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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-04-2019

Identidad y ambivalencia humana

Antonio Antn
Rebelin


El carcter o la identidad del ser humano y el sentido de sus interacciones se definen de forma distinta segn diversas tradiciones. A lo largo de la historia se han producido intensos y prolongados conflictos culturales y morales que expresaban diferentes y contrapuestos intereses sociales, polticos y econmicos. Me referir aqu al concepto de identidad, la ambivalencia del ser humano y el doble componente, individual y social, de las personas. Todo ello para clarificar el sentido de la identidad de gnero, elemento clave para la teora feminista.

El concepto de identidad, sin determinismos

En primer lugar, se debe definir el concepto identidad, en los planos individual y colectivo, ya que hay, al menos, dos acepciones distintas: a) identidad como expresin de la subjetividad, es decir, de los afectos, deseos, sentimientos, emociones y, tambin, pensamiento y aspiraciones; b) identidad como conjunto de rasgos psicolgicos-culturales, pero tambin sociales, o sea que incluye las relaciones sociales, el estatus y el comportamiento. La primera (cultural) pone el acento en los componentes subjetivos-culturales; la segunda (social), destaca todos los rasgos psico-culturales y la posicin social y su interaccin relacional. El reconocimiento, componente identitario clave, se refiere a ese doble plano: reconocimiento de s mismo (autorreconocimiento) y, adems, reconocimiento de los dems individuos y grupos sociales y su relacin con ellos (reconocimiento social o pblico). Y ese carcter doble del ser humano (individual y social) y la interaccin de sus dos componentes (subjetividad y estatus) se produce en unos procesos y contextos concretos.

Conviene tambin precisar el concepto de cultura ya que tiene similar pluralidad semntica que el de identidad, lo que puede llevar a confusin: una versin restrictiva (usual en psicologa, filosofa y literatura) es la de considerar exclusiva o fundamentalmente los componentes subjetivos: ideas y afectos; una versin amplia (utilizada en sociologa, historia y antropologa) donde, adems de los componentes subjetivos, incorpora los hbitos, costumbres y conductas, o sea, la prctica social y relacional. En este segundo significado el trmino cultura lleva a confundirse con la palabra sociedad que, a veces, desaparece junto con su contenido, el vnculo social. Si se utiliza con el primer significado, sin complementar con el resto de la propia realidad social y material, se infravalora lo social.

Segn Durkheim, los hechos sociales, incluidos los econmicos-laborales, poltico-jurdico-institucionales, culturales y medioambientales -derivados de la accin humana-, los estudia la sociologa, as como las ciencias sociales y las humanidades, aparte de la biologa humana y, en parte, el resto de las ciencias naturales, al estar relacionados con la naturaleza. Son actividades y relaciones vividas, sentidas e interpretadas. As, aqu se utiliza la palabra social, mayoritariamente en sentido amplio, como referida a la problemtica de la sociedad (humana), por tanto, incluyendo en las relaciones o vnculos sociales el conjunto de interacciones humanas.

En consecuencia, en el uso de esos significantes es conveniente precisar su significado para explicar la complejidad de la relacin entre las dos partes: por un lado, subjetividad (ideas y afectos) y, por otro lado, posicin social junto con prctica relacional. La clarificacin del lenguaje es necesaria para evaluar los contenidos y, sobre todo, el sentido de una posicin normativa.

Dejando aparte las teoras liberal-conservadoras, existen dos versiones dominantes este ltimo medio siglo que resultan, a mi modo de ver, unilaterales e insuficientes: la doctrina funcional-estructuralista, con la tradicin positivista-determinista, ya sea economicista, biologicista-sexista, poltico-institucional o racista-etnicista); y el pensamiento posestructuralista-culturalista, con la tradicin idealista, ya sea racionalista, discursiva o emocional.

Adems, hay que tener en cuenta que pos no significa anti, es decir, que en el posestructuralismo (o la postmodernidad) hay mucha heterogeneidad y algunos autores tienen grandes dosis de estructuralismo, incluso en el mbito lingstico o discursivo, solo que distinto del ms convencional del determinismo economicista. O sea, que la controversia en muchas ocasiones es entre variantes deterministas que, a veces, son esquemas idealistas y conceptuales alejados de la realidad emprica.

