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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2019

Entrevista a la sociloga Sabine Manigat
Tomar en serio a Hait

Pablo Stefanoni
Nueva Sociedad


Otra vez, la imagen de Hait es la de protestas, vandalismo y barricadas en las calles. Hait es retratada a menudo desde enfoques que resaltan su singularidad, su mala suerte, sus catstrofes naturales y sociales, y terminan por folklorizar al pas que hoy vive una nueva crisis asociada en gran medida al rechazo a la corrupcin. La sociloga y politloga Sabine Manigat, de la Universidad Quisqueya, repasa la coyuntura de la nacin caribea.

-Qu fue lo que desencaden la actual rebelin social en Hait?

Podemos hablar de una coincidencia en el tiempo entre el empeoramiento acelerado de la situacin socioeconmica de las mayoras incluido un sector importante de clases medias empobrecidas y el evidente fracaso de la frmula de gobierno que result de los comicios de 2016 que llevaron al poder a Jovenel Mose, un sbdito de Michel Martelly.

Un indicio premonitorio de lo primero fueron los disturbios de principios de julio de 2018 en contra del alza del precio de los hidrocarburos pero tambin del alto costo de la vida. Mientras la inflacin registraba nuevos rcords entre abril y junio, la moneda nacional se devaluaba aceleradamente. Una pista de lo segundo la dio la poltica cada vez ms cerrada del gobierno dirigido por Mose, incapaz tras dos aos en el poder de viabilizar siquiera algunas de sus promesas electorales, en particular las referidas a servicios bsicos (electricidad) y nivel de vida (aumento del empleo y de la produccin agrcola).

Todo esto ocurre dentro de un ambiente de corrupcin cada vez ms descarado que involucra adems al Parlamento. Jean Henri Ceant, el primer ministro nombrado despus de los disturbios de julio, salido de la tendencia Lavalas (del ex presidente Jean Bertrand Aristide) no pudo operar el necesario acercamiento entre la oposicin (a la que pertenece) y el partido gobernante (el Partido Haitiano Tt Kale). El empecinamiento de la presidencia, que se niega a una real apertura, combinado con la impotencia de un primer ministro, que no ha podido abordar ninguno de los problemas ms candentes, provocaron la ampliacin del descontento con la histrica manifestacin del 17 de octubre y la tambin masiva del 18 de noviembre, ambas seguidas de das de incertidumbre y, sobre todo, del ensordecedor silencio de las autoridades.

La actual rebelin social abarca amplias capas del cuerpo social y concierne a diversos actores, incluido el sector privado. Por ello se puede calificar de cuestionamiento de todo un sistema, la resultante del agotamiento del mismo y de la sordera de sus dirigentes.

-Hait pas por la decepcin con el gobierno de Jean Bertrand Aristide, un terremoto que destruy gran parte de la capital, la llegada al poder de un msico extravagante (Michel Martelly), una misin militar multinacional (la Minustah), Por dnde podra pensarse una recomposicin estatal?

Indudablemente, estos eventos han impactado y construido cierta imagen de Hait, su singularidad, su mala suerte, un caso desesperado. Pero ms all de esas etiquetas que dicen algo pero distorsionan y folklorizan la historia y los problemas de Hait habra que retener, y enfocar la reflexin alrededor de la dbil gobernabilidad del pas, particularmente tras la descomposicin del orden dictatorial duvalierista.

La desaparicin en 1986 del control poltico y social de la dictadura dej al desnudo la amplitud de la exclusin que constituye la base de un sistema injusto, patrimonial y clientelista. Este sistema est agotado, y las experiencias de Aristide o de Martelly han sido expresiones de los fallidas intentos de cambio y de la resistencia que oponen las clases dominantes. Las sublevaciones actuales han sido precedidas de otros signos premonitorios, como la difcil transicin del 2015-2016.

Si queremos tomar este pas en serio como gustaba decir el poltico y acadmico Leslie Manigat y analizar Hait con las herramientas y los conceptos cientficos y polticos de uso corriente, habr que considerar el histrico fracaso de las oligarquas sucesivas en implementar un proyecto capaz de incorporar el inters general a sus intereses de grupo. La irrupcin de los excluidos, es decir, de la inmensa mayora de los 11 millones de haitianos, sobre el escenario poltico y sus exigencias de ser tomados en cuenta, han sido ignorados durante ms de treinta aos. Hoy, el lema ya no es changer lEtat [cambiar el Estado], sino radicalmente changer le systeme [cambiar el sistema].

La analista no tiene motivos para ser optimista ya que lo que se rastrea son siglos de total ignorancia y de sistemtico desprecio del inters general ms bsico por parte de las elites del pas, y la falta de preparacin para encarar un cambio, ahora que se ha tornado una apremiante necesidad . Empero, la creciente madurez demostrada por una opinin pblica hoy ms educada e informada, ms consciente de sus derechos y ms madura en sus demandas, nos da una mayor esperanza.

-Qu papel tuvo la corrupcin en el uso de los recursos de Petrocaribe en el desencadenamiento de la crisis? Cules fueron los beneficios de la asociacin con Venezuela?

El tema de la corrupcin desempe sin duda un papel de detonador en el estallido de la crisis. Al respecto, se soslaya a menudo un precedente importante. El sector democrtico radical, referenciado en la voz del abogado y militante Andr Michel, ya haba iniciado hace ms de un ao una demanda pblica contra el Estado acerca del uso de los fondos Petrocaribe.

