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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2019

El feminismo y el progreso

Cecilia Castao
Economistas frente a la crisis


Feminismo es progreso, tambin econmico

La bsqueda de la justicia de gnero por parte del movimiento feminista hace avanzar a toda la sociedad, que mejora cuando se enfrenta a las desigualdades y las mujeres acceden a los estudios, al empleo, al poder. Ms mujeres, con ms formacin, trabajando de forma remunerada, contribuyen a que la economa crezca ms y mejor, porque aportan su salario y su talento. Ms hombres que comparten los cuidados y disfrutan ms de sus hijos y de sus mayores, contribuyen tambin al bienestar social. No olvidemos que el crecimiento econmico no solo se nutre del empleo remunerado sino tambin del trabajo donado en los hogares. Si las mujeres dejsemos de realizar esas tareas y se creasen puestos de trabajo para dar a las familias los servicios que necesitan, una gran parte de este trabajo invisible se convertira en empleo remunerado, contribuyendo al crecimiento del PIB, a los ingresos fiscales, a financiar el sistemas de pensiones. La sociloga M ngeles Durn, en su ltimo libro La riqueza invisible del cuidado (2018) nos dice que el trabajo que se dedica en Espaa al hogar y familia es un 30% superior al remunerado y que, aplicando la metodologa del INE, las horas de trabajo para el cuidado del hogar y la familia equivalen a 28 millones de empleos a tiempo completo.

La sociedad no reconoce, sin embargo, esta donacin, que se considera propia de la naturaleza de las mujeres aunque las prive de derechos, autonoma y oportunidades de desarrollo personal y profesional. En nuestro pas, al igual que en todo el mundo, cada avance de las mujeres ha sido y ser el resultado de su lucha en pos de este reconocimiento, con avances y retrocesos, porque cada vez que el feminismo conquista un territorio, el patriarcado se reorganiza para que ese avance no sea completo. Ningn avance ha sido fcil. La despenalizacin de los anticonceptivos en 1978, la ley del divorcio en 1981, no estuvieron exentos de polmica y oposicin por parte de los sectores ms conservadores y de la iglesia catlica. La creacin del Instituto de la Mujer en 1983, la modificacin del Cdigo Penal en 1985 para permitir la interrupcin voluntaria del embarazo, la Ley de Proteccin contra la Violencia de Gnero de 2004, La Ley de Igualdad de 2007, han sido el resultado de la lucha pacfica del movimiento feminista espaol dentro y fuera de los partidos polticos y los gobiernos.

El feminismo de hoy: global, masivo, unitario e intergeneracional

2017 quedar para la historia como el ao de la eclosin del feminismo global. La Marcha de la Mujeres en enero de 2017, al da siguiente de la toma de posesin del Presidente Trump -contundente respuesta a su comentario de que a las mujeres haba que agarrarlas por el coo- reuni a 500.000 mujeres en Washington para proclamar que los derechos de las mujeres son derechos humanos, secundadas por 673 marchas ms con tres millones de manifestantes en todo el mundo.

El hashtag #MeToo (Yo tambin), que se hizo viral en las redes sociales en octubre de 2017 dio nuevo impulso al debate al denunciar las agresiones y acoso sexual, a raz de las acusaciones contra el productor de cine estadounidense Harvey Weinstein. Si cada mujer acosada tuitea su experiencia se demuestra la magnitud del comportamiento misgino, a la vez que se crea una memoria colectiva de las agresiones que contribuye a la liberacin del sentimiento de culpabilidad que la violencia sexual genera en las mujeres.

Las mujeres espaolas hemos tenido un protagonismo especial en esta eclosin del feminismo, por el importante seguimiento de las huelgas de mujeres del 8 de marzo tanto en 2018 como en 2019, subrayadas en la prensa internacional y nacional. Esto no ha sido algo casual o inesperado. La tensin en el movimiento feminista estaba creciendo por el malestar ante los efectos negativos para las mujeres de la gran recesin y las polticas neoliberales aplicadas por el gobierno del Partido Popular desde 2012 y, finalmente, por la necesidad de dar respuesta a los ataques concretos a los derechos de las mujeres por parte de ese mismo gobierno.

