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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2019

La historia nunca prescribe

Jorge Sancho
Rebelin


La carta enviada recientemente por el presidente de Mxico al rey de Espaa pidiendo la asuncin de responsabilidades en el quinto centenario del inicio de la conquista mesoamericana ha generado cierto revuelo en el ya caldeado ambiente preelectoral que se vive en Espaa. No sorprende la histeria nacionalista con la que las derechas han acogido la peticin de Lpez Obrador (al fin y al cabo todas ellas parecen estar enzarzadas en una competicin por imitar del modo ms esperpntico posible a la CEDA); pero incluso entre muchos polticos y comentaristas supuestamente progresistas la reaccin ha sido de beligerante hostilidad.

No entrare aqu en la pertinencia o no de la propuesta de Lpez Obrador porque lo que realmente debe llamarnos la atencin es la visceralidad y la inmadurez con la que la opinin pblica espaola enfrenta su pasado histrico. Vivimos tiempos de turbocapitalismo y somos cada vez ms esclavos de la inmediatez de las redes sociales; de tal modo que el debate pblico se reduce cada vez ms al mnimo comn, que en este caso ha resultado ser un consenso nacionalcatlico en el que la destruccin de las civilizaciones y culturas amerindias es apenas un mal necesario para la construccin de una providencial, casi virtuosa, Hispanidad. Sin lugar a dudas el Caudillo estara encantado de constatar que ms de 40 aos despus de su muerte su legado sigue muy vivo entre nosotros.

Es verdaderamente perturbador el grado de derechizacin al que se ha llegado en el debate y entre la opinin pblica espaola (que en este sentido no hace sino encaminarse por la senda emprendida por la mayora de sociedades occidentales en el ltimo periodo). La banalidad, la zafiedad, el cinismo y la indigencia intelectual estn llegando a tal punto que empiezan a ser incompatibles incluso con la existencia de una democracia formal en Espaa.

La falta de la ms mnima higiene democrtica en la sociedad espaola se pone de manifiesto por la persistente popularidad de conceptos historiogrficos absolutamente caducos como los de Reconquista o Descubrimiento. Resulta completamente evidente que las expediciones colombinas no descubrieron absolutamente nada; que ese Nuevo Mundo estaba habitado desde hace decenas de miles de aos por multitud de pueblos y culturas que se extendan desde Alaska a la Tierra de Fuego... y de hecho Amrica fue visitada por los Vikingos y, probablemente tambin, por navegantes polinesios siglos antes de que la Pinta, la Nia y la Santa Mara partiesen desde Palos de la Frontera. Los conquistadores castellanos no llegaron a un continente vaco ni habitado por salvajes que esperaban recibir los regalos de la civilizacin para aprender a rezar o a escribir de manera correcta. Las Amricas presentaban a finales del siglo XV un ecosistema humano rico y diverso; algunas de cuyas formaciones sociales (como los Mayas, Aztecas o Incas) tenan un grado de complejidad comparable a los imperios Romano o Persa en la antigedad.

Aunque tcnicamente quizs no sea lo ms apropiado describir el proceso de conquista y colonizacin de los pueblos originarios americanos como un genocidio (a la manera del Holocausto nacionalsocialista o el exterminio de los Tutsi ruandeses en 1994); estamos hablando de la destruccin deliberada de pueblos enteros con lo cual las hazaas de Coln, Corts, Nez de Balboa, Pizarro y tantos otros merecen entrar en la categora ms amplia de democidio [1]. En todo caso, es innegable que tomando en consideracin el conjunto del proceso (que se extendi durante ms de un siglo y a escala continental) la catstrofe demogrfica fue de unas dimensiones apocalpticas. En trminos absolutos murieron decenas de millones de personas, algo comparable solo con las Guerras Mundiales o las conquistas de los mongoles en Asia. En trminos relativos el impacto fue an mayor, dado que las estimaciones ms conservadoras situaran la prdida de poblacin en El Nuevo Mundo en al menos un 75% de la poblacin continental entre los aos 1500 y 1650, cuando empez una lenta recuperacin. Este probablemente sea el proceso demogrfico ms relevante en tiempo histrico ya que alter de manera decisiva el equilibrio demogrfico entre los continentes [2].

