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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-03-2019

Los intelectuales

Marcelo Colussi
Rebelin


Los filsofos no han hecho sino interpretar el mundo de diversos modos; de lo que se trata es de transformarlo. Carlos Marx


I

Aunque segn Antonio Gramsci todo ser humano despliega cierta actividad intelectual, es decir, es un filsofo, un artista, un hombre de buen gusto, participa en una concepcin del mundo , no hay dudas que los intelectuales de profesin constituyen un grupo especial. Especial no con un sentido peyorativo; en todo caso: grupo especializado, grupo con una tarea especial, particularizada, con una misin bastante sui generis . Cul es exactamente esa misin?

La pregunta en torno a qu es un intelectual y a su funcin es eterna. Desde que alguien se puso a pensar (y de esto hace ya un buen tiempo), desde ah hay intelectuales. De todos modos, la pregunta sigue siendo vlida. Por lo que queremos decir ahora en el desarrollo del presente texto podra afirmarse que dilucidar esa pregunta puede ser imprescindible, vital. Al tener claro qu es y qu hace un intelectual, se puede tener claro por dnde caminar en este siempre problemtico mbito del interrogarnos, del querer saber, en esta pulsin de conocimiento que parece definir a nuestra especie.

Un intelectual piensa. Verdad de Perogrullo por cierto. Como deca Gramsci, todos pensamos, todos somos algo filsofos. Tambin piensan mucho por cierto quienes se dedican al campo de las llamadas ciencias duras (ciencias exactas, aquellas que, al menos en principio, no dejan mayor espacio a la duda), aunque nadie dedicado a estas disciplinas (ciencias puras o aplicadas: fsica, qumica, telecomunicaciones o ingeniera gentica, para poner algunos ejemplos) es considerado un intelectual en sentido estricto.

Qu define entonces hoy el ser intelectual? Por supuesto ha de ser algo ms que ciertos lugares comunes, ciertos estereotipos prejuiciosos: un bohemio que anda por las nubes, mezcla rara de artista y filsofo, con barba y fumando en pipa (curioso: el primer estereotipo que surge es masculino; no hay imagen estereotipada de intelectuales mujeres? Aqu tambin se presentifica el machismo?) A partir de ese prejuicio, es fcil terminar considerando al clan de los intelectuales ora como superior, una raza con cierta aureola que llama a su reverencia, ora como unos inservibles diletantes sin incidencia prctica real: socilogos vagos, como los llamara un candidato presidencial ecuatoriano alguna vez, o gente con el privilegio de poder dudar, segn se expres un militar argentino. Lo cierto es que hay mucho de difuso prejuicio en su apreciacin, y menos de una clara y precisa delimitacin.

Con Javier Biardeau se los podra considerar, al menos, jugar alguno de estos papeles: a) custodios de valores permanentes de la civilizacin, b) comprometidos con las luchas de su tiempo con base a un proyecto revolucionario, c) articuladores de la queja comn, d) portavoces de los dbiles, e) contradictores del poder, e) aseguradores del saber-experto, f) servidores de Amos de turno.

Sin dudas no es fcil precisar con exactitud qu es y qu hace un intelectual; pero quiz ms a base de intuiciones que de precisiones lgico-formales, estamos seguros de lo que no es. Pero, por qu todas estas elucubraciones? No oculto el motivo de escribir estas lneas: es la reaccin visceral en buena medida por qu negarlo? a lo escuchado recientemente en una conferencia: que ante el avance imparable de las ciencias, los intelectuales estn llamados a su desaparicin (sic).

La idea (o ms bien el prejuicio) en juego en esta afirmacin es que la accin de los intelectuales es puro humo destinado a desvanecerse o, en todo caso, es algo colateral, sin mayor importancia, incomparable con la seriedad de las ciencias (lase para el caso: ciencias duras); es decir: algo as como pasatiempo banal. Est tan plagado de inconsistencias este discurso ideolgico que ni siquiera vale la pena intentar desmontarlo parte a parte. No es esa la intencin de este breve escrito; pero s, a partir de una formulacin tan ricamente cargada de formaciones poltico-culturales, podemos aprovechar la ocasin para puntualizar y definir de qu estamos hablando: qu aportan los y las intelectuales? De verdad van a desaparecer? Por qu?

 II

Buena parte de quienes leen este artculo, y habitualmente leen el medio en que aparece, podran considerarse intelectuales (varones y mujeres, entren o no en el estereotipo descrito arriba). Qu los definira as? Seguramente no el tener barba ni el fumar en pipa (es probable que esas caractersticas superficiales no las tenga ninguno ni ninguna de quienes ahora estn leyendo esto). Se es intelectual por una posicin en la vida, por una actitud y no tanto por una especialidad profesional. En esta era de hiper especializaciones donde los grados universitarios van quedando pasados de moda y se exigen post grados como carta de presentacin ya estamos en los post doctorados para un mercado laboral cada vez ms descarnadamente competitivo, mundo, valga recordar, que al mismo tiempo presenta un 15% de su poblacin planetaria analfabeta, en esta era de (supuesta) excelencia acadmica creciente, no hay carrera de intelectual. Nadie se grada de tal. Dnde se estudia eso? Jorge Luis Borges, sin dudas uno de los grandes intelectuales del siglo XX, erudito como nadie, tena por todo ttulo acadmico un bachillerato en Suiza; y Nicanor Parra, el gran poeta chileno, intelectual de fina sensibilidad humana y social, tena por grado de sus estudios formales profesor de matemticas. Cundo se empieza a ser intelectual entonces? La historia est llena de intelectuales sin ttulo profesional.

