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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-03-2019

La ecologa de Marx

John Bellamy Foster
El viejo topo

Prlogo de John Bellamy Foster de su libro La ecologa de Marx. Materialismo y naturaleza


Nota de edicin. Tal da como hoy [14 de marzo] en 1883 mora Karl Marx. En numerosos momentos de su obra dio muestras de una aguda conciencia ecolgica. La visin que Marx forj del mundo era profunda y sistemticamente ecolgica: una perspectiva derivada de su materialismo.

Prlogo

El ttulo que originalmente di a este libro, cuando comenc a escribirlo, era Marx y la Ecologa. En algn lugar del camino, cambi y pas a ser La Ecologa de Marx. Este cambio de ttulo tiene su origen en un cambio radical que ha experimentado mi pensamiento sobre Marx (y sobre la ecologa) en el curso de estos ltimos aos, cambio en el que desempearon un papel numerosas personas.

Se ha caracterizado muchas veces a Karl Marx como pensador antiecolgico. Pero yo he estado siempre demasiado familiarizado con su obra como para tomar en serio esa crtica. En numerosos momentos de su obra, como yo saba, dio muestras de una profunda conciencia ecolgica. Pero, cuando escrib The Vulnerable Planet: A Short Economic History of the Environment (1994) todava crea que las cosas que Marx alumbrara en relacin con la ecologa eran un tanto secundarias en su pensamiento; que no aportaban nada nuevo ni esencial a nuestro actual conocimiento de la ecologa en cuanto tal, y que la importancia de sus ideas para el desarrollo de sta resida en el hecho de que proporcionaba el anlisis histrico materialista que la ecologa, con sus nociones por lo general ahistricas y malthusianas, necesitaba desesperadamente.

Que fuera posible interpretar a Marx de un modo diferente, de un modo que otorgara a la ecologa una posicin central en su pensamiento, era algo de lo que yo sin duda era consciente, ya que se suscitaba a diario en la dcada de 1980 por parte de mi amiga Ira Shapiro, que se haba expatriado de Nueva York y se haba convertido en agricultora, carpintera y filsofa de la clase trabajadora, a la vez que asista como alumna a mis clases. En contra de todas las convenciones de la interpretacin de Marx, Ira me deca: mira esto, sealndome pasajes en los que Marx se ocupaba de los problemas de la agricultura y de la circulacin de los nutrientes del suelo. Yo la escuchaba atentamente, pero no apreciaba todava toda la importancia de lo que me estaba diciendo (algo que sin duda, a diferencia de lo que le ocurra a Ira, me impeda el hecho de que yo careca de toda experiencia real en el trabajo de la tierra). Por aquellos mismos aos, mi amigo Charles Hunt, activista radical, socilogo, profesor a tiempo parcial, y apicultor profesional, me dijo que debera familiarizarme ms con la Dialctica de la naturaleza de Engels, debido a su visin cientfica y naturalista. Nuevamente yo escuchaba, pero tena mis dudas. No haba fallado la dialctica de la naturaleza desde el comienzo?

El camino hacia el materialismo ecolgico estaba bloqueado por el marxismo que yo haba aprendido durante aos. Mi base filosfica haban sido Hegel y la rebelin del marxismo hegeliano contra el marxismo positivista, rebelin que se inici en la dcada de 1920 con las obras de Lukcs, Korsch y Gramsci, y que haba llevado a la Escuela de Frncfort y a la Nueva Izquierda (como parte de la rebelin ms amplia contra el positivismo que domin la vida intelectual europea desde 1890 hasta 1930 y ms all). Se haca hincapi en el materialismo prctico de Marx, que tena sus races en el concepto de praxis, que en mi propio pensamiento vena a combinarse con la economa poltica de la tradicin de la Monthly Review en los Estados Unidos, y con las teoras histricas de E. P. Thompson y Raymond Williams en Gran Bretaa. En una sntesis como esta quedaba sin embargo poco lugar para un enfoque marxista de temas relacionados con la naturaleza y con las ciencias fsico-naturales.

