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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-03-2019

La condicin posmoderna?

Miguel Casado
Rebelin


Parecera, cuando ya hace ms de dos dcadas de su muerte, que la figura de Jean-Franois Lyotard ha quedado marcada por la hostil recepcin que tuvo La condicin posmoderna: todos los tpicos que tomaron la posmodernidad como sinnimo de pensamiento dbil, relativismo blando o ejercicio ldico del no-querer-saber lo eligieron como blanco. Es sabido que la falta de lectura produce estas deformaciones; pero es una pena que se haya simplificado as la obra de quien supo dibujar el espacio del debate posterior sobre la ciencia, la cultura y la poltica, con sus mltiples facetas de filsofo puro, arriesgado pensador sobre arte, lgico sutil entre los desajustes de la comunicacin, militante durante largo tiempo (en Socialismo o Barbarie, en Poder Obrero, en mayo del 68). Hace muchos aos escrib sobre la cualidad narrativa de Peregrinaciones, extraa y bifronte autobiografa intelectual; hoy querra volver al periodo que va del primer ttulo citado (1979) a este segundo (1986), pasando por El diferendo y La posmodernidad explicada a los nios, porque sus anlisis siguen vigentes. Y tambin por recordar a quien tuvo en palabras de Derrida un valor y una independencia de pensamiento de los que conozco pocos ejemplos.

No parece razonable considerar y Lyotard, desde luego, no lo hace que ser posmoderno sea una opcin o una propuesta. Es una poca. Es la poca que vivimos ms all del desuso de los nombres y las apariencias de cambio, y La condicin posmoderna describe un estado de cosas con la frialdad de un examen cientfico y con rabia ensordecida. Se trata de la poca en que han perdido su cualidad explicativa y legitimadora los grandes relatos del progreso de la razn y la libertad, de la emancipacin del trabajo, del avance de la ciencia para el bienestar de la humanidad, que no funcionan ya como lenguas universales, sustituidos por una lgica de eficiencia que ha dado soporte a la economa de mbito global, caracterizada sin embargo por excluir de los bienes a la mayor parte de la poblacin, y que se ha vuelto fin en s misma, con leyes como la del beneficio siempre creciente, o con paradojas como el deseo de una acumulacin de capital a la vez irregular y permanente. La crisis se ha nutrido sin duda de estas races.

De ese modo, el saber ha dejado de proponerse la formacin de la conciencia, para dar en mercanca, para ser vendido, y hacerse en la era digital indistinto del poder fro y desnudo al que acabo de aludir. De ello procede, segn Lyotard, la demanda creciente de un desarme intelectual, la guerra mltiple contra lo que no se entiende (arte, literatura, filosofa), la exigencia de una comunicacin sin obstculos en que la lengua y las ideas se plieguen a la normalidad. Quiz nada lo muestre mejor que el mito espaol del consenso: nombre maquillado para la conservacin de un sistema, coartada contra cualquier crtica y contra todo lugar de diferencia. No en vano, en el habla actual de los expertos el consenso supone una referencia ms slida que la realidad.

Prdida de realidad hay, sin duda, en este estado de cosas. Lyotard lleg a la lgica y a la filosofa del lenguaje desde un doble aprendizaje en la fenomenologa y el marxismo, y siempre, quiz por eso, juzg letal que sensaciones y sentimientos fueran relegados como modos de conocer, o la ceguera ante la incontrolable y maravillosa fragmentacin de pequeos acontecimientos que compone la vida. Por su acento en lo perceptivo, por su atencin a lo que surge en cada instante, capt cmo todas las formas de realismo dan la espalda a lo real, sustituyndolo por cdigos, sin advertir el robo de realidad que el control de la comunicacin implica. As encontraba que uno de los mayores poderes del capitalismo es el de desrealizar los objetos habituales, los papeles de la vida social y las instituciones.

Si, en su anlisis de la posmodernidad, destaca la anticipacin de lo que las dcadas siguientes han trado, quiz el ncleo decisivo de su pensamiento est en lo que l llam diferendo: cuando la inabarcable trama de gneros de discurso y modos de habla que constituye la lengua social establece una heterogeneidad insalvable, cuando no hay ningn tipo de discurso comn al que puedan traducirse los dems. Ni siquiera podra serlo el discurso del capital, aunque parezca indistinto de la comunicacin misma y sus cauces: la dinmica de exclusiones y la distancia respecto a la percepcin a los hechos que le son constitutivas, le niega este papel. El diferendo surge de esta inconmensurabilidad de las hablas, y es especialmente agudo en el caso de quienes ms padecen el dao del sistema, pues se ven forzados a testificar en la lengua de quien les causa ese dao. En el diferendo quiebran los mitos del consenso y el dilogo: es el nudo del conflicto social en un mundo armado por lenguajes. El objeto de una literatura, de una filosofa y tal vez de una poltica sera sealar diferendos y encontrarles idioma.

Esta clase de conflicto deca Lyotard no se puede resolver por medio de la especulacin o en el terreno de la tica; debe resolverse en la prctica crtica, en una incierta lucha contra aquella parte que afirma ser el juez. Obsrvese que le asigna a esta tarea crtica algo que ha definido como imposible: una lengua comn, una regla de traduccin de hablas, en definitiva, un nosotros desaparecido: Escribimos contra la lengua, pero necesariamente lo hacemos con ella. Decir lo que ella sabe decir, eso no es escribir. Queremos decir aquello que ella no sabe decir pero que, segn suponemos, debe poder decir. Cuando el totalitarismo ha vencido y ocupa todo el terreno, no puede afirmarse que est plenamente consumado si no ha eliminado la contingencia incontrolable de la escritura. Me parece que este desafo es lo que singulariza el pensamiento de Lyotard; lo coloca ante un imposible que se desdobla en impugnacin, y que en el rechazo se hace experiencia. Y resulta inseparable de su abierta defensa del arte de las vanguardias, cuya muerte ha sido y es una obsesin de todas las operaciones normalizadoras. No este o aquel rasgo vanguardista, sino su trabajo largo, obstinado, su araar en las entraas de lo establecido.

 

Lecturas:

Jean-Franois Lyotard, La condicin posmoderna. Traduccin de Mariano Antoln Rato. Madrid, Ctedra, 1984.

La diferencia [ttulo original: Le Diffrend]. Traduccin de Alberto L. Bixio. Barcelona, Gedisa, 1988.

Peregrinaciones. Ley, forma, acontecimiento. Traduccin de Mara Coy. Madrid, Ctedra, 1992.

La posmodernidad (explicada a los nios). Traduccin de Enrique Lynch. Barcelona, Gedisa, 1995.

Jacques Derrida, Cada vez nica, el fin del mundo. Traduccin de Manuel Arranz. Valencia, Pre-Textos, 2005.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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