La pregunta insiste: cundo se comienza a ser un intelectual? Qu cosa da esa categora? El periodista Ignacio Ramonet, por ejemplo, el director de Le Monde Diplomatique, sin dudas es un intelectual. Lo son tambin los otros periodistas que trabajan en ese medio? Qu diferencia a un periodista de un intelectual? O no hay diferencias? Aunque exista esa cierta inexactitud en la definicin, as sea a tientas intuimos de qu se habla cuando se dice que alguien es un intelectual: es alguien que piensa, que piensa creativamente. Si bien puede tener directa ligazn con lo poltico, no es un poltico. La prctica poltica se relaciona directamente con el poder, en tanto lo intelectual tiene que ver, antes bien, con la bsqueda de la verdad, con la creatividad.

Al hablar del poder tocamos el corazn del asunto: un intelectual es alguien que, o funciona como servidor del Amo de turno, o es un contradictor del poder. En esa dinmica se despliega toda su actividad: como profesional de la cultura, del hecho civilizatorio en sentido amplio, le toca definirse por una de las dos alternativas: mantiene el orden dado, o lo cuestiona. No hay trabajo intelectual neutro . Hay intelectuales que actan en la esfera poltica propiamente dicha, poniendo el cuerpo en forma directa: Lenin, Mao Tse Tung, Fidel Castro, o por el lado del pensamiento no-crtico, fundador y defensor del sistema: los iluministas franceses (Voltaire, Rousseau, Montesquieu, etc.), George Washington, Mario Vargas Llosa, pero esa no es la generalidad. Los intelectuales hacen su aporte modestamente desde un trabajo silencioso, no desde la tribuna pblica.

Ahora bien: la idea aquella por la que la ciencia har a un lado a los intelectuales desplazndolos por inservibles, esconde una visin prejuiciosa (ideolgica) de las ciencias, idea no crtica por cierto: idea que las asimila a instrumentos a favor de los poderes constituidos, sin cuestionamiento, el saber como servidor del Amo de turno. De qu ciencia se est hablando? De cualquier actividad que sirva para mantener el orden establecido, desde las modernas tecnologas comunicacionales de manipulacin social a la psicologa militar, desde las tcnicas de mercadeo a eso que en Estados Unidos se llam alegremente ingeniera humana, hoy esparcido por todo el globo. Si ese cmulo de saberes es lo que reemplazar al pensamiento crtico sobre lo humano, sobre lo social y sobre la historia, la perspectiva es muy preocupante. Y sabemos que esa es la tendencia en marcha, por eso se torna imprescindible seguir levantando voces a favor de un humanismo crtico y cuestionador. Es decir: de una intelectualidad comprometida con la verdad.

 III

Por supuesto que un intelectual puede ser parte vital del sistema. Ah estn los llamados tanques de pensamiento, los idelogos que piensan los escenarios del mundo, que disean el orden cultural, los engranajes vitales al sistema que, ciencias de por medio, consolidan el estado de cosas. La ingeniera humana no es sino eso (Kissinger?, Brzezinsky?, Milton Friedman?).

Pero un intelectual tambin puede optar por otro proyecto. La funcin del intelectual es ayudar a abrir los ojos. Aunque en esto hay que tener cuidado: tampoco un intelectual es un iluminado que conduce al rebao de zombis hacia la sabidura. Esa es la otra versin del intelectual y lo que alimenta esa visin, igualmente estereotipada y tambin errnea de su aureola mgica. Si alguna responsabilidad tica le toca, es la de ayudar a quien no ha tenido la posibilidad de un desarrollo intelectual a poder ver lo que le est vedado. Si la cuota de saber de que dispone le sirve slo como mero regodeo, supuesto tesoro del que se ufana terminando muchas veces en bizantinas discusiones estriles para demostrar cantidades de saberes en juego, eso justifica ese otro estereotipo que circula socialmente donde se lo ve como alejado de la realidad, enfrascado en sus propias elucubraciones. Esa actitud, con un tcito llamado a una discusin terica permanente que esconde una parlisis en la accin concreta, es lo que ha llevado a desconfiar de su importancia, de su utilidad, considerndolo entonces un vago inservible.

Pero ni lo uno ni lo otro: as como un pragmatismo ciego sin teora no puede sino estrellarse contra la pared, un devaneo terico por el puro goce de especular no aporta nada. En definitiva, tanto uno como otro son inconducentes.