Es cierto que pensadores como Thompson y Williams en Gran Bretaa, y Sweezy, Baran, Magdoff y Braverman, asociados en EEUU con la Monthly Review, insistan todos en la importancia de relacionar el marxismo con el reino fsico-natural en general, y cada uno de ellos contribua a su manera al pensamiento ecolgico. Pero el legado terico de Lukcs y Gramsci, que yo haba interiorizado, negaba la posibilidad de aplicar los modos del pensamiento dialctico a la naturaleza, con lo que esencialmente cedan todo este campo al positivismo. Por entonces apenas conoca yo una tradicin alternativa, ms dialctica, que se daba dentro de las ciencias biolgicas contemporneas, asociadas en nuestros das con la obra de pensadores tan importantes como Richard Lewontin, Richard Levins y Stephen Jay Gould. (Cuando por fin cobr conciencia de esto, fue debido a Monthly Review, que haca tiempo que trataba de vincular de nuevo el marxismo en general con las ciencias naturales y fsicas). Tampoco estaba familiarizado todava con el realismo crtico de Roy Bhaskar.

Para empeorar an ms las cosas, como la mayora de los marxistas (con la excepcin de los dedicados a las ciencias biolgicas, don de esta historia se haba conservado en parte), yo desconoca por completo la historia real del materialismo. Mi materialismo era, por entero, de una ndole prctica, poltico-econmica, informado filosficamente por el idealismo hegeliano y la rebelin materialista de Feuerbach contra Hegel. Pero ignoraba la historia general del materialismo dentro de la filosofa y de la ciencia. A este respecto, la propia tradicin marxista, tal como se haba transmitido, ofreca una ayuda relativamente escasa, puesto que no se haba entendido adecuadamente la base sobre la que Marx haba roto con el materialismo mecanicista a la vez que segua siendo materialista.

Resulta imposible explicar (excepto quiz sealando el argumento que sigue) las etapas de cmo finalmente llegu a la conclusin de que la visin que Marx forj del mundo era profunda y quiz sistemticamente ecolgica (en todos los sentidos positivos en que hoy se utiliza el trmino), y de que esta perspectiva ecolgica se derivaba de su materialismo. Si hubo un nico punto de decisivo cambio en mi modo de pensar, tuvo su comienzo poco despus de que publicara The Vulnerable Planet, cuando mi amigo John Mage, jurista radical, erudito clsico y colega de la Monthly Review, dijo que yo haba cometido un error en mi libro y en un artculo posterior, al adoptar la visin verde romntica segn la cual las tendencias antiecolgicas del capitalismo se remontaban en gran parte a la revolucin cientfica del siglo XVII y, en particular, a la obra de Francis Bacon. John suscit la cuestin de la relacin de Marx con Bacon, y del significado histrico de la idea de dominio de la naturaleza que surgi en dicho siglo. Me fui dando cuenta gradualmente de que todo el tema de la ciencia y de la ecologa tena que ser reconsiderado desde el principio. He aqu algunas de las preguntas que me preocupaban: Por qu la teora verde sola presentar a Bacon como el enemigo? Por qu se ignoraba tantas veces a Darwin en las discusiones de la ecologa decimonnica (ms all de limitarse a atribuirle las concepciones del darwinismo social y el malthusianismo)? Qu relacin tena Marx con todo esto?

En el curso de este proceso no tard en llegar a la conclusin de que los intentos hechos por los ecosocialistas de injertar teora verde en Marx o de introducir a Marx en la teora verde nunca generaran la sntesis orgnica que se hace necesaria. A este respecto me impresionaron las famosas palabras de Bacon: En vano buscaremos el avance del conocimiento cientfico como proveniente de sobreaadir o implantar cosas nuevas en las viejas. Ha de partirse de un nuevo comienzo (instauratio), empezando por los fundamentos mismos, a menos que queramos girar eternamente en crculo y hacer progresos nimios, casi despreciables (Novum Organum). El problema pasaba a consistir en volver a los fundamentos del materialismo, donde cada vez ms parecan residir las respuestas, en reexaminar desde el principio nuestra teora social y su relacin con la ecologa, es decir, dialcticamente, atenindonos a su surgimiento.

