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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2019

Entrevista a Daniel Tanuro
El capitalismo jams ser verde

Viento Sur


El movimiento contra el cambio climtico que apareci de verdad en Francia despus de la dimisin de Nicolas Hulot, comienza a recuperar fuerzas. Mientras que las primeras marchas por el clima a finales de 2018 se limitaron a mantener principios morales bastante vagos, los que acompaan hoy la huelga semanal de jvenes que se autoproclaman oficialmente anticapitalistas se producen al mismo tiempo que acciones de desobediencia. Una sana radicalizacin est en marcha.

Sin embargo, reina una gran confusin. A menudo, no vemos la relacin entre la lucha ecolgica y la de los chalecos amarillos y, peor todava, a veces se piensa que es contradictoria. No sabemos cmo orientarnos en el debate entre violencia y no violencia, entre una tctica de masificacin y una tctica de eficacia. A veces, se ve mal qu significa el concepto de capitalismo y no se entiende la necesidad de utilizarlo para tematizar la destruccin ecolgica.

Ya hemos escrito sobre todas las cuestiones: violencia, capitalismo y ecologa, chalecos amarillos y ecologa. Pero puesto que este debate es candente debido a la huelga mundial contra el cambio climtico del 15 de marzo y de forma ms general, para la continuidad del movimiento, tenamos ganas de discutir con Daniel Tanuro, ingeniero agrnomo y ambientalista, autor del El imposible capitalismo verde.

A menudo se oye decir que el capitalismo es la causa de los problemas ecolgicos. Pero esta afirmacin tropieza con la oscuridad del concepto de capitalismo frecuentemente asociado (es decir, confundido) con la sociedad mercantil, el consumismo, la economa liberal. Cmo distingue el capitalismo de estos otros conceptos? Por qu el concepto de capitalismo es esclarecedor para analizar la crisis ecolgica?

Daniel Tanuro: Matizara mis palabras precisando que el capitalismo es la causa principal de la destruccin ecolgica. Por una parte, no hay que olvidar que las sociedades precapitalistas causaron serios problemas medioambientales, denunciados ya en la antigedad por autores griegos y romanos. Por otra parte, la URSS, China, y otros pases que han intentado una transicin poscapitalista en el siglo XX, cometieron daos considerables. Estn simbolizados, por ejemplo, por el desecacin del Mar de Aral, la catstrofe de Chernobil, las emisiones rcords de gas invernadero por habitante en Alemania del Este y en Checoslovaquia, sin olvidar la absurda campaa maosta para el exterminio de los gorriones... La abolicin del capitalismo es una condicin necesaria, pero no suficiente, para el establecer una relacin distinta al pillaje entre la humanidad y el resto de la naturaleza.

Dicho esto, qu es el capitalismo? Una sociedad de produccin generalizada de mercancas. Esta definicin incluye al mismo tiempo el salario como forma especial de explotacin laboral, la competencia para el beneficio entre propietarios privados de los medios de produccin y la determinacin a posteriori de las necesidades humanas mediante el criterio del mercado. El capitalismo es una sociedad mercantil; la sociedad mercantil por excelencia. Al aparecer en el escenario de la historia, encontr preparados una serie de mecanismos de dominacin, especialmente el patriarcado ,que ha remodelado en funcin de sus objetivos. Por tanto, el capitalismo es un sistema mercantil patriarcal en el que la mujer por as decirlo, es la proletaria del hombre.

Por definicin, en esta sociedad las personas asalariadas producen ms all de sus necesidades porque una parte de su tiempo de trabajo sirve para producir la plusvala para el capitalista. Esta plusvala no solo sirve para para satisfacer las necesidades del capitalista sino tambin y sobre todo, para engordar el capital. De hecho, la competencia obliga permanentemente a cada capitalista a bajar sus costes unitarios lo que le empuja a aumentar la productividad del trabajo reemplazando a trabajadoras y trabajadores por mquinas; por tanto a producir ms. As que el capitalismo es intrnsecamente, desarrollista. Un capitalismo sin crecimiento es una contradiccin en sus trminos, como deca Schumpeter 1/ .

