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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2019

La colonizacin psiquitrica de la experiencia humana a travs de la idea de enfermedad mental

Andres Kogan Valderrama
Rebelin


La aparicin de la idea de enfermedad mental puede situarse histricamente a la Grecia de hace 2400 aos atrs, periodo en el cual occidente comienza a formar sus bases filosficas. Es as como Hipcrates puede ser considerado como el primer pensador en construir la idea de una medicina de carcter biolgica, alejada as de cualquier tipo de explicacin mstica anterior. Dicho de otra manera, es desde aquel periodo de tiempo que se fue configurando una praxis mdica en donde el cuerpo humano poda ser observado e intervenido por un especialista.

No es casualidad por tanto, que Hipcrates sea considerado no solo el padre de la medicina occidental, sino tambin de la psiquiatra, la cual ha tomado sus escritos como las fuentes epistemolgicas para su conformacin como subdisciplina hasta el da de hoy. De ah que se pueda afirmar que lo que hoy conocemos como trastornos mentales, sea heredero de una ontologa naturalista de la experiencia humana, que se inaugura en la Grecia de aquella poca con la dicotoma psique/soma.

Una dicotoma que lo que busca finalmente es la idea de descubrir la naturaleza humana como tal, fortaleciendo as lo que ya se vena configurando desde Mesopotamia hace 10.000 mil aos, con la dicotoma antropocntrica de cultura/naturaleza, ya que ambos procesos, junto al androcentrismo, responden a procesos de dominacin, en donde ciertos grupos se sienten con el privilegio de imponer su visin del mundo a otros definidos como distintos, inferiorizando as a poblaciones enteras.

Fue el caso de un nuevo sujeto subalterno, llamado loco, el cual desde la mirada hipocrtica naturalista, sufrira de una enfermedad somtica en el cerebro que alteraba el funcionamiento de su psique, entendida esta como el lugar en donde se encontraba el pensamiento, la inteligencia, la conciencia, la afectividad. Esto en contraste a la mirada animista sobrenatural anterior, en donde eran los demonios quienes causaban dicha alteracin. Adems esta concepcin biolgica de la locura se entralaza, como era de esperar, con una concepcin patriarcal del cuerpo de la mujer, en donde la histeria por ejemplo se originaba debido a un problema del tero.

En consecuencia, la locura pas a tener un diagnstico y un tratamiento especfico, que dependa de la buena observacin clnica de parte de un mdico hombre, quien recurrira a distintas tcnicas para aliviar el sufrimiento del llamado paciente, quien no tendr posibilidad alguna de contradecir lo sealado por el experto en cuestin, quien finalmente terminar por secularizar el trabajo realizado por el sacerdote anteriormente.

No obstante, aquel proceso de naturalizacin de la locura en Grecia, se vio mermado con la aparicin de la Cristiandad, la cual explic la idea de enfermedad mental por razones teolgicas, al igual que otras civilizaciones. De ah que los locos en el medioevo en occidente fueran catalogados como posedos por una entidad demoniaca, al igual que las denominadas brujas desde la mirada androcntrica. Es as como la dicotoma alma/cuerpo seria ah la base ontolgica de ese tiempo para clasificar a los humanos y no humanos.

En otras palabras, en ambos casos, locos y brujas, se les tema porque tenan mayor cercana con la naturaleza, ya sea por desequilibrios malignos o practicar la magia respectivamente, por lo que fueron perseguidos brutalmente en nombre de Dios. Una situacin no muy distinta con lo ocurrido durante la conquista en Abya Yala desde 1492, en donde los llamados indios fueron considerados como seres sin alma por el poder imperial de la poca. En otras palabras, nuevamente se juntan y entrelazan las opresiones a ciertos grupos particulares, considerados como inferiores (indios, mujeres, locos) desde un punto de vista blanco, masculino y sano mentalmente.

Un proceso de demonizacin de la locura en el medioevo que es descrito por la psiquiatra moderna como un retroceso, en comparacin a la medicina hipocrtica anterior, al reemplazar la explicacin biologicista de la locura por la teolgica. Sin embargo, la explicacin biologicista se retomara con la aparicin del racionalismo cartesiano, hace 400 aos atrs, el cual reemplazara la dicotoma de alma/cuerpo por la de razn/emocin.

Es decir, es en este periodo de tiempo, ya inserto en un nuevo sistema mundo moderno capitalista, que se empieza a imponer colonialmente la idea de la existencia de una realidad objetiva independiente del observador, quien tendra el privilegio evolutivo de describir racionalmente esa realidad desde el campo cientfico. Es decir, es desde ese momento es cuando la mirada de occidente sobre la locura se globaliza hasta nuestros das.

De ah en adelante, comienza la colonizacin de la psiquiatra a la experiencia humana, y la separacin entre lo que es normal en trminos mentales cientficamente y lo que no. El nombre de Kraepelin como principal impulsor de la biopsiquiatra positivista puede verse como el comienzo de un proceso de patologizacin y de etiquetamiento de millones de personas en el mundo, los cuales sufriran las consecuencias de aquello, a travs del aislamiento, reclusin y medicacin a los diagnosticados como enfermos mentales.