Existe un debate historiogrfico sobre las causas profundas de este colapso demogrfico, que es sin duda de una enorme complejidad y en el que no abundan las fuentes directas, por lo que inevitablemente hay un cierto grado de especulacin al respecto de lo que realmente sucedi. En cualquier caso las lneas generales de lo acontecido estn bastante claras: el factor desencadenante es sin duda la invasin de Castellanos (y Portugueses) que se desarrolla con gran rapidez y virulencia entre finales del siglo XV y mediados del siglo XVI; los conquistadores por lo general se relacionan con los diversos grupos indgenas haciendo uso de una gran violencia -movidos por el fanatismo religioso y el afn de rapia-; pese a que el nmero de los invasores es insignificante comparado con el de la poblacin local estos traen consigo multitud de enfermedades infecciosas (como la Viruela o el Sarampin) que causan estragos entre una poblacin que carece de defensas frente a los nuevos patgenos; la densidad demogrfica americana y la relativa homogeneidad gentica de sus poblaciones favorecen la extensin sin precedentes de las epidemias, cuyos efectos devastadores muchas veces anteceden a la llegada de los conquistadores favoreciendo la disolucin de las formaciones sociales amerindias y posibilitando su posterior asimilacin a manos de los invasores europeos. Este proceso fue tan rpido, violento y traumtico que en no pocas ocasiones desencadeno suicidios en masa entre los indgenas incapaces de asimilar el abrupto final de su universo social y cultural. Pero lo que hizo irreversible la catstrofe fue el sometimiento de los supervivientes a un rgimen econmico predatorio y extractivista que era completamente indiferente a la supervivencia de los indgenas.

Merece la pena analizar de un modo ms detenido este ltimo aspecto. La cruel violencia de las conquistas puede entenderse por la necesidad de los reducidos contingentes castellanos de usar un terror sistemtico para dominar y mantener sometidos a las vastas poblaciones americanas. Los conquistadores fueron vectores de las epidemias y usaron de manera oportunista los estragos por ellas causadas para afianzar su dominio, pero no puede decirse que fueran usadas conscientemente contra la poblacin indgena. Ahora bien, el rgimen de explotacin econmica continuada al que fueron sometidos los pueblos amerindios una vez consolidada la conquista (ejemplificada por la infame Encomienda y luego continuada por otras formas de trabajo forzoso como el Repartimiento) no slo pone de manifiesto que la codicia era el principal motor detrs del esfuerzo colonizador si no el hecho de que la poblacin indgena fuese tratada ante todo como mano de obra prescindible, cuyas vidas eran el preciado combustible con el que poner en marcha la maquinaria de la acumulacin originaria del capital.

El territorio de todo un continente fue reorganizado para servir a las necesidades de la metrpoli y del naciente capitalismo europeo; con apenas ninguna consideracin respecto a la viabilidad a largo plazo de las comunidades indgenas que durante aos fueron sacrificadas en las minas de Potos o Zacatecas. La sobre-explotacin econmica colonial significaba un debilitamiento de las estructuras de auto-consumo indgena, lo que a su vez afectaba negativamente a la natalidad y aumentaba el impacto de las epidemias llegadas desde Europa. Esto creaba un crculo vicioso de muerte y degradacin que perpetuo el impacto de la conquista durante siglos.

Tan evidente resulta que este rgimen colonial era en gran medida incompatible con la supervivencia a largo plazo de los indgenas, tal fue la voracidad y letalidad de la Monarqua Hispnica en el Nuevo Mundo, que no basto con la poblacin americana para mantenerla en marcha y ya durante el siglo XVI fue necesario el traslado de importantes contingentes de esclavos africanos para realizar los trabajos ms duros.

En las ltimas dcadas se han multiplicado en la cultura popular los relatos de ficcin pos-apocalpticos en los que una guerra nuclear, los muertos vivientes o los extraterrestres destruyen la civilizacin (occidental): son historias de tono lgubre en las que los supervivientes son sometidos a un proceso de deshumanizacin y alienacin brutal. Pues bien, los pueblos originarios de Amrica ya han vivido ese tipo de apocalipsis y todava hoy siguen sufriendo las consecuencias: condenados a la prdida de identidad y a ser tratados como inferiores y subalternos por los herederos de los invasores. En esencia llevan viviendo en una distopa los ltimos 500 aos. A esa distopa nosotros la llamamos pomposamente Civilizacin.

Como hemos visto, el trato de castellanos y espaoles a los pueblos originarios de Amrica es difcilmente algo de lo que estar orgullosos. Pero una de las cosas ms turbias de todo este asunto son las mltiples excusas de abusn, a cada cual ms pueril, con la que se intenta justificar los desmanes de la conquista y la colonizacin de Hispanoamrica... argumentos que retratan a una parte de la sociedad espaola (tal vez no mayoritaria pero desde luego muy ruidosa y con posiciones de poder importantes) como poseedores de una mentalidad netamente imperialista. Analicemos algunas de las ms comunes:

Lo ms socorrido es decir que los castellanos/espaoles no hacan nada que otros no hicieran: que el siglo XVI era una poca cruel y violenta y que al fin y al cabo los portugueses, los ingleses, los franceses y los holandeses se comportaron de manera similar con los indgenas y de hecho continuaron y profundizaron la obra de colonizacin y expolio iniciada por la Monarqua Hispnica en el Nuevo Mundo. Esto es muy cierto, pero es bastante perverso argumentar que la generalizacin de un comportamiento antisocial disminuye su impacto, cuando es precisamente lo contrario.

