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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2019

El Gobierno quiere guerra, pero el pueblo pide paz

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


Nada mas peligroso para la estabilidad, la paz y la democracia internacional, que un presidente del tipo Trump, cuyas decisiones son a la medida de sus preocupaciones personales diarias y su discurso anuncia todo lo contrario a la paz, la democracia y la estabilidad. Sus apreciaciones triviales son convertidas a hiptesis exentas de validacin tcnica y poltica, inclusive para definir quien debe vivir o morir en el planeta, sin que las muertes de inocentes o implicados, cuenten siquiera como dao colateral. Lo que dice es noticia que se transforma en capital y cifras a su favor. Pero as ha sido en la Amrica gringa desde el fin del genocidio de sus mas de 12 millones de indgenas, asesinados por sus propios compatriotas y que refleja consecuencias en los casi 55 millones de hispanos inmigrantes, tratados y maltratados hoy como infrahumanos. Siempre ha ocurrido una distorsionada mezcla de derechos humanos y economa, con expresin en que solo es digno de ser tratado como humano aquel que tiene propiedad y riqueza que le otorgan libertad y son su fuente de honor y respeto. Trump, es eso, un hombre libre, un propietario al que su Amrica le consiente todo, siempre que ocurra afuera.

Pero la otra Amrica, la del Sur, es distinta, diversa, a pesar de mltiples genocidios, forj su libertad por cuenta propia, con resistencias y rebeldas y no por efecto de ninguna ley de abolicin. Ese es su secreto para enfrentar los nuevos vientos de guerra alentada por Trump y conducida por su club de gobernantes del sur, que reinventan la seguridad nacional y la caduca guerra fra para llevar al horror. A los pueblos del sur, sus organizaciones polticas y sociales, estudiantes, campesinos, trabajadores, les queda por nica opcin impedir, movilizar, resistir y oponerse a caer otra vez en la ruta de la muerte ya mil veces ya padecida. Nadie mas que l, el pueblo (no el estado) sabe que despus de otra nueva guerra, sea interna o entre pases, nada, absolutamente nada, quedara intacto. Nada absolutamente nada, volvera a ser como antes. Quedarn miles de lisiados de todos los lados, cuerpos putrefactos botados en los caminos, riqueza perdida, bosques arrasados, aguas contaminadas, puentes, acueductos, infraestructuras y ciudades enteras destruidas, con migrantes no para compadecerlos si no para perseguirlos y liquidarlos. Que nadie espere una guerra regular, pactada, limpia, con reglas, justa, lineal, con arqueros y caballeros. Sera asimtrica, letal, con mercenarios (contratistas), criminales de oficio, francotiradores, hackers, paracos y drones y el terror detonara donde menos se espera, no en las fronteras, si no en cntricas calles, autopistas y mercados. Se extenderan el hambre, la peste, las enfermedades y la maldad. Los seores de la guerra probaran sus armas de todo tipo, qumicas, biolgicas y atmicas, que desprendan la piel y desintegren todo menos el odio. En presente otra guerra, traer miseria, humillacin y sufrimiento para unos y otros, por orden de oficiales, psicpatas y parapolticos. La internet dejar de funcionar y, cajeros, sistemas elctricos y de interconexin quedarn fuera de servicio. A veces de tanto dolor, la gente olvida lo que deja la guerra y enajenada clama y vitorea al presidente y a sus ministros y ulicos, cuando presentan informes semanales exponiendo cifras y cadveres. En la guerra la inteligencia es sometida al arbitrio de los ms perversos y la poesa y el arte son tratados como escombros, as ocurre siempre.

No es posible aceptar entonces que por voluntad de Trump, se quiera destruir a la Amrica del Sur, y borrar para siempre el legado de Bolvar, justo en el ao del bicentenario de independencia. La trampa del gobierno para reconducir a la guerra es hacer creer que hay dos amricas en el Sur, una orientada por el socialismo, a la que hay que destruir y otra por el capitalismo a la que se debe salvar. Amrica del Sur, es una sola que se niega a ser el botn de los impacientes dueos del capital, que no logran consolidar su segunda conquista de despojo y exterminio. En medio de este panorama el gobierno de Colombia, aupado por su partido, pide amontonar los muertos adentro y repartir formulas de salvacin afuera, son consecuentes, porque son el gobierno del No, las negaciones a la vida, a la memoria y a la paz y en su patio corrupcin, desigualdad, inequidad y violencia, florecen al vaivn de una creciente economa para pocos y derechos humanos recortados para muchos. As que s el gobierno del No, quiere guerra y sepultar con ella el acuerdo de paz, la JEP y la comisin de la verdad que no la haga y si la hace que no sea ni en nombre del pueblo, ni con sus hijos en las trincheras.

Colombia esta siendo irresponsablemente reconducida hacia la guerra, por un gobierno, que a la manera de una junta administra los negocios comunes de toda la burguesa y hace de la dignidad personal un simple valor de cambio. Paulatinamente ha sustituido, mediante leyes y recortes sociales, las libertades humanas, por la libertad de mercado y reducido a cada persona, medico, abogado, ingeniero, maestro, cientfico, obrero, campesino o artesano a la mera condicin de servidumbre asalariada, enfrentados a una realidad sin oportunidades, sin trabajo, sin estabilidad, sin un futuro previsible de bienestar y felicidad, frtil para crear hbitos de indiferencia, intolerancia y violencia que ahonden el imaginario de que todo podra ser peor y que mejor nos ira con otra guerra.

Ese poder, esa manera de gobernar, ha sabido destruir las bases del estado de derecho, acomodar miedos, borrar la memoria de su tragedia, negar los hechos y recuperar la efervescencia de los odios que refrescan las condiciones para usar las armas contra quien sea, adentro o afuera. La guerra es su instrumento de produccin mas importante, de ella hacen depender las relaciones econmicas y todas las relaciones sociales en su beneficio. El partido de gobierno lo tiene calculado, sabe que sin guerra no puede existir y tiene claro que para sobrevivir y ganar elecciones necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vnculos en todas partes. Y as lo hace, toca las fibras intimas, acude al secreto, la moral, la cizaa, el rumor, el chisme, redescubre pasiones, crea intercambios e interdependencias entre regiones y grupos sociales e impide que la produccin intelectual de la nacin se convierta en patrimonio comn de todos. Ha sometido al estado de derecho, como Trump, al libre arbitrio de sus impulsos de poder hegemnico. No hay formulas para salir de este encierro, solo existe la necesidad vital de construir la salida en colectivo y obligatoriamente mas temprano que tarde.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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