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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2019

Mujer migrante & Explotacin
Slo Dios sabe. La explotacin de las trabajadoras domsticas migrantes

Tania Ferreira
https://brecha.com.uy/

Las trabajadoras migrantes, muchas de ellas aterrizadas directamente en los barrios privados de sus nuevos seores, ni se enteran del detalle de las ocho horas ni de nuestra legislacin modelo si se la compara con las del resto del continente. Algunas madrugan en el cuarto junto con el lavarropas y se acuestan luego de que el ltimo patrn haya terminado de cenar, pero igual se han hecho un tiempo para salir de esas cuatro paredes y contar su historia.


Sale de su habitacin a las 8.30 de la maana. Debera salir a las 9, pero ella lo hace antes. De 16 a 18, toma sus horas de descanso obligatorias, aunque la nueva patrona le ha pedido que por favor adelante ese horario para esperar con la merienda a los chicos, que llegan del colegio a las 16.30.

Carmen ‒peruana‒ conoce su horario de comienzo de jornada, pero jams el de salida. Luego de que todos terminan de cenar y est lavado el ltimo tenedor, despus de disponer sobre la mesa la vajilla del desayuno para el da siguiente, recin ah recalienta su plato de comida y se dirige a su cuarto. Nunca antes de las 23, a pesar de que la seora le prometi al principio que en la casa se cenara siempre a las 20. Recin ah Carmen se sienta en la cama con su plato, llama a sus hijos, que estn en Per, y mira la televisin diez minutos hasta que el sueo la vence. El despertador sonar puntual a la maana siguiente para un nuevo servicio.

Ahora tengo una habitacin con tev, festeja Carmen, y recuerda que en el trabajo anterior disputaba el espacio diminuto y el silencio de su cuarto con una lavadora, una secadora y una tabla de planchar. Al lado de la cocina, obvio. Al da de hoy, recibe 22 mil pesos mensuales en la mano, literalmente, aunque los patrones le prometieron que, si todo sale bien, la pondrn en caja muy pronto.

Los lunes son psimos para todo el mundo, cuenta. Cuando llega a la casa, le toca recoger toda la ropa tirada del fin de semana. Lo mismo cuando los tres chicos llegan del colegio: tiran la mochila en la puerta, vuelan los zapatos y Carmen corre a limpiar las suelas embarradas. El barrio me gusta, tiene una vista preciosa, dice la peruana sobre su nuevo trabajo en un barrio privado. Si no se apura, no llega a la camioneta que sale todos los sbados a las 13.30, para llevar consigo a la mayora de los empleados del country. Y hay que ser puntual, porque esa camioneta no espera a nadie.

Explotacin laboral a migrantes, se titulaba la nota publicada por el portal del Pit-Cnt el 4 de febrero pasado, artculo que pas casi desapercibido, pero en el que se dejaban sentadas graves denuncias relacionadas con la situacin de las domsticas extranjeras en Uruguay.

Las van a buscar en un lindo auto a la ONG Idas y Vueltas (Asociacin de Familiares y Amigos de Migrantes) y les prometen todo, les dicen que van a tener casa, salario y luego pasa lo que pasa, relataba en esa nota Silvana Danovich, dirigente del Sindicato nico de Trabajadoras Domsticas (Sutd), quien, adems, integra la Comisin de Migracin del Pit-Cnt. En la nota se menciona concretamente el caso de tres cubanas que trabajaron para una misma familia de Carrasco, y las tres la han denunciado por motivos similares ante el Ministerio de Trabajo, con la ayuda jurdica del Sutd. En un perodo de seis meses, a las tres trabajadoras se les aplic el mismo modus operandi, confirm Danovich a Brecha: Se acercaron al sindicato a plantear su situacin, aun sin conocerse entre ellas, y todas comentaron lo mismo: fueron con un carro muy bonito a buscarlas a Idas y Vueltas, les ofrecieron un techo, un trabajo y un salario.(1)

A pesar de haber llevado sus casos hasta el Ministerio de Trabajo, todas terminaron aceptando un acuerdo econmico por mucho menos dinero que el que les corresponda. Danovich opina que, ms all de haber logrado los reclamos salariales trabajaban hasta 14 horas y a ninguna se le pag horas extra, se deberan haber radicado denuncias por violencia fsica. La ltima vez que una de ellas me llam llorando desde la casa, me dijo que la patrona la haba agarrado de la cabeza para sacudirla. Le ped que saliera inmediatamente de la casa, y as fue, relat Danovich, que se enfrenta a casos como este a diario.

