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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-03-2019

Argelia, del pretexto coyuntural a las causas sistmicas
Promesas y peligros de una revuelta de la dignidad

Sad Bouamama
InvestigAction

Traducido del francs para Rebelin por Beatriz Morales Bastos.


Sad Bouamama, autor de Manuel stratgique de lAfrique, analiza las manifestaciones populares que sacuden a Argelia. A travs del rechazo de un quinto mandato de Bouteflika el objetivo del movimiento de protesta es todo un sistema. Cmo se estableci este sistema? Por qu surge ahora la revuelta? Qu alternativas se ofrecen a las personas argelinas? Sad Bouamama analiza los retos de la revuelta destacando sus fuerzas llenas de esperanza pero sealando tambin los peligros que le acechan   [InvestigAction].


Las manifestaciones populares del 22 de febrero que se producen simultneamente en la mayora de las grandes ciudades argelinas pero tambin en muchas ciudades medianas constituyen indudablemente el inicio de una nueva secuencia histrica en la vida poltica argelina. Marcan la entrada en la escena poltica de una nueva generacin socializada en el curso de las dos ltimas dcadas, es decir, tras el traumatismo que constituy la Dcada Negra (1). En efecto, estas se caracterizan en el plano econmico por la polarizacin cada vez mayor entre una minora social cliente del Estado rentista que se enriquece de forma escandalosa y una gran mayora que se empobrece continuamente debido a las polticas liberales de desindustrializacin, privatizacin y desmantelamiento de los servicios pblicos (2). En el plano poltico se caracterizan por la ausencia de una alternativa creble debido al intento de imposicin por parte del Estado argelino y las clases a las que representa de un juego binario que los partidos de la oposicin no cuestionan debido a su adhesin a la liberalizacin econmica emprendida por el Estado a marchas forzadas: el caos o la resignacin (3). En el plano identitario se caracterizan por la integracin de la corriente del islam poltico en el seno del aparato de Estado y de la burguesa compradora (4). En el plano sociolgico se caracterizan por una urbanizacin cada vez mayor, una pirmide de edad con una base muy amplia, una tasa de escolarizacin elevada y una apertura al mundo por medio de las redes sociales (5). Por ltimo, en el plano de la experiencia de vida de esta juventud se caracterizan por la restriccin del campo de lo posible a tener que buscarse la vida y a la haraga (6). Este cctel explosivo llega a su madurez con el anuncio del quinto mandato y lo convierte en el pretexto coyuntural que expresa una causalidad sistmica similar a un dique que revienta tras la acumulacin continua e invisible de una presin a lo largo de las dos ltimas dcadas.

El reino de los carroeros

La excelente obra del economista Abdelatif Rebah Le dveloppement national contrari (7)   restituye la historia del vasto proceso de reformas econmicas que llevar a la situacin econmica actual. Este proceso inaugurado por el presidente Chadli Bendjedid y que prosiguieron sus sucesores se llev a cabo con la bendicin de las instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial). Llev a la aparicin de una clase de carroeros (8) bajo la accin de tres procedimientos. El primero se denomina oficialmente cesin de los bienes del Estado pero de hecho es una verdadera operacin de robo a gran escala de los bienes de la nacin. Los dignatarios del rgimen acaparan miles de villas seoriales y otras residencias a precios ridculos respecto al valor de estos bienes. La diferencia entre el precio de cesin por parte del Estado y el precio de reventa en el mercado es de 1 a 10, segn las evaluaciones. En el contexto del monopolio inmobiliario del Estado unas personas particulares realizarn unas plusvalas del orden de varias decenas de miles de dinares, que les proyectarn a la cabeza de apreciables fortunas sin esfuerzo productivo alguno (9), resume el economista Abdelatif Rebah. El problema fundamental de esta decisin histrica reside en el hecho de que el parque de villas seoriales, a veces clasificables como monumentos histricos, se malvendi a bajo precio a dignatarios del rgimen y a sus allegados (10), confirma el politlogo Rachid Tlemani.