La polarizacin de ambas corrientes de pensamiento no lleva a buen puerto, ms cuando se extreman las posiciones de uno u otro discurso para apropiarse de una visin hegemnica y excluyente en la disputa sobre la realidad, la verdad y la objetividad en su interpretacin esencialista o, bien, en su contrario relativista. Y, especialmente, para lo que nos atae directamente en este texto, para construir la legitimidad y el liderazgo poltico-normativo para conformar la sociedad, las instituciones y los sujetos colectivos. As, hay que superar esa dicotoma estril por un enfoque social y crtico ms integrador, comprehensivo, multidimensional e interactivo.

La ambivalencia del ser humano

En segundo lugar, apunto varios interrogantes sobre la ambivalencia del ser humano (hombres y mujeres) y su identidad.

Sintticamente y expresado en trminos dicotmicos: la persona es un ser racional o pasional (o deseante); y en el plano tico y relacional: el individuo es malo (egosta, agresivo) y la comunidad-institucin buena (como el hombre es un lobo para el hombre, se debe imponer el Estado-Leviatn), o al revs, el individuo es bueno (cooperativo) frente a la sociedad-Estado que es mala (poder dominador). Por tanto, las relaciones sociales podran ser de dominacin (de poder) y/o de cooperacin (o neutras).

Igualmente, los sujetos se hacen a s mismos o hay una naturaleza o esencia diferenciada por sexo-gnero, o bien est derivada de la pertenencia antagnica en el sistema patriarcal? Es decir, son los hombres racionales, egostas y agresivos, y las mujeres, afectuosas, generosas y colaboradoras?; todos los primeros son (solo) dominadores y todas las segundas (solo) dominadas? Como dice Clara Serra ( Leonas y zorras ), la fuerza o la coaccin no son patrimonio solo de los hombres ni la astucia y la seduccin solo de las mujeres; stas no pueden renunciar a influir en el poder y construir hegemona poltica.

As mismo, cul es la interrelacin de los distintos sistemas o grupos de poder (oligarquas, capitalismo, patriarcado) entre s y en su interaccin con las capas subordinadas o subalternas (clase social, sexo-gnero, etnia-nacin) y su tipo de interseccin, intereses compartidos o dinmicas comunes?

Avanzo mi posicin: el ser humano es ambivalente desde el punto de vista social y tico y tiene un vnculo social e interactivo ineludible. Su identidad no es homognea o esencialista ni est determinada por la biologa o por estructuras econmicas, culturales o de poder. Es construida social e histricamente, incluidas las masculinidades y las feminidades. Como dice Judith Butler o Simone de Beauvoir: La mujer no nace, se hace. Es decir, su carcter o su identificacin se va construyendo con su propio comportamiento, actividad social y subjetividad. Y, en un plano ms general, los sujetos colectivos se conforman a travs de su experiencia, su prctica relacional y su cultura, en su marco contextual, como explica E. P. Thompson.

Esa posicin constructivista moderada e histrica entra en conflicto con cierto fatalismo o determinismo poltico-institucional de muchos estructuralistas y expresada por Michel Foucault: El individuo es el producto del poder. Por una parte, existe un reduccionismo del concepto de poder, al subsumir el conjunto de relaciones sociales dentro de una dinmica especfica de poder como relacin hegemnica de dominacin/subordinacin. Por otra parte, el poder sera omnipresente: no hay nada fuera del poder, ni en la sociedad ni en el interior del individuo. Solo habra imperfecciones en ese control hegemonista o totalizador del poder que dara cierto margen para la autoafirmacin (interna y externa) frente a la autoridad; es decir, permitira cierta libertad, vinculada con esa parte individual fuera de la dominacin, aunque no tiene asideros relacionales u nticos.

Es oportuna la crtica de Chantal Mouffe a la concepcin liberal de la existencia de un individuo racional y libre previo al poder que es ejercido desde fuera del sujeto y despus de que el mismo est constituido. El poder (instituciones y normas) interviene en la conformacin del individuo, forma parte de este. Pero aqu hay que hacer una distincin entre relacin social y relacin de poder y sus interacciones.

