Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-07-2004

En Hebrn

Yitzhak Laor
London Review of Books vol 6 N 22


El da de la independencia de Israel este ao cay el 27 de abril. Para su tarea escolar, mi hijo de nueve aos me tena que preguntar sobre mi pasado militar. Antes de entregar la tarea, su maestra invit al padre de uno de los nios, un coronel de la Fuerza de Defensa Israel (IDF), para dar una charla en perfecto uniforme militar. Los nios estaban fascinados. Ansiosos por hacer preguntas, ms que nada queran saber si tena miedo, aunque tambin preguntaron si haba matado al Sheikh Ahmed Yassin, cuya foto y la de su silla de ruedas destruida fueron un hit en la televisin Israel. El coronel dijo que fue otra unidad, no la suya, 'pero mereca morir', y prometi a los nios que 'no matamos a menos que haya una razn realmente buena'. Termin su charla diciendo a los nios que esperaba que algn da ellos tambin tuvieran la oportunidad de convertirse en miembros importantes de la IDF.

Nuestra vida empeora, la pobreza se expande, los servicios de educacin y salud se estn deteriorando, la clase media se est hundiendo, y somos gobernados por una junta cuyo dinero y poder han aumentado hasta un punto que la gente se niega a creer, an cuando se verifica en las cifras. Un coronel de 45 aos que se retira del ejrcito recibe una mdica suma cercana a los dos millones de dlares, adems de una pensin de por vida y una segunda carrera, usualmente como ejecutivo de una de las enormes corporaciones, o en asuntos de armas.

Cuando el israel promedio quiere explicar estos privilegios, seala que a lo largo de su carrera el coronel arriesg su vida. Pero eso ha sido un mito por al menos dos dcadas. El coronel no ha estado arriesgando su vida porque ya no hay un enemigo serio. Slo existe el nico deseo palestino de vivir como una nacin libre que es representado como una amenaza existencial para el Estado de Israel en la forma de una campaa terrorista. Pero no amenaza la existencia de Israel. Nunca lo hizo, pero de seguro ayuda a los militares a montarse en la cresta de la ola de pnico.

La verdadera lucha en la sociedad israel hoy no es entre las palomas y los halcones, sino entre la mayora que toma por un hecho la imagen de la IDF como defensa de nuestra nacin, con o sin cuotas bblicas, y la minora que ya no lo compra. Si el ejrcito hace algo malo es siempre una excepcin (harig, en hebreo). Los que creen que estamos luchando por nuestras vidas tambin creen que hacemos lo posible para ser humanos, y ms o menos lo logramos. Este frgil complejo de axiomas depende o bien del optimismo ingenuo (pronto se resolver todo) o de imgenes. Los argumentos ya no funcionan.

Las imgenes ms efectivas son las de cuerpos desmembrados, madres gritando y padres apenados. Pero eso es exactamente por qu el Servicio de BBC World es considerado hostil aqu. No es por el Vanunu affair [el asunto Vanunu], sino por las imgenes que muestra del sufrimiento diario al otro lado del camino, a diez minutos de nuestros seguros hogares, nuestras piscinas, nuestras vidas felices. Hasta la CNN fue considerada hostil mientras se comport mal, trayndonos fotos que contradecan la imagen bsica de nuestra existencia. Las atrocidades siempre se preparan en contra nuestro, y cuanto ms brutal se vuelve Israel, tanto ms depende de nuestra imagen como la eterna vctima. De aqu la importancia del holocausto desde fines de los 80 (la primera intifada), y su retorno a la literatura hebrea (See under: Love de David Grossman). El holocausto es parte del imaginario de vctima, por esto la locura por viajes escolares a Auschwitz subsidiados por el estado. Esto tiene menos que ver con comprender el pasado que con reproducir un ambiente en el cual existimos en el tenso presente como vctimas. Junto con eso viene el imaginario de soldados saludables, hermosos y sensibles.

Este es el contexto, en el cruce entre el movimiento refusenik en expansin (lentamente, y quizs demasiado pequeo y demasiado tarde) y la desbordante desesperacin, evidente en una exhibicin llamada Rompiendo el Silencio (Shovrim Shtika) que abri a principio de junio en la Universidad de Tel Aviv: una exhibicin de fotografas tomadas en su mayora por conscriptos annimos en servicio en Hebrn. (Su comandante de brigada era el coronel que dio la charla en la clase de mi hijo.) Sesenta de las 90 fotos muestran aspectos del conflicto entre los palestinos y los colonos, pero 30 muestran a los soldados en sus rutinas diarias y la rutina lo dice todo. De hecho, hacia fines de junio, la polica militar de la IDF hizo una redada en la exhibicin, confiscando, como dijo Haaretz, una carpeta que contena recortes de diarios sobre la exhibicin, as como un videocasete que inclua declaraciones hechas por 70 soldados sobre sus experiencias en Hebrn.