El segundo procedimiento es el de la privatizacin del sector pblico, que segn las cifras publicadas en 2003 por el Ministerio de Participacin e Inversin afect a 1.200 empresas. Al igual que las villas y casas seoriales, las empresas pblicas se malvendieron a una burguesa parsita, destaca Rachid Tlemani:

El objetivo de la operacin de disolucin-privatizacin no es deshacerse de las empresas con dificultades econmicas, destaca el ministro Mourad Benachenhou, para conservar solo las empresas eficientes. Incluso las empresas rentables y solventes se vendern en el futuro . [] A la burguesa argelina, de naturaleza rentista y especulativa, no le interesar comprar unas empresas a precio de mercado. Adems, el legislador previ esta posibilidad. Despus de las dos licitaciones requeridas por la ley, el gobierno est autorizado a cederlas de comn acuerdo, con lo que se abre la va a la tan temida por la opinin pblica liquidacin (11).

El tercer procedimiento fue la destruccin progresiva del monopolio del Estado sobre el comercio exterior antes de ser simplemente abolido en 1989 en el marco de los llamados acuerdos de Stand-by negociados y firmados con el FMI (mayo de 1989 y junio de 1990). As, la Ley de Finanzas complementaria de 1990 autoriza a los concesionarios y mayoristas autorizados a importar productos de consumo, bienes de equipamiento y bienes de consumo industriales para revenderlos en las mismas condiciones, recuerda el economista Mehdi Abbas destacando que esta ley es el origen de la emergencia de un nuevo grupo socioeconmico concentrado en torno a unas actividades de importacin y exportacin, que calificamos de comercialista (12). A pesar de los periodos de reestatalizacin parcial del comercio exterior (bajo el gobierno Belad Abdessllam de julio de 1992 a octubre de 1993, por ejemplo) el modelo ya no cambiar e incluso lo reforzar un acuerdo firmado con la Unin Europea en 2002. Muchos compradores de empresas pblicas cesan toda actividad productiva y se transforman en importadores y especuladores.

Este vasto movimiento de redistribucin de las riquezas nacionales a favor de una minora especulativa se acelera durante la Dcada Negra mientras que el pueblo argelino se centra en la preocupacin por sobrevivir. Se han reunido los elementos constitutivos del sistema, como dicen los manifestantes argelinos, y se pueden resumirse de la siguiente manera:

Las posiciones de monopolio sobre los centros de decisin se han transformado en fuentes de rentas reales que impulsan desde arriba un mecanismo a la vez incitativo y selectivo de acumulacin de fortunas libres de control y de reglamentacin . Lo que a partir de ahora ya solo se designa con el nombre de sistema va a abrigar as un vasto mecanismo irrigado por los ingresos del petrleo de transferencia de valores del sector estatal hacia el sector privado, de las actividades productivas hacia las del comercio y la especulacin, de salarios hacia los especuladores, del trabajo productivo hacia el contrabando y el sector informal (13).

En este contexto es en el que hay que situar la lucha encarnizada de las diferentes facciones de la burguesa por el control del Estado y, en consecuencia, las dificultades para encontrar un sucesor de Buteflika. La guerra feroz que libran para poner cada una de ellas a su hombre a la cabeza del Estado est a la altura de las cantidades exorbitantes que redistribuye este Estado a favor de los grandes ganadores del acaparamiento de las rentas reales, de la nomenklatura civil y militar reconvertida en los negocios de importacin y en el negocio inmobiliario de renta y de lujo, de los patronos del sector privado, de los pequeos empresarios de la economa subterrnea gris o negra y de las lites globalizadas que se han esforzado por legitimar unas nuevas relaciones sociales (14).