Lo que descubr, para gran sorpresa ma, fue una historia que tena en cierto modo el carcter de historia literaria de detectives, en la que varias pistas conducan por separado a una misma y sorprendente fuente. En este caso, el materialismo de Bacon y el de Marx, e incluso el de Darwin (aunque de manera menos directa) se remontaban a un comn punto de origen: la filosofa materialista antigua de Epicuro. El papel que desempe Epicuro como gran esclarecedor de la Antigedad una visin de su obra que han compartido pensadores tan distintos como Bacon, Kant, Hegel y Marx me proporcion por vez primera una imagen coherente del surgimiento de la ecologa materialista en el contexto de un forcejeo dialctico en torno a la definicin del mundo.

En una lnea de investigacin estrechamente relacionada con esto descubr que la investigacin sistemtica que llev a cabo Marx del gran qumico agrcola alemn Justus von Liebig, iniciada a partir de su crtica del malthusianismo, fue lo que le condujo al concepto central de la fractura metablica que se produce en la relacin humana con la naturaleza: el anlisis que hizo en su madurez de la alienacin respecto a la naturaleza. Pero, para entender esto plenamente, se haca necesario reconstruir el debate histrico en torno a la degradacin del suelo que surgi a mediados del siglo XIX, en el contexto de la segunda revolucin agrcola y que se ha prolongado hasta nuestros das. En l est la aportacin ms directa que Marx hiciera a la discusin ecolgica (vase el Captulo Cinco). Estoy sumamente agradecido a Liz Allsopp y a sus colegas de la IACR-Rothamsted, de Hertfordshire, por facilitarme la traduccin que Lady Gilbert hizo de la Introduccin de Liebig, existente en los archivos de Rothamsted.

En la realizacin de esta investigacin pude beneficiarme de la colaboracin con Fred Magdoff y Fred Buttel en la coedicin de un nmero especial de Monthly Review, correspondiente a los meses de Julio y Agosto de 1998 y que lleva por ttulo Hungry for Profit, posteriormente ampliado y publicado en forma de libro. Tambin me sirvi de ayuda el apoyo de mi coeditor de la revista Organization & Environment, John Jermier. Parte de este trabajo ha aparecido previamente en el nmero de Organization & Environment correspondiente a Septiembre de 1997, y en el nmero de Septiembre de 1999 de American Journal of Sociology.

Dada la complejidad de la historia intelectual que el presente libro se propone desenmaraar, y sus incursiones en reas aparentemente tan distantes entre s como la filosofa antigua y la moderna, era evidente que necesitaba a un interlocutor de extraordinarias dotes. Ese papel lo desempe plenamente John Mage, cuyo enfoque clsico del conocimiento, y cuyos inmensos conocimientos histricos y tericos, van unidos a su gran capacidad dialctica, propia de un buen abogado. No hay una sola lnea en este libro que no haya sido objeto de las perspicaces preguntas de John. Gran parte de lo mejor que contiene se lo debo a l, mientras que los defectos que puedan haber quedado en la obra son necesariamente, incluso tercamente, mos.

El magistral libro de Paul Barkett Marx and Nature: A Red and Green Perspective [Marx y la naturaleza: una perspectiva verde y roja] (1990) no slo forma parte del fondo que ha servido de apoyatura a mi escritura, sino que es tambin un esencial complemento del anlisis que aqu hago. Si a veces he renunciado a desarrollar plenamente los aspectos polticos y econmicos de la ecologa marxiana, ello se debe a que la existencia de este libro lo hace innecesario y redundante. Los aos de estimulante dilogo con Paul han contribuido mucho a afinar el anlisis que sigue.

Con Paul Sweezy, Harry Magdoff y Ellen Meiksins Wood, los tres directores de Monthly Review, estoy en deuda por su estmulo y por la fuerza que me aporta su ejemplo. La dedicacin de Paul al anlisis medioambiental ha sido un importante factor que me ha impulsado a seguir esta direccin. Christopher Phelps, quien, en su calidad de director de la Editorial de Monthly Review Press, ha tenido que ver con el libro desde el comienzo, me ha ayudado en numerosas ocasiones de una manera importante.

No hace falta decir que el amor y la amistad son esenciales para todo cuanto es verdaderamente creativo. Quisiera expresar aqu mi agradecimiento a Laura Tamkin, con quien comparto mis sueos, y a Saul e Ida Foster, as como a Bill Foster y Bob McChesney. A Saul e Ida, y a toda su joven generacin, dedico esta obra.

Fuente:https://www.elviejotopo.com/topoexpress/la-ecologia-de-marx/



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