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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2019

Xabier Arzalluz o el pndulo patritico del nacionalismo histrico

Ramn Zallo
Viento Sur


Xabier Arzalluz, lder que fue del nacionalismo tradicional vasco durante 22 aos -hasta mediados de la dcada pasada- ha fallecido. Fue un dirigente poltico polifactico y carismtico, adems de abogado y profesor culto, de los que ya no se estilan. De mentalidad tradicional (caso Lemoiz,..), de centro, demcrata-cristiano de conviccin y un punto de la arrogancia propia del visionario, fue poco proclive a las ideas de izquierda durante toda su vida aunque en los ltimos tiempos conect con algunas de ellas y nunca rompi los puentes con la izquierda abertzale a la que criticndola duramente siempre vio necesaria para evitar los michelines en el nacionalismo (los oportunistas incrustados por inters en el partido o en las instituciones).

De convicciones rocosas y sinceridad apabullante, siempre dijo lo que pensaba sin doblez, aunque distingua la onda larga de la poltica (el proyecto final que recordaba todos los rituales Alderdi Eguna-Da del Partido) de los requerimientos de cada fase y coyuntura en trminos de utilidad del pequeo ante el Estado, como sola decir, en funcin de situaciones y peso social. Fino analista y estratega con altura de miras, poco envidi a la potente figura de Juan Ajuriagerra, a cuya sombra madur, adems de ser un comunicador inigualable, con metforas y dichos que hacan las delicias del periodismo poltico, al que escandaliz con frecuencia.

Situ al PNV en la centralidad del arco poltico vasco a lo largo de dcadas. No acept el rol que le habra tocado al PNV de prosperar un acuerdo en Txiberta en mayo de 1977 con la izquierda abertzale y las dos ETA (M y P-M) de cara a presentarse o no en las primeras elecciones. Pragmtico, igualmente abog por el olvido para los exfranquistas en ocasin de la ley de Amnista. Pero tambin se debe a Arzalluz la apuesta por la abstencin en el referndum constitucional, lo que se tradujo en su deslegitimacin en Euskadi (30% sobre el censo) y Navarra (50%) y una baza para negociar el ulterior Estatuto si se quera la gobernabilidad en la comunidad mientras ETA apretaba.

Arzalluz partidario de la reintegracin foral propugn la abstencin en el referndum constitucional por considerar que la Disposicin Adicional Primera no garantizaba aquella reintegracin y supo ver algo que no supimos ver las izquierdas vascas: la potencialidad de los Derechos Histricos recogidos en cierta manera en esa Disposicin Adicional- y el Concierto como herramientas jurdicas y que, en su ltima etapa, marid adems con el derecho de decisin, al tiempo que algunas de esas izquierdas hemos hecho el camino inverso en trminos de utilidad percha jurdica- desde la prioridad siempre de la voluntad popular de autodeterminacin.

Tambin se distanci de la Marcha de la Libertad de 1977 entendiendo que espoleara la reaccin del navarrismo reaccionario -lo que el tiempo confirm- aunque eso no le ayud al nacionalismo histrico a ganar peso en Navarra respecto al nacionalismo de izquierda. Solo recientemente ha podido ir ganando en influencia en Navarra.

Tras el Estatuto (1979) apost por la construccin nacional de gestin y de estabilidad institucional, aunque la transigencia con la autoexclusin de Navarra en el proceso preautonmico, la expulsin de los representantes navarros de la Asamblea Nacional del PNV y el enfoque territorialista de la construccin nacional en torno a la Ley de Territorios Histricos, le cost a mediados de los 80 una dolorosa ruptura interna del nacionalismo jeltzale (partidarios de Jaungoikoa Eta Lege zarra, Dios y Fueros, JEL) con lo que luego sera Eusko Alkartasuna (EA), y con efectos hasta hoy. Garaikoetxea daba preeminencia a lo nacional sobre territorios y diputaciones. El desproporcionado Parlamento Vasco 25 escaos por territorio histrico sin relacin a la poblacin- es fruto de esa poca.