Hay lugares comunes que se repiten en las domsticas que trabajan sin retiro, explic a Brecha Patricia Castro, abogada del Sutd: Superan las ocho horas, siempre hay trabajo nocturno impago, las hacen firmar recibos de sueldo por menos horas (que adems les retienen, para que no tengan documentos) o hacen el aporte mnimo en el Bps y las hacen trabajar todo el da. Son un sinfn de casos.

La vulnerabilidad es mayor para las extranjeras, sostuvo Castro, y agreg que en el ltimo tiempo han recibido muchas denuncias, sobre todo de cubanas y dominicanas. La otra verdad es que en los largos procesos judiciales se juega con la necesidad del otro que necesita dinero urgente y los juicios siempre terminan por desgastar a la parte ms dbil, en este caso, las migrantes desempleadas. La otra dificultad a la hora de afrontar los juicios es la de conseguir testigos: El caso de las domsticas es difcil, porque los testigos son los propios familiares del empleador, el portero que tampoco quiere perder el trabajo en el edificio o el almacenero Es muy complicado, resumi la abogada.

Una vez a Silvia ‒dominicana, con cinco aos en Uruguay‒ su patrona de Carrasco la acus de robarle las bombachas. De regreso de un viaje a Santo Domingo, le trajo a su jefa nueve bombachas de fino algodn y un pantaln Cartier color marfil. Qu se creen? Ellos no son ms que yo, dice indignada, moviendo los hombros. Hay patrones que son buenos, dice Silvia, pero la mayora son hipcritas. Te hablan bonito, pero te usan como papel de bao, piensa, al tiempo que recuerda a los seores que la hacan limpiar un apartamento en plena obra y con ella adentro.

Es una esclavitud grande. En las casas de familias numerosas deberan tener al menos dos personas, porque la cocina se lleva todo el tiempo del mundo. Y para eso una necesita descansar, agrega Silvia, y reconoce que ni en Repblica Dominicana se permite ese abuso de que una sola persona se haga cargo de todas las tareas de una casa inmensa. Su amiga Adelina, colega domstica, tambin dominicana, asiente con cabeza y hombros, pero permanece callada. Trabaja con cama adentro, pero cuidando solamente a una seora mayor, por lo que el trabajo es ms light y se siente afortunada.

Les tienen miedo a las uruguayas, porque son exigentes. La uruguaya no permite que no la tengan en caja, o el abuso de llevarlas a Punta del Este a limpiar piscinas o preparar la cena para 28 personas, relata Nidia, ya parada y a viva voz. Todava de noche vienen los amigos de los chicos y hacen una fiesta. Esa es la vida de una empleada en Punta del Este! Y, si t te dejas, te pagan lo mismo que el resto del ao. Qu son mil dlares en Punta del Este? Nada, dos fichas en el Conrad, dice y vuelve a su silla completamente indignada. Yo no he denunciado a nadie porque s que hay un dios que en el cielo o en el infierno se las va a cobrar, resume.

Tengo una amiga que trabaja seis horas en un barrio privado con una botella de agua y no la dejan comer, interrumpe la conversacin Carmen. Usted recuerde que tiene que pagarse un cuarto en una pensin, porque abusan cuando usted vive ah. Cuando una vive en el trabajo, la dominan, rompe el silencio Adelina, mientras mira a los ojos a Carmen. Aqu hay jefes que son peligrosos, agrega.