Por otro lado siempre sale a colacin, especialmente en el caso de Mxico, el hecho de que los Aztecas eran gobernantes brutales que practicaban sacrificios humanos y mantenan sojuzgados a multitud de pueblos mesoamericanos cuya colaboracin resulto indispensable para la victoria de Hernn Corts. Dejando a un lado el hecho de que a lo largo de la historia todos los conquistadores, incluso los ms siniestros, han contado con colaboradores entre las poblaciones sometidas para implementar y sostener su dominio; aqu la cuestin es que la situacin de los amerindios no mejoro con la conquista sino que empeoro de manera evidente para la inmensa mayora de ellos y esta situacin de subordinacin se prolong durante siglos.

En un intento de seguir diluyendo las responsabilidades por los efectos de la conquista y colonizacin espaola, se argumenta tambin que la agresin contra los pueblos originarios continuo (e incluso se intensifico) tras la Independencia de las repblicas Latinoamericanas a principios del siglo XIX. El cinismo de este argumento no tiene lmite; es como si en el caso de una mujer que es maltratada por sucesivas parejas, la persistencia del maltrato exonerara automticamente a los maltratadores previos a tal punto que casi debemos agradecer la actitud paternalista del maltratador original (probablemente un familiar) pese a que es el principal responsable de haber destruido la autoestima de la vctima, dejndola indefensa ante futuros abusos.

Llegamos al argumento estrella de Y qu pasa con los Romanos? que viene a ser la traslacin al terreno de las formaciones sociales del clebre Te maltrato, porque antes me maltrataron a m. Incluso si aceptsemos este tipo de atenuantes, el problema es que la comparacin histrica entre la Romanizacin y la conquista de Amrica es en gran medida inadecuada. Obviamente la invasin romana de la Pennsula Ibrica implico un alto grado de violencia, la pacificacin de Hispania se prolong durante ms de 150 aos (concentrndose la resistencia en la meseta y la cornisa cantbrica); tambin la extensin de la esclavitud y el expolio de los recursos naturales por parte del Estado romano fueron importantes. Pero ah se acaban las similitudes; por un lado, el grado de mortandad entre la poblacin indgena, tanto en trminos absolutos como relativos, no es comparable. Por otro, mientras que en Hispania se fue extendiendo progresivamente la ciudadana romana hasta alcanzar eventualmente a todos los hombres libres, integracin poltica que se demuestra por la existencia de importantes emperadores de origen hispano (Trajano, Adriano y Teodosio), en la Amrica Hispana se estableci un estricto sistema de castas indiano en el que la raza era el principal elemento de estratificacin social y que impidi la integracin entre la repblica de los espaoles y la repblica de los indios.

Incidentalmente, esta segregacin fue uno de los motivos que hizo inevitables la independencia de las colonias a principios del siglo XIX; dirigidas por los criollos blancos pero que difcilmente podran haber prosperado sin la participacin activa de indgenas y afrodescendientes. La constitucin de 1812 pretenda estar dirigida a los espaoles de ambos hemisferios pero era demasiado poco y era demasiado tarde como para impedir una separacin.

Otro argumento muy socorrido es el de recurrir al supuesto hecho diferencial del colonialismo espaol, segn el cual la Corona se habra preocupado desde el primer momento por el bienestar de sus indios. Este humanismo de los colonizadores quedara acreditado por las Leyes Nuevas de 1542, la posterior polmica entre las Casas y Seplveda, o los estudios de la escuela de Salamanca que ayudaron a formular el derecho de gentes moderno. Estos son sin duda hitos importantes en el desarrollo del pensamiento poltico y jurdico occidental; pero para los indgenas americanos significaron muy poco. En las colonias lo que rega en la prctica era la mxima del Se obedece pero no se cumple (frase que en s misma resume la idiosincrasia hispana) por la que se subordinaban sistemticamente los derechos de los nativos a las necesidades de expolio del continente.

Lo que s es digno de destacar es la intolerante poltica religiosa aplicada por los conquistadores contra los pueblos originarios americanos; cuyo objeto no era otro que el de completar el expolio de metales y tierras con la destruccin de la espiritualidad y la cultura indgena, para as poder justificar mejor las conquistas y debilitar la resistencia de los supervivientes. No son de extraar tales prcticas teniendo