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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2019

Juicio contra el Procs
Lo que est en juego, en Catalunya y en todo el Estado

Artur Domingo i Barnils
Viento Sur


El juicio contra el Procs, que se encuentra ya en pleno desarrollo, est teniendo lugar en un contexto poltico de gran trascendencia en todo el Estado espaol. Los meses de abril y mayo habr numerosas contiendas electorales y este ciclo definir probablemente hacia donde se encaminar la poltica espaola de los prximos aos. La amenaza que significa el ascenso de una derecha dura y autoritaria, cercana a la extrema derecha y capaz de pactar directamente con ella (como hemos visto en Andaluca), debera significar un serio toque de alerta, o de alarma. Y es evidente que la situacin en Catalunya y en el conjunto del Estado espaol estn claramente imbricadas y se condicionan y condicionarn mutuamente. Por esa razn, esta reflexin pretende abarcar ambas realidades.

La crisis que se est viviendo en Catalunya en torno al llamado Procs tiene dos vertientes polticas. Una es la cuestin del deseo de independencia y de constituir un estado propio, por parte de una parte muy importante de la sociedad catalana. La otra, es la cuestin de las libertades democrticas en general y del tipo de Estado que quiere configurar el conjunto de la sociedad espaola. Esta doble crisis pone sobre la mesa algunos temas que la transicin de la dictadura franquista a la Monarqua parlamentaria instituida a la muerte del dictador dej pendientes, o no bien resueltos, por razones que no es el objetivo de este artculo analizar.

Justamente, la primera cuestin no resuelta es la del rgimen monrquico. Nunca se ha permitido votar explcitamente si la mayora de la poblacin del Estado prefera organizarse bajo la forma poltica de una Repblica (una legalidad interrumpida por el golpe de Estado franquista y la guerra civil) o ya le estaba bien la institucin monrquica, reinstaurada por la voluntad del dictador. Durante los primeros aos este debate pareca innecesario a muchos, puesto que la prioridad era poder ejercer unas libertades bsicas, anuladas durante demasiados aos. Pero en los ltimos tiempos, la necesidad de debatirlo ha ganado fuerza, especialmente desde el 15-M de 2011 y, en Catalunya, con el desarrollo de un potente movimiento soberanista. Otro aspecto que no se pudo resolver bien en la Constitucin de 1978, con la dictadura muy reciente y muchos de los aparatos del Estado vinculados al anterior rgimen (entre ellos el judicial y el militar) ejerciendo una fuerte presin en la elaboracin de Carta Magna, fue el reconocimiento efectivo de un estado plurinacional, con todas sus consecuencias. Se impona la idea de la "indisoluble unidad de Espaa", de raz falangista, y an anterior, slo matizada por la posibilidad de la creacin de autonomas, lo que significaba un avance en aquel contexto, pero no una solucin lo bastante satisfactoria, como se est viendo.

Pero hay an otra cuestin que no es slo herencia del pasado, sino un problema de gran actualidad, y no nicamente en el Estado espaol. Se trata del dilema planteado entre el desarrollo de un Estado plenamente democrtico y abierto a satisfacer las necesidades de las sociedades del siglo XXI, en cuanto a los derechos sociales, polticos y de participacin, as como la igualdad de gnero, las libertades bsicas y los derechos humanos, o la deriva hacia un Estado autoritario, aunque formalmente democrtico y con su legalidad, donde todos estos derechos estarn limitados y se ejercer un fuerte control sobre la poblacin, al servicio de unos grupos sociales, econmicos y polticos dominantes. En Espaa, aunque no solo aqu, el peligro de esa deriva autoritaria es evidente. Con la aprobacin en 2015 de la conocida como Ley Mordaza (Ley Orgnica de proteccin de la Seguridad ciudadana) las libertades de expresin y manifestacin, entre otras, empezaron a verse amenazadas. Cmo se desarrolle el juicio contra los presos polticos independentistas catalanes y cul sea la sentencia, marcar un camino que afectar no slo al soberanismo cataln, sino las libertades de toda la poblacin espaola y sus derechos de manifestacin, expresin y protesta.