Hoy ha llegado una peruana a Uruguay y le he dado la bienvenida ‒les cuenta Carmen a sus colegas dominicanas‒, le he dicho que aqu se sufre y se llora, sobre todo si has dejado atrs a tus hijos. Y tambin le he dicho: trabaja, piensa, reza a Dios cada maana y agradcele cada noche, pero no te dejes pisotear por una uruguaya ni por nadie. Si sales de tu pas, tiene que ser para salir adelante, no para atrs, como el cangrejo. Que no abusen de nosotras, porque somos seres humanos, igual que ellos.

Ya lejos de la entrevista grupal, Carmen, Silvia y Adelina dedican los siguientes 30 minutos a intercambiar ancdotas, nmeros de telfono y recetas de cocina latinoamericana.

Hay 1.700 trabajadoras domsticas extranjeras registradas en el Bps. Somos 120 mil domsticas en total, y slo 75 mil hacemos aportes, redondea los nmeros Danovich desde el Sutd. (2) En el sindicato llueven los reclamos de esas miles de mujeres, sobre todo por salarios o despidos impagos, pero tambin por casos de violencia. Brotan las historias, pero la dirigente del sindicato recuerda tres, casi como al pasar: la de la empleada de un embajador en Uruguay que no cobraba horas extra, la de la compaera a la que su patrona hace una semana la golpe con un bastn en la cabeza y un caso de violencia sexual, en que el jefe esperaba a su empleada desnudo o le mostraba pelculas porno. Slo Dios y yo sabemos lo que pas trabajando con familias uruguayas, le coment hace poco una extranjera.

Los casos de acoso psicolgico son los que ms se ven, coincidi la abogada Castro: Llegan al sindicato cansadas fsica y mentalmente, muchas veces porque les repiten todo el da: Las de tu pas no saben lo que es trabajar. Y ellas piensan que tienen que estar todo el da a la orden, no saben decir que no.

Lo ms complicado es resguardar los derechos de esas trabajadoras en un mbito tan privado. Llegan de sus pases directo a trabajar entre cuatro paredes. No trabajan en una fbrica, donde las podemos ir a buscar para ensearles la legislacin actual o simplemente explicarles que como extranjeras deben ganar lo mismo que las uruguayas, sino que las tenemos que agarrar en la calle, explic a Brecha Viviana Rumbo, integrante de la Comisin de Migracin y del rea de Relaciones Internacionales del Pit-Cnt. Ir a la casa y meterle la plancha al empleador implica dejarla sin trabajo y, por lo tanto, sin casa, sin comida y sin dinero para mandarles a sus hijos en el pas de origen, advirti Rumbo.

Siempre existen empleadores, amos, casi seores feudales que, con las peores intenciones, se aprovechan de la vulnerabilidad de los extranjeros y de su desesperacin por trabajar, coincidi Ricardo Fierro, tambin integrante de la Comisin de Migracin. Cada una de esas situaciones, que puertas adentro coquetean con la esclavitud, hacen que la legislacin de avanzada que tiene Uruguay en el rea del trabajo domstico retroceda al menos 13 aos, sostuvieron desde la central. (3)

Adems de luchar con el estigma que ya carga el sindicato (los empleadores les dicen a las migrantes que las del sindicato les van a hacer perder el trabajo),otro de los grandes problemas es la imposibilidad de llegar a los barrios privados: Te atiende una empresa de seguridad y tens que pasar dos o tres puertas para llegar a la casa. Muchas veces ni el Ministerio de Trabajo puede entrar con sus inspecciones, resumi Fierro.

Otro de los peligros en esa convivencia laboral tan ntima, sealan los entrevistados, es precisamente que el trabajo se empiece a mezclar demasiado con un falso afecto familiar: Fijate que come con nosotros en la mesa, ironiz Fierro. Se convierte en la chica que ayuda, coincidi Rumbo. En la relacin laboral te empezs a involucrar con los nios y la familia, admiti Danovich sobre su propia experiencia: antes que nada, hay que recordar que somos trabajadoras y el pago tiene que ser en efectivo, no esa televisin de sobra. O te empiezan a regalar ropa, pero es ropa que ya no usan!. Las domsticas sobre todo las extranjeras generan como una deuda con esa patrona que te est dando un lugar para descansar, ms all de que est al lado del lavadero y eso est prohibido. Siempre estn con esa idea de agradecimiento, pero trabajan 13 horas ininterrumpidas! Y al marido de la domstica, como tambin vive ah, le hacen limpiar el auto y el jardn Entonces?.