La iniciativa, de ndole legal, tena un alcance ms bien simblico pero atestigua las preocupaciones por la amplitud que ha cobrado el fenmeno de la corrupcin. De hecho, a partir de los aos 2010, entre despilfarro de los fondos recibidos por Hait tras el terremoto y del man del programa Petrocaribe, transitaron por el pas centenas de millones de dlares. Se han evaluado en alrededor de 3.000 millones los fondos procedentes del programa Petrocaribe. Pero es sin duda la movilizacin de jvenes a partir de las redes sociales lo que condens las frustraciones y las demandas de diferentes sectores, algunos hasta entonces pasivos o expectantes. La manifestacin del 17 de octubre pasado fue convocada para pedir rendicin de cuentas sobre los fondos Petrocaribe y reuni cientos de miles de personas de diferentes grupos sociales. Fue una demostracin ciudadana esencialmente pacfica, como lo fue la del 18 de noviembre. La absoluta ausencia de respuesta del gobierno contribuy por mucho en la ampliacin de las demandas y la radicalizacin de sus expresiones.

Sobre la relacin con Venezuela, ha sido una de ayuda fraterna por parte de un pas que por razones histricas ha manifestado una solidaridad especial con Hait. El rgimen chavista no solo se neg a participar militarmente en la Misin de Estabilizacin de las Naciones Unidas en Hait (Minustah) sino que contribuy en varios proyectos de desarrollo social y propuso el programa Petrocaribe. Acerca del uso de esos fondos falta informacin. El informe de la Corte Superior de Cuentas lista obras nunca realizadas o incompletas, como los diez complejos deportivos no funcionales, el mercado de pescados en la capital cuya construccin se interrumpi, un viaducto apenas esbozado Esas estafas y malas prcticas involucran a personalidades e instituciones pertenecientes al ms alto nivel del aparato estatal, incluido el Presidente.

-Qu tipo de organizaciones pusieron en marcha las protestas?

Se debe considerar una constelacin de organizaciones y de sectores. El elemento desencadenante, el alza de los precios de los hidrocarburos, trajo naturalmente a colacin el tema de los fondos Petrocaribe. De all la formacin en las redes sociales del movimiento petrochallengers (una red de jvenes internautas) que convoc a la marcha de octubre pasado. La oposicin radical, acusada de aprovecharse del movimiento para obtener rditos polticos poltica, tiene sin embargo cierta capacidad propia de convocatoria. Las organizaciones de derechos humanos y cvicas desempearon igualmente un papel. Se trata realmente de un movimiento policlasista poco organizado, enraizado esencialmente en el descontento popular. La dbil tradicin organizativa en Hait aunada a la falta de credibilidad de los partidos polticos confiere a esas protestas una (falsa) imagen de espontaneidad de las bases. En realidad hay actores detrs de la cortina, lo que no se sabe es el peso de cada uno.

Por su carcter espectacular y el uso que de sus imgenes en la prensa, hay que mencionar las barricadas y los bloqueos de calles y carreteras asociadas. Son por cierto una expresin popular, barrial, de las protestas. Pero suelen ser tambin organizados por una fuerza disponible de desempleados, pagada muchas veces por polticos o empresarios. Cumplen una funcin de desacreditacin de las manifestaciones, las cuales son anunciadas y luego relatadas bajo el slo ngulo de la violencia. Pero no son ni las expresiones ms importantes ni las ms numerosas.

-Cmo es la situacin actual?

Se avecina una nueva ola de protestas para este mes de marzo cuyas formas exactas no se pueden anticipar debido a la falta de una respuesta mnima de parte del gobierno. Hay una multitud de consultas, reagrupamientos y propuestas, formuladas tanto desde la ciudadana como de las organizaciones polticas. Y esos grupos han empezado a dialogar. Sin embargo an predominan las divisiones, en todos los niveles:

-Divisiones dentro del sistema poltico: en el seno del Poder Ejecutivo (los desacuerdos entre el presidente y el primer ministro son pblicos) y dentro del aparato estatal (el Ejecutivo ignora al Parlamento que, a su vez amonesta el Ejecutivo y amenaza el Presidente con un juicio por alta traicin); el aparato de justicia est dividido entre un sector politizado (allegados del gobierno) y otro impotente. La polica a su vez recibe rdenes de proteger los bienes y reprimir a los revoltosos que no siempre acata (ah est la sospechosa pasividad de la polica durante los disturbios de julio de 2018).

-Divisiones entre las oposiciones y entre los grupos sociales (incluida la oligarqua dominante). La llamada oposicin radical ya no tiene el monopolio de las convocatorias, pero los llamados a manifestar, tanto en noviembre como en febrero, fueron paralelos ms que concertados. Hoy se suman las voces que reclaman la salida de Mose: la oposicin moderada socialdemcrata y de centro derecha, elementos del sector privado se estn expresando en este sentido mientras que las alternativas a esa opcin (dilogo, con o sin condiciones) estn lejos de producir consenso.

El propio empresariado, a travs del Foro del sector privado, habla de cmo una sola voz para pedir la preservacin de sus intereses de proveedores de empleos pero est dividido sobre la mejor frmula para salvar el sistema: Conceder medidas de alivio socioeconmico para mantener el equipo gobernante?, sacrificar a Mose para salvaguardar el sistema? Proponer un nuevo modelo modernizador sacrificando la economa patrimonialista? Ahora bien, lo nuevo es el carcter pblico de esos posicionamientos polticos de la burguesa. Uno de sus representantes, Reginald Boulos, incluso anunci la formacin de una organizacin acorde con su visin.

De todo ello resulta la ausencia de una frmula de salida de la crisis. Ms an, las negociaciones y consultas que da a da se desarrollan en los crculos de poder ocurren en un contexto de total opacidad. Esta incapacidad de las fuerzas nacionales para elaborar una solucin endgena pone a Hait ante el riesgo de tener que aceptar (una vez ms) un parcheo impuesto por sus amigos de la comunidad internacional.

http://nuso.org/articulo/haiti-protestas-petrocaribe-moise/


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