Cuatro de los jvenes que organizaron la exhibicin fueron interrogados. Sobre qu fueron interrogados? Bueno, son sospechosos de haber cometido los crmenes que documentan en su video abuso de palestinos, destruccin de la propiedad, etc.
De vez en cuando la oposicin surge desde dentro del monstruo. De ah el movimiento Courage to Refuse [Coraje para Rehusarse], la carta de septiembre pasado firmada por 27 pilotos que se rehusaban a atacar a la poblacin civil en los territorio ocupados, la carta en diciembre de una unidad de comando de elite que se rehus a pelear, y dems. Una sociedad que vive en el pasado como si fuese el presente es vulnerable: el pasado/presente se convierte en una espada de doble filo. Podras ser demandado si llamaras a alguien nazi aqu, pero uno lo oye seguido. Sera ms apropiado comparar la brutalidad israel con la francesa en Argelia, o la britnica en Sudn o Malasia, pero nos resignamos a la nocin de que nuestro pasado se transforma en nuestro futuro.
La repulsin moral no es el nico factor, sin embargo. Los jvenes que se unen al ejrcito quieren pelear en los tanques ms sofisticados, disparar con los caones ms atemorizantes, volar los flamantes jets, operar los helicpteros Apache, conquistar las posiciones ms fortificadas del enemigo, saltar en paracadas en las lneas enemigas. Luego, despus de todo su extremadamente difcil entrenamiento, despus del sufrimiento y la ambicin, encuentran que no hay herosmo, no hay gloria, no bucean como comando de la marina bajo las aguas del Golfo Prsico. En cambio, bombardean un edificio de seis pisos en Gaza, hambrean a una ciudad, abusan de las mujeres en los puntos de control, ven a Shin Bet torturar a los detenidos, traen ms miseria a los campos de refugiados.

Lo que el ejrcito de Israel (como el estado de Israel) necesitan reproducir en sus soldados es o bien simplemente el racismo eso es, la fe en la naturaleza asesina de los rabes- o una especie de mesianismo religioso, ideologa neo-nazi envuelta en judasmo. Una de las fotos de la exhibicin muestra una parte de un graffiti de colonos en Hebrn que dice: los rabes a las cmaras de gas. Este tipo de discurso tiene su debilidad: necesita soldados que luchen por ello. Hay muchos que no lo harn.

Ahora mismo, los ex soldados que formaron parte de la exhibicin cerr a principios del mes- estn trabajando en lo que ellos llaman una investigacin periodstica, a pesar de que parece que estuvieran recolectando evidencia para alguna clase de juicio imaginario. La excepcin incrimina a un soldado individual; si puedes mostrar que es la regla incriminas a los verdaderos criminales de la guerra, las cabezas de la IDF y del gobierno. Estos ex soldados estn haciendo contacto con conscriptos y reservistas de las brigadas, juntando fotos, confesiones, testimonios para ms exhibiciones. Lo que nos estn diciendo es de comn conocimiento detrs de la colina, ms all de los punto de control, en cada jardn de infantes palestino hecho pedazos. Lo estn haciendo porque todava creen en alguna suerte de justicia israel. La fe, me temo, no tiene base en la realidad. Por el otro lado, de qu otra manera puede uno convertirse en un hombre decente, si no es creyendo en alguna suerte de justicia, en alguna suerte de lugar en los cuales llegar a un acuerdo con el poder? El Lugar es uno de los muchos nombres dados a Dios en hebreo.