El vnculo social es consustancial al individuo, pero no necesariamente toda relacin humana es de dominacin (o solo de cooperacin), ni solo hay pertenencia al bloque del poder (los hombres) o al bloque dominado (las mujeres). La mayora social pertenece a la gente dominada o subalterna respecto de los poderes principales (institucionales, econmicos y normativos) por mucho que haya individuos subordinados en determinadas relaciones que tengan posiciones de dominio relativo en distintos contextos y esferas (por ejemplo, muchos hombres bajo el privilegio patriarcal). La interaccin de las relaciones de clase social, sexo/gnero y etnia/nacin en determinado individuo o grupo social produce mucha casustica sobre diversas situaciones y combinaciones de identidades.

Es, pues, bsico analizar las relaciones reales de coaccin y subordinacin, de imposicin y sometimiento, as como de colaboracin, cuidado y solidaridad, y su interaccin en la misma persona o grupo social para forjar una identidad diversa, evolutiva y contradictoria que permita una accin emancipadora. Por tanto, la persona no se hace, definitivamente, antes ni despus del poder, ni es el poder quien la construye. Se conforma en la interaccin social, en la interdependencia, el conflicto y la reciprocidad con otros seres humanos y grupos sociales, incluidos los del bloque dominante.

El doble componente, individual y social, de las personas

Las personas (hombres y mujeres, nios y nias) tienen un doble componente: individual y social. La subjetividad y, sobre todo, el propio cuerpo, constituyen ese rasgo individual. Pero, el ser humano no puede configurarse sin sus vnculos sociales, sin su interaccin con otras personas y grupos sociales. La individualidad, la construccin personal (desde el lecho materno) no puede realizarse al margen de ese componente social, de esa relacin social en torno a un grupo ms o menos extenso, interactivo y multinivel de socializacin, experiencia mutua, intereses compartidos, convivencia y reciprocidad o bien sus contrarios, la agresividad, la competencia, la subordinacin o la dominacin. Sus interacciones inmediatas son con la madre (y el padre), la familia nuclear, la tribu o comunidad local, las amistades hasta la escuela, el empleo, la nacin, el Estado o las redes sociales, institucionales, econmicas y comunicativas locales y del mundo. El mito de Robinson Crusoe es eso, un mito, sobre la autosuficiencia del individuo, al igual que la del individuo robotizado y aislado de la sociedad.

Por otro lado, la opcin por la autoridad grupal o colectiva de una estructura social o de poder con sometimiento del individuo concreto o la anulacin de su autonoma y sus derechos ha sido y es una constante en la historia de la humanidad, empezando por la familia patriarcal o la subordinacin al mandato de una divinidad o institucin, funcional con determinado grupo de poder.

La tradicin judeocristiana (y musulmana) nos ha legado una visin social y antropolgica patriarcal y autoritaria: los humanos ramos felices en el Paraso, pero al rebelarnos frente a la autoridad (Dios), fuimos desterrados y castigados a trabajar (y al infierno, hasta la venida del Salvador); adems, la culpable insidiosa de la desobediencia del hombre (Adn) era la mujer (Eva), con una descendencia en conflicto (un hijo bueno, Abel, y otro malo y asesino, Can). La moraleja est clara: Ante la agresividad humana (sus vicios) y el cuestionamiento de la autoridad se genera desorden y perdicin y solo cabe el sometimiento a las tablas de la ley (de la autoridad divina, sus profetas y sus reyes). Ya tenemos los componentes bsicos que han secularizado y adaptado las ciencias sociales (Maquiavelo, Hobbes) y el moderno psicoanlisis (Freud, Lacan): las relaciones de poder y autoridad estn impuestas a las personas (malas), especialmente a las mujeres, para garantizar la convivencia y la reproduccin; o la otra cara de la moneda, los seres humanos somos buenos (Rousseau y la doctrina pedaggica optimista) y el poder (el Estado) es malo y hay que distanciarse, cambiarlo o reducirlo.