Este contexto es tambin lo que explica que la fraccin de la burguesa, an ms liberal que el poder actual, trate de instrumentalizar el indito movimiento popular de protesta para acceder al poder. Cuenta para ello con la ausencia de una salida poltica a corto plazo para presentarse como una alternativa frente a un poder al que se detesta y a su clientela igual de deshonrada. Es lo que resumen los sindicalistas del bastin obrero de Rouba al dar todo su apoyo al movimiento popular contra el quinto mandato al tiempo que alertan sobre las maniobras de los ultraliberales y precisan la orientacin que hay que dar a la ruptura con el sistema para que esta no se limite a un cambio de propietario en el mejor de los casos y a un empeoramiento del saqueo en el peor:

A peticin de los trabajadores y de las secciones sindicales, la Unin Local UGTA de la zona industrial Rouiba/Reghain se reuni el 6 de marzo de 2019 para debatir acerca de la situacin actual que atraviesa Argelia y d el movimiento popular en curso. Como no podemos permanecer al margen de las profundas aspiraciones populares que se expresan, unimos nuestras voces para decir s a un cambio de sistema. Un sistema que preserve la propiedad inalienable del pueblo sobre las riquezas naturales de la nacin, rehabilite el papel del Estado en el desarrollo econmico y social, y la lucha contra la pobreza y las desigualdades. Un sistema que se desmarque de las oligarquas y revalorice el valor del trabajo, y que site al hombre en el centro del desarrollo. Un sistema que garantice las libertades individuales, colectivas y el libre ejercicio del derecho sindical (15).

Las consignas gritadas en las manifestaciones populares indican una verdadera conciencia poltica del contexto la cual se profundiza al prolongarse el movimiento. A la consigna inicial de No al quinto mandato se aaden ahora la de Fuera el sistema. Otras consignas denuncian a los srakin (ladrones) del poder. Finalmente, otras responden al chantaje del caos clamando que Argelia no es Siria. Estas consignas indican que tras el desencadenante d el rechazo del quinto mandato el objetivo de la clera popular es una causalidad sistmica.

La ausencia de alternativa a corto plazo

No obstante, el carcter indito del actual movimiento social no debe ocultar las dificultades a las que se enfrentan las aspiraciones populares. Los partidos de la oposicin no estn en condiciones de constituir una salida poltica a la protesta popular. En el caso de los ms importantes comparten las opciones liberales del poder y solo creen en la economa de mercado que prometen regular. Se han ido separando progresivamente de la inmensa mayora de las clases populares al no tener en cuenta la lucha contra las orientaciones econmicas y sociales del poder. No parecen una alternativa creble a ojos de quienes pisan las calles de las ciudades argelinas al estar compuestos fundamentalmente por miembros de las capas media e intermedias.

Por otra parte, la magnitud del saqueo de estas tres ltimas dcadas solo se poda llevar a cabo encorsetando por medio de la represin cualquier intento de emergencia de nuevas formas polticas populares autnomas del poder. Las drsticas condiciones para crear un partido, la prohibicin de las manifestaciones bajo pretextos de seguridad, la instrumentalizacin y recuperacin de lderes de las luchas sociales, la represin de los movimientos sociales, el control de la informacin, etc., son factores que han contribuido a generar una carencia de expresin poltica a pesar de una clera social popular generalizada.

El pluripartidismo de fachada oculta la monopolizacin del mbito poltico por parte de los partidarios del liberalismo econmico, que es la verdadera causa de la situacin actual. El rechazo generalizado tanto de las fuerzas polticas que sostienen el poder como de las que pretende oponerse a l se traduce, por lo tanto, en una abstencin generalizada. Esta abstencin no se debe interpretar como un signo de despolitizacin sino, por el contrario, como un modo de protesta poltica, destaca pertinentemente la politloga Lousa Dris-At Amadouche:

