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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2019

La Universitat de Valncia publica Desde la capital de la Repblica. Nuevas perspectivas y estudios sobre la Guerra Civil espaola
Debates sobre la guerra de Espaa, 80 aos despus

Enric Llopis
Rebelin


Mayo de 1937 en Barcelona y otras ciudades de Catalua, entre los das 3 y 8. La pugna por el control de la central de la Telefnica desencadena el enfrentamiento entre los anarquistas y el Partido Obrero de Unificacin Marxista (POUM) el bando revolucionario- y por otro lado el sector contrarrevolucionario: los Gobiernos de la Repblica y la Generalitat de Catalunya, el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Tras los sucesos de mayo, la poltica en la retaguardia catalana se ha explicado tradicionalmente con tres ideas: el final del impulso revolucionario de julio de 1936, la supeditacin de la II Repblica al PSUC y a Stalin; y ya el final, casi un trmite militar para los golpistas.

Esta explicacin es uno de los lugares comunes ms extendidos en la historia de la guerra civil, afirma el catedrtico de Historia Contempornea de la Universitat Autnoma de Barcelona, Jos Luis Martn Ramos. Sin embargo, el historiador sostiene que la complejidad poltica en la retaguardia no puede reducirse a dos etapas: una de afirmacin (los diez meses anteriores a mayo de 1937) y otra de negacin (tras los sucesos de mayo). Por ejemplo tras la derrota del ejrcito republicano en la batalla de Teruel (febrero de 1938) y la extensin del pesimismo, el autor de Guerra y Revolucin en Catalua. 1936-1939 subraya que en ERC cundi la idea de que no slo no se poda ganar la guerra, sino de que era imposible la resistencia. En febrero de 1938 Josep Tarradellas fue elegido secretario general de ERC y se dispuso a impulsar una conspiracin republicana contra el gobierno de Negrn, subraya Jos Luis Martn Ramos; el desenlace de la guerra mediante la apelacin a una intervencin internacional haba de ser el nudo central.

Otra polmica importante entre los historiadores es la suscitada por la participacin de la URSS en la guerra de Espaa, sobre la que ha investigado Daniel Kowalsky, profesor en la Queens University de Belfast y autor de La Unin Sovitica y la guerra civil espaola. Una revisin crtica. Kowalsky sita el punto culminante de la ayuda sovitica entre octubre de 1936 y julio de 1937; durante este periodo la URSS remiti asesores, tripulacin de tanques y aviones, oficiales, ingenieros y -para batallar en el frente- el Komintern -III Internacional- financi las Brigadas Internacionales (ms de 35.000 voluntarios de 50 pases); con el nombre en cdigo de Operacin X (), la armada sovitica envi cerca de 600.000 toneladas de material blico a una distancia de ms de 4.500 kilmetros, resalta el investigador; si la pericia area sovitica dio a la Repblica ms que un beneficio tctico, igualmente decisivo fue el impulso dado a la moral de los civiles, aade.

La campaa de solidaridad (envo de ropa, medicinas y juguetes a Espaa) y los actos pblicos de apoyo se iniciaron en agosto de 1936 (desde los 10.000 obreros de Tbilisi hasta los 120.000 de Mosc). Pero desde mediados de 1937 y hasta el final del conflicto, los suministros y el apoyo militar de la URSS entraron en declive. Daniel Kowalsky apunta adems otros factores, como la decisin de Stalin de ligar la ayuda militar sovitica a las reservas de oro del Banco de Espaa y el traslado relativamente insignificante de efectivos: 2.082 personas procedentes de la URSS en una guerra en la que cerca de un milln tomaron las armas.

Los textos de Jos Luis Martn Ramos y Daniel Kowalsky se incluyen en el libro colectivo de 20 artculos y 414 pginas Desde la capital de la Repblica. Nuevas perspectivas y estudios sobre la Guerra Civil espaola, publicado por la Universitat de Valncia. Coordinado por los investigadores Sergio Valero Gmez y Marta Garca Carrin, el texto se acerca a contenidos de la Espaa en guerra abordados por los historiadores en las ltimas cuatro dcadas, como la poltica, las identidades nacionales, la cultura y el ocio, las memorias y las retaguardias.

Algunos de los artculos cuestionan planteamientos historiogrficos anteriores. Por ejemplo, Antonio Calzado Aldaria rebate la idea de que el desabastecimiento y el hambre durante la guerra en la zona republicana puedan explicarse de manera simplista- por las divisiones polticas y las carencias en la gestin. El historiador introduce factores como la distribucin de recursos: el territorio de la Repblica contaba en julio de 1936 con el 30% del producto agrario, mientras que el bando golpista controlaba dos tercios de la cosecha de trigo, la mitad del maz y el 75% del vacuno; el autor del artculo sobre los abastecimientos como eje de la moral de guerra seala tambin la afluencia creciente de refugiados en la Espaa leal -y la consiguiente presin demogrfica sobre los recursos- que creci durante 1938 y alcanz los mximos entre enero y abril de 1939.