La contradiccin es que siendo el trabajo humano la nica fuente de valor, esta carrera por sustituirlo por las mquinas provoca la cada de las tasas de beneficio medio. Esta cada de la tasa de beneficio est compensada por su volumen, puesto que la utilizacin de las mquinas aumenta la cantidad de mercancas producidas. En consecuencia, aumenta el impacto medioambiental. Claro que hay que tener en cuenta el hecho de que la constante tendencia a bajar los costes tambin se traduce en un aumento de la eficiencia de las mquinas de manera que la produccin tiende a utilizar mejor los recursos. Pero el aumento de la eficiencia no es un funcin lineal del capital invertido sino una asntota horizontal. Por tanto, el aumento de la cantidad de mercancas acarrea al final un aumento de la masa absoluta de materias primas y energa extradas del medioambiente. Adems, al aumentar la mecanizacin, el capital fijo (las mquinas) invertido se convierte en gigantesco, de forma que su rentabilidad se da a largo plazo. Segn la concentracin y la centralizacin del capital, el imperativo de esta rentabilidad prima cada vez ms sobre las necesidades reales. Finalmente, la relacin entre necesidades humanas y produccin se invierte: la segunda crea las primeras. Marx haba anticipado esta evolucin, cuando dijo que el capitalismo acaba por producir por producir, lo que implica tambin, consumir por consumir.

En ese punto estamos hoy, de manera que el capitalismo contemporneo necesita un rgimen en el que el Estado se dedique constantemente a crearle nuevos mercados mediante privatizaciones o mediante la creacin de nuevos mbitos de valoracin y de acumulacin (el mercado del derecho a contaminar, por ejemplo). Es el rgimen, adoptado a comienzos de los aos 80, que se denomina neoliberalismo para distinguirlo de liberalismo clsico del laisser-faire.

En general, los ecosocialistas denominan toda esta dinmica por con el trmino productivismo. Este trmino incluye el consumismo (y los valores que lo acompaan) de forma que, efectivamente, podemos decir que el capitalismo es a la vez una sociedad de superproduccin y una sociedad de hiperconsumismo. Pero inmediatamente hay que aadir dos observaciones.

La primera es que el hiperconsumismo, all donde representa un fenmeno de masas, constituye cada vez ms una compensacin miserable para una existencia alienada. La segunda es que este consumismo exagerado cohabita con un bajo consumo; dicho con otras palabras, con una masa de necesidades reales insatisfechas. En realidad, la tendencia a la baja de la tasa de beneficios empuja a los capitalistas a inventar constantemente estrategias de compensacin, como el desarrollo del trabajo precario (que afecta sobre todo a las mujeres), el recurso a mano de obra mal pagada, cadenas internacionales de aprovisionamiento basadas en la subcontratacin y el pillaje de los recursos naturales (puesto que son gratuitos). Por esto, la tendencia al hiperconsumismo /sobreproduccin va a la par con una creciente tendencia a la destruccin del medio ambiente, con una desigualdad social creciente y con un malestar general. El resultado de esta dinmica infernal es la catstrofe que amenaza en transformarse en cataclismo en caso de un cambio climtico radical.

Se puede afirmar con certeza que el capitalismo nunca ser verde como lo hacen los jvenes huelguistas parisinos el manifiesto publicado en Reporterre?

DT: S, se puede ser completamente categrico a este respecto. Evidentemente, hay capitales verdes puesto que hay mercados verdes y posibilidades de revalorizar capital. Pero la cuestin no es esa. En realidad, si la expresin capitalismo verde tiene un sentido es el de suponer posible que el sistema rompa con el crecimiento para auto-limitar su desarrollo y utilizar los recursos naturales con prudencia. Esto no ocurrir, porque el capitalismo funciona sobre la nica base de la carrera hacia el beneficio, lo que se expresa en la eleccin del PIB como indicador. Sin embargo, este indicador es completamente inadecuado para anticipar los lmites cuantitativos del desarrollo y ms inadecuado an para percibir las perturbaciones cualitativas inducidas por el funcionamiento de los ecosistemas.

Es decisivo comprender que el capital no es una cosa sino una relacin social de explotacin del trabajo que implica tambin la subordinacin de las mujeres y la necesidad de explotacin de otros recursos naturales. La lgica productivista del sistema conlleva a que tienda, como deca Marx, a agotar las dos nicas fuerzas de cualquier riqueza -la Tierra y el trabajador (teniendo en cuenta la denominacin patriarcal, hay que aadir la trabajadora asalariada o no). Mientras haya recursos que robar y fuerza de trabajo para explotar, el capital, como un gigante autmata, seguir con su actividad destructiva. Esta solo puede detenerse si la humanidad recupera el control de la produccin de su existencia social. Para esto, el autmata debe ser desmantelado. Como ya he dicho, no es una condicin suficiente, pero es una condicin necesaria.