Trabajadora domstica de toda la vida, Carmen intent un negocio de venta de ingredientes para repostera en un Per muy complicado, hasta que los costos del local y la competencia mayorista terminaron por liquidarla. Este ltimo febrero cumpli un ao en Uruguay y ya ha pasado por tres casas. Antes de llegar a su trabajo actual, estuvo en una casa de Carrasco con una familia de siete, en la que aguant apenas tres meses. Son muchos nios, yo sola no me alcanzo, le dijo a la patrona, que la haba mandado traer de Per con el pasaje pago. Carmen decidi dejar ese trabajo; justo una amiga dej el suyo en Pocitos (un apartamento con cuatro personas) y la recomend. La seora me mand en un taxi hasta la nueva casa, recuerda Carmen, no si antes descontarle de la liquidacin el billete de avin de Per a Uruguay.

Todo fue bien hasta que todo termin mal, cuenta la mujer. Luego de siete meses de trabajo, Carmen viaj a Per a visitar a su familia. La patrona ‒contadora‒ le hizo firmar lo que present como una baja del Bps por ese mes de ausencia laboral. Luego de demorar su vuelta (en Per tuvo que enfrentar una inundacin que le llev una de las paredes de la casa donde ahora vive su hijo de 20 aos), al regresar se encontr sin trabajo y a otra empleada en su lugar. Me cerraron las puertas en mis narices ‒describe Carmen‒, y cuando fui al Bps a reclamar por mi seguro de paro, me dijeron que no me corresponda, porque yo misma haba firmado mi renuncia. Me dieron ganas de llorar.

Soy una peruana bien peruana, no soy de rogar. Pero me gustara que fueran conscientes de que en esos siete meses fui una persona de bien, no fui ociosa, no me tomaba mis dos horas de descanso, para poder tener prolija la casa, porque me gustaba que mis jefes llegaran y dijeran: Carmen, qu lindo est todo, que se sintieran orgullosos de m al ir a trabajar con su ropa bien prolija y planchada, explica la mujer. Me acostumbr a ellos, me encari con el nio como si fuera mi nieto, lo cuidaba y me gustaba estar con l. Me doli mucho dejarlo. Mis compaeras me dicen que no vale encariarse con un hijo ajeno, reniegan conmigo, me dicen que soy una tonta. Pero Dios juzgar.

Cuando llegu al pas, mis compaeras, que ya tienen aos de trabajo, me decan: Mientras t los sirves, se portan bien. Pero cuando dejas de servirles, te dan una patada en el trasero. Yo no crea, pero es la pura verdad, se lamenta Carmen, aun sin entender del todo la traicin de la familia anterior. Luego de ir a buscar sus cosas a ese apartamento de Pocitos, Carmen durmi tres das en el aeropuerto. Hasta hoy, no ha cobrado su liquidacin, pero tampoco fue al ministerio, porque no quiere hacerles problema a sus expatrones.

Notas:

1. Desde la Ong Idas y Vueltas, explicaron a Brecha que jams presenciaron que estas situaciones denunciadas por el Sutd sucedieran fuera de sus puertas. Sera el colmo, sostuvo Hendrina Rinche Roodemburg, una de las fundadoras y ex presidenta de la Ong, que desde 2003 asesora a los migrantes en su salida o llegada al pas. Roodemburg agreg que tienen pendiente una conversacin con el sindicato.

2. Segn los datos otorgados por el Bps a Brecha (actualizados a agosto de 2018), hay un total de 1.794 migrantes dedicados a actividades y servicios en los hogares en Uruguay, 1.671 mujeres y 123 hombres.

3. La ley 18.065, que regula el trabajo domstico, se aprob en 2006 y estableci derechos bsicos, como la jornada de ocho horas, dos horas de descanso para las trabajadoras con cama y un descanso semanal de 36 horas de corrido.

Fuente: Fuente: https://brecha.com.uy/



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