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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-04-2019

Entrevista a Elsa Dorlin, profesora de Filosofa social y poltica e investigadora en el Columbia Institute for Ideas & Imagination
"La cuestin de la violencia ante los chalecos amarillos revela una crisis democrtica histrica en Francia"

Reporterre


Este sbado [30 de marzo] se celebrar el Acto19 [1] del movimiento de los chalecos amarillos. El gobierno ha adoptado una posicin terrorista tras los daos causados durante la manifestacin del sbado 16 de marzo, asumiendo a partir de ese momento que pueda haber muertos. En esta entrevista, Elsa Dorlin aborda la cuestin del lugar que ocupan la violencia y el cuerpo en poltica.

-Cmo valora las escenas de violencia durante las movilizaciones de los chalecos amarillos el sbado 16 de marzo en Pars?

Se podran utilizar otras palabras: daos materiales, destruccin de establecimientos comerciales, pero tambin revuelta, insurreccin, etc. Estos hechos se califican de violencia extrema debido, en parte, a un marco de interpretacin que nos ha sido impuesto: la imagen de esta violencia y cmo se presentan tienen la funcin de suscitar indignacin, reprobacin y la falta de solidaridad; pero la realidad de estos enfrentamientos ofrece otras imgenes, otras formas de pensar este conflicto.

Hay que mirar hacia otro lado para hablar de la violencia como tal. Antes del Acto 18, el periodista David Dufresne ya haba contabilizado 202 heridos en la cabeza, 21 personas que haban perdido un ojo y cinco manos amputadas desde el comienzo de las movilizaciones de los chalecos amarillos. Tener en cuenta estas lesiones corporales, los riesgos a partir de ahora asumidos de muerte, permite adoptar otra perspectiva sobre la violencia. Estoy pensando en Zineb Redouane, una marsellesa de 80 aos, que en diciembre ltimo recibi el impacto de un bote lacrimgeno cuando estaba en la ventana y muri horas ms tarde. La muerte de esta mujer, de la que ya no se habla, fue de una violencia extrema; aunque parece que nunca ocurri. As pues, hablamos de mutilaciones, de secuelas de por vida, es decir, de vidas perdidas en el contexto de una movilizacin social; es decir, de una actividad que constituye un derecho constitucional [derecho a manifestarse].

Esto plantea la cuestin del mantenimiento del orden pblico. Qu dispositivo debe adoptar un rgimen democrtico frente a expresiones de ese derecho? Para m, la cuestin de la violencia seala al gobierno y a las fuerzas del orden y muestra una crisis democrtica histrica en Francia.

-Cmo analiza esta violencia fsica ejercida por el Estado, a travs de la polica, sobre el cuerpo de los y las manifestantes?

En el hexgono francs, la historia de estos dispositivos para mantener el orden tras las grandes huelgas y manifestaciones de la dcada de 1930, despus, en las [movilizaciones] sindicales, sociales, anticoloniales o estudiantiles de las dcadas de 1960, 1970 y 1980 muestra un lento y difcil cambio de las tcnicas utilizadas con el objetivo de evitar prcticas letales. Esa nueva doctrina para mantener el orden tuvo como principio no atentar contra la integridad fsica de las personas, mantenerlas a distancia o dispersar las manifestaciones porque el riesgo de que hubiera alguna persona muerta se haba convertido en demasiado costoso polticamente (pienso en la dimisin de Alain Devaquet como consecuencia de la muerte de Malik Oussekine en 1986 durante las movilizaciones estudiantiles).

Sin embargo, la secuencia histrica que abarca las movilizaciones del ZAD[2] (y la muerte de Rmi Fraisse en octubre de 2014), las movilizaciones contra la reforma laboral y el movimiento Nuit Debout, la muerte de Adema Traor en julio de 2016 (tras su detencin), muestran que la filosofa para mantener el orden ha cambiado de forma neta. Se ha pasado a las tcnicas que suprimen la distancia: al cuerpo a cuerpo, a poner en el punto de mira a las personas (de forma bastante indiferenciado), a meter la presin a los cortejos (kettling, en ingls), a perseguir a los individuos... son prcticas de represin que intentan herir, mutilar los cuerpos, atentar contra las vidas. Esto se traduce en el uso de armas (por ejemplo, disparos de pelotas de goma (LBD), de gases paralizantes de nueva generacin, porras y tcnicas de combate cuerpo a cuerpo, desarrolladas en su origen por las secciones de asalto o las unidades de lite del ejrcito.

