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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-03-2019

El supremacismo blanco sigue cosechando muertes, ahora espectacularizadas

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Los medios de incomunicacin de masas expresan comprensible rechazo y horror ante las matanzas perpetradas por supremacistas blancos en dos mezquitas en Nueva Zelanda.

Y los ms avisados, como por ejemplo Pgina 12 en Buenos Aires, conectan lo acontecido con el asesinato colectivo llevado a cabo por Anders Behring Breivik en Noruega que diezm, matando decenas de participantes de un campamento socialdemcrata poblado mayoritariamente por jvenes rabes.

Llama la atencin algunas omisiones, incluso entre los ms avisados, en este cuadro de situacin. Por ejemplo, el no registro de otro atentado igualmente atroz y colectivo, cometido tambin en una mezquita, palestina, por un judo supremacista, hipersionista, Baruch Goldstein. La hazaa, entonces, result ser el asesinato de una treintena de orantes hiriendo a varios ms, aunque algunos entre los atacados lograron reaccionar y terminaron matando a mano desnuda al terrorista (que inmediatamente pas a la condicin de mrtir para sus admiradores).

No nos extraa que Pgina 12 no rastree ese parentesco, pero nos parece que el cuadro de situacin se complica porque lo acontecido en Nueva Zelandia no slo tiene que ver con el terrorismo blanco supremacista que a la vez se presenta como de autodefensa (porque actan matando a lo que ellos llaman invasores; musulmanes en Europa, o en Israel) sino tambin con otros fenmenos de matanzas colectivas de distinta naturaleza.

Ordenando un poco cronolgicamente, desde hace ya mucho y ms bien en EE.UU. hay un estilo de matanzas en colegios, sobre todo a cargo de alumnos o exalumnos que incluso mereci un documental esclarecedor de Michael Moore.

Otra cuerda de asesinatos colectivos e indiscriminados proviene de los exmarines, tambin desde EE.UU.

Un poco ms cerca nuestro en el tiempo el llamado ISIS o Ejrcito Islmico, una entidad fantasma que presentndose como islmica no se ha caracterizado por actuar contra cristianos o judos sino contra poblacin precisamente musulmana (Libia, Irak, Siria, p. ej., aunque tambin ha hecho atentados en el Primer Mundo) y que ha tenido el apoyo mdico y material, por ejemplo de Israel. Ellos tambin desplegaron los asesinatos en masa, a menudo con sacrificio del terrorista desencadenador de la accin y a veces, tambin han acompaado sus atrocidades con cierta espectacularizacin.

Esto ltimo parece una caracterstica cada vez ms dominante.

Y ya en el terreno de la espectacularizacin, entreveo dos vertientes que el supremacista Brenton Tarrant ha unido en su execrable foja:

1) el furor de los juegos electrnicos tipo Fortnite denominados por sus fabricantes ─en ingls, claro─ Epic Games, Juegos picos, con una ignorancia supina del sentido de lo pico que no consiste en matar cobardemente, por sorpresa o por la espalda;

2) la puesta en acto, copiando ahora en la vida real los libretos racistas y violentistas de esos videojuegos, que tienen sin duda una intencin pedaggica (aunque nos cueste pensar que lo pedaggico tenga rasgos tan violentos).

Un detalle. Mientras ABB era noruego e hizo su accin de guerra en Noruega, Brenton Tarrant es australiano y decidi hacer su acto en Nueva Zelandia. Es un elemento menor pero significativo de cierta internacionalizacin del terror blanco, otro rasgo de esta oleada de violencia.

Un corolario llamativo de este atentado a la vida, en este caso humana, sobrevenido en ese universo que desde tan lejos visualizamos idlico, es la visin que desde el gobierno la premier neozelandesa, Jacinta Ardern, plante. Se desmarc de inmediato de semejante procedimiento: Este tipo de violencia no tiene lugar entre nosotros. Esto no es lo que somos.

Este ltimo comentario es altamente significativo de la autovaloracin que revela la capa gobernante de Nueva Zelandia, muy similar a la de otros pases que son o se consideran del Primer Mundo (Australia, Canad, Europa Occidental, EE.UU., Israel).

Tenemos que recordar que Nueva Zelandia, como tantos pases gestados con una colonizacin de asentamientos (blancos), en general se han valido de muchsima violencia contra los aborgenes (y eventualmente contra otros conquistadores).

Luego de la pacificacin, algunos estados han generado sociedades tranquilas, como podra ser Canad o Nueva Zelandia. Pero incluso en tales casos, el despojo, violento o administrativo, ha proseguido. Basta conocer los testimonios de poblaciones originarias de Canad o Nueva Zelanda para saberlo. [1]

Los pases blancos constituidos mediante asentamientos relativamente recientes, dos siglos aproximadamente en el caso de Australia y Nueva Zelandia, y menos de cuatro en el caso de los pases norteamericanos, no se han caracterizado por demasiada generosidad ni con los que estaban asentados milenariamente en tales territorios ni con nuevos arribos; al contrario, el racismo ha sido brutal, genocida.

Cuando hace unas dcadas, el sudeste asitico expuls poblacin, por razones polticas y econmicas, como Vietnam luego de la unificacin (1979), e incluso de pases bajo control de Vietnam, como fue el caso de la etnia hoa de Camboya, las autoridades martimas australianas, para evitar el asentamiento de dichos refugiados (genricamente llamados de los botes) emplearon en algunos casos el torpedeo de dichos barcos bajo la lnea de flotacin, cuando estaban tan cerca de la costa como para que dejaran de navegar y no terminaran de hundirse; de inmediato se despachaban embarcaciones de rescate y se llevaba a todo el contingente a la lejansima Diego Garca, una isla administrada por potencias occidentales donde eran internados, y alimentados indefinidamente, con provisiones desde Australia.

La poltica de tanta hostilidad ante los fugitivos signific incluso muertes, porque alguna vez no se acert al torpedear los barcos porque stos, en un fondo marino ms hondo, terminaron hundindose, con lo cual se provocaron muertes indeseadas. Tal vez el mtodo haya sido abandonado por su brutal desprecio a los derechos humanos.

Pero si vamos al Mediterrneo, vemos tambin lo insensato e indecente de la frase de Jacinta Ardern recordndonos que no emplean la violencia de los supremacistas blancos. Porque eso es cierto, no emplean ese tipo de violencia. Pero es demasiado indulgente autodefinirse: Esto no es lo que somos.

La pregunta previa es por qu hay tanta poblacin que abandona su tierra, tanto rabes, como afros, como, por ejemplo ltimamente, la etnia rohingya, desde Myanmar. Por qu hay tantos rabes en Nueva Zelandia, en Europa, por qu hay tantos caribeos y sudamericanos buscando entrar a EE.UU., por qu tantos africanos cruzan a riesgo de su vida el Mediterrneo para alcanzar Italia, Francia, Alemania?

No es porque les guste extranjerizarse ni pretendan invadir, como aduce Brenton Tarrant. Es porque se estn muriendo literalmente de hambre, saqueados como pocas veces antes, por transnacionales y estados del Primer Mundo, por grandes petroleras, consorcios mineros, Coca-Cola que les roba el agua, y tantas otras redes de saqueo.


Notas

[1] Nativoamericanos canadienses acusan a las autoridades sociales de una poltica de despojo de sus hijos enmarcando conductas en cnones resueltos por la sociedad europea que all se implant, que discrimina permanentemente a los aborgenes. Y la poblacin maor en Nueva Zelandia, estimada en una dcima parte de la poblacin general, acusa del mismo problema, el mismo agobio, su situacin en el archipilago.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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