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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2019

Elogio (poltico) de la materia

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Yo tengo un pensamiento vagabundo: voy a seguir tus pasos por el mundo; y aunque t ya no ests aqu, te sentir por la materia que me une a ti, por la materia que me une a ti....
(Radio Futura: Semilla negra)

 

Hace poco ms de diez aos se estren la pelcula de animacin titulada Wall-E. Producida por Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios ofrece una historia con un planteamiento de ciencia ficcin que inspira reflexiones de diversa ndole sobre el destino de la humanidad en su encrucijada entre el medio natural al que pertenece por origen y el tecnolgico al que ella misma se ha entregado. Para el lector que desconozca el argumento, contemos sucintamente que Wall-e es el nombre de un robot basurero ltimo superviviente de una cohorte de mquinas fabricadas por el hombre para hacerse cargo de la basura que ha acabado de cubrir por completo la superficie de la Tierra hacia el ao 2115. Homo sapiens la abandon hace aos huyendo de un entorno convertido en insalubre por su propia actividad extractiva, refugindose la especie entera en una suerte de sofisticadsima arca de No en el espacio exterior, perdiendo as todo contacto con la madre Tierra y confinndose a un entorno puramente tecnolgico, altamente automatizado, asptico y administrado en todos los aspectos por robots obedientes servidores de una abstracta inteligencia artificial (IA) al servicio de una humanidad que se ha vuelto perezosa, incluso para andar y para comunicarse. De hecho, en la ltima parte de la pelcula, cuando WAll-E persiguiendo a una androide llamada EVA de la que se ha enamorado, abandona el lugar de su trabajo y penetra en AXIOMA, la gran nave espacial en la que vive la humanidad desvinculada de su planeta, los humanos aparecen como personajes gordinflones, empotrados en unos dispositivos que deslizan sus cuerpos sin que tengan siquiera que pisar el suelo, levitando de tal forma que carecen de toda percepcin de gravedad. Entre ellos no se comunican cara a cara, cuerpo a cuerpo, sino que lo hacen por medio de pantallas incorporadas a sus dispositivos de transporte. No han de esforzarse por nada; sus actividades se reducen a una cmoda rutina para cuya realizacin no se requiere fuerza de voluntad alguna ni toma de decisiones. El desenlace de la historia se desencadena cuando la mencionada pareja de robots regresa de la Tierra trayendo consigo una incipiente planta en una improvisada maceta sacada del basurero que es de hecho su superficie entera. Entonces el capitn del AXIOMA se da cuenta de que el planeta vuelve a ser un lugar propicio para la vida y decide regresar a l. Pero para llevar a cabo su decisin tiene que reconquistar su voluntad que, en tiempos pasados, los comandantes que le precedieron entregaron al ordenador de a bordo, una especie de omnmodo piloto automtico que controla la rutina a la que se hallan sometidos los humanos desde que rompieron su vnculo terrenal. En este punto decisivo de la narracin el capitn declara que no quiere seguir haciendo lo que siempre hace, es decir, nada. Y los cuerpos vuelven a ponerse en marcha.

La primera vez que vi esta pelcula me llam la atencin esa ltima parte, cuando WALL-E y EVA llegan a la enorme nave espacial, que es como un prodigioso edn creado con los medios ms sofisticados que permite la alta tecnologa que ha logrado desarrollar el ser humano en su prometeico desarrollo. Sobre todo, me impactaron los detalles visuales de esos humanos fofos y comodones incapaces siquiera de tenerse en pie por s mismos, levitando artificialmente instalados en esa especie de literas ingrvidas, perfectos entes atomizados en lo social que no miran los rostros de sus semejantes sino las pantallas que son parte integrante de su organismo ciberntico, confiados y perezosos, sujetos a una invariable rutina dispuesta por una complaciente IA al estilo del HAL de 2001: una odisea del espacio. Seres, en definitiva, que parecen haber perdido toda conciencia de la materia que esencialmente les constituye. Irnicamente han roto con ella porque han sido incapaces de administrar la que han producido como consecuencia del modo de vida, material, que han generado, toda esa basura que ha hecho de la Tierra un entorno txico para la vida de homo sapiens.

Reflexiono sobre esta ficcin, que tiene rasgos distpicos muy propios del irracionalismo apocalptico tan definitorio de este nuestro siglo, en un momento en el que se junta la convocatoria del paro internacional promovido por la estudiante sueca Greta Thumberg para actuar contra el calentamiento global y varios informes entre ellos uno de la ONU que nos advierten de lo que todos ya sabemos aunque lo queramos ignorar, y es que respiramos peor aire, tenemos agua ms contaminada y vertemos ms y ms basura y materia txica a nuestro ambiente. Esto debiera bastar para hacer algo; por ms que se quiera creer que hay razones para mantener la incertidumbre acerca del hecho del cambio climtico por prudencia cientfica, la prudencia poltica exige actuar cuando hay indicios de un serio riesgo cuando menos para la salud de los ciudadanos, si no para la subsistencia de toda la especie.