Una de las caractersticas de una democracia avanzada y slida es la forma en que afronta nuevos retos que no siempre estn exactamente delimitados por la ley. De eso se ha escrito mucho en el campo de la filosofa poltica, la filosofa del derecho y el pensamiento poltico y social en general. Entre los retos que una democracia debe asumir est la desobediencia civil, la resistencia no violenta (pasiva y/o activa), etc. Para un Estado dictatorial o autoritario la solucin es clara; la solucin es una interpretacin restrictiva de la normativa legal, con la pertinente represin de los cuerpos policiales y judiciales. Pero autoras y autores como Hanna Arendt, John Rawls, Jrgen Habermas o Bertrand Russell, entre otros, plantearon con una slida argumentacin la legitimidad de la desobediencia civil en determinadas circunstancias. Por no citar los ejemplos clsicos de Gandhi, Luther King, Rosa Parks o las sufragistas, gracias a las cuales disfrutamos de muchos derechos que primero fueron defendidos contraviniendo la normativa legal, hasta que finalmente fueron incorporados.

No parece que esa respuesta, compleja pero democrticamente madura, sea la que preside los discursos ms difundidos entre la clase poltica y la mayora de los mass media del Estado espaol. Al contrario, estamos asistiendo a la construccin de un relato que pretende, de manera burda, convertir la protesta, la resistencia y la desobediencia en sedicin y/o rebelin, mintiendo descaradamente sobre una supuesta violencia que en realidad fue ejercida por los cuerpos de seguridad del Estado, como se vio en todo el mundo el 1 de octubre de 2017. Y si bien este relato se construye ahora sobre todo, pero no exclusivamente, contra los independentistas catalanes, en realidad afecta, y lo har an ms, a todas las personas que quieran luchar en defensa de derechos sociales y democrticos en todo el Estado, tanto si se trata del derecho a la vivienda, como de la libertad de expresin. No estara de ms recordar, en ese sentido, los famosos versos de Martin Niemller. Esta perspectiva debera mover a la solidaridad activa entre todos los pueblos del estado.

La amenaza de la derecha extrema

El discurso de la derecha hegemnica espaola y espaolista est representado por PP, Ciudadanos y VOX. Ms all de algunos matices en ciertos temas, estos partidos mantienen muchas caractersticas comunes y una carga semntica muy similar, sobre todo despus de la sustitucin de Rajoy por Casado, lo que los convierte, de hecho, en tres ramas del rbol de una derecha radical, cuya raz comn es una mezcla de neofranquismo, aznarismo y trumpismo (de Donald Trump). Lo que no excluye algunas diferencias, ni rivalidades electorales. Los tres partidos han pactado sin problemas en Andaluca y lo harn, si pueden, en todo el Estado. Uno de los elementos que ms los une es la agresividad anticatalanista, que los llevara a la supresin prctica de la autonoma, mediante la aplicacin del 155 o por algn otro mtodo, y la voluntad de uniformizacin que, evidentemente, tambin querran para Euskal Herria, Galiza o cualquier otra comunidad que reivindique una personalidad diferenciada. Como ya hizo el franquismo. Hay otros elementos comunes en materia social, econmica y de derechos que no es aqu el lugar de analizar. Es cierto que VOX es ms descaradamente machista y conservador en cuestiones de identidad sexual o de gnero que Ciudadanos, pero en muchos otros temas se hace difcil distinguir quin se sita ms en la derecha extrema. Una de las caractersticas ms alarmantes de los dirigentes de los tres partidos es el uso de la mentira sistemtica para atacar al adversario. Rivera y Arrimadas practican la mentira respecto de la realidad, que conocen bien, en Catalua, as como Casado y VOX; como la practican tambin para atacar a Pedro Snchez o a cualquier lder de izquierdas. Y en esto van mucho ms all de la demagogia tradicional (y lamentable) de tantos polticos; en ese caso se trata de construir una verdad o para-verdad falseada, para justificar su acceso al poder y sus peligrosas polticas. Creo que no se pone suficiente nfasis en denunciarlo, quiz porque en la cultura imperante a derecha e izquierda no se entiende del todo el dao tico que provoca la demagogia como herramienta poltica.

Qu hay de la izquierda y del centro-izquierda?

