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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2019

En el aniversario de Mara Moliner
De exilios interiores y montaas de palabras

Jos Antonio Mrida Donoso
Rebelin


Escribir, leer, hablar, debera siempre partir de un pacto con el lenguaje que nos envuelve, nos precede y nos supera, para comunicar y dejarse arrastrarse por la vida y no para hacerla olvidadiza.

Pocas estatuas hay dedicadas a Mara Moliner, la filloga que tuvo a bien dar a luz al Diccionario que lleva su nombre, una figura que, a pesar de su trascendencia, en gran medida sigue siendo desconocida y en cierto modo invisible. Si bien, su nombre da vida a diversos espacios urbanos que recorren Espaa, es en Aragn donde estos proliferan encontrndose dispersos por toda su geografa desde la avenida de Huesca o la plaza en Monzn, a la calle de Teruel o Andorra, pasando por los colegios de Enseanza Primaria, la calle o el colegio de Zaragoza. Especialmente significativo es el espacio de la glorieta en Paniza, el pueblo que la viera nacer un 30 de marzo, en la que se alza el busto que desde su inauguracin invita al paseante a recorrer su ciudad interior para aprender de los relatos que la pueblan, sus autores y los valores que representan en relacin a su espacio personal, su identidad y su propia existencia. Pero quiz de entre todos los lugares el ms paradigmtico sea la biblioteca -la de la Universidad de Filosofa y Letras o su hermana pequea, la municipal de la Magdalena- la que permite evocar mejor que ningn otro el ingente trabajo de la filloga llev a cabo para poder ordenar el uso del espaol. Quince aos de su vida tard en escribir si diccionario, un trabajo elaborado desde la soledad en los aos siguientes a la depuracin a la que la someti el franquismo, degrada laboralmente y que, en esencia, pervive en el interior de esas bibliotecas como edificios repletos de voces olvidadas y lugares comunes en los que se aprende lo que los profesores, en su momento, tenan miedo a ensear.

En cualquier modo, tras el aniversario de su nacimiento, es probable que el lector tenga a bien activar los mecanismos de memoria/olvido, identidades individuales/colectivas y en el conjunto de rivalidades memorsticas, organizadas, impuestas y elegidas, termine por atreverse a mirar al espejo que Mara Moliner ofrece y en el contemplar de su imagen acab por confundirse con el de ella. En ese caso valgan estas lneas para invitarle a no ceder en su empeo, bucee por el pasado de nuestra geografa, sin banderas ni telas que empaen el juicio, para alcanzar la isla memorstica de Mara Moliner y, por ende, la historia de una mujer que atraviesa el siglo XX e interpela al XXI. Quin sabe si as, en el mar relatos impuestos y el tsunami de la exhibicin de smbolos patrios que tienden a adornar las gradas del respetable, alcancemos espacios disidentes en los que el concepto de patria, nacin y Estado, no generen la pretendida confusin que tanto conviene a los defensores de fabulaciones igual de romnticas que peligrosas. Y es que cuando la sociedad se paraliza ante la zancadilla de la sinrazn y la retahla de palabras huecas que se vierten en contra de la Memoria Histrica, es cuando ms se precisa hacer acopio de palabras sosegadas, repletas de significado, para esgrimir discursos que permitan reencontrarnos en relatos coherentes, valientes y honestos. Solo con ellas, con las palabras con las que uno siente, se viste y se desnuda, vive, convive y muere, podremos reconstruir la voz de quien supo susurrar desde el silencio impuesto y prevalecer al mundanal ruido de los que siguen empeados en exiliar. Hijas de la lexicgrafa condenada a vivir en el exilio interior trascienden siempre que transgreden al silencio, al abismo de la pgina en blanco y la denuncia prohibida. Las ms de 190.000 definiciones vertidas en su diccionario sirvieron para rescatar a muchas del limbo de su pretendida indefinicin, para constituirse como unidad de la lengua capaz de servir a la mentira siempre injusta, pero tambin de sealarla. Hgame caso, merece la pena quedarse un rato ante el destello de la panicensa y antes de pasar pgina detngase por un momento a ordenar de nuevo las palabras que configuran su relato. Reconstruida su imagen podr recoger los vocablos desperdigados y las voces rotas de los que promulgan la muerte de Cronos y mientras fingen considerar que volver la vista atrs solo sirve para reabrir heridas y nos tildan de abuelos cebolletas a los que no olvidan, aunque probablemente nunca hayan odo hablar del clebre personaje de la familia de Manuel Vzquez. De este modo, tras la pausa, frente a los que se empean en vaciar las palabras quiz seamos capaces de hacerlas lengua y cuerpo y volver a significarlas de razn mucha razn, esa misma que siempre acaba por rememorar el diccionario de Mara Moliner.

 

Jos Antonio Mrida Donoso, profesor, historiador y doctor en filologa.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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