El 1 de febrero de 2014, lleg a Madrid la campaa del Tren de la Libertad -movimiento organizado por la Tertulia Feminista Les Comadres de Asturias- contra el Anteproyecto de Ley de Proteccin de la Vida presentado por el gobierno de Mariano Rajoy, enormemente restrictivo con el derecho de las mujeres a la interrupcin voluntaria del embarazo, que en 2009 haba sido ampliado por el gobierno de Zapatero con una ley de plazos. Trenes y autobuses de todo el estado confluyeron en una movilizacin masiva de mujeres y la entrega en el Congreso de los Diputados del manifiesto Porque Yo Decido. La persistencia y fuerza de estas movilizaciones alcanz su objetivo el 23 de septiembre, cuando se anunci la retirada del Anteproyecto y la renuncia del Ministro de Justicia Alberto Ruz Gallardn.

Pero el detonante clave para que la sociedad espaola haya adquirido conciencia de la necesidad y justicia de las demandas del feminismo fue la campaa frente a la violacin colectiva a una chica de 18 aos en los Sanfermines de 2016, grabada por sus agresores. En las distintas etapas del proceso judicial a La Manada , conforme se apreciaba el cuestionamiento de la conducta de la denunciante -por parte de los abogados de las defensas y por algunos medios de comunicacin- el seguimiento masivo de las protestas convocadas al minuto por las redes sociales llen los centros de las ciudades espaolas de mujeres y hombres de todas las edades al grito de No es abuso, es violacin.

Las dos convocatorias de Huelga Mundial de Mujeres del 8 de Marzo de 2018 y 2019, bajo el lema Sin nosotras el mundo se para han sido momentos culminantes para el feminismo espaol. En 2018 el seguimiento en las redes sociales y la complicidad de muchos medios de comunicacin el Manifiesto de la Plataforma de Mujeres Periodistas cont con 7.000 apoyos- deriv en una autntica toma de la calle y los medios de comunicacin contra la discriminacin salarial, la violencia y el abuso sexual. Especialmente relevantes fueron las manifestaciones, con cientos de miles de asistentes en las principales capitales espaolas y un seguimiento notable en el resto del pas. En 2019 el seguimiento de la convocatoria de huelga y la asistencia a las manifestaciones han sido todava mayores, haciendo patente que el malestar de las mujeres tiene races profundas y requiere respuestas en consonancia con la magnitud de los problemas que motivan la movilizacin.

Los logros recientes del feminismo espaol

A punto de finalizar la segunda dcada del siglo XXI uno de los logros ms significativos del feminismo espaol ha sido hacerse entender . Hemos conseguido que la sociedad espaola comprenda que el feminismo no es un machismo al revs. En palabras de Amelia Valcrcel, el feminismo no es lo contrario del machismo, pero es absolutamente contrario al machismo, y quiere acabar con l .

En esta misma lnea, se empieza a asumir la necesidad de cambiar las conciencias . Se ha generalizado el rechazo a la violencia y la discriminacin de gnero y muchas mujeres y hombres anteriormente indiferentes, hoy se declaran feministas, incluso la Presidenta del Banco de Santander Ana Botn. Para acabar con estos problemas las leyes no son suficientes, sino que es necesario un compromiso real y efectivo al mximo nivel de los poderes pblicos, de todas las instituciones del Estado, de las empresas y de toda la sociedad, as como medios materiales y humanos para actuar en consecuencia.

Se ha conseguido asimismo que, poco a poco, el foco de las noticias y el anlisis sobre la discriminacin y la violencia de gnero, no se ponga tanto en las mujeres como vctimas reduce tu jornada, protgete, denuncia, pide ayuda- sino en los hombres como responsables . Algunas campaas interpelan directamente a los maltratadores tienes que cambiar- o al conjunto de los hombres -no seas cmplice, no permitas que otros lo hagan-. Lo anterior representa un gran avance respecto a las campaas tradicionales de atemorizar a las mujeres no te vistas as, no salgas sola- y las propuestas de aumento de las penas a los maltratadores como nica solucin.