Lamentablemente la situacin de los sectores de izquierdas en Espaa no es en estos momentos muy estimulante. En el caso del PSOE, hace ya tiempo que ha ido abandonando un discurso ideolgico mnimamente coherente, dentro del mbito de lo que podra ser un discurso socialdemcrata y de defensa de una democracia avanzada. La pugna actual dentro de este partido se produce entre el grupo dirigente, presidido por Pedro Snchez, los barones territoriales, algunos de los cuales podran estar en partidos de derechas, y determinados antiguos lderes que defienden posiciones a menudo abiertamente reaccionarias. Dentro del propio ncleo de la direccin y del gobierno hay perfiles ms dialogantes y progresistas y otros cercanos a las tesis de Ciudadanos y de la derecha radical, como es el caso de Borrell o de Grande Marlaska. Pero una parte de su militancia y base electoral se identifica con posiciones ms o menos progresistas y opuestas a la derecha. Por otra parte, parece que este partido histrico puede convertirse en el muro de contencin electoral para frenar un gobierno de la derecha extrema. Tan precaria es la situacin.

En cuanto al mundo de Podemos y las diferentes Confluencias, lamentablemente viven crisis tras crisis. La reproduccin de viejos vicios, propios de los partidos tradicionales, las disputas de poder y los sectarismos, pueden echar por la borda muchas de las expectativas surgidas respecto de este partido y sus aliados. Y esto, aparte de tener un coste electoral, puede terminar convirtindolos en un partido inoperante y dbil para enfrentarse a la ola conservadora que estamos viviendo. En este sentido, caba esperar una posicin ms activa y desinhibida frente a la represin contra el Procs, y en defensa del derecho a la autodeterminacin; si bien se les debe reconocer el mantenimiento, en general, de una actitud crtica en un contexto estatal nada fcil. Ciertamente, en ese mbito poltico conviven sensibilidades muy diversas y a veces incluso contradictorias. Tambin en el mundo de los Comuns, en Catalunya, han aparecido contradicciones y pugnas internas los ltimos meses. Pero, a pesar de todo, siguen siendo fundamentales para constituir una alternativa progresista y democrtica frente al estado de cosas actual en el conjunto del Estado y, por supuesto, en Catalunya.

El soberanismo y el independentismo en Catalunya

He hablado de ello en otros artculos, pero creo necesario insistir y resaltar algunas ideas. Este no es un bloque homogneo, ni por su concepcin de la sociedad y la economa, ni por la estrategia a seguir para lograr un referndum de autodeterminacin que permita una salida satisfactoria al estado de cosas actual. Es evidente que, como en todas partes, en ese sector coexisten posiciones que van desde la izquierda ms radical hasta la derecha conservadora, con respecto a los planteamientos econmicos y sociales. Por eso las llamadas a una supuesta unidad electoral del independentismo, sin especificar un programa comn claro, responden ms a intereses de determinados sectores polticos que no a un planteamiento realista. Ello sin menospreciar que la apelacin a la unidad, y ms frente a la represin del Estado, tiene siempre un apoyo popular que va ms all de los intereses partidistas, ni descartar que en algunas elecciones se pudiera pactar un programa comn bsico y claro, e incluso alguna lista electoral para defenderlo con ms fuerza. Pero creo que, de momento, esta no es la opcin ms adecuada, dada la situacin que se vive dentro del mundo soberanista. Lo que se necesita ahora, a mi entender, es definir estrategias y liderazgos claros, y no amalgamas confusas que, como se ha visto, no llevan muy lejos. Se hace necesario un debate serio. Cada uno podr elegir y se ver cul es la lnea mayoritaria que quiere seguir el soberanismo. Por supuesto, insisto, esto no quita, sino todo lo contrario, la necesidad de defender objetivos comunes, creando las plataformas adecuadas para hacerlo, como ya escrib en el artculo Salir del desconcierto, en esta misma revista. Unos objetivos que deberan interpelar ms all del mundo estrictamente independentista.

