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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2019

Estados mafiosos y poder poltico

Ral Zibechi
La Jornada


Ante nuestros ojos   podemos observar cmo los Estados-nacin se van deslizando hacia instituciones controladas por grupos paramilitares, mafias policiales y narcotraficantes. Lo que antes pareca una excepcin, acotada a situaciones casi extremas, ahora se est convirtiendo en norma, a medida que el Estado ya no es aquella institucin capaz de controlar territorios y asegurar el monopolio de la violencia legtima, como sostuvo Max Weber.

La crisis de los estados va de la mano con el crecimiento de grupos que ocupan los espacios que en otros tiempos fueron controlados por aquellas instituciones. El socilogo brasileo Jos Claudio Alves, especialista en las periferias urbanas, asegura que las milicias de Ro de Janeiro controlan la adjudicacin de las reas donde los migrantes del nordeste pueden comprar terrenos y construir sus viviendas, gracias a informaciones privilegiadas obtenidas dentro del Estado (goo.gl/KSQY5G).

Me impresiona mucho el poder que tienen estos grupos y la fragilidad de la justicia frente a ese poder, sostiene Alves. Est haciendo referencia a un poder territorial que tiene su propio brazo poltico, anclado en las bancadas de la ultraderecha y partidos con una lgica fundamentalista religiosa, en el caso de Brasil. Como sucedi con Marielle Franco, concejala negra y lesbiana asesinada hace un ao, se asiste a un aumento de las ejecuciones sumarias ante la nula respuesta estatal.

No se estn registrando ni homicidios ni desapariciones, por lo menos en Ro, porque el miedo es ms poderoso que la voluntad de denunciar. Estamos ante la prdida de derechos y la situacin va empeorando, en toda la regin latinoamericana. Cinco dcadas de grupos de exterminio han elevado hasta 75 por ciento la votacin para Bolsonaro y la extrema derecha en la Baixada Fluminense, la regin carioca ms violenta del estado, segn Alves. La violencia actual fue construida durante la dictadura y profundizada en democracia.

Las milicias van cambiando. Ahora detectan dnde se est moviendo el capital (grandes obras de infraestructura, como parte del modelo extractivo), y controlan de forma violenta el acceso al empleo que esas obras generan, de modo que cobran impuestos a las personas que quieren trabajar en las empresas, ya sean privadas o estatales. Los empleados deben entregar parte de sus salarios a los paramilitares.

Esto lo he visto en Medelln, en Ro de Janeiro y cada vez en ms ciudades de Amrica Latina, ya sea bajo gobiernos conservadores o progresistas, porque estamos ante una mutacin estructural de esa relacin que llamamos Estado. Otra novedad es la milicia martima, sigue Alves. Aborda a los pescadores en el mar, les pide licencia de pesca y exige dinero para que sigan haciendo su trabajo de sobrevivencia. Controlan incluso el acceso a los servicios mdicos de los hospitales de Ro, cobrando tasas y negando el ingreso a quien no paga.

Conclusin: La relacin de las milicias con el Estado es determinante para que se transformaran en una estructura de poder absoluta, amplia, autoritaria, potente y creciente en Ro de Janeiro. Actan de forma legal, con acceso a informaciones econmicas que consiguen del Estado mediante aliados; pero tambin ilegal: asesinan, torturan y desaparecen. Salimos de la dictadura oficial, para la dictadura de los grupos de exterminio y las milicias, apunta Alves, para quien nunca existi un fin de la dictadura.

Ante esta deriva creo que podemos hacer dos reflexiones.

La primera es que la crisis de los estados es el aspecto determinante que lleva a la creacin de poderes como las milicias, paraestatales que no antiestatales. Este es el cambio estructural en relacin con las instituciones; algo que he visto das atrs en Barcelona, donde el poder municipal no pudo detener la represin policial a los inmigrantes. Este poder creci incluso bajo Lula o los Kirchner, no por culpa de ellos sino porque estamos ante un proceso global, irreversible por ahora.

La segunda se relaciona con nuestras estrategias. Incrustarse en el Estado, ocupar el Estado o tomarlo, o como se llame a ese proceso consistente en ganar elecciones y administrar lo existente, tena sentido cuando los Estados-nacin encarnaban una configuracin mnimamente democrtica. Ahora puede ser muy peligrosa, porque nos paraliza ante enemigos que desbordan cualquier control institucional y nos hace cmplices de sus desmanes.

El historiador Emilio Gentile seala que la novedad de la ultraderecha actual consiste en el peligro de que la democracia se convierta en una forma de represin con consentimiento popular (goo.gl/5v37eS). Una fachada electoral que encubre la falta de democracia es un mal asunto porque nos entretiene mientras desarma los poderes propios, que son los nicos que nos pueden permitir enfrentar y superar esta fase del capitalismo extractivo que depreda los bienes comunes, desarticula los estados-nacin y arremete contra los pueblos del color de la tierra.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2019/03/29/opinion/018a1pol



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