Puesto que, en su opinin, el capitalismo no sabr resolver nada, cmo se imagina que se pueda encontrar un margen de accin fuera del capitalismo? Se puede esperar algo de los Estados, de los organismos internacionales?

DT: El capital implica una moneda y la moneda un Estado. El capital ha encontrado a la una y el otro como productos de desarrollo social anterior y ha invertido en ellos adaptndolos a su lgica de acumulacin (lo mismo que ha invertido en el patriarcado). As que no hay nada que esperar de los Estados, ni de los organismos internacionales que son emanaciones de esos Estados. El rgimen neoliberal en el que el Estado crea constantemente las condiciones para una mercantilizacin creciente hace totalmente evidente esta cuestin. Por ejemplo, debera ser evidente que no hay nada que esperar de la Unin Europea, ni en el plano social ni en el plano medioambiental, porque ella misma se define como una economa de mercado abierta en la que la competencia es libre. Esto no significa que no haya nada que exigir a los Estados; esto significa que hay que construir relaciones de fuerza. Por ejemplo, una relacin de fuerzas para el desarrollo del sector pblico, la socializacin de la energa y la gratuidad de los servicios de base bajo control democrtico.

Dicho esto, distinguira, de entrada, la accin fuera del capitalismo de la accin de los mrgenes, despus de lo cual, abordara la cuestin de la accin en el corazn del sistema; dicho de otra forma: la contestacin de las trabajadoras y trabajadores que es la piedra angular.

El capitalismo contemporneo ejerce una dominacin casi completa sobre todo el planeta. Las posibilidades de llevar a cabo un accin directamente fuera de este sistema tentacular son extremadamente reducidas. Concretamente, esta posibilidad solo existe para los pueblos indgenas que han podido mantener un modo de produccin no capitalista. Como lo muestra el ejemplo de Brasil, estos pueblos estn sometidos a una agresin constante del capital que quiere apropiarse de sus territorios y de sus recursos y someterlos a su ley. Son poco numerosos, pero su resistencia es de un importancia estratgica fundamental para la humanidad en su conjunto. Esta importancia se debe especialmente al hecho de que estos pueblos tienen una visin de la relacin entre la humanidad y el resto de la naturaleza que es antagnica a la visin capitalista de dominacin e instrumentalizacin. Esta visin no es un producto de importacin, no se puede copiar y pegar, sino que constituye una valiosa fuente de inspiracin para la invencin de una cultura de cuidados, que es una condicin aadida a cumplir (adems de la eliminacin del capitalismo) para acabar con la destruccin.

Las posibilidades de accin en los mrgenes del capitalismo suscitan otra cuestin. En realidad, es chocante que el estancamiento del sistema acarree por todas partes una exclusin social masiva. Vista la destruccin de los dispositivos de proteccin social, un nmero creciente de personas, especialmente entre la juventud, intentan escapar de la miseria creando actividades que estn en parte fuera del mercado - escapan sobre todo a las empresas de los gigantes de la distribucin y que tienen sentido porque estn basadas en valores no capitalistas de cooperacin social y de gestin prudente del medioambiente. Creer que estas alternativas permitirn salir del capitalismo suavemente, por una suerte de contagio, es tan ilusorio hoy como ayer. Pero los protagonistas pueden establecer lazos con otros capas sociales en resistencia (por ejemplo, campesinos y campesinas o migrantes), lo que aumenta su capacidad de contribuir a dejar entrever otras relaciones sociales y otras formas de gestin de los territorios, por tanto, otro mundo es posible.

A fin de cuentas, la cuestin clave es hacer converger en un sentido anticapitalista, las luchas y las aspiraciones a una vida mejor y a una relacin respetuosa con el resto de la naturaleza para desestabilizar el corazn del sistema. En otras palabras, se trata de articular lo social y lo medioambiental a travs de la elaboracin de un programa de transicin bajo la presin ecolgica. Hoy, los componentes ms avanzados de esta estrategia de convergencia anticapitalista son las luchas de los pueblos indgenas, las del campesinado y los sin tierra, el movimiento de mujeres y las luchas de la juventud. Respetando su autonoma y su independencia, estos componentes pueden ser vistos como puntos de apoyo para arrastrar al movimiento obrero y llevarlo a romper con el productivismo capitalista desarrollando su propio programa para la transicin. En particular, se trata de volver a poner en el orden del da la reduccin radical del tiempo de trabajo (sin prdida de salario) como reivindicacin anti productivista y ecolgica por excelencia.