Primera semana, primera vez en el punto de control, en el pasaje entre el rea palestina y una calle a la que slo pueden ir los judos. Esos tipos tienen que parar, hay una lnea, luego te pasan sus identificaciones a travs de una reja, los controlas, y los dejas ir. Este tipo que estaba conmigo grita: Wagif! Alto! El hombre no entendi y dio un paso ms. Luego grita de nuevo, Waigf! y el hombre se detiene. Entonces el soldado decide que porque el tipo dio este paso extra sera detenido. Yo le dije: Oye, qu ests haciendo? l me dijo. No, no, no discutas, al menos no en frente de ellos. No voy a confiar ms en ti, no eres confiable. Eventualmente vino uno de los comandantes de la patrulla, y yo le dije: Cul es el problema, cunto tiempo lo quieren detener? l dijo: Puedes hacer lo que quieras, lo que sientas que quieres hacer. Si sientes que hay un problema con lo que l ha hecho, si sientes que hay algo mal, aunque sea la ms mnima cosa, lo puedes detener por el tiempo que quieras. Y luego comprend, un hombre que ha estado en Hebrn una semana, no tiene nada que ver con el rango, puede hacer lo que quiera. No hay reglas, todo es permitido.

Otra cosa que recuerdo de Hebrn es el llamado procedimiento grass widow el nombre de una casa que el ejrcito toma y la convierte en un puesto de observacin, el hogar de una familia palestina, no de una familia terrorista, simplemente una familia cuya casa serva de buen puesto de observacin. Ests en la casa de alguien, y todo est sucio con mierda, hay cartuchos y vidrios en las escaleras, as puedes or si se acerca alguien. Te encuentras en un barrio palestino, en las casas de algunas familias, y es totalmente surreal, porque all ests, sentado en el living, escuchando si es que viene gente a atacarte. Qued comida, y haba una TV, pero no se nos permita encenderla utilizar su electricidad, eso sera demasiado, eso sera considerado como una mala ocupacin.

Era viernes a la noche, y la compaa auxiliar, que estaba estacionada con nosotros en Harsina, eliminaron a dos terroristas. La cena del viernes a la noche fue, por supuesto, un asunto muy alegre, y toda la base estaba saltando. Cuando me iba de la cena, lleg una ambulancia blindada con los cuerpos de los terroristas, y los dos cuerpos de los terroristas eran sostenidos en posicin horizontal por tres personas que estaban posando para las fotos. Hasta yo me impact con esta escena, cerr mis ojos para no ver y me fui. Realmente no tena ganas de ver los cadveres de terroristas.

Nuestro trabajo era parar a los palestinos en los puestos de control y decirles que no podan pasar ms por aqu. Quizs hace un mes podan, pero ahora no. Por el otro lado haba unas seoras mayores que tenan que pasar para llegar a sus casas, as que les sealamos en direccin de la abertura por la cual podan pasar sin que nos diramos cuenta. Era una situacin absurda. Nuestros oficiales tambin saban de estas aberturas. Ellos nos dijeron. A nadie le importaba en realidad. Nos haca preguntarnos qu estbamos haciendo en el puesto de control. Por qu estaba prohibido pasar? Era realmente una forma de castigo colectivo. No puedes pasar porque no puedes. Si quieres cometer un ataque terrorista, gira a la derecha all y luego a la izquierda.

Estaba avergonzado de m mismo el da que me di cuenta de que simplemente disfrutaba de sentir el poder. No solamente lo disfrutaba, lo necesitaba. Y luego, cuando de repente alguien te dice que no, dices: qu quieres decir con no? de dnde sacas las agallas para decirme que no? Olvida por un momento que pienso que todos esos judos estn locos, y que en realidad quiero la paz y creo que debemos dejar los territorios, cmo te atreves a decirme que no? Yo soy la Ley! Una vez estaba en un puesto de control, uno temporal, un llamado punto de control de estrangulamiento que bloquea la entrada a una ciudad. De un lado una fila de autos esperando para salir, y del otro lado una fila de autos esperando para entrar, una enorme fila, y de repente tienes una poderosa fuerza en la punta de tus dedos. Me paro all, sealando a alguien, gesticulando que haga esto o aquello, y t haces esto o aquello, los autos se encienden, se mueven hacia m, se detienen tras de m. Sigue el otro auto, haces seas, se detiene. Comienzas a jugar con ellos, como un juego de computadora. T ven aqu, t ve para all, as. Casi ni te mueves, los haces obedecer la punta de tu dedo. Es un sentimiento poderoso.

En una patrulla en Abu Sneina hacemos un puesto de control donde detienes autos y los controlas. Detenemos a un tipo que conocemos, que siempre est por aqu, no da problemas. Se hacen conexiones, an cuando no hablamos el mismo idioma y an si es difcil de explicar. El comandante lo para. T tapa el frente. T tapa la parte de atrs. As que cubro el frente. El comandante le dice: Contine, siga. Saque su gato. El tipo slo se para all y mira. No entiende lo que quieren. Entonces el comandante le grita que tiene que sacar su gato y comenzar a sacar las ruedas. Yo estoy parado cerca de una pared de roca y el tipo se acerca y saca una roca para poner debajo del auto, y luego otra roca. En ese punto, el comandante se acerca a m dice: Esto te parece humano? Tiene una horrible sonrisa en su rostro. Es espantoso. No puedo hacer nada. No tengo suficiente aire para decir nada. Me quito el casco y me apoyo en la pared de roca, an cubriendo el frente, y lloro.