Las clasificaciones de enfermedades mentales y/o trastornos mentales a travs de los distintos CIE y DSM, verdaderas biblias para la biopsiquiatria contempornea, siguen siendo sacralizados por buena parte de los profesionales del campo de la salud mental, a pesar de contener meras descripciones de sntomas de algunos cuadros clnicos definidos como depresin, esquizofrenia, fobia social, trastorno obsesivo compulsivo, agorafobia, bipolaridad, etc.

No obstante, en paralelo tambin destacan histricamente la aparicin de diferentes corrientes psicolgicas clnicas, las cuales han tomado fuerte distancia de una psiquiatra positivista, como tambin de enfoques conductistas y cognitivistas al interior del campo de la psicologa. Desde corrientes fenomenolgicas, psicoanalticas, sistmicas, constructivistas, humanistas, todas ellas han cuestionado en mayor o menor medida la idea de autonoma de la razn, proponiendo terapias que van ms all de la mirada cerebrocntrica, al integrar lo emocional como parte del proceso de sufrimiento humano.

El problema de aquellas terapias, es que si bien se sitan epistemolgicamente desde otro lugar, siguen reproduciendo un mercado del tratamiento del dolor subjetivo, y por tanto una mirada individualista de la terapia, la cual termina por despolitizar la accin conjunta y transformadora, a travs de nociones mercantiles como paciente, usuario y hasta cliente. Aparte que muchas de ellas terminan reforzar lgicas patriarcales, como es el caso del psicoanlisis freudiano por ejemplo, y tambin subordinarse finalmente al diagnstico del mdico psiquiatra en los centro de salud mental.

Con respecto a la psicologa comunitaria a nivel general, si bien puede ser vista como una forma de ver el sufrimiento subjetivo de manera ms interrelacionada con procesos ms amplios (familiares, econmicos, sociales) en relacin a las terapias individuales, no es ms que una manera de abordarlo desde dispositivos profesionalizantes, a travs de los llamados programas de intervencin social, los cuales son funcionales a una gubernamentalidad neoliberal instaurada en un campo de salud mental, que lo que busca finalmente es gestionar las diferentes vulnerabilidades de los individuos, a travs de lgicas capacitistas, sin preguntarse realmente por estructuras de poder ms amplias.

En contraposicin a este proceso de patologizacin de la disciplinas del campo de la salud mental, surge como respuesta poltica a ello en el siglo pasado, un fuerte movimiento antipsiquiatrico en la dcada de los 60, el cual realiz fuertes cuestionamientos a la nocin misma de enfermedad mental, al uso de psicofrmacos, tcnicas de electrochoque y a la internacin de miles de personas diagnosticadas como tal.

Psiquiatras como Thomas Szasz, David Copper, Franco Basaglia plantearon la idea de que la psiquiatra es pseudocientfica, ya que aplica procedimientos mdicos a fenmenos que responden al ndole social. De ah que dentro de la antipsiquiatria aparecieran crticas tanto del mundo liberal como marxista, en donde la opresin responda a la conformacin de un estado teraputico autoritario, que por intermedio de etiquetas psiquitricas buscar un mayor control social.

Un movimiento antipsiquitrico que desde los 90 hasta hoy ha resurgido fuertemente en el mundo, resignificando la crtica al modelo biomdico y al cuerdismo histrico, a travs de la reivindicacin de la idea de orgullo loco, la cual es una forma de reapropiarse de una etiqueta que ha estado marcada por la estigmatizacin, aislamiento y persecucin de quienes padecen sufrimiento subjetivo.

Una accin poltica similar a lo que han hechos movimientos negros indianistas y queer luego de siglos de inferiorizacin, y que en el caso del movimiento loco desde el sur global, organizaciones como Rompiendo la Etiqueta, Red locura Latina, Centro de Estudios Locos, La Revolucin Delirante, Autogestin Libre Mente, No es lo mismo ser Loca que Loco y tantas otras, estn articulndose a travs de la Red Latinoamericana y Caribe de Derechos Humanos y Salud Mental como la Red Esfera Latinoamericana de Diversidad Mental.

Lo destacable de todas esas organizaciones y redes antipsiquiatricas que estn naciendo, es que estn comenzando a relacionar sus luchas de manera interseccional con otros procesos de opresin, como lo son el extractivismo, el androcentrismo, el adultocetrismo, el racismo, etc. De ah que el vnculo entre organizaciones antipsiquitricas con organizaciones feministas, ecologistas, anticoloniales, animalistas, anarquistas, es crucial para generar transformaciones profundas en la manera como nos relacionamos, y as cuestionar a un patrn de poder global, que lo que busca finalmente es segmentar el campo poltico en demandas especficas de ciudadanos.

En definitiva, la colonizacin psiquitrica a la experiencia humana, a travs de la idea de enfermedad mental no es ms que un tipo, entre muchas otras, de opresiones, que al estar relacionadas en un entramado mucho ms amplio e histrico, se hace necesario seguir tejiendo un pluriverso distinto, que sea sustentable y que no priorice una lucha por sobre otras, ya que no hace ms que profundizar la fragmentacin actual del mundo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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