poner letras a los nmeros ante un hecho consumado: tenemos una nueva Constitucin en Cuba. Con sus falencias, es superior a la de 1976 y la principal tarea es lo que viene despus de ella. En La Tizza celebramos, ms all de los porcientos, una nueva Carta Magna.

Fuente: http://medium.com/la-tiza/poner-letras-a-los-n%C3%BAmeros-a6141d0409bf?fbclid=IwAR2b-nZNAjkc8VURg8lkYnyp0jt5InfgKK-MqkfHsFtgQ7UbG_V9KYqe48E



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