La experiencia del multipartidismo y de las elecciones plurales en Argelia es reciente. Ahora bien, la abstencin que marca de manera cada vez ms impactante los escrutinios constituye un comportamiento electoral que revela una profunda crisis de confianza. La abstencin est unida en primer lugar a un sistema que reform sus procedimientos sin cambiar sus lgicas de funcionamiento. El resultado de ello es un cdigo electoral disuasorio, unos resultados oficiales sospechosos y una presuncin de culpabilidad en materia de fraude electoral. A continuacin, la abstencin est directamente ligada a la oferta poltica. Su personal, sus propuestas y sus resultados llevan a los electores a desinteresarse si no de la cuestin poltica cuanto menos de la cuestin electoral. Por ltimo, la abstencin es consecuencia de un electorado escaldado, desmovilizado, suspicaz y exigente. En 1990 los argelinos votaron masivamente contra los smbolos del rgimen FLN. En 1995 acudieron masivamente a las urnas para rechazar el terrorismo. En ambos casos el voto iba acompaado de una esperanza de cambio. Desde entonces los electores ya no votan contra unas ideas o contra unas personas, se abstienen (16).

La juventud de la poblacin argelina refuerza an ms esta constatacin. Aunque todas las generaciones estn presentes en las manifestaciones, predomina en ellas la juventud. Estos jvenes, que en el margen de edad entre los 16 y 24 aos est en paro casi un 30 %, solo han conocido el poder de Buteflika y su clientela. Han sido testigos de cambios radicales, de negociaciones de adhesiones, de creaciones artificiales de partidos, de la instrumentalizacin de lderes y de luchas, de intentos de comprar la paz social por medio de la distribucin de ayudas y subvenciones cuando suben los ingresos petroleros, etc., que les llevan a una relacin escptica con la oferta poltica cuando no a un rechazo radical.

Por consiguiente, el vaco poltico va parejo de una maduracin y una toma de postura poltica resultantes a la vez de la larga herencia y de la experiencia concreta de las dos ltimas dcadas. La aspiracin a la igualdad social invertida por el campesinado y los trabajadores argelinos en la lucha de liberacin nacional se transmiti a pesar de que haber sido instrumentalizada por quienes detentan el poder para legitimarse. Testimonio de ello es el lugar que ocupa el himno nacional en las manifestaciones. Testimonio de ello es tambin la acogida dada a la herona de la resistencia que es Djamila Bouhired cuando acudi a dar su apoyo a los manifestantes. La maduracin proviene tambin de la experiencia reciente marcada por la puesta en evidencia del callejn sin salida que constituyen las fuerzas que se proclaman del islam poltico, pero tambin por el espectculo de los coletazos de las llamadas revoluciones rabes. Como destaca la sociloga Fatma Oussedik:

Las personas de referencia ya no son, por consiguiente, Ali Benhadj y Abassi Madani, vestidos con djellabas  y que reivindican el nico texto religioso. Desde la dcada de 1990 esta tendencia ha dado lugar a una burguesa piadosa, incluso a una pequea burguesa que ha viajado, cuyo horizonte   no es solo Arabia Saud. Con las derivas siria y libia, y los viajes a Turqua los islamistas argelinos han experimentado un cambio de imagen. Tienen intereses materiales en los mercados informales de El Eulma, de Jolie-Vue. Temen las rupturas demasiado brutales. Sin duda sigue habiendo ms corrientes plebeyas, pero las direcciones de los partidos islamistas siguen en manos de estos islamistas con una nueva imagen. Este evolucin ha marcado el fin de la mezquita como nico centro de formacin   en la protesta (17).

Esta experiencia reciente tiene sus espacios de socializacin en la calle, en las asociaciones y colectivos informales, en los cafs, pero tambin en los estadios de ftbol, como demuestra la repeticin de las melodas de las canciones de los hinchas como soporte de las consignas de las ltimas manifestaciones. Testimonio de ello es tambin la presencia en las manifestaciones de mujeres, con velo o sin l, jvenes o ms mayores. Sin embargo, esta maduracin poltica no cambia el hecho de que no existen fuerzas polticas crebles que puedan servir de relevo al movimiento social. La falta de una fuerza poltica popular es un hecho esencial de la situacin actual. Como destacaba el economista Omar Benderra antes de que se desencadenara el movimiento popular: Frente al liberalismo mafioso impuesto por la dictadura, la poblacin opone una tradicin de igualitarismo y de justicia muy arraigada, muy alejada de los dogmas y de las ideologas. Por lo tanto, a la espera de la inevitable recomposicin del mbito poltico solo queda de izquierda lo que el pueblo ha conservado en sus profundidades en trminos de rechazo de la injusticia y de lo arbitrario, de resistencia a los dictados imperialistas en Palestina y de oposicin al alineamiento con Occidente (18).