En comparacin con la dictadura de posguerra, la Repblica intent combatir el mercado negro, destaca Antonio Calzado. En un contexto de desempleo e inflacin, la CNT del municipio de Ontinyent, en la provincia de Valencia, se expresaba del siguiente modo: El pueblo () pasa hambre () porque hoy, como antao, como siempre, tiene que soportar el formidable peso del repugnante acaparador y el ladrn comerciante. Protestas y paros obreros puntuales en algunos casos dirigidos por la quinta columna- fueron una de las respuestas al desabastecimiento. A partir de 1938 se acenta la penuria, aadida a episodios de corrupcin y las derrotas militares, lo que tuvo su influencia en la desmoralizacin de la retaguardia (republicana), concluye Antonio Calzado Aldaria.

La tasa de analfabetismo en el estado espaol representaba en 1930 el 32% de la poblacin (un 64%, mujeres). Leed. Combatiendo la ignorancia derrotaris al fascismo, fue un cartel de 1937 en el que se anunciaba que el Ministerio de Instruccin Pblica abra las bibliotecas para las clases populares. La historiadora Vicenta Verdugo Mart subraya en el libro de la Universitat de Valncia la labor de los ministros Jess Hernndez, del PCE (septiembre de 1936-abril de 1938) y Segundo Blanco, de la CNT (abril de 1938-febrero de 1939). El artculo se centra en la educacin de las mujeres en un contexto de guerra. As, muchas mujeres participaron, como bibliotecarias en hospitales o lectoras voluntarias, en la organizacin Cultura Popular, prxima al PCE y constituida en abril de 1936 para coordinar la actividad cultural del Frente Popular.

El origen de la Agrupacin de Mujeres Antifascistas (AMA) data de 1933, y durante la guerra lleg a contar con 60.000 afiliadas; creada por el PCE, era la seccin en el estado espaol del Comit Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo. Vicenta Verdugo detalla que las activistas de AMA hacan acopio de vveres para el frente, visitaban a los heridos y publicaban la revista Pasionaria; dentro del trabajo en la retaguardia, tambin organizaron cursos de alfabetizacin para adultas; filial juvenil de AMA, la Unin de Muchachas se sum a la organizacin del trabajo femenino (talleres Pasionaria y Lenin) e imparti formacin en Hogares, Clubs y Casas de Muchachas. Otra cuestin era la lentitud de los avances: Existan mltiples resistencias entre los jvenes de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) para considerar a las muchachas como sus iguales, apunta Vicenta Verdugo Mart. En octubre de 1937, Valencia acogi la Segunda Conferencia Nacional de Mujeres Antifascistas.

La segunda organizacin que analiza Vicenta Verdugo es de ideologa anarquista, Mujeres Libres. Fundada en abril de 1936, desarroll su actividad durante la guerra y lleg a contar con 170 agrupaciones locales y cerca de 20.000 afiliadas (en agosto de 1937 tuvo lugar su primera Conferencia nacional, de la que surgi la Federacin Nacional de Mujeres Libres). En la organizacin anarcofeminista, que public 13 revistas con el ttulo de Mujeres Libres, militaron Amparo Poch y Gascn, Luca Snchez Saornil o Mercedes Comaposada Guilln. Planteaban que la liberacin de las mujeres slo se lograra mediante una lucha femenina autnoma, libre de tutela masculina y sin obedecer a los intereses de otras organizaciones o causas, explica la historiadora. As, Luca Snchez Saornil critic contradicciones en el campo libertario como que se mantuviera a las mujeres en un rol de subordinacin (sta era, de hecho, la posicin que defendan muchos militantes).

Por esta razn, Mujeres Libres consideraba que la funcin de las mujeres en la retaguardia no tena que limitarse a una mera sustitucin de los hombres en combate. Enseanza de cultura general, la alfabetizacin y capacitacin profesional o campaas contra el analfabetismo y para la creacin de guarderas (las crearon en Barcelona y Valencia) fueron empeos de Mujeres Libres. Adems, en el libro Desde la capital de la Repblica se incluyen textos sobre la Guerra Civil espaola en el cine (Sonia Garca Lpez), las contradicciones del teatro de la guerra (velyne Ricci), el conflicto tal como lo percibi en escritos y dibujos- la infancia (Vernica Sierra Blas); la vida cotidiana de los catlicos en la retaguardia republicana (Jos Miguel Santacreu Soler), las memorias de Gernika (Chiara Bianchini) o los dilemas del nacionalismo vasco durante la guerra (Leyre Arrieta Alberdi), entre otras aportaciones.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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