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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2019

Engendros

Jaime Richart
Rebelin


Si observamos de cerca la poltica como superestructura social, es decir, la poltica globalmente considerada; esto es, la actividad poltica y el plano del pensamiento poltico combinados con la accin poltica en cualquier parte, la atraccin que siente el poltico hacia la poltica y l mismo pueden resultarnos repulsivos, y pueden llevarnos a ver en todo poltico a un embaucador ms o menos tosco o ilustrado. Desde luego eso ha de ser as para quienes necesitamos por encima de todo, criterio, lgica y coherencia personal sin ms concesiones a otras disculpas que las que pueden apreciarse en todo ser humano independientemente del papel que desempee en su sociedad. Pero no ms. Tres cualidades del ser con las que no se puede contar en el poltico.

Y si esto puede ser vlido para cualquier pas, en Espaa la repulsa puede alcanzar niveles de escndalo. Pues unos ms y otros menos pero todos los polticos, aparecen implicados en un permanente ejercicio de cinismo y de incoherencia, hasta hacernos verles desde personas infantiles e inmaduras hasta autnticos desvergonzados y canallas. Pues hay casos y casos. Algunos son irrelevantes, pero otros, los ms graves, que es lo ms comn, encierran engao manifiesto al electorado. Y alguno en concreto, de juzgado de guardia. Como el caso de ese lder de la oposicin que en 2008 exige en la Cmara Alta al entonces presidente de gobierno una decisin que diez aos ms tarde, l ya presidente, considera inconstitucional y desencadena con ello una serie de acontecimientos gravsimos: una gravsima desestabilizacin social y econmica, y un riesgo dramtico de futuro de crcel para siete gobernantes catalanes. Inducir a cometer un acto inconstitucional puede no ser un ilcito penal? Pues eso es lo que hizo ese lder luego presidente de gobierno. Esto es algo posible slo en Espaa. Hay algo que no sea posible en cualquier orden de cosas?

Pero tambin es algo que nos remonta a aquellos tiempos en que en la Corte de cualquier nacin nadie se poda fiar. Y tambin una desvergenza que abochorna a la ciudadana no contaminada por el fanatismo. Otra cosa ms que se suma al crnico enfrentamiento en Espaa entre clases. Pues pese a que los polticos de las primeras afirman que ya no hay clases, a diferencia de la India donde hay varias castas, en Espaa slo persisten dos: la dominante y la dominada...

Abochorna a la ciudadana espaola, deca, en casos como ste, deca antes, pero tambin a la ciudadana europea. Porque si ya de por s en nuestra existencia lo ms difcil es ser consecuente toda la vida, el ser inconsecuente del poltico espaol es la regla. Su capacidad infinita para responder a todo, no slo porque est dotado de una potente imaginacin y de una estimable agilidad mental, sino porque su falta o debilidad de los escrpulos que ordinariamente tiene el ciudadano comn, le permite patear no slo la congruencia sino tambin despreciar la lgica de la integridad tal como la entiende la persona normal porque parece suponer a sta una retrasada mental.

En todo caso, la ndole del poltico que despunta en Espaa queda fijada por contraste: el poltico que habla y promete desde la oposicin no es en modo alguno el poltico que habla y acta despus en la gobernacin. La realpolitik se le impone y le maniata. Lo saba cuando pugnaba por llegar al poder, pero le convino ignorarlo cuando no tena responsabilidades de gobierno pero se somete a ella cuando ya est en el gobierno. Pero tampoco cuando pasa a gobernar se enfrenta a los poderes fcticos, que es donde estriba el fundamento de su cinismo. Lo que demuestra que es tan impotente como incompetente. Sin excepciones parecemos estar no digo ya ante dos personajes, sino ante dos personas distintas y absolutamente contrapuestas: un esquizofrnico ms o menos voluntario y consciente. El poltico espaol es la encarnacin del dios griego Jano representado con dos caras o el dios Proteo, representacin de la volubilidad o versatilidad...

Y es que en trminos generales quien propende a ver la vida pblica desde una perspectiva sociolgica, antropolgica o incluso histrica, o simplemente tiene una vena filosfica, la poltica en general ha de resultarle una actividad humana sospechosa; un quehacer que si puede ser, junto a la diplomacia, el factor principal que evita la guerra, tambin puede ser el detonante de una guerra. Pues el modo de tratar el estado espaol las aspiraciones de la sociedad catalana, al fin y al cabo una consulta, un referndum que las clarifique, se parece mucho ms a la respuesta que dara un estado dictatorial casi equivalente a una declaracin de guerra, que las que negocia un estado democrtico. Y el encarcelamiento, seguido de juicio de siete de sus polticos recuerda a la Causa Roja del dictador contra los vencidos en la guerra civil. En ambos casos estaramos ante la culminacin de una venganza... si, como se sospecha, los imputados catalanes no acaban absueltos...

Pero tampoco la justicia sale mejor parada como superestructura social en esta observacin en perspectiva. En el mbito de la juricidad la sentencia es tericamente una verdad resultado de una sntesis consecuencia de una tesis enfrentada a una anti-tesis. Una sentencia que en realidad depende de la ideologa o de la filosofa del juzgador, o de la relacin de fuerzas ideolgicas de los componentes de un tribunal, habida cuenta que puede defenderse tanto una tesis como su contraria gracias al principio de contradiccin del Derecho procesal, a las propiedades del lenguaje y a la lgica formal. Pero es que en Espaa, adems, hay una marcada tensin entre profesionales de la judicatura y del ministerio pblico. Una parte clama por su independencia como tercer poder y desea evitar la clamorosa politizacin de la justicia, y otra, ms con hechos que con palabras, es favorable a un dejarse llevar; pugna en la que hasta ahora llevan la de ganar la primera. Lo que a nuestros ojos hace a la justicia un mbito tan nauseabundo como la poltica.

En todo caso, est visto y comprobado que Espaa es una democracia en su fase anal en cuyo desarrollo no es posible quemar etapas. Su evolucin est determinada por el paso inexorable del tiempo, como el paso del tiempo es inevitable para la fruta madura. Pues si se acorta el proceso y se recurre al artificio (salvo la revolucin, que no lo es) para adelantar su madurez, el fruto resultante es un autntico engendro. Y esto es lo que sucede en esta Espaa en mantillas democrticas: un engendro el marco poltico compuesto de engendros polticos y un engendro el electorado. Electorado manipulado por los anteriores y probablemente por las agencias encargadas del recuento de votos, por mucha garanta que se invoque a cuenta a cuenta de la metodologa del escrutinio...


Jaime Richart, antroplogo y jurista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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