Una vez un nio, un chico de unos seis aos, pas al lado mo en mi puesto. Me dijo: Soldado, escucha, no te enojes, no trates de pararme, voy a salir a matar a algunos rabes. Miro al nio y no entiendo exactamente qu se supone que tengo que hacer. As que l dice. Primero, primero voy a comprar un chupetn en Gotnik ese es su almacn- luego voy a matar a algunos rabes. No tena nada que decirle. Nada. Me qued completamente en blanco. Y esa no es una cosa tan simple, que una ciudad, que una experiencia as pueda silenciar a alguien que era un educador, un consejero, que crea en la educacin, que crea en hablar con las personas, an cuando sus opiniones fuesen diferentes. Pero no tena nada que decirle a un chico as. No hay nada que decirle.

La existencia misma del punto de control es humillante. Yo cuido, o permito la existencia de 500 colonos judos a expensa de 15.000 personas bajo una ocupacin directa en el rea H2 y otras 140.000-160.000 en las reas que de los alrededores de Hebrn. No importa cun agradable sea yo para ellos. Seguir siendo su enemigo. Mientras quieras mantener a estas 500 personas vivas en Hebrn y permitirles que lleven adelante su existencia de manera razonable, tienes que destruir la existencia razonable de todo el resto. No hay alternativa. Para la mayora, estas son consideraciones de seguridad reales. No son imaginarias. Si quieres proteger a los colonos de que les disparen desde arriba, tienes que ocupar todas las colinas a su alrededor. Hay gente que vive en esas colinas. Tienen que ser sometidos, tienen que ser detenidos, a veces tienen que ser heridos. Pero mientras el gobierno mantenga la decisin de que la colonia en Hebrn permanecer intacta, la crueldad est, y no importa si podemos actuar amablemente o no.

Cuando queremos, elegimos una casa en el mapa, y vamos a ella. Jaysh, jaysh, iftah al bab" ejrcito, ejrcito, abra la puerta- y abren la puerta. Llevamos a todos los hombres a una habitacin, a todas las mujeres a otra, y los ponemos bajo custodia. El resto de las unidades hacen lo que quieren, excepto destruir el equipo no hace falta decirlo- y no puedes usar nada: tenemos que causar el menor dao posible a las personas, el menor dao fsico posible. Si trato de imaginarme la situacin inversa: si hubieran entrado en mi casa, no una fuerza policial con un garante, sino una unidad de soldados, si hubieron entrado a la fuerza en mi casa, empujado a mi madre y a mi hermana a mi habitacin, y forzado a mi padre y a mi hermano menor y a m a quedarnos en el living, apuntndonos con sus armas, riendo, sonriendo, y a veces sin entender lo que decan los soldados mientras vaciaban los cajones y revisaban todo. Ups se cay, se rompi todo tipo de fotos, de mi abuela y abuelo, todo tipo de cosas sentimentales que no quisieras que nadie ms viera. No hay justificacin para esto. Si hay una sospecha de que un terrorista ha entrado en una casa, as sea. Pero simplemente entrar en una casa, cualquier casa: aqu eleg una, mira qu divertido. Entramos, la revisamos, causamos un poco de injusticia, reafirmamos nuestra presencia militar y luego nos vamos.

Hay una conexin muy clara y poderosa entre cunto tiempo de servicio tienes en los territorios y cun mal ests de la cabeza. Si alguien est en los territorios medio ao, es un principiante, no lo dejan ir a los lugares interesantes, cumple tareas de vigilancia, todo lo que hace es simplemente volverse ms y ms amargo, enojado. Mientras ms mierda come, de los judos y los rabes y el ejrcito y el estado, a eso le llaman insensibilidad pero yo no, porque servir en los territorios no se trata de insensibilidad, es un estado de excitacin, una especie de excitacin negativa: siempre ests cansado, siempre tienes hambre, siempre tienes que ir al bao, siempre tienes miedo de morir, siempre ests ansioso por atrapar a un terrorista. Es una vida sin descanso. An cuando duermes, no te sientes bien. No recuerdo haber dormido bien ni una vez en Hebrn. Simplemente es una experiencia que no debera pasar ningn ser humano. Te hace mal a la cabeza. Es la experiencia de un animal de caza, un animal que caza, de un animal, lo que sea.