El papel de las redes sociales difundiendo informacin y convocatorias es clave para el funcionamiento de este feminismo unitario ( diversas, pero no dispersas ) e intergeneracional (las mujeres jvenes y adolescentes se incorporan con fuerza; las mujeres mayores vuelven a estar en primera fila). Se acab el silencio y la resignacin; es tiempo de movimiento, actividad, participacin y solidaridad.

El feminismo se consolida como una idea transformadora del poder , que cuestiona el orden patriarcal y pone la igualdad real y efectiva en el centro de la agenda poltica. La conciencia y los lemas del feminismo han pasado a formar parte de la cultura de gnero de nuestro pas. Por ejemplo, en la precampaa electoral observamos que todos los partidos polticos, todos los lderes y organizaciones sociales, con mejor o peor acierto, se definen respecto a las demandas del feminismo. En unos casos, incorporndolas a sus programas; en otros, negndolas y ofreciendo respuestas tradicionales que implican el retorno a un pasado anclado en las visiones del machismo ms rancio. A pesar de los ataques al feminismo y la negacin de los datos ms evidentes sobre la discriminacin y la violencia, es evidente que la fuerza del movimiento feminista han logrado colocar las demandas de las mujeres en el primer plano del debate poltico.

Los retos del feminismo

Mirando al futuro del feminismo, la violencia de gnero y sexual es el problema ms urgente, porque est en juego la integridad fsica de las mujeres y su derecho a la intimidad. Pero hay otros problemas igualmente graves, que originan los anteriores, y necesitan respuestas en clave feminista. A punto de finalizar la segunda dcada del siglo XXI, la igualdad efectiva est todava lejana y la situacin de las mujeres empeora. La Brecha Global de Gnero ( Global Gender Gap) del Foro Econmico de Davos registra un considerable retroceso de la igualdad de gnero en nuestro pas, que ha pasado de ocupar el puesto n 10 en 2007 al n 29 en 2018. Lo que ms ha empeorado es la participacin econmica y salarial femenina, por la reduccin de los servicios sociales y asistenciales; menos mujeres ministras, parlamentarias y en las cpulas empresariales. Los avances alcanzados por las mujeres se revierten porque las dos coordenadas estratgicas que los sustentaban, las legislaciones de igualdad de gnero y las polticas de Estado de Bienestar, se ven debilitadas por las medidas de austeridad aplicadas en Espaa -y en otros pases la Unin Europea- frente a la Gran Recesin de 2008. Dichas coordenadas de igualdad y bienestar retrocedieron subordinadas a objetivos de consolidacin fiscal que implicaban no solo austeridad y recortes mientras durase la recesin, sino una reduccin estructural del tamao del sector pblico y la oferta de servicios pblicos.

Las mujeres nos movilizamos porque nos sentimos muy afectadas por una salida de la crisis con medidas de austeridad y empeoramiento de las condiciones laborales y de los salarios que afectan particularmente nuestra autonoma y libertad hasta llevarnos a la pobreza estructural. Un buen ejemplo es el movimiento de las Kellys laskelimpian camareras de piso subcontratadas que, tras la reforma laboral de 2012, vieron reducidos sus sueldos y jornadas de trabajo, manteniendo el mismo volumen de tareas (30 habitaciones a 2,5 Euros por unidad en 6 horas)

Desde la perspectiva neoliberal aplicada por los gobiernos de Rajoy, la desigualdad no es un problema. Las mujeres, a pesar de constituir ms del 50 % de la poblacin, somos consideradas como un colectivo con problemas de inclusin, y las polticas sociales y de gnero se han orientado nicamente a mujeres pobres, vulnerables, en riesgo de exclusin. Para las dems mujeres, no se considera necesario aplicar polticas de igualdad, ya que los problemas de desigualdad se resolveran con el reemplazo generacional .