La paradoja de una concienciacin poltica creciente junto a un vaco de oferta poltica creble caracteriza la situacin argelina actual. Si la ruptura con el sistema es la consigna comn de todos los manifestantes, ya que estos pertenecen a clases sociales diferentes (desde parados a algunos jefes de empresa pasando por la pequea burguesa), uno de los retos claves reside en el contenido que se da a esta ruptura. Como destaca el periodista Hocine Bellaloufi refirindose a la definicin de Lenin (19) de las condiciones de una situacin revolucionaria: Ahora est claro que los de abajo ya no quieren. Lo han expresado clara y masivamente de todas las maneras posibles, en particular en la calle. Pero a pesar de las deserciones que se multiplican y se aceleran a medida que se desarrolla el movimiento popular, los de arriba todava pueden (20).

Un contexto geoestratgico de alto riesgo

Tambin hay que resituar el reto argelino en su contexto internacional, que es el de una secuencia histrica mundial marcada por una exacerbacin sin precedentes en la historia reciente de las contradicciones entre las grandes potencias imperialistas por el dominio de las fuentes de energa y de las materias primas estratgicas, por el control de las zonas geoestratgicas y por obstaculizar el acceso de los rivales (y en particular de las economas emergentes) a estos recursos y zonas. El fin de los equilibrios surgidos de la Segunda Guerra Mundial con la desaparicin de la URSS abri esta secuencia, que est lejos todava de mostrar todas sus consecuencias.

Una de las consecuencias ms dramticas para los pueblos es la multiplicacin de las guerras entre estas potencias por medio de pases interpuestos o por intervencin directa. Al igual que para comprender la situacin argelina, conviene ahora adoptar el reflejo analtico consistente en buscar sistemticamente la causa real que se oculta tras el pretexto aparente. Debido a la necesidad de legitimar estas guerras se movilizan y movilizarn todos los pretextos posibles: defensa de una minora oprimida, los derechos de la mujer, la lucha contra un dictador, la lucha contra el terrorismo, etc. En caso necesario se puede movilizar incluso la tcnica del bombero pirmano, como demuestra el caso de Mali, donde tras haber frenado las capacidades de intervencin del ejrcito maliense, Francia se present como salvador ante la amenaza de los rebeldes sobre la capital. Lo demuestra tambin la situacin en Venezuela, donde las sanciones econmicas de Estados Unidos tratan de instaurar la penuria para poder argumentar la necesidad de una intervencin militar con el fin de ayudar a un pueblo en peligro. As, unas luchas y unas reivindicaciones justas y legtimas pueden ser objeto de una estrategia de recuperacin y de instrumentalizacin con fines depredadores.

Argelia y las riquezas que representa no se libraron de este contexto en el pasado y tampoco se libran hoy. Este fue el caso durante la Dcada Negra en el curso de la cual tanto Estados Unidos como la Unin Europea reforzaron a algunas fuerzas rebeldes en determinados momentos y luego las libraron a otras en funcin de las concesiones del poder y de los acuerdos con l. Igualmente las potencias occidentales tratan desde hace aos de llevar al ejrcito argelino (el segundo en el Norte de frica tras Egipto) a participar en sus intervenciones en el frica subsahariana. Si bien hasta el momento la respuesta fue negativa, no hay que excluir la tentacin de utilizar la actual crisis poltica para imponer un cambio de rumbo ya sea apoyando un poder ms conciliador ya sea respaldado a los defensores actuales. Es indudable que las cancilleras de las grandes potencias elaboran (y los modifican en funcin de la evolucin de la situacin) los diferentes escenarios que les permiten salvaguardar sus intereses o desarrollarlos marginando al rival bien situado.