Esta idea bsica de sentido comn, sobre el carcter constitutivo doble del ser humano, tiene grandes implicaciones antropolgicas, psicolgicas y sociopolticas, en particular, para el tema de un feminismo realista y crtico. Se enfrenta a dos corrientes de pensamiento contrarias y dominantes en los ltimos siglos. Por un lado, al conservadurismo reaccionario y autoritario (y algunos fanatismos nacionalistas y colectivistas), que somete la libertad individual y constrie su autorrealizacin personal en nombre de un poder externo superior. Por otro lado, al individualismo liberal o postmoderno que infravalora, desprecia o instrumentaliza sus vnculos sociales, la solidaridad, el bien comn o el contrato social, como contrarios o engorrosos para su realizacin personal o sus intereses individuales (o corporativos).

La individualizacin, la distincin e identidad individual respecto del otro, es una gran conquista de la humanidad, en particular para las mujeres y las personas dominadas o discriminadas por estructuras autoritarias y sujetas a normas impuestas. Desde el espritu prometeico de la antigua Grecia que buscaba el control del propio destino de la humanidad al margen del dictado de los dioses, pasando por el humanismo renacentista y el moderno individualismo, el desarrollo y la autonoma personal, as como los derechos y libertades individuales son ejes fundamentales para la emancipacin individual y colectiva.

Pero, como se ha expresado, los seres y grupos humanos son ambivalentes y estn conformados social e histricamente, y sus interacciones y su sentido, dominador o emancipador, tambin. No existe la persona buena (antropolgica, tica o psicolgicamente) a la que solo cabe su propio autodesarrollo y cuya pulsin (positiva) es la autorrealizacin (el placer, la felicidad) o el reconocimiento (hegeliano). En ese caso, los vnculos externos solo deberan ser facilitadores de ese impulso. Es la visin del Paraso (antes del pecado y la expulsin), retomada por Rousseau y un parte de la Ilustracin, as como por algunas teoras psicopedaggicas optimistas (interaccionismo simblico). Al contrario, tampoco existe la persona mala con el obligado sometimiento a la autoridad (hobbesiana), como afirman las doctrinas pesimistas conservadoras y autoritarias.

Igualmente, no existe el individuo mixto, con la combinacin de esos dos componentes esencialistas: un fuero interno (el alma) positivo y una parte constitutiva del individuo construida por el poder negativo (dominador), aunque sea de forma inacabada. Por tanto, no hay esencialismo constitutivo o de origen (bueno), ni fatalismo determinista por la modelacin del poder (malo), ni un reparto ontolgico de ambas tendencias. La configuracin humana depende de sus interacciones sociales (y con la naturaleza) ambivalentes, contradictorias y contextuales. Adems, los vnculos sociales, las relaciones interpersonales y la propia sociedad son ms amplios, interactivos, ambivalentes y diversos que las relaciones de poder, particularmente del ncleo duro del poder estatal, bajo el control de lites dominantes. El sentido de sus funciones y sus flujos respecto de las personas es diverso y contingente.

Por otra parte, existen distintos poderes econmicos y polticos, as como instituciones legtimos e ilegtimos; algunos son ms opresivos o autoritarios, otros son neutros, y otros son soportes pblicos necesarios para la vida social, todava ms en sociedades complejas. Los Estados modernos combinan las dos facetas: dominacin y funcionalidad; por tanto, su impacto en los individuos y, lo ms importante, la actitud normativa hacia ellos es diferente y conviene no confundirlas: su necesidad y la colaboracin adecuada, o su carcter dominador y opresivo y la oposicin emancipadora.

Por ltimo, conviene precisar el fundamento tico doble y la conversin realizada por el liberalismo econmico en su pugna moral contra las restricciones del Antiguo Rgimen basadas en su supuesto bien comn (aristotlico) para la aristocracia, por un lado, y la economa moral popular, por otro lado. Se refiere al lugar central del egosmo individual, el beneficio propio, como motor de sociabilidad y crecimiento econmico, para generar riqueza colectiva con apropiacin privada; es decir, desde Bernard Mandeville y Adam Smith, en el siglo XVIII, el inters individual (vicio privado) generara ganancias (virtudes pblicas) para la sociedad. Lo inicialmente malo, el individualismo feroz, se convertira en fundamento social positivo. Queda legitimado as el orden social basado en los deseos egostas y la imposicin prctica de la apropiacin privada de los esfuerzos y beneficios colectivos. Es la tica liberal, soporte cultural de la desigualdad. La alternativa: una prctica social por la igualdad, la libertad y la solidaridad.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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