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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2019

El feminismo y los cuidados oxigenan la economa

Ignacio Muro
Economistas frente a la crisis


Volver a hablar de la vida que queremos, de la sociedad que queremos, es hablar del tiempo humano como referencia bsica de la vida y cimiento de un nuevo Contrato Social .

El momento actual reclama una profunda reordenacin de las jerarquas entre los espacios que identificamos con la producción de bienes y servicios -la nica lgica reconocida por la economa- y la reproducción social, es decir, las actividades conectadas con la sostenibilidad y reproduccin de la sociedad: tener y criar niños, formar a los jvenes, cuidar a los abuelos, atender a los enfermos y mantener la organizacin de hogares y comunidades.

Esa mirada nos obliga a afrontar una batera de soluciones a la denominada crisis de los cuidados un conjunto muy diverso de conflictos y demandas que van desde el reparto de las tareas del hogar a los permisos de paternidad, desde la disminucin de la brecha salarial a las rentas bsicas, de los desahucios en la vivienda a la seguridad alimentaria Todas ellas cuestiones situadas en los espacios de la reproducción social, tan centrales para la actual coyuntura como las luchas de clases en el ámbito de la producción en el capitalismo tradicional.

Esta situacin tiene sus raíces en la dinámica estructural del capitalismo financiero que obtiene su rentabilidad de cualquier espacio. No solo extrayendo plusvala de las clases populares tradicionales (del viejo proletariado, del autnomo, de las clases medias profesionales, de la pyme nacional) sino tambin de cualquier empresa, administracin o familia endeudada, de cualquier recurso pblico estatal, regional o local (pensiones, desempleo, dependencia) y de cualquier estructura social debilitada.

La reordenacin del tiempo humano como referencia vital

La economa de los cuidados abre todas las puertas que la ortodoxia econmica quera mantener cerradas: desde qu es producir riqueza hasta qu sentido tiene la gestin del tiempo a lo largo de la vida. Poner en el centro esos debates es la mayor contribucin que el feminismo est haciendo a la economa.

Obliga a recuperar el foco sobre la disminucin, racionalizacin y flexibilizacin de los tiempos productivos (reduccin de jornada laboral, trabajos de tiempo parcial voluntario y jornadas flexibles, permisos de paternidad y bolsas de conciliacin familiar, reordenacin horaria, teletrabajo y derecho a la desconexin). No es concebible que las potencialidades de productividad que aportan los cambios tecnolgicos no redunden, cmo ocurri siempre en la histora, en una disminucin y racionalizacin del tiempo de trabajo.

Obliga a reconsiderar y tangibilizar el valor de los tiempos considerados no productivos : los dedicados a atender necesidades familiares bsicas (crianza y vejez, enfermedad, incapacidad) y a las otras actividades domesticas de apoyo (higiene, limpieza, orden, compaa). Implica denunciar la mxima expresin de la contradiccin entre valor y precio: las cosas ms importantes se ignoran e invisibilizan porque se realizan en el hogar y no tienen repercusiones mercantiles; y lo que tiene precio, aunque sea ilegal y oculto cmo la prostitucin o el trfico de drogas, actividades que fueron incluidas de golpe en el PIB en 2010 , se reconoce como valor.

Obliga a poner el foco en cmo reconstruir el espacio vital colectivo , sea urbano o rural, que disminuya los tiempos muertos (desplazamientos, abastecimientos, mantenimiento, limpieza) y maximice los tiempos vivos compartidos (formacin, familia, descanso, ocio). De forma muy especial, nos confronta al coste creciente de la vivienda smbolo de la contradicción geográfica fundamental que provoca la centralización del capital inmobiliario en el corazón de las megaurbes y los mayores desplazamientos diarios con costes crecientes -en tiempo y dinero- de los trabajadores hacia localizaciones marginales o perifricas.

Sobre el mercado y los recursos pblicos

El ltimo capitalismo tiende a exprimir, cada vez ms, un conjunto de capacidades sociales claves para la vida. Y lo hace de dos maneras: como norma, socializando la carga y trasladando a las mujeres de las familias un sobreesfuerzo creciente e invisible. Pero tambin, cuando de esas actividades sociales surgen perspectivas de beneficio, privatizando su gestin, externalizando servicios sociales y contratando a filiales de grandes corporaciones.

Sirva de paradigma, CLECE, una empresa multiservicios filial del Grupo ACS, que gestiona la Residencia de la Fundacin Reina Sofa Alzheimer, de titularidad pblica, un lugar denunciado porque faltan paales o sbanas para cambiar a los ancianos hasta hacerles pasar das sobre su propia orina, con cuidadoras cobrando 600 euros al mes, mientras declara millones en beneficios.

Hay espacios en el que la lgica del mercado debera estar vetada. Tiene sentido en mejorar la oferta de servicios de abastecimiento, mantenimiento y limpieza del hogar, all donde la economa digital est destacando por sus mayores ventajas. Pero nunca en lo que se refiere a los elementos centrales de la convivencia como son los cuidados.