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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2019

Amrica perdona 70 veces 7

Milson Salgado
Rebelin


Hay perdones fugaces que saben a agravios porque se repiten para evitar la fuerte estocada de la reaccin. Hay perdones que a veces prescriben, y se almacenan como hojas ajadas en implcitas miradas de asentimiento que soslayan furias y alejan desprecio. Hay perdones necesarios y obligatorios, que si no se pronuncian huelen a altaneros y presuntuosas poses de superioridad. Si la historia est hecha de defraudaciones y arteras formas de llegar a la cima evolutiva, crispando morales y enturbiando entuertos, aplausos para los avisados que con arcabuces, con cotas de malla y espadas de hierro cortaron cabezas e hirieron ciudades. Homenajes pulcros para quienes en la adaptacin mostraron ser superiores, y sobrevivieron entre los ms aptos de las fieras humanas para seguir la lnea ascendente de las biologas. Gobinot, Splenger, Malthus, y el Doctor Darwin estaran orgullosos de visigodos que se establecieron al norte de Hispania despus de la cada del Imperio Romano, de los iberos que se estacionaron en las costas hermosas del Mediterrneo, de los celtiberos y los tartessos que trascendieron el sedentarismo surcando las olas tenebrosas del Ocano Atlntico.

Pero los perdones son cristianos y respiran civilizacin occidental. Los perdones son la cristiandad misma, el arquetipo de humanidad que se ha diseado para celar el orden y las buenas maneras; y trasversales y ubicuos pululan en cuentos narrativos de convenciones internacionales, y en armisticios tarifados de tratados diplomticos de coexistencia pacfica y la solidaridad de los pueblos. Pese a la rancia y obtusa realidad mundial, las formas exigen respeto y concordia.

Los perdones son tambin ciencia juda de la paz de las almas, y ritos que encausan la amistad de los pueblos. En el Psicoanalis de Freud, el perdn apunta hacia el sujeto epistemolgico del trauma. Tambin orienta su flecha hacia quien causa el agravio, porque histricamente la culpa es una categora colectiva inoculada por la cultura dominante, y reproducida por las categoras axiolgicas que fueron sembradas en el umbral mismo de las conciencias. El genial Victor Hugo pidi en nombre de Francia perdn por la aventura francesa de Maximiliano I en Mxico tan poco prestigiosa como pintoresca, pese al fatal desenlace.

El perdn no merma la vala de quien lo pide y agranda la entereza de la autocrtica y el enjuiciamiento histrico de enanos de humanidad bajo la perspectiva de nuevas coyunturas. Los frailes y los sbditos catolicismos armados de la edad del Hierro y el can europeo saban que la tabla de la ley prohiba matar, y la corona espaola era el blasn que se alzaba con la gloria de las nuevas conquistas. Qu quita a la nobleza edulcorada con el traje crep de la decoracin pedir un perdn de ms de 500 aos, y abrazar la humildad pasmosa de los bisnietos de los indios que ven con horror como el fasto campea de nuevo en su tierras como si la sangre derramada no tuviera un precio?

Un simple perdn para millones de indgenas muertos. Un simple perdn para la elitista cultura inca, maya y azteca arrasada y extinguida por la voracidad renacentista. Un simple perdn para las familias que fueron disueltas por la lgica del saqueo aurfero. Un simple perdn no basta, pero incluso se niega por quienes obligados a abrirle los ojos de los montajes sociales al mundo, transigen a la gloria fugaz de milenials neonazis en cuentas de Facebook e Intragram. Se niega por escritores ligeros de best seller que ven en la defensa de un nacionalismo ultramontano la oportunidad de vender ms libros. Se niega por este ruin y majadero escritor que como todos Perez-cer, y no puede rehuir de su ascendencia juda histricamente vilipendiada, que con poca voz y con nulo voto pretende hipotecar la responsabilidad de una tierra hermosa a costa de su celebridad de humo. Es cierto somos tataranietos de madres violadas que cargamos apellidos castellanos con inopinada indulgencia pero tambin pesa sobre nuestras espaldas el clamor amargo de una herida abierta. Pero lo ms esencial fuera de estos perifricos exabruptos es que se haga silencio oficial, y eso hiere y eso punza las chachara ibicua de monsergas de lecciones de humanidades.

Con Daro diremos a los nefitos de la literatura de evasin:

No se apague el rencor ni el odio muera

ante el pendn que el brbaro enarbola:

si un da la justicia estuvo sola,

lo sentir la humanidad entera.

Sea humilde Espaa pide perdn, que Amrica perdona hasta 70 veces 7.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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