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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-03-2019

Una bala en la frente

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


Un militar retirado, el general de Brigada de Estados Unidos (r), Anthony J. Tata, afirm recientemente que el gobierno de los Estados Unidos considera las ms diversas formas de accin para acabar con la Venezuela Bolivariana. Una de ella, dijo, es una bala en la frente del Presidente Nicols Maduro Moros.

Es bueno tener presente que los generales norteamericanos de hoy, fueron los vaqueros del oeste en los aos pasados, cuando, segn la pluma ilustre de Jorge Luis Borges, asomaban las tierras de Nueva Mjico y Arizona como tierras con un ilustre fundamento de oro y de plata, tierras vertiginosas y reas, tierras de la meseta monumental y de los delicados colores, tierras con blanco resplandor de esqueleto pelado por los pjaros. Eran, esos, los tiempos de Billy The Kid, el antepasado glorioso de John Bolton, quien, como se recuerda, debi a la justicia de los hombres hasta veintiuna muertes, sin contar mejicanos.

Habra razones para creerle a este descendiente de aquellos bandoleros del oeste de duros pistoletazos, por cuanto la administracin yanqui en nuestro tiempo, est especializada en la materia. Intent, en efecto, en ms de 600 ocasiones acabar con la vida de Fidel Castro, aunque nunca pudo concretar su objetivo. El mandatario cubano result invulnerable a todos los ataques y agresiones y -como dicen algunos- slo muri cuando le dio la gana.

El asesinato poltico tiene historia, y numerosos antecedentes. Pero en lo que se refiere a la administracin yanqui, funciona con distintos propsitos. Recordemos, por ejemplo, el caso de Abraham Lincoln, que fuera asesinado en un teatro por John Wilkes Booth, un simpatizante de la causa del sur. Quiz ese fue el inicio, pero nunca el fin en el camino de sangre, digitado en esos predios- Muchas aos ms tarde, tambin John Fizgarrald Kennedy, asesinado en Dallas en noviembre de 1963 como resultado de un crimen que an no sea esclarecido, y en el que una sola bala tuvo siete destinos diferentes.

Pero no en todos los casos, las vctimas fueron Mandatarios de los Estados Unidos. El mundo recuerda otros crmenes tambin abominables que fueron ejecutados por rdenes superiores nunca identificadas, a travs del FBI o estructuras similares o anteriores, que operaban a la sombra del Mandn de Turno.

En USA an se recuerda a Malcolm X, asesinado en febrero de 1965 por su rechazo beligerante al racismo y la discriminacin; a Fred Hamptan, uno de los fundadores de las Black Phanter Party, asesinado en Chicago en septiembre de 1969; y, cmo no, al Reverendo Martin Luther King, destacadsima figura en la lucha por los Derechos Civiles y contra la marginacin de los negros, victimado el 4 de abril de 1968, en Menphis, Estado de Tennesse.

Pero la mano asesina del Imperio lleg tambin ms lejos. Baste recordar las muertes sucesivas, en extraos accidentes areos, del entonces Presidente Ecuatoriano Jaime Rolds; del lder panameo Omar Torrijos el que arrancara el Canal al dominio norteamericano; y del militar peruano, el general Rafael Hoyos Rubio. Los tres, perecieron entre mayo y junio de 1981 en sorprendentes, y similares accidentes en los que cayera una nave area en la que sobrevolaban en viajes de rutina.

A Augusto C. Sandino lo mataron por orden de la embajada yanqui, en febrero de 1934. Jacobo Arbenz se salv huyendo de Guatemala veinte aos despus. Salvador Allende muri acribillado defendiendo La moneda durante un ataque artero financiado y dirigido por los Estados Unidos. El general Juan Jos Torres fue volado en Buenos Aires, a inicio de los aos 70, casi de idntica manera, y ambos casos en Argentina, que el militar chileno Carios Prats, considerado adversario de Pinochet.

Pero estamos hablando solo de nuestro continente, sin recordar a Mohamad Mosaddeq, el primer ministro democrticamente electo en Irn, derrocado por nacionalizar el petrleo, y virtualmente muerto en prisin en 1953; a Patrice Lumumba, el hroe africano, liberador del Congo, derribado del Poder y asesinado en enero de 1961; a AbbAl Karim Quasem , el coronel baasista asesinado en febrero de 1963 luego de un cruento golpe de Estado consumado contra su rgimen en Bagdad; o ms recientemente a Sadam Husein, muerto en Irak; o a Muamar Kadafi, el hombre fuerte de Libia, asesinado en el 2011.

Todos estos crmenes, y muchos otros ms, bien pueden adjudicarse al gobierno de los Estados Unidos, porque la mano asesina provino de ah, o fue financiada desde ah. Y porque las acciones finales fueron operadas por la Agencia Central de Inteligencia la CIA- como qued en evidencia algunos aos despus, cuando se debi proceder a la desclasificacin de documentos, de acuerdo a las leyes vigentes en el pas de Toms Jefferson.

Para los autores de estas muertes, un balazo en la frente de Maduro, o de Ortega, o de Evo. O de cualquiera que osare levantarse, desde las cumbres del Poder contra el dominio yanqui- sera visto por la prensa grande casi como el disparo accionado por Billy The Kid cuando derrib Belisario Villagrn, de Chihuahua es decir, como un incidente en el marco de la lucha de hoy por la restitucin de la democracia en el continente.

La presencia de Bolsonaro en Washington, incluida su visita a la CIA, es un sntoma de que, para el Imperio, la ruta del crimen va en serio. No solo porque el mandatario brasileo est comprometido en el asesinato de una valerosa joven vinculada a la defensa de las poblaciones vulnerables Marielle Franco-; sino porque ste luci una figura rastrera ante Donald Trump. Obediente y sumiso dijo la Prensa Grande, Lacayuno y servil, ms bien, diramos nosotros. El balazo en la frente, asoma como hoy como su ms categrico argumento poltico.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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