Dejando a un lado las consideraciones econmicas, pienso que hay una explicacin filosfica en lo profundo de este asunto, decisivo para el destino de nuestra especie, que tiene que ver con un concepto metafsico o fsico segn se mire muy ancestral. Me refiero a la nocin de materia.

Es Aristteles, hace prcticamente dos mil cuatrocientos aos, el que define el concepto de materia para ser ya parte integrante del universo conceptual de la filosofa que, con el devenir de los siglos, pondr las bases de la ciencia moderna. Pero, al margen de su mayor o menor utilidad desde el punto de vista de la comprensin cientfica de la realidad fsica, hay razones para reconocer en dicho concepto un a modo de pecado original, una carencia, una indefinicin, que slo la forma puede reparar. La metafsica medieval, plagada de excrecencias teolgicas, hizo de la materia el seno originario de toda falta, de toda mcula y, por ende, del pecado. Todo lo material, en tanto que tal, es mutable y corruptible. Este enfoque impregna retrospectivamente aquellas filosofas de la antigedad de ontologa materialista, como el atomismo y el epicuresmo, de una valoracin moral necesariamente negativa. Seguramente en la gnesis de este pecado original nsito en la idea de materia cabe sealar la responsabilidad primigenia como en tantos otros aportes filosficos de Platn. Es la pista sobre la que nos coloc de manera conspicua Nietzsche: la materia sin forma es todo lo ms un pilago del devenir en el que nada permanece y, as, no cabe identificar esencia alguna. El planteamiento platnico, al mismo tiempo, no discierne lo ontolgico de lo axiolgico, siendo as que, con la sobrevenida mutacin histrica del cristianismo, la materia es el tero de lo defectuoso cuando no se la identifica directamente con el no ser y el mal segn las perspectivas gnstica y maniquea. La realidad de la materia estar en duda e incluso ser negada hasta bien entrada la modernidad, momento en el que, merced a la revolucin cientfica, le ser reconocido estatuto ontolgico como materia natural con el fin de explicar la composicin y movimiento de los cuerpos. Se rescata el atomismo de la antigedad como paradigma ontolgico de la fsica clsica que requerir una sofisticada revisin con la revolucin cientfica que supuso la contempornea mecnica cuntica.

Hay matices en las distintas concepciones que se han tenido por materialistas a lo largo de la historia de la filosofa. Seguramente la exquisitez erudita nos exigira destacarlos para identificar apropiadamente las tesis propias del materialismo de Demcrito o Epicuro, que presenta sus diferencias respecto del de los estoicos y del mecanicista de Thomas Hobbes. Pero aqu quiero destacar el rasgo comn a todo materialismo, y que creo que es el que marca la diferencia de una cosmovisin que tiene sus consecuencias en el plano prctico, el de la moral, la tica y la poltica. Como dice Jos Ferrater Mora en su Diccionario de filosofa abreviado: Es comn a todas las doctrinas materialistas el reconocer como la realidad los cuerpos materiales. Es decir, que para el materialista la materia es la materia corporal, y no esa materia aristotlica diferente de la forma; es, a la vez, fundamento de toda realidad y causa de toda transformacin. Como aclara Ferrater Mora en su explicacin del trmino materialismo: El concepto de materia incluye el concepto de todas las posibles formas y propiedades de la materia hasta el punto de que el reconocimiento de la materia como nica substancia no elimina, sino que con frecuencia presupone la adscripcin a lo material de las notas de fuerza y energa. La vida tambin.

La conexin de este concepto con la historia da lugar a una tesis que tiene consecuencias prcticas de primera magnitud, y que no es otra que el materialismo histrico de Karl Marx y Friedrich Engels. Con su propuesta se trata de superar la visin hegeliana hasta entonces triunfante segn la cual es el Espritu el que determina la historia. Recuerde el lector la famosa tesis nmero 11 de las Tesis sobre Feuerbach, que reza tal que as: Los filsofos no han hecho ms que interpretar de diversos modos el mundo. Pero de lo que se trata es de transformarlo. El materialismo histrico tendr los efectos transformadores, en efecto, con los que sus progenitores queran dotar a la filosofa, por su enfoque materialista, por colocar la atencin en su anlisis de la realidad en lo corpreo, en las condiciones de vida concretas y materiales que conforman la infraestructura econmica (productiva) de su existencia y que directamente determinan su subsistencia.