En nuestro pas, donde conviven ideologas igualitarias con otras muy restrictivas respecto al papel de las mujeres, no pocos actores polticos argumentan que la igualdad de gnero es un lujo que no podemos permitirnos. Las polticas econmicas, laborales y sociales de los ltimos aos parece que pretendieran el regreso de las mujeres al hogar y a los roles tradicionales. Con la combinacin de reduccin estructural del tamao del Estado del Bienestar y contratos a jornada parcial, las mujeres contribuimos a reducir tanto el gasto pblico como las abultadas cifras de desempleo, al tiempo que se nos dirige de forma inexorable a una vejez de pobreza.

La decisin de trabajar y tener hijos, sin embargo, no es un capricho y tampoco es una responsabilidad exclusiva de las mujeres y sus familias. Cuando nos preguntamos cuntas mujeres quieren trabajar ms, o simplemente trabajar, observamos que en Espaa hay 9,4 millones de mujeres inactivas, cuya razn principal para no buscar empleo es que creen que no lo van a encontrar, o que cuidan de nios, mayores u otras tareas personales. Hay tambin 1,7 millones de mujeres en paro. Hay 2,1 millones que trabajan a tiempo parcial y de ellas las que alegan razones de cuidados y obligaciones familiares son 1,5 millones. El objetivo del Horizonte 2020 era una tasa de empleo femenina del 74% para Espaa, y al ritmo actual no se alcanzar hasta 2030 o ms tarde.

Y si nos preguntamos cuntas mujeres quieren tener hijos y no pueden hacerlo por miedo a perder su trabajo, el indicador de fecundidad del INE nos muestra que en Espaa la edad media al tener el primer hijo se sita en 30,9 aos, y ha crecido 1 ao y medio desde 2007.

Ante la evidencia de que el empleo femenino no es sostenible sin el apoyo de servicios pblicos de educacin, salud, sociales y asistenciales, a las mujeres espaolas se nos ofrecen dos alternativas en las campaas electorales de 2019: una defiende que es mejor reducir impuestos para que el dinero est en el bolsillo de los espaoles, y gastar menos en servicios pblicos y tener a las mujeres en casa; otra propone, por el contrario, recaudar ms y gastar ms en servicios pblicos porque las mujeres estn trabajando. Es muy dificil que las mujeres espaolas de hoy acepten la primera propuesta, la de regresar al hogar y jornada parcial; sin embargo, para que la propuesta alternativa de empleo femenino y servicios pblicos, sea posible son necesarios algunos cambios importantes.

La perspectiva feminista sobre el mercado de trabajo: no basta con crear empleo

Las polticas econmicas, de empleo, de estado de bienestar, han estado funcionando sin tener en cuenta el cambio fundamental experimentado por la sociedad espaola en los ltimos 30 aos: la incorporacin masiva de las mujeres al mercado de trabajo. Desde 1987, se ha duplicado el nmero de mujeres activas, que ha pasado de 5 a 10 millones. Se han incorporado, sobre todo, mujeres casadas y con hijos, incluso en los aos peores de la crisis, cuando la tasa de actividad masculina bajaba y la femenina suba.

Las mujeres espaolas de hoy tienen muy claro que su identidad como mujeres est tan asociada al empleo como en el caso de los hombres. Quieren trabajar y se preparan para ello mejorando su cualificacin con estudios secundarios y universitarios. Sin embargo, tienen que atender tambin al cuidado y, aunque desde 1987 el empleo femenino tambin ha aumentado en ms de cinco millones de mujeres, cuando hay algn hijo menor de 3 aos, es la mujer la que reduce su jornada o abandona el empleo. En la reciente crisis, las mujeres han reafirmado su papel como sustentadoras de los hogares espaoles y en la actualidad es cada vez ms importante el modelo de familia de dos sustentadores. Esto sin embargo ha incidido muy poco en el incremento de la dedicacin de los hombres a las tareas de cuidados.

Es necesario aproximarse al mercado de trabajo desde una perspectiva nueva. A pesar del compromiso de las mujeres con el empleo, accedemos a un mercado de trabajo que es un sistema de reglas masculinas, de total libertad en la disposicin de tiempos e incompatible por tanto con la conciliacin. Mercado que se configur institucionalmente cuando las mujeres eran la excepcin en el empleo porque trabajaban en el hogar. Judy Wacjman afirma que se nos considera trabajadoras diferentes de los hombres impregnadas de domesticidad; Mara Emilia Casas nos habla del estigma de la conciliacin (si concilias no confan en ti y te pagan menos); para esta jurista, la conciliacin sera el suelo pegajoso de las mujeres y una de las causas inexplicables de la brecha salarial de gnero.