Tambin es notable la madurez de las personas manifestantes en este aspecto, como demuestra la insistencia de quienes se manifiestan en el carcter pacfico de su movimiento. Tambin en esto han aprendido de las guerras que han enlutado al mundo en los ltimos aos. Dicho esto, en la situacin actual nadie puede predecir el futuro y hay que seguir vigilantes.


 

Notas:

(1) Aunque no hay consenso respecto a la evaluacin de las vctimas de estas dcadas, es indudable el carcter generalizado de los daos humanos: decenas de miles de personas muertas, cientos de miles de personas traumatizadas y discapacitadas, miles de mujeres violadas, miles de personas exiliadas, miles de personas desaparecidas, millones de personas desplazadas. No tener en cuenta el traumatismo colectivo que supone semejante experiencia de vida y de muerte es condenarse a las conclusiones errneas sobre las reacciones populares argelinas que florecen en la prensa francesa: por qu no hubo en Argelia una Primavera rabe?, la supuesta despolitizacin de la sociedad argelina, la pseudoausencia de protesta social que firma una igual de ilusoria atona de las clases populares, etc. [Se conoce como Dcada Negra la dcada de 1990 en la que se produce la guerra civil, N. de la t.]

(2) Por citar solo un indicador, recordemos que 14 millones de personas argelinas viven por debajo del umbral de pobreza, es decir, el 35 % de la poblacin, y que un 10 % posee el 80 % de los recursos del pas. Son datos proporcionados por una investigacin de la Liga Argelina para la Defensa de los Derechos Humanos (LADDH, por sus siglas en francs) que data de 2015: https://www.algerie-focus.com/2015/10/14-millions-de-pauvres-en-algerie10-dalgeriens-detiennent-80-des-ressources-du-pays/. Aunque las cifras oficiales ofrecen una diferencia considerablemente menor, sin embargo coinciden en destacar un importante e indiscutible aumento de la diferencia de riquezas: as, los datos de la Oficina Nacional de Estadstica indican que en 2013 un 20 % de los hogares acapara el 40 % de los gastos globales del pueblo argelino: https://algeria-watch.org/?p=13682.

(3) La ltima declaracin del presidente Buteflika del jueves 7 de marzo [de 2019] indica que el poder sigue tratando de imponer esta lgica binaria a pesar de la magnitud de las manifestaciones: Debemos apelar a la vigilancia y a la prudencia ante una posible infiltracin de esta expresin pacfica por parte de cualquier parte insidiosa, ya sea del interior o del exterior que podra [] suscitar la fitna [discordia] y provocar el caos con todo lo que pueden provocar de crisis y de males, https://www.rtl.fr/actu/international/algerie-abdelaziz-bouteflika-met-en-garde-contre-un-risque-de-chaos-7797151460.

(4) El compromiso que acab con la Dcada Negra se desarroll por medio de la integracin en el seno del clientelismo de Estado de una parte de los dirigentes religiosos y por medio de la emergencia de una pequea burguesa y de una burguesa comercial surgidas de este origen a cambio de la famosa reconciliacin.

(5) En un excelente artculo del 7 de marzo [de 2019] la sociloga Fatma Oussedik resume de la siguiente manera los datos que caracterizan a la poblacin argelina: un 70 % de la poblacin es urbana, la tasa de crecimiento de esta poblacin sigue siendo elevada con una tasa de crecimiento del 2.89 % al ao, las personas menores de 15 aos representan el 29.7 % de la poblacin y las menores de 30 aos el 54 %. Tras reducir la cantidad de manifestantes a la poblacin activa, esta sociloga destaca: En nuestra opinin, los tres millones de personas que se han manifestado representan aproximadamente al 25 % de la poblacin de edad de manifestarse, sean cuales sean las correcciones aportadas teniendo en cuenta a las y los nios y a las personas jubiladas presentes, https://www.elwatan.com/edition/contributions/un-peuple-de-trois-millions-dans-les-rues-des-villes-du-pays-qui-sommes-nous-07-03-2019.