En el marco de esta estrategia de convergencia, quisiera destacar brevemente la importancia del movimiento feminista. Es un dato: el papel de las mujeres es importante en todas las luchas medioambientales; hoy, por ejemplo, las jvenes estn en la primera fila de las manifestaciones de la juventud por el clima. No es por casualidad, no es tampoco porque las mujeres seran, por esencia, ms respetuosas con la naturaleza que los hombres. Ms bien, la razn es que el patriarcado asigna a las mujeres las tareas de cuidados de los cuerpos y los hogares. (okos, en griego), lo que las hace ms sensibles a la necesidad de cuidar tambin los ecosistemas.

En consecuencia, desarrollar la lucha feminista es una palanca para difundir esta cultura del cuidado y generalizarla a las relaciones humanas y no humanas. Al subvertir la dominacin masculina, tiene tambin el potencial de subvertir la relacin social de explotacin que est en las antpodas del cuidado. Adems, la lucha para la emancipacin de las mujeres es un elemento clave de la estrategia para arrancar a las personas asalariadas de la alineacin capitalista.

Por ahora, el movimiento climtico no ha logrado nada y los chalecos amarillos solo han obtenido algunas migajas despus de haber colocado al pas a sangre y fuego. Qu medios de accin habra que emplear para volver la situacin a nuestro favor?

DT: No comparto tu opinin. No creo que el acuerdo de Pars habra recogido como objetivo mantener el calentamiento por debajo del 1,5C en relacin al periodo pre-industrial si no hubiera existidon el movimiento por el clima (tomado en su sentido ms amplio, incluyendo la difusa presin de las opiniones pblicas sobre algunos gobiernos, como los de los pequeos Estados insulares). Cierto, el Acuerdo de Pars solo es una declaracin de intenciones, no se traduce en ningn plan de accin y la responsabilidad del uso de los combustibles fsiles ni siquiera se menciona en el texto... Pero esta declaracin de intenciones en s misma representa un paso adelante. Adems los climato-negacionistas no se han confundido [en criticarlo, como Trump].

Ahora se trata de exigir que este paso adelante vaya acompaado de medidas concretas y hacer que estas medidas concretas estn a la altura del desafo climtico por una parte y, por otra, que sean socialmente justas (incluyendo la justicia climtica Norte-Sur que es una apuesta decisiva). Sin embargo, es en el sentido de esta doble exigencia en el que el movimiento por el clima tiende a desarrollarse delante de nuestro ojos. Es un proceso lleno de confusiones, de tanteos y ambigedades. Vista la urgencia, se puede deplorar su lentitud, pero las lneas estn movindose porque la catstrofe climtica agrava vertiginosamente la crisis de legitimidad del capital y de sus representantes polticos.

De un lado, est Trump, Bolsonaro y quienes suean con reunirse con ellos sin atreverse a decirlo en voz alta. Veremos si consiguen hacer frente a la movilizacin que no puede sino ir en aumento. De otro, hay adeptos al capitalismo verde que solo reaccionan con medidas insuficientes... Pero estas medidas no engaan a nadie y ms bien, animan a seguir adelante, tanto en el plano de las movilizaciones como en el plano de las reivindicaciones.

Creo que esta situacin se va a mantener y a desarrollarse; y que desarrollndose, puede favorecer la evolucin de polticas sorprendentes. Le Green New Deal propuesto a Estados Unidos por Alexandria Ocasio-Cortez 2/ para resolver la crisis social abandonando los combustibles fsiles en diez aos es un ejemplo de esas posibles evoluciones. Este Green New Deal no es anticapitalista: esquiva la necesidad de disminuir la produccin material, no dando ninguna garanta respecto a la disminucin de las emisiones de gas de efecto invernadero necesarias para mantenerse debajo del 1,5C; deja de lado la apuesta clave de justicia climtica Norte-Sur y no excluye la vuelta a las tecnologas llamadas de emisiones negativas (como la Bio Energa con captura de carbono -BECCS)... Sin embargo, la GND podra marcar una inflexin, en particular, porque invita al movimiento sindical a pensar en una vasta reconversin industrial garantizando las conquistas obreras, lo que podra favorecer una dinmica social interesante.