Las ciencias de las que nuestro conferencista se jactaba aunque no slo l, sino en buena medida la conciencia trmino medio que ha creado la modernidad producen efectos, sin dudas. Si, por ejemplo, consumimos todo lo que consumimos es porque hay saberes tcnicos que posibilitan operar y decidir los gustos de los consumidores: por qu los logotipos de las marcas ms conocidas mundialmente llevan todos, invariablemente, los colores rojo, amarillo y blanco? Un cierto saber tcnico (disfrazado de cientfico) lo certifica. Y no hay dudas que eso es cierto, que produce impactos. En definitiva: que sirve para vender. Utilizar ese conocimiento para mercadear es, en la lgica de nuestro conferencista, lo que marca el rumbo de las ciencias sociales contemporneas. Lo podemos aceptar? Ah es donde nace entonces el pensamiento crtico (o si se quiere decirlo de otro modo: la misin de la intelectualidad como contradictora del poder).

Justamente el problema que se le presenta hoy al pensamiento crtico, el que intentan desarrollar los intelectuales en tanto contradictores al sistema, es la forma en que el saber oficial de ese sistema va tomando forma. Como dijo Ralph Emerson, podemos estar de acuerdo con que la tarea ms difcil del mundo es pensar, pensar crticamente se entiende. Sin dudas, puesto que se trata de remar contra la corriente. Eso no es nuevo; siempre ha sido as, y cada pequeo avance en las ideas, en las teoras podremos decir: en la civilizacin? cost sacrificios indecibles, pagados con muerte, sufrimiento, escarnio, destierro. Pero ahora las cosas se complican porque el grado de impacto (palabra tan de moda) de esos saberes que recorren el mundo es tan fenomenal (por ejemplo, lo que ms arriba presentbamos como demostracin de la infalible psicologa de la percepcin, las ciencias de nuestro conferencista), y junto a eso la cantidad inconmensurable de datos y ms datos que se producen con velocidades vertiginosas es tan inmanejable, que formular visiones globales y crticas de esos procesos se torna muy complicado.

Ser un intelectual crtico en un mundo manejado por poderes descomunales que hacen uso de cada pequeo avance tecnolgico (se dice, por ejemplo, que vivimos en guerra perpetua, guerra de cuarta generacin la llaman los idelogos de la derecha, guerra psicolgico-meditica, aunque no nos demos cuenta), abrir una visin alternativa ante ese impacto fabuloso que evidencian las ciencias sociales ingeniera humana que no se avergenzan de ser las sirvientes del Amo de turno, es difcil, entre otras cosas, porque no se dispone de xitos que mostrar desde este lado. Y adems, manejar el grado casi infinito de datos e informacin que recorre el mundo es ya una tarea imposible en trminos prcticos.

Pero para quienes siguen apostando por la visin humanista y crtica del mundo, para quienes no se fascinan con esa ingeniera humana tan exitosa y de tan alto impacto, algo nos puede dar esperanzas, al mismo tiempo que llena de sentido el trabajo intelectual, hoy cuestionado por este conferencista (y por tanta propaganda que, o lo sataniza, o lo denigra). Permtasenos presentarlo con un breve parangn histrico: la Revolucin Francesa de fines del siglo XVIII no fue el origen del mundo moderno, de la burguesa como clase dominante con toda su ideologa liberal de libre mercado; fue, por el contrario, la culminacin de un proceso que se vena gestando desde siglos atrs, que arranca ya con la Liga Hansetica en el siglo XIII y es desarrollado por toda la intelectualidad europea que comenz a promover ideas nuevas que posibilitaron el Renacimiento y el surgimiento de la ciencia moderna tal como hoy la podemos conocer; ideas-fuerza, valga decir, que se fueron transformando en los ideales poltico-filosficos que para 1789 logran forma acabada. Pero lo que posibilit la toma de la Bastilla y el guillotinamiento de la nobleza francesa como smbolo del inicio de una nueva era poltica, de nuevas relaciones de poder, fue el trabajo intelectual de innumerables pensadores que fueron creando las bases de esa asalto al poder dieciochesco.

En ese sentido podemos decir que el experimento socialista, del que conocimos en el siglo XX slo los primeros balbuceos extraordinarios en algunos casos, condenables en otros, pero siempre eso: primeros pasos no es un punto de llegada: es un punto de partida, y slo el trabajo intelectual de revisin crtica no el debate estril para el propio pavoneo, que quede claro, slo la lectura constructiva y la reformulacin terica profunda, honesta, buscadora de la verdad, podr hacer de estos primeros pasos un momento en la construccin de esa sociedad menos injusta que sigue siendo el ideal del socialismo, aunque hoy se lo quiera hacer pasar por fenecido.

En ese sentido, entonces, los intelectuales tienen un gran reto por delante: seguir pensando y dndole forma a esa utopa que nos sigue haciendo caminar. Sin ser la gua, la vanguardia esclarecida pobres de aquellos que se lo crean!, los intelectuales no son charlatanes de feria. Son, por el contrario, bastiones de un pensamiento crtico que no ha muerto ni se puede dejar morir.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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