(6) El trmino haraga significa literalmente aquellos que queman. Designa el acto de arriesgar la vida tratando tratando de atravesar el Mediterrneo en embarcaciones precarias. As, el presidente de la regin de Cerdea, en Italia, evaluaba en 1.106 la cantidad de personas argelinas que haban desembarcado solo en la costa sudeste de la isla en 2016, https://www.algeriepatriotique.com/2017/09/27/recrudescence-inquietante-de-migration-algeriens-vers-litalie/.

(7) Abdelatif Rebah, Le Dveloppement national contrari, Argel, INAS, 2011.

(8) Tomamos prestado este trmino del politlogo Rachid Tlemani: Etat, Bazar et globalisation. Laventure de lInfitah en Algrie, El Hikma, Argel, 1999.

(9) Abdelatif Rebah, Le Dveloppement national contrari, op.cit., pp. 65-66.

(10) Rachid Tlemani, : Etat, Bazar et globalisation. Laventure de lInfitah en Algrie, op. cit., p. 96.

(11) Ibid, p. 95.

(12) Mehdi Abbas, Louverture commerciale de lAlgrie. Apports et limites dune approche en termes dconomie politique du protectionnisme, Revue Tiers-Monde, n 210, abril-junio de 2012, p. 60.

(13) Abdelatif Rebah, Le Dveloppement national contrari, op.cit., p. 66.

(14) Abdelatif Rebah, Un lan populaire pour une alternative de progrs social, El Watan, 6 de marzo de 2019, https://www.elwatan.com/edition/contributions/un-elan-populaire-pour-une-alternative-de-progres-social-06-03-2019.

(15) Declaracin de la Unin Local UGTA de la zona industrial de Rouiba/Reghaa, 6 de marzo de 2019, https://www.algerie-eco.com/2019/03/06/ugta-zone-industrielle-rouiba-reghaia-soutiennent-marches-contre-5e-mandat/.

(16) Lousa Dris-At Hamadouche, Labstention en Algrie : un autre mode de contestation politique, Lanne du Maghreb, 2009, p. 263.

(17) Fatma Oussedik, Un peuple de trois millions dans les rues des villes du pays : qui sommes nous ? , El Watan, 7 de marzo de 2019, https://www.elwatan.com/edition/contributions/un-peuple-de-trois-millions-dans-les-rues-des-villes-du-pays-qui-sommes-nous-07-03-2019.

(18) Omar Benderra, Que reste-t-l de la gauche en Algrie,  Assafirarabi, 27 de noviembre de 2018, http://assafirarabi.com/fr/23427/2018/11/27/que-reste-t-il-de-la-gauche-en-algerie/.

(19) V. I. Lenin: La enfermedad infantil del comunismo (el "izquierdismo"): "La ley fundamental de la revolucin, confirmada por todas las revoluciones, y en particular por las tres revoluciones rusas del siglo XX, consiste en lo siguiente: para la revolucin no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo como viven y exijan cambios; para la revolucin es necesario que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como viven y gobiernan. Solo cuando los de abajo no quieren y los de arriba no pueden seguir viviendo a la antigua, solo entonces puede triunfar la revolucin".

(20) Hocine Belalloufi, Algrie : dune crise de rgime une crise politique,  Contretemps, 7 de marzo de 2019, https://www.contretemps.eu/algerie-crise-regime/.

Fuente: https://www.investigaction.net/fr/algerie-du-pretexte-conjoncturel-aux-causes-systemiques-promesses-et-dangers-dune-revolte-de-la-dignite/


Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.




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