La decisin de desfigurar los cuerpos solo puede tener una funcin: no la mantener el orden sino la de quitar las ganas de volver a manifestarse a la gente, y a quienes querran unrseles, incitarles a quedarse en casa delante de la tele. Esto se acompaa de una imaginario poltico viril. El Estado utiliza el gnero eficazmente para representar la firmeza, la energa, el respeto al Estado de derecho; paralelamente, el Estado estigmatiza a los manifestantes (solo habra hombres...) como inmaduros, brbaros, irracionales; como nios o adolescentes rebeldes. El gobierno muestra que no falla frente a los chalecos amarillos, y utiliza un universo de palabras y de representaciones paternalistas. En realidad, es la poltica del garrote que utiliza la violencia fsica como smbolo de la autoridad poltica.

Ahora bien, este uso de la violencia, relativamente indita en la Francia metropolitana desde finales de la dcada de los 80, siempre ha sido la norma en las colonias, despus denominadas DOM-TOM [Departamentos o Territorios de ultramar]: en Guadalupe, en mayo de 19677 y en Martinica en febrero de 1974 para reprimir con un bao de sangre las huelgas. Lo mismo sucede en los barrios populares: a la luz de la historia del colonialismo y del racismo, es necesario relativizar el proceso de eufemizar la violencia policial. Hoy, no asistimos a una vuelta a los aos 30, sino a ejercer de forma voluntaria, cientficamente decidida, una violencia poltica sobre la poblacin que hasta ahora se haba librado de ella y disfrutaban plenamente de sus derechos polticos; entre ellos, el manifestarse en el espacio pblico sin riesgo de perder un ojo, una mano o la vida.

-Los chalecos amarillos son, sobre todo, personas salidas de las clases populares, de la Francia perifrica. Sus manifestaciones cerca de los centros del poder, las degradaciones de las que se habla, pueden ser interpretados como una forma de autodefensa frente a una violencia social del Estado semejante a que usted ha observado en relacin a otros grupos sociales oprimidos?

En los movimientos histricos de emancipacin que han utilizado o han encarnado una filosofa de autodefensa, el punto de inflexin se da cuando un poder deja de tomar en consideracin la vida de determinadas personas. Para estas ltimas, se hace imposible delegar en el Estado el derecho a defenderse puesto que, justamente, este Estado pone en peligro sus vidas. Por ejemplo, exponindoles a condiciones de trabajo deplorables, mantenindolas en la miseria social, alojndolas en viviendas insalubres, en un medioambiente contaminado o, incluso, legitimando la violencia de la que son objeto. En una palabra, el poder ya no asegura condiciones de vida dignas de ese nombre a determinadas personas; entonces, la autodefensa se convierte en el nico recurso vital.

La autodefensa no se limita al uso de la violencia para defenderse de manera ilusoria o paranoica. En la autodefensa, la violencia es la ltima posibilidad para supervivir. Detrs de ruido de los cristales rotos, del fuego y el saqueo, hay vidas que luchan con la conciencia extrema de que ya no valen nada y que pueden reventar en medio del silencio y la indiferencia si no se sublevan. La mayora de los chalecos amarillos han salido de las clases populares llamadas silenciosas, no tenidas en cuenta, abandonadas progresivamente a la agona social. Antes del otoo de 2018, lo que se ha convertido despus en el pueblo de las rotondas, probablemente no tena conciencia de hasta qu punto sus vidas estaban reducidas a no contar para nadie. Algo que para otras poblaciones depauperadas, racializadas, descendientes de la emigracin colonial y poscolonial, de otros pueblos (de los barrios, de los bloques de apartamentos, de las ciudades dormitorio, o incluso de islas tursticas...), es un rgimen de vida muy familiar frente al que, desde hace mucho tiempo, ha sido necesario inventar formas de defensa de la vida social y poltica o, simplemente, de la propia vida. Aqu vemos que la autodefensa incluye prcticas de solidaridad, de auto-organizacin (para desplazarse, alojarse, cuidarse, alimentarse, educarse...), de creacin del gora, del cuidado del yo y cuidado del nosotros, nosotras.

 

-En Montpellier, durante una manifestacin habitual, surgi un debate entre los chalecos amarillos que deseaban llegar al centro de la ciudad y estimaban que las roturas [de escaparates] eran el nico modo de hacerse entender y militantes ecologistas que preferan reunirse en un pueblo alternativo en la periferia. Qu piensa del dilema entre violencia y no violencia?