Hay en el materialismo una axiologa implcita, como ya dijimos que la hay en toda forma de lo que podramos denominar espiritualismo por oposicin al materialismo. Pues al explicar lo superior por lo inferior se adscribe un valor mayor a ste ltimo, un valor potencial, ya que de la materia procede cuanto luego va a surgir de ella y que se tiene por propiedades del espritu y de la conciencia, o sea, del mundo humano. En l se dan la mano la filosofa de la naturaleza y la filosofa del valor y se sita el reino de la accin transformadora de la realidad. No se puede plantear de igual modo esa accin desde un paradigma de pensamiento que desprecia la materia que desde uno que la reconoce en los trminos que lo hace el materialismo, que en el mundo de la accin humana se concentra en el reconocimiento de que somos cuerpos. es decir, que somos entes materiales con necesidades que exigen ser satisfechas.

No es casual el sistemtico descrdito al que el materialismo ha sido sometido desde el pensamiento defensor de la tradicional teora de valores que concentra su atencin en lo inmaterial o espiritual o trascendental. As, se ha relacionado tradicionalmente el materialismo y el hedonismo, siendo la figura de Epicuro la que concentra en s ambos estigmas por lo que ha sido desde bien antiguo diana de los ataque moralistas desde los prceres del cristianismo. Su recurso habitual para criticarlo lo ha constituido la falacia del hombre de paja, pues convirtieron la tica epicrea, mediante un burdo reduccionismo, en una propuesta consistente en ensalzar todos los vicios de la carne y que converta al ser humano en un animal. El eslogan es simple y contundente (y por mucho tiempo y para muchos, exitoso, hay que reconocer): materialismo es sinnimo de depravacin moral y pecado. Muy vinculada a esta idea est la que identifica, asimismo, materialismo y atesmo. El materialismo desliga al ser humano de su verdadera dimensin, la que lo define y ha de marcar sus aspiraciones vitales, la dimensin de la trascendencia donde se sita la genealoga de sus valores (los que marca la moral cristiana). A este respecto, un casi coetneo de Marx y hermano de lengua, Friedrich Nietzsche, dej bastante escrito de forma muy vehemente, revelando la espuria naturaleza de tal genealoga. Fue l quien denunci el tradicional desprecio del cuerpo, esa lamentable ide fixe de los sentidos para los moralistas cristianos que lo ven sujeto a todos los errores de la lgica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real!, segn sus palabras de El ocaso de los dolos.

Yo reclamo el cuerpo, el valor del cuerpo y de la materia, cuando cierta retrica poltica demasiado extendida a mi parecer enarbola como proclamas animales metafsicos que pervierten la genuina naturaleza de la vida de las personas, cuando elabora relatos protagonizados por la nacin, la patria, Dios... dolos todos ante los que erigir altares sobre los que celebrar sacrificios humanos mediante los cuales convencer a todos de que no son ficcin. Rechazo esta transmutacin de la poltica en religin que promueve en la ciudadana una emotividad que nubla la razn que debera estar, ante todo, comprometida con la verdad. Quiero el trabajo de una sobria ontologa frente a la capciosa manipulacin psicolgica. Defiendo el valor poltico de la materia para prestar atencin a lo que verdaderamente importa, para atarnos responsablemente al mstil de la realidad y hacernos resistentes al canto de sirenas de esa retrica que confunde los genuinos intereses humanos mediante relatos plagados de smbolos envueltos en una palabrera vacua construida a espaldas de los hechos, la historia y la lgica. Hay que romper las pantallas que convierten todo en una pura representacin que torna opaca la realidad material y nos hace creer que, al fin, la mente venci a la materia liberndonos definitivamente de ella, transformndonos en criaturas ingrvidas y soberbiamente irrespetuosas con el espacio y el tiempo. La transparencia complaciente de la tecnologa de la pantalla requiere la compensacin de la negatividad de la materia para mantener el frgil equilibrio que nos salve de caer en el delirio.

Ojal que cada vez que el ciudadano de nuestras democracias liberales se enfrente a unas elecciones polticas, acaso por obra y gracia de una rara lucidez, se sobreponga al encantamiento de relatos, smbolos y ficciones, y tornndose inmune al efecto embaucador de todos ellos, preste atencin a lo que nos une a todos y le otorga a la realidad su irreducible resistencia, la materia.

Jos Mara Agera Lorente, catedrtico de filosofa de bachillerato y licenciado en comunicacin audiovisual.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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