Es necesario modificar la perspectiva terico-analtica predominante y analizar la relacin de las mujeres con el mercado de trabajo no de un modo aislado e independiente, sino como parte de una trama social. La relacin trabajo-familia se despliega en dos planos diferentes -el plano de la vida cotidiana familiar y el plano institucional- pero hay que establecer su conexin, de manera que los sujetos del cuidado ya no sean solo mujeres sino tambin hombres, y el dominio privado del hogar haya de ser compartido con el sector pblico (Carlos Prieto). El bienestar de nios y dependientes se ha de combinar, por tanto, con la igualdad de las mujeres, y no subordinar la igualdad al cuidado; al mismo tiempo, el deber y la solidaridad han de combinarse con la justicia y los derechos sociales, y no depender de la doble jornada de las mujeres.

El modelo masculino de trabajo de mercado no es generalizable a las mujeres porque es incompatible con el cuidado de las personas. Por ello su regulacin ha de establecerse en conexin con la regulacin de los cuidados la corresponsabilidad- y contando con la provisin de abundantes recursos pblicos (que no han sido suficientes). No basta con ofrecer tiempo a las mujeres bajo distintas frmulas de conciliacin, jornada parcial y flexibilidad (Juan Antonio Fernndez-Cordn y Constanza Tobo). La conciliacin es el suelo pegajoso que impide que las mujeres disfruten de una carrera laboral completa y se promocionen.

Cristina Carrasco nos dice que el gran desafo poltico del momento es aceptar que es la sociedad en su conjunto la que debe asumir el cuidado de su poblacin y no asignarlo a un sector de la misma las mujeres- desplazando con ello hacia los hogares toda la tensin que conllevan la gestin del cuidado y la reprivatizacin de la reproduccin social. La drstica reduccin del gasto pblico en servicios de cuidados, sanitarios o educativos, persigue que una parte de los cuidados regresen al hogar, con el consiguiente aumento del trabajo de las mujeres, autntico amortiguador de los efectos devastadores de la crisis en el bienestar de las personas. Cada vez que se niega una beca de comedor, o una plaza de residencia de mayores, hay una mujer que tiene que dejar su trabajo o reducir su jornada para atender esa necesidad. Estamos inmersos en una gravsima crisis de los cuidados , una crisis de reproduccin social, que va mas all de una crisis financiera o econmica.

Para garantizar, por tanto, la incorporacin de las mujeres y el bienestar de la sociedad, la creacin de empleo no es suficiente. La igualdad no se puede alcanzar integrando a las mujeres en el modelo masculino de empleo. Para alcanzarla efectivamente es necesario avanzar hacia una organizacin social del cuidado desde el debate ciudadano informado. Unos servicios pblicos de calidad no son necesarios solo para las mujeres y las familias con recursos limitados o en situacin de pobreza, son necesarios para el bienestar econmico y social general.

Conclusin

Las demandas del feminismo no son utpicas, aunque sin duda son difciles de alcanzar. En la Inglaterra del siglo XIX era legal que las mujeres recibieran palizas por parte de sus padres, hermanos y maridos. En Espaa, las mujeres no tena siquiera derecho a una educacin pblica. El siglo XX fue el siglo de las mujeres, con el acceso a la educacin universitaria, al empleo masivo, al divorcio, a los anticonceptivos y al aborto, en una sucesin de cambios hacia la libertad y la autonoma de las mujeres a pesar de las resistencias y la oposicin del patriarcado. Cuando los ataques al feminismo sean ms feroces, pensemos que ladran, luego cabalgamos, porque ser muy difcil para el patriarcado doblegar a este feminismo global, masivo, unitario e intergeneracional.

Cecilia Castao, Catedrtica de Economa Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

Fuente: https://economistasfrentealacrisis.com/el-feminismo-y-el-progreso/



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