Cuando estuve en servicio en Hebrn, por primera vez en mi vida me sent diferente por ser judo. No puedo explicarlo. Pero la Tumba de los Patriarcas, la ciudad ancestral, me hicieron algo. No s si estaba defendiendo al estado de Israel, pero estaba defendiendo a los judos que eran parte del estado, y en la ciudad donde la controversia es diferente a la de otras ciudades rabes. Era la ruta de los peregrinos. Un da, de la oscuridad, un grupo de unas seis mujeres judas con unas seis o siete nias simplemente empezaron a corretear, comenzaron al golpear pesebres y darlos vuelta, y a escupir a los rabes y a los ancianos. Una de las mujeres tom una piedra y rompi en pedazos la ventana de una peluquera. Sale un hombre, y me encuentro yo, por un lado, tratando de quitarle la piedra, y por otro lado, defendindola, para que no la muelan a golpes. As que por un lado te dices a ti mismo, mierda, se supone que tengo que cuidar a los judos que estn aqu. Pero estos judos no se comportan con la misma moralidad o valores con los que me criaron. Si son capaces de escribir en las puertas de los rabes Fuera rabes o Muerte a los rabes, y dibujar una Estrella de David, que para m es una esvstica cuando la dibujan as, entonces de alguna manera el trmino Judo ha cambiado un poco para m.

Una vez estaba en Hebrn, cuando de un portal cercano a nuestro puesto que lleva al Kasbah, y al cual est prohibido entrar o salir, vino un hombre de unos cincuenta o sesenta aos con unas mujeres y nios. Caminas hacia l y dices en rabe: Pare, hay toque de queda, vaya a casa. Y comienza a discutir contigo. Y se envalentona, como cree que al final pasar. No est tratando de escabullirse, realmente cree que est en su derecho. Y eso te confunde. Recuerdas que en realidad te gustara dejarlo pasar, pero se supone que no lo deberas dejar pasar, y cmo se atreve a pararse en frente tuyo... Finalmente la patrulla aparece, y de una discusin entre dos soldados y diez personas, se convierte en una discusin entre diez soldados y diez personas, con un oficial que, naturalmente, tiene menos inclinacin a contenerse. Se empuan armas, apuntan, no directamente hacia l sino a sus piernas. Vyase de aqu, ya basta de hablar! Yo estaba ms cerca de l, como a uno o dos metros. Estaba bien vestido, con un traje y un kaffiyeh, se vea realmente respetable. Y yo estaba parado all con mi arma, cerca de mi pecho, tratando de defenderme, protegerme. Tena miedo de que intentara algo. Y la atmsfera estaba cargada, ms de lo usual. Luego se golpea el pecho, y sus dos puos estn cerrados. Mi dedo se mueve hacia el seguro del arma, y luego veo que sus ojos estn llenos de lagrimas, y dice algo en rabe, se da vuelta, y se va. Y su clan lo sigue. No estoy exactamente seguro por qu este incidente est grabado en mi memoria entre todas las veces que le dije a la gente que se fuera cuando haba toque de queda, pero haba algo tan noble en l, y me sent como la escoria del mundo. Como, qu estoy haciendo aqu?

Esa maana, un grupo bastante grande lleg a Hebrn, unos 15 judos de Francia. Eran todos judos religiosos. Estaban de buen humor, realmente la estaban pasando bien, y me pas todo mi turno siguiendo a esta pandilla de judos y tratando de evitar que destruyeran la ciudad. Slo dieron vueltas, levantando cada piedra que vean, y arrojndola a las ventanas rabes, y destrozando los que se les cruzara. Esta no es una historia de horror: no atraparon a ningn rabe y lo mataron ni nada de eso, pero lo que me molest es que quizs alguien les dijo que hay un lugar en el mundo en el que los judos pueden descargar toda su ira contra los rabes, y simplemente hacer cualquier cosa. Venir a las ciudades palestinas, y hacer lo que quieran, y los soldados siempre estarn all para protegerlo. Porque ese era mi trabajo, protegerlos y asegurar que no les pasara nada.


24/7/2004
* Yitzhak Laor es un novelista que vive en Tel Aviv
Traductor: Victoria Rouge-especial para Panorama Internacional



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