Manifestarse en el Arco de Triunfo, delante de las tiendas de grandes firmas o, sin duda, de Fourquets [restaurante de lujo] en los Campos Elseos, o en los accesos de centros comerciales en toda Francia, en las grandes calles comerciales de los centros histricos de las ciudades de Francia que se han vuelto todas iguales conforme a las renovaciones urbanas En Navidad, los chalecos amarillos bloquearon los accesos a las grandes superficies: es decir, pusieron trabas a una sociedad consumista, responsable directa de la situacin econmica, medioambiental y social. Los daos o mejor, el sabotaje que me parece ms apropiado en relacin a lo que ocurre en estos espacios, participa de una reterritorializacin de las luchas, es decir una forma de repolitizacin de un conflicto social (contra el 1% que disfruta de los beneficios, dividendos, subida de sueldos, de nivel de vida...). Se trata de manifestarse sin autorizacin ante los centros del poder, geogrficamente y econmicamente, ms representativos: all donde se encuentran el dinero y el capital; en los barrios ricos, donde vive la gran burguesa indiferente que goza del derecho a circular, de alimentarse, de alojarse, de instruirse, de cultivarse... sin trabas. Mucho ms que tal o cual espacio pblico o privado, estas prcticas de sabotaje apuntan a un sistema que est espacialmente materializado. Una vez ms, se trata de una forma de no reducir la accin poltica, la vida poltica, a una expresin formateada: permisos, manifestaciones con trayectos bien delimitados, con horarios marcados.

Es cierto, en paralelo, existe otro repertorio de acciones, histricamente no violento, desarrollados por militantes ecologistas, pero no solo ellos. Consiste en abrir brechas, en lugares protegidos, donde escapar del capitalismo, de la sociedad de consumo e inventar otras formas de construir comunidad. En parte, es lo que ha sido la ZAD de Notre-Dame -des- Landes. Pero la ZAD fue objeto de una violencia desmesurada para erradicarla.

-A qu se denomina destrozos? El debate sobre su utilidad o al contrario, su carcter contraproducente, atraviesa los movimientos sociales...

Es cierto, y esto plantea la cuestin de la representacin de los que se califica como accin poltica, las emociones suscitadas por las movilizaciones sociales y por sus repertorios de accin. Estos ltimos decenios, uno de los mayores desafos para los colectivos militantes ha sido el impacto meditico de su accin, la imagen que les va a devolver, el discurso que va a suscitar y del que depende el reconocimiento de su legitimidad. Cuanto ms sea percibida como positiva, alegre, humorstica y festiva la accin, ms exitosa ser considerada la movilizacin, con la esperanza de que ane a la opinin pblica y que sea entendida. Actualmente asistimos a la anulacin de este tipo de razonamiento: las condiciones exigidas para que una accin sea reconocida como legtima no parecen servir ms que para agotar a las movilizaciones y los movimientos sociales. Las huelgas de larga duracin en correos, en los hospitales, en la enseanza nacional o tambin en la universidad... cualquiera que sea la expresin que tomen, no son tenidas en cuenta, escuchadas. Es una estrategia de desgaste, de agotamiento: as, por un lado, se exige no ser violento para ser atendido, pero, por otro, si te atienes a esta exigencia de no violencia, te enfrentas al silencio, a la difuminacin, a una indiferencia que te agota.

-En su libro, tumbarse en el suelo para defender la vida no es solamente un medio para hacerse or sino que tambin cambia la relacin consigo misma.

La idea que he desarrollado es que la historia de la autodefensa como prctica de emancipacin muestra que la poltica pasa por el cuerpo: haciendo gestos, elevando la voz, en el espacio pblico, en el mundo social, elevndose fsicamente contra la injusticia, nos convertimos en sujeto poltico, hasta en nuestros msculos, en nuestra carne. La autodefensa es esa forma de reanimacin vital del cuerpo poltico, de las vidas polticas en la realidad. Hoy Hace falta coraje para salir a manifestarse cuando sabemos que se puede perder la vida mientras que todo est preparado para respetar nuestros cuerpos. Salir a pesar de todo, encontrarse, formar un cuerpo colectivamente y crear un nosotras-nosotros poltico en una rotonda o en otro lugar, produce una conciencia poltica de la que hacemos la experiencia fsicamente y es una forma de resistencia cuando se sabe que la represin intenta justamente marcar los cuerpos en carne viva y marcar las vidas para que se deterioren, para que no se muevan ms.


* Elsa Dorlin es profesora de Filosofa social y poltica e investigadora en el Columbia Institute for Ideas & Imagination. Es autora de Se dfendre. Une philosophie de la violence (La Dcouverte).

Notas

[1] Desde el 17 de noviembre, el movimiento de los chalecos amarillos numera sus convocatorias de movilizacin semanales "Acto". ndt

[2] Zonas a defender.


https://reporterre.net/

Traduccin de Viento Sur

https://www.vientosur.info/ 



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