Hay otros indicadores que semejante evolucin es posible. Citar tres. La condena judicial del gobierno holands por una poltica climtica insuficiente 3/ , la proposicin de ley del clima redactada por universitarios 4/ y depositada en el parlamento belga por una unin sagrada de los partidos (fracfonos) y el pacto finanzas-clima de Larrouturou-Jouze 5/ . Tampoco este plan tiene nada estrictamente anticapitalista, pero su realizacin marcara un giro y es significativo que sus autores lo justifiquen diciendo que permitira evitar no solo el caos climtico sino tambin el caos financiero y la desintegracin de la Unin Europea. Volvemos a encontrar aqu la cuestin de la legitimidad.

El balance del movimiento de los chalecos amarillos es otro asunto, pero el punto comn es justamente, me parece, la prdida de legitimidad del poder y del sistema. No entrar en la discusin sobre las contradicciones y las ambigedades de los chalecos amarillos. Me parece que lo esencial es destacar que este movimiento dura desde hace tres meses y que cuenta desde hace mucho tiempo con un apoyo muy amplio de la mayora de la opinin pblica.... A pesar de la estigmatizacin meditica, de una represin feroz, de las migajas dadas por Macron y de la puesta en escena del gran debate nacional, incluso hoy, el apoyo sigue siendo muy amplio. Es el sntoma de un descontento profundo y potencialmente explosivo.

A qu conclusin podemos llegar? Que antes que nada hay que reforzar, hacer converger y proteger de la represin las movilizaciones de masas cuyo potencial transformador reaparece. Hay que hacerlo con firmeza, sin dudar ante de las acciones de desobediencia civil, pero sin caer en la trampa de la violencia minoritaria; manteniendo siempre la preocupacin de unir la mayora social. El combate que tenemos delante es un combate de largo aliento. El objetivo debe ser crear una situacin tal que la actitud actual de los gobiernos se convierta en insostenible. Por su naturaleza, como amenaza global y terrorfica, la apuesta climtica se presta a este enfoque. Hay que tomar ejemplo de la lucha antinuclear en Alemania: se gan por la construccin a largo plazo de un movimiento de masas decidido que, sin interrupcin, durante aos, hizo salir la calle a millones de personas.

Ya s que la comparacin tiene sus lmites: salir de los combustibles fsiles en menos de treinta aos es ms complicado que salir de la energa nuclear (sobre todo, que, especialmente en Francia, hace falta, salir al mismo tiempo de la nuclear!) Esto significa que el camino ser ms difcil. Y estar jalonado de falsas soluciones que propondr el capitalismo verde en bsqueda de legitimidad y que habr que desenmascararlas para empezar de nuevo e ir ms lejos. Esto significa competir a una velocidad aterradora con la destruccin actual, apoyndonos en cada avance de esta destruccin para reforzar la lucha. No hay otro camino posible y no hay atajos.

Cmo ve los recientes movimientos de las marchas a favor del clima y las huelgas estudiantiles? Qu siente por los chalecos amarillos? Cree que la conexin de estos dos movimientos por ahora separados es crucial?

DT: Estos movimientos expresan bien la angustia frente a la aceleracin del cambio climtico. Esta angustia est ms que justificada cuando sabemos que los planes de los gobiernos se plantear ir ms all del 1,5C con la esperanza puesta en un enfriamiento posterior gracias a la tecnologa..., y que durante esa superacin temporal, existe el riesgo de que ocurra una catstrofe irreversible. Por ejemplo, en la Antrtida, que podra hacer subir el nivel de los ocanos de tres a seis metros. De forma especial, la juventud muestra que es mucho ms consciente y est ms preocupada de lo que parece. Hay que rendir homenaje a Greta Thumberg que encarna esta conciencia en su mximo grado.

As pues, s, la conexin del movimiento del clima y el de los chalecos amarillos es crucial. Adems, es posible porque los adversarios de una alternativa a la destruccin medioambiental no son los chalecos amarillos. Los adversarios son quienes, como Macron, hacen regalos fiscales a los ricos en nombre de la competitividad y ponen impuestos a los pobres en nombre de la ecologa. Esta poltica hipcrita es el mejor medio de echar a una parte de la poblacin en brazos de los climato-negacionistas y de la extrema derecha anti-impuestos.