La fractura entre PNV y EA facilit la prolongacin de la hegemona del ideario de la izquierda abertzale a lo largo de los aos 80 en toda Euskal Herria; lo que conllev, por una parte, una obligada cohabitacin con el PSE a efectos de gobierno, as como el pacto antiterrorista de Ajuria Enea (1988) y, por otra parte, unos pactos con los gobiernos de turno en Espaa a cambio de transferencias a cuentagotas y del respeto a la centralidad del propio PNV en la Comunidad Autnoma. Ya desde los 70 mantuvo una relacin distante con ELA el ltimo lazo fue Jess Insausti Uzturre- que siendo sindicato afn en el pasado, fue totalmente independiente orgnica e ideolgicamente desde la Transicin ms all de que los afilados del PNV por tradicin se sindicaran en ELA y de un cierto trato de favor en la primera poca.

A pesar de su entendimiento con el Aznar del primer mandato (1996-2000), apoy a media legislatura el Pacto de Lizarra (1998) al ver claramente la utilizacin del asesinato de Miguel ngel Blanco (1997) y se enfrent sin ambages al Aznar del segundo mandato (2000 a 2004). En este contexto combati la estrategia hegemonista y de involucin diseada por Mayor Oreja, quien buscaba la proscripcin de la idea nacional vasca y el acoso y derribo de todo el nacionalismo, y no solo de la izquierda abertzale. Respir aliviado cuando la candidatura, junto con EA, de Ibarretxe en sustitucin de Ardanza, super la pinza y operacin sorpasso del PP con el PSE de Redondo Terreros, en 2001. De todos modos el acoso contra todo el soberanismo continu (cierre de Egunkaria por ejemplo en 2003, por ejemplo).

Hay as un Arzalluz de los aos 70 al ao 2000: pragmtico, de orden y tacticista. Y otro a partir del rdago del espaolismo y del constitucionalismo talmdico (Mayor Oreja y Redondo Terreros) que le situ frente al Estado. En ambas etapas fue consecuente en visiones y misiones. l mismo encarn en dos etapas distintas la estrategia pendular histrica del PNV: entre el pragmatismo y la confrontacin, entre la tctica autonomista y el proyecto independentista.

Con influencia decreciente pero con carisma, el segundo Arzalluz, ya dimitido de sus cargos, apost por la candidatura soberanista de Joseba Egibar al EBB, luego derrotada por un voto por la posibilista de Josu Jon Imaz en 2004. Arzalluz abog por la estrategia soberanista para afrontar la recentralizacin del Estado en claro choque con la lnea de Ortuzar y Urkullu con los que tuvo una relacin distante, apoyando -desde el paraguas del derecho de decisin que apadrin Ibarretxe- el entendimiento y los acuerdos con EA, Izquierda Abertzale y Ezker Batua (Izquierda Unida). Tambin haba avalado con anterioridad mediados de los 90- la lnea de Juan Mari Ollora y Gorka Aguirre de cara a preparar la pacificacin mediante negociacin. Otra mirada larga de Arzalluz. Ciertamente le cost asumir el papel de exdirigente con desplantes notables a Josu Jon Imaz primero y a sus sucesores despus pero supo no interferir para despus implicarse desde la discrecin en iniciativas como Gure Esku Dago (consultas ciudadanas desde el derecho de decisin).

Siempre admir las capacidades y el magnetismo de Xabier Arzalluz, con el que depart en solo dos ocasiones y cuya trayectoria qued bien descrita en la biografa As fue del aorado Javier Ortiz. Pero el segundo Arzalluz, en especial, me result mucho ms cercano con una grandeza de visin desde su soledad e incluso ostracismo, aunque en sus funerales todo fueran loas de algunos burukides (lderes jeltzales). Arzalluz ha encarnado la dignidad de la tradicin republicana del PNV y las dos formas distintas de encarar la construccin nacional en una democracia devaluada. A cada una le puso fecha. Agur eta ohore, Arzalluz jauna!

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article14639

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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