Hasta este momento el independentismo (y el conjunto del soberanismo) ha demostrado mantenerse fuerte para seguir resistiendo, respondiendo a la represin y reivindicando el derecho democrtico a la autodeterminacin, como lo demuestran las constantes manifestaciones y actividades llevadas a cabo. Pero no lo suficientemente fuerte para alcanzar esos objetivos, ni tampoco para disear una estrategia clara a corto plazo que conduzca a ellos. Hay que analizar las dificultades, si se quiere avanzar. La primera, es que una parte importante de la sociedad catalana no parece apostar por la independencia o, al menos, no parece decidida a luchar por este objetivo. Es evidente que esto slo se podr verificar con una votacin y saber as con certeza donde radica la mayora, pero sera un error menospreciar esta percepcin. En cambio, parece claro que una gran mayora est a favor de un referndum donde poder votar la opcin de la independencia, quizs entre otras opciones. A los que niegan esto, es fcil responder: hagamos una primera votacin para saber quin est a favor de este tipo de referndum. No quieren saberlo ... o ya lo saben. Una segunda dificultad son los lmites del apoyo internacional. Si bien es cierto que ha habido algunas victorias destacables, la ms importante de las cuales la no extradicin de los polticos catalanes exiliados, y el apoyo de algunas instituciones y personalidades significativas, es evidente que no ha habido hasta ahora un apoyo internacional suficientemente importante, ni mucho menos decisivo. Lo cual no significa que no se pueda avanzar ms en el futuro.

Y, finalmente, el relato mayoritario en Espaa, exceptuando Euskal Herria, sigue dominado por los discursos ms reaccionarios respecto de la realidad catalana y el derecho a decidir, lo que no significa que sea compartido por el conjunto de la poblacin y no haya sectores conscientes y solidarios contra la represin y en favor de una solucin poltica real que permita un referndum de autodeterminacin. Como he escrito a menudo, trabajar con estos sectores, reconocer su tarea, colaborar con ellos y tratar de ampliar las complicidades realizando un trabajo ms intenso de difusin y explicacin me parece fundamental para tener xito. La alternativa de Nosotros solos, que puede cuajar entre sectores del independentismo, es el camino ms fcil a la derrota.

Qu alternativa?

En el artculo Salir del desconcierto, planteaba algunos ejes que podan vertebrar una unidad de accin de la mayora de sectores defensores de una salida democrtica y opuestos a la represin, en Catalua. Esos ejes se referan a la liberacin de los presos y el retorno de los exiliados, con la garanta de un juicio justo, retirando las acusaciones insostenibles de rebelin, sedicin y malversacin. Tambin al reconocimiento del derecho de autodeterminacin, a la defensa de las libertades y de los derechos sociales bsicos, (que implica el apoyo a las reivindicaciones del movimiento feminista) y la defensa de todas las competencias de la Generalitat de Catalua. Haca referencia tambin a la campaa de mnium Cultural, Som el 80% y aada: "Habra que traducir esos manifiestos en algn tipo de mesa amplia en defensa de estos puntos y arraigada en el territorio, como en su da fue la Asamblea de Catalua, salvando las distancias.

En esta lnea, y ante el peligroso ascenso de una derecha con reminiscencias franquistas, aliada con la ultraderecha, creo que habra que trabajar por una gran alianza que interpele a todos los sectores democrticos y progresistas del Estado, en torno a unos objetivos comunes que recojan, con los matices necesarios, los propuestos para el caso cataln e incorporen aquellos ms relevantes para el conjunto del Estado. Ante este ciclo electoral y unos juicios en los que VOX se ha convertido en acusacin popular, se hace indispensable una movilizacin decidida en defensa de un Estado plenamente democrtico, que sea capaz de reconocer efectivamente la realidad plurinacional y, en consecuencia, aceptar el derecho de autodeterminacin y de detener la deriva autoritaria que nos amenaza para los prximos aos. De la capacidad de los sectores sociales y polticos y de los liderazgos ms conscientes para vertebrar estas alternativas, tanto en Catalua como en el conjunto del Estado espaol, depender en buena medida el futuro.

El 16 de marzo, la manifestacin convocada en Madrid puede ser un primer paso en este sentido. El xito no se debera medir slo por el nmero de personas llegadas de Catalunya que ocupen la capital ese da, que ser sin duda muy importante, sino tambin por la complicidad de las mujeres y hombres de Madrid y de otros puntos de todo el territorio estatal que participen, en defensa de las libertades democrticas plenas y contra la represin. Pero la tarea no acabar ese da, habr que continuar. An estamos a tiempo.

Artur Domingo i Barnils es historiador, especialista en la obra y el legado de Gandhi.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article14650



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