Estoy muy de acuerdo con los comentaristas que han escrito que, en realidad, los chalecos amarillos ponen el foco en la necesidad y la posibilidad de otra ecologa, a la vez social y medioambiental. Adems, el desarrollo concretos del movimiento han mostrado que los chalecos amarillos no son patanes pro-coche como algunos les gusta describirlos. Aadira que el desarrollo de la lucha por el clima de la juventud en Francia y la conexin entre este movimiento y el de los chalecos amarillos ayudara mucho a clarificar las apuestas de uno y otro. De hecho, hay que prestar mucha atencin a esto: la discordancia de las movilizaciones sociales hace el juego a quienes quieren poner en marcha soluciones autoritarias sean nacional-populistas (el RN) o liberal-bonapartistas (Macron).

Usted defiende un proyecto socialista. El trmino no es muy popular hoy. Cmo se coloca entre la ecologa de la ZAD [Zonas a defender] y la ecologa del colibr? 6/

DT: Me posiciono claramente del lado de la ecologa del ZAD y en ese marco, llevo debates estratgicos e ideolgicos. De entrada, debates estratgicos, pues hay que destacar que la victoria contra el proyecto del aeropuerto en Notre Dame des Landes (NDL) no se hubiera producido sin la creacin de un amplio movimiento de solidaridad alrededor de los zadistas, del vecindario y de los agricultores locales. La combinacin de los dos elementos es la que hace del NDL una cuestin poltica central, una cuestin de gobierno. Tenemos ah, en mi opinin, un claro ejemplo de la forma en que una accin de desobediencia civil muy radical y minoritaria puede y se debe articular con una movilizacin amplia y atraer no solo colibressino tambin a partes del movimiento obrero. Especialmente, el hecho poco conocido de que la CGT de Vinci [empresa que iba a realizar los trabajos para la construccin del aeropuerto] gir a favor de la lucha contra el aeropuerto, constituy una enorme victoria de la que hay que aprender la leccin en Francia y a nivel internacional.

Tambin debates ideolgicos pues la radicalidad combina necesariamente el contenido y las formas de accin. Sin accin, el contenido resulta abstracto y las declaraciones deprimen. Sin contenido, la accin se queda vaca. Radicalidad no significa violencia ni agitacin vana sino rigurosa capacidad de poner las causas al descubierto para atacar mejor la cima. No se trata ni de profetizar el derrocamiento inevitable ni de predecir el fin de la civilizacin. Entre otros problemas, estas seudo-soluciones incluyen un supuesto: la destruccin inevitable de la mayor parte de la humanidad que no es responsable del cambio climtico. La resignacin oculta ante esta perspectiva es categricamente inaceptable a nivel tico. Hay que dar la espalda a estos discursos apocalpticos o escatolgicos y trazar, aunque solo sea con alfileres, un camino concreto que permita parar la catstrofe con 8.00 millones de humanos en la Tierra. Non un@ di meno!

Este camino solo se puede marcar reemplazando la absurda produccin de mercancas para obtenner beneficio por una produccin que responda a las necesidades reales, determinadas en el respeto a los lmites terrestres y de forma democrtica, lo que implica tanto una descentralizacin mxima como una planificacin internacional. Ahora bien, una sociedad que produce para las necesidades reales, se llama socialismo. El hecho de que este proyecto haya sido desacreditado por las desastrosas experiencias del estalinismo y la socialdemocracia no justifica que se le designe con un vocablo nuevo. Al contrario, el tener en cuenta la destruccin ecolgica justifica que se le aada el prefijo eco. Yo soy un ecosocialistainternacionalista y autogestionario, solidario de todas las luchas de las personas oprimidas por su liberacin.

 

Notas:

1/ Joseph Schumpeter es un economista y profesor de ciencias polticas austriaco naturalizado estadounidense conocido por sus teoras sobre las fluctuaciones econmicas, la destruccin creadora y la innovacin.

2/ Electa demcrata al Congreso, Ocasio-Cortez se declara anti-lobby y socialista. A los 29 aos, incarna la izquierda de la izquierda en el juego poltico estadounidense con un cierto xito.

3/ / http://www.journaldelenvironnement.net/article/les-pays-bas-condamnes-en-appel-a-rehausser-leur-ambition-climatique,94090

4/ https://www.rtbf.be/info/belgique/detail_des-universitaires-proposent-une-loi-climat-cle-sur-porte?id=10134699

5/ https://www.20minutes.fr/planete/2423183-20190116-pierre-larrouturou-faut-creer-banque-europeenne-climat

6/ https://lundi.am/La-ZAD-et-le-Colibri-deux-ecologies-irreconciliables

Texto original en francs

Traduccin viento sur

Fuente: https://vientosur.info/spip.php?article14679

 



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