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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-03-2019

Siria
Tras ocho aos de guerra, la imposible reconstruccin

Benjamin Barthe
Le Monde


Tras ocho aos de un conflicto que ha amputado al pas la mitad de su poblacin, Bachar Al-Assad permanece en el poder. En un contexto de desencanto en su propio campo, ahora debe realizar una guerra econmica.

Fue el momento lgido del desencanto de la oposicin siria. En diciembre de 2016, las y los anti-Assad perdan Alepo y comprendan que su sueo de derrocar al rgimen no se realizara. Un poco ms de dos aos han pasado desde entonces y la desilusin ha cambiado de campo. La metrpolis plurimilenaria, antiguo pulmn industrial de Siria, es hoy la capital de la amargura lealista.

Rodeada de ruinas, roda por las penurias, aislada del resto del pas, Alepo languidece. Se nos ha dicho que hemos ganado la guerra pero, dnde estn los frutos de la victoria? Qu futuro se nos prepara? masculla un hombre de negocios alepino que viaja entre Lbano y Siria y que, como la mayor parte de las fuentes interrogadas para este artculo, ha insistido en permanecer en el anonimato, por miedo a las represalias de las autoridades.

La reconstruccin de la prestigiosa ciudad levantina, devastada por cuatro aos de combates, ha comenzado con pasitos pequeos. La limpieza de los escombros ha permitido restablecer la circulacin en el interior del casco viejo y de los barrios orientales en los que los rebeldes se haban hecho fuertes. Con la ayuda de las Naciones Unidas o bien de organizaciones de caridad, ciertos edificios que aguantaban an en pie han sido arreglados.

En un edificio se ha reemplazado una puerta, en otro se ha estabilizado un balcn o una escalera, arreglado una brecha en la fachada, restaurado el escaparate de una tienda y arreglado las canalizaciones. Pero a falta de fondos para lanzar un amplio plan de reconstruccin, la mayor parte del este de la ciudad, destruida por meses de bombardeos areos, sigue siendo un campo de desolacin.

Hemos reencontrado nuestras vidas y en general la situacin es buena, asevera una empleada municipal que se esfuerza por guardar las apariencias. Pero es cierto que la gente est decepcionada. Se carece de trabajo y de estabilidad. La electricidad solo funciona doce horas al da. La reapertura del aeropuerto [anunciada para 2017] se sigue haciendo esperar. Reconciliar nuestros recuerdos con el estado actual de la ciudad es muy difcil.

Un salto hacia atrs de varias decenas de aos

La falta de gas, un producto de primera necesidad durante el invierno alepino, a menudo riguroso, cristaliza el descontento de la poblacin. Estas ltimas semanas se han multiplicado fotos, acompaadas de un montn de comentarios indignados, de habitantes haciendo colas de varios centenares de metros para obtener una bombona.

Los lealistas gruen, no admiten que el gas, el gasleo o el agua puedan faltar cuando los terroristas se han ido, confesa un hombre de negocios alauita (la confesin del clan Assad), que vive entre Beirut y Damasco. No llegan a comprender que, en este guerra, todo el mundo ha perdido.

El balance del conflicto, tanto humano como material, da vrtigo. Se cuentan entre 300.000 y 500.000 las muertes, 1,5 millones de personas invlidas, 5,6 millones de refugiadas y 6,6 millones de desplazadas. El pas ha perdido las tres cuartas partes de su producto interior bruto (PIB), que ha pasado de 60.000 millones de dlares (53.000 millones de euros) en 2010 a alrededor de 15.000 millones hoy.

Un tercio del parque inmobiliario ha quedado destruido o daado. La economa ha dado un salto de varias decenas de aos hacia atrs, en particular el sector agrcola, que ha conocido en 2018, su peor cosecha en tres decenios.

La factura de la reconstruccin est estimada en entre 200.000 y 400.000 millones de dlares. Hay que acabar por comprender que la Siria de 2011 ya no existe, dice la gegrafa francesa Leila Vignal. Estamos ante un pas que ya nada tiene que ver con lo que se ha conocido.

Responder a las expectativas de la poblacin

Los combates no han terminado completamente en Siria pero, desde un punto de vista poltico, la posguerra ha comenzado. La rebelin, desalojada en 2018 de los extrarradios de la capital y de la regin meridional de Deraa, solo controla ya una pequea regin, alrededor de Idlib, en el noroeste del pas. Este territorio sin gran valor, controlado por yihadistas de Tahrir Al-Cham, una emanacin de Al Qaeda, est condenado a ser reconquistado, tarde o temprano, por el rgimen y sus soportes ruso e iran. Desde la cada de Alepo-Este, los padrinos rabes y occidentales de la oposicin se han resignado al mantenimiento en el poder de Bachar Al-Assad.

El noreste de Siria escapa tambin a las fuerzas lealistas. La situacin all est en calma. Una parte de ese territorio, en la margen derecha del Efrates, est bajo el protectorado de hecho de Ankara, que lo gobierna a travs de ex-rebeldes que han pasado a estar a sus rdenes.

Ligado a Mosc en el marco del proceso de Astana (un mecanismo de desescalada militar), y comprometido en un acercamiento silencioso con el poder sirio, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan no tiene ningn inters en relanzar las hostilidades.

La margen izquierda del ro es dominio de las Fuerzas Democrticas Sirias (FDS), la alianza kurdo-rabe que acosa a los ltimos irreductibles de la organizacin Estado Islmico (EI). Dado que su protector americano parece querer abandonar su implicacin en Siria, es probable que una vez aniquilados los residuos del califato, las FDS, dominadas por las y los kurdos del PYD (Partido de la Unin Democrtica), encontrarn un terreno de entente con Damasco.

En este contexto, el asunto nmero uno para el poder no es ya militar, sino econmico. No se trata ya de resistir a los asaltos de la insurreccin, sino de responder a las expectativas de la poblacin, vida de estabilidad, y, en primer lugar, de la gente pro-Assad que reclama recompensas por sus sacrificios. Comienza una segunda batalla, que promete ser tan dantesca como la primera.

El gobierno, evidentemente, no sale ganador. Salvo la reparacin de las carreteras, que progresa, el pas est detenido. La mayor parte de los concursos pblicos son retrasados de mes en mes porque las cajas del Estado estn vacas. Y no por casualidad. El petrleo, el turismo y los fosfatos, que compensaban antes de 2011 la debilidad estructural de los ingresos fiscales, no ingresan ya casi nada.

Los pozos de hidrocarburos estn situados en zonas actualmente controladas por las y los kurdos y se necesitarn largos aos antes de que encuentren su nivel de produccin de antes de la guerra. El mercado turstico, floreciente en los aos 2000, est en punto muerto. Y el 70% de los ingresos generados por las minas de fosfatos han sido cedidos a la compaa Stroytransgaz, gigante de la industria rusa. Un regalo para el jefe del Kremlin, Vladimir Putin, en contrapartida al salvamento de Bachar Al-Assad.

El gobierno est en situacin de cuasi-quiebra, asegura un experto damasceno. Solo le quedan uno o dos mil millones de dlares de reservas.

Damas denuncia la injerencia

La salvacin no vendr de los Estados Unidos, ni de la Unin Europea (UE). Patrocinadores habituales de los planes de reconstruccin por todo el mundo condicionan su ayuda a una transicin poltica, que suponga el apartamiento progresivo de Bachar Al-Assad. Aunque algunos miembros de los 28 parezcan dispuestos a prescindir de esta regla , como Italia, los pases del Viejo Continente que disponen de las capacidades financieras ms importantes, como Alemania, Francia y el Reino Unido, se niegan por el momento a transigir.

Damasco denuncia la injerencia en sus asuntos internos. Tanto ms cuanto que el pas es ya objetivo de sanciones europeas y americanas. Un arsenal de medidas punitivas, que apunta a 349 individuos y entidades asociadas el rgimen, pero tambin a sectores clave de la economa, como los bancos y el petrleo, y que disuaden a las empresas extranjeras de invertir en el pas. La denuncia de una nueva guerra, destinada a obtener, en el terreno econmico, lo que no ha sido ganado en el terreno militar, gana adeptos ms all de los crculos lealistas.

Es escandaloso, la presencia en el poder de Bachar Al-Assad no justifica tomar como rehn a la poblacin, se indigna un consultor econmico sirio que hace el puente entre Beirut y Damasco. La infancia no tiene que pagar por sus crmenes de guerra. Es inconcebible financiar un rgimen que no tiene ninguna intencin de hacer volver a las personas refugiadas o de liberar a las y los presos y que no ofrece ninguna garanta sobre el uso de los fondos, responde Leila Vignal.

En una entrevista con una cadena de televisin rusa, en junio de 2018, el presidente sirio ha cerrado el debate. Respaldado por su milagroso restablecimiento, ha excluido, por principio, todo papel de los occidentales en la reconstruccin. No les permitiremos participar en l, vengan o no con dinero, con o sin prstamos, con donaciones, subvenciones, o cualquier otra cosa. No tenemos necesidad de Occidente, ha zanjado Bachar Al-Assad, ms bravucn que nunca.

Deseo piadoso

Las autoridades sirias aseguran que el dinero de la reconstruccin vendr de las asociaciones pblico-privadas (APP), de bancos locales y de sus indefectibles amigos rusos e irans.

Pero es un deseo piadoso, un tranquilizante para la poblacin, juzga un jefe de empresa de Damasco. Tres aos despus de la promulgacin de la ley sobre las APP, ninguna se ha creado. Y ni Mosc ni Tehern tienen los medios para invertir de forma masiva en trabajos tan poco remuneradores como la construccin de escuelas, de hospitales y de viviendas sociales.

En el otoo de 2018, segn The Syria Report, una pgina de informaciones econmicas muy detalladas, Rusia se ha desentendido incluso de la reparacin de la principal central elctrica de Alepo. No habr ni Plan Marshall ni plan Putin para Rusia.

La presin econmica sobre el pas incluso se ha reforzado en invierno. El Tesoro americano ha puesto bajo amenaza de sancin a quienes participen en el transporte de petrleo por va martima entre Irn y Siria. Era una lnea vital que permita al rgimen ser abastecido en carburantes sin tener que abrir su cartera, al consistir las entregas en un prstamo a largo plazo.

La amenaza americana ha roto en seco este sector, privando al poder de importantes rentas, y contribuyendo a las penurias de gas, que han golpeado a Alepo de forma especial. La urgencia de encontrar un circuito de aprovisionamiento alternativo es probablemente la razn por la que Bachar Al-Assad ha acudido a finales de febrero a Tehern, su primer desplazamiento a Irn desde 2011.

Estamos en situacin de asedio econmico

Estamos en situacin de asedio econmico, sostiene un patrn de Damasco, que se define como ni a favor ni en contra del rgimen. Los Estados Unidos y la UE, plantea, no han asumido todava el hecho de que Bachar ha ganado la guerra. La situacin no tiene nada que ver con el embargo contra Irak de los aos 1990, objeta Jihad Yazigi, redactor en jefe del Syria Report. Siria contina comerciando con decenas de pases de todo el mundo.

Este experto econmico cercano a la oposicin, demanda a Washington un levantamiento del bloqueo petrolero y una flexibilizacin gradual de las dems sanciones, a cambio de concesiones de Damasco sobre la cuestin de las personas refugiadas y presas.

El impacto de las sanciones es negativo, reconoce, pero su papel en la catstrofe econmica actual es relativamente dbil. Los principales responsables de la destruccin del pas siguen siendo la aviacin siria y su homloga rusa, que han aniquilado la mitad de Homs, Alepo, y Deir ez-Zor, as como decenas de ciudades ms pequeas. Los Estados Unidos, con la destruccin de Rakka, y Turqua, que ha facilitado el saqueo de la zona industrial de Alepo, tienen tambin una parte de responsabilidad. Y luego otros factores continan jugando un papel, como la depreciacin de la libra siria y la omnipresencia de las redes de corrupcin del rgimen.

La revisin en 2014 de la licencia de explotacin de las dos compaas de telefona mvil sirias, Syriatiel y MTN, en un sentido que les resultaba extremadamente favorable, es emblemtica de los chanchullos. Segn The Syria Report, la medida, desprovista de justificacin legal, ha suprimido 200.000 millones de libras sirias (345 millones de euros) de las cajas del Estado. A finales de febrero, consecuencia directa de este favor, Syriatel, propiedad del riqusimo primo del presidente, Rami Makkhluf, ha anunciado una subida de sus ganancias del 39%.

Dnde encontrar los brazos necesarios para realizar un trabajo tan monumental?

La reconstruccin de Siria no solo encuentra obstculos contables y polticos. Suponiendo que el dinero llegue sbitamente, dnde encontrar los brazos necesarios para realizar un trabajo tan monumental? Entre las personas muertas (entre 300.000 y 500.000), las invlidas (1,5 millones), las exiliadas (5,5 millones), las presas (80.000) y las refractarias al servicio militar que se esconden, una gran parte de la mano de obra siria ha desaparecido.

[Un pas privado de la mitad de la poblacin. Si a los 21 millones de habitantes de antes del conflicto le quitamos entre 300.000 y 500.000 personas muertas, alrededor de 7.000.000 de refugiadas (5,6 millones censadas por la UNHCR), unas 1,5 millones invlidas y 80.000 presas, el resultado es que quedan 12,92 millones de personas, incluyendo mujeres y nios y nias, para la reconstruccin].

Tena dos puestos de obrero cualificado que cubrir, cuenta el propietario de una fbrica de aluminio de extrarradio de Damasco. El primer candidato que se present era demasiado joven. El segundo estaba en silla de ruedas. El tercero tena piernas artificiales. De todas formas, le hemos contratado. Lleg un cuarto que pareca que poda cumplir con los requisitos. Pero nos dimos cuenta de que ocho aos en el ejrcito le haban hecho perder todas sus facultades profesionales. Le hemos asignado a un puesto subalterno. Encontrar mano de obra adaptada es un rompecabezas.

El dficit de competencia de las autoridades y su falta de capacidad institucional constituyen otra dificultad. En lo ms fuerte del crecimiento de antes de la guerra, el gobierno tena un presupuesto anual de alrededor de 18.000 millones de dlares, que tena dificultades para gastar en su totalidad, observa este empresario. Cmo imaginar que gestione 200.000 millones de dlares?.

El primer ministro Imad Khamis lanzaba, en febrero de 2017, un grupo de trabajo bautizado programa nacional de desarrollo para la posguerra, encargado de producir un plan para diez aos. Dos aos despus de su formacin, ese comit de reflexin no ha dado a luz an ningn documento. El rgimen no tiene ningn plan para el futuro pues, sencillamente, no lo quiere estima un antiguo tecncrata gubernamental. Eso implicara una apertura, compromisos y concesiones que le repugnan.

La nica reconstruccin factible, al menos a corto plazo, es un proceso informal por abajo, al ralent, como lo que ocurre en Alepo. En las ciudades mrtires de Siria, hay habitantes que parchean como pueden su domicilio, a menudo con la ayuda financiera de un hijo, una hija u otro pariente, instalado en el extranjero.

Mucha gente siria refugiada en Europa o en Turqua ha encontrado un empleo, explica un consultor de la ONU. Tienen ya los medios para enviar a su familia 50 o 60 dlares al mes, lo que no es poca cosa en Siria. Segn el Banco Mundial, estas transferencias de fondos se cifraran en 1.600 millones de dlares en 2016, una suma que representa cerca de 4 millones al da, es decir, aproximadamente el equivalente al 10% del PIB sirio.

A medio plazo, los medios de negocios pro-Assad esperan una inyeccin de capitales del Golfo. A finales de diciembre de 2018, los Emiratos rabes Unidos han reabierto su embajada en Damasco, cerrada desde hace seis aos, seguidos por Bahrein. Un primer paso hacia una nueva estrategia, destinada a contrapesar la influencia en Siria de Irn y de Turqua, dos pases aborrecidos por Abu Dhabi. Este movimiento de acercamiento con Damasco, cuyo principio es muy probablemente aprobado por Arabia Saudita y cuya etapa siguiente podra ser la reintegracin de Siria en la Liga rabe, ha sido frenado al comienzo de este ao por la administracin Trump.

El dinero del Golfo

Todo lleva a pensar sin embargo que acabar por rehacerse. Despus de todo, el modelo autocrtico sirio no est tan alejado del sistema desptico en vigor en la pennsula.

El dinero del Golfo llegar tarde o temprano, asegura Rabi Nasser, director de un gabinete de estudios de desarrollo. Los hombres de negocios de las petromonarquas tienen el ojo puesto en los proyectos especulativos. Como Marota, un barrio de muy alta gama situado en el sur de Damasco, cuya construccin tiene dificultades para despegar.

Lo que buscan, explica M. Nasser, son grandes plusvalas inmobiliarias, que el rgimen les puede garantizar, mediando algunas corruptelas. Financiar el realojamiento de las clases populares desplazadas por la guerra no forma parte de su plan.

El calvario de la poblacin, por tanto, va a proseguir. Al abrigo de los bombardeos areos que han cesado, con la excepcin de la regin de Idlib, pero en una indigencia absoluta. Y sin esperanza de vuelta para las personas refugiadas. Para un Estado normal, la situacin no sera viable, pero el rgimen de Assad no forma parte de esa categora.

Este sistema no conoce el dolor, dice el antiguo tecncrata. No quiere nuevo contrato social. No quiere siquiera una vuelta a la situacin de antes de 2011. Todo lo que le interesa, es controlar el terreno y bloquear la aplicacin de la resolucin 2254 de la ONU [que llama a una transicin poltica y a la organizacin de elecciones bajo la supervisin de la ONU]. Su objetivo nico, es aguantar, ahora y siempre, hasta 2021, fecha de las prximas elecciones presidenciales. Y ese da, Bachar Al-Assad, como por milagro, ser reelegido.

La nueva amenaza para el rgimen es el propio rgimen

Antes de esto, el rgimen debe vigilar a los miembros de su propio campo. Las familias de la costa, cuyos hijos han servido de carne de can y que se han callado en nombre de la lucha contra el terrorismo, se consideran a menudo mal pagadas por su lealtad.

Los milicianos, ascendidos durante la batalla, juzgan a veces que la parte del pastel que se les ha prometido es demasiado pequea. La nueva amenaza para el rgimen, plantea un patrn damasceno, es el propio rgimen.

Es, por ejemplo, el caso de Wissam Al-Teir. Este periodista de la pgina Damascus Now, rostro muy conocido de los medios pro-Assad, fue detenido en diciembre de 2018 por los servicios de seguridad. Seguido en Facebook por 2,6 millones de personas, el joven, del que se dice que es cercano a Asma Al-Assad, la esposa del presidente, haba publicado fotos de sirios encadenados y enrolados a la fuerza en el ejrcito. La prensa pro-oposicin afirma que Wissam Al-Teir estaba investigando tambin sobre la corrupcin en el seno del gobierno.

Hay fuentes que afirman que ha sido torturado hasta morir; otras que ha sido inculpado por espionaje. Imposible de confirmar. El periodista ha desaparecido en las mazmorras del rgimen.


 https://www.lemonde.fr/

Traduccin de Faustino Eguberri

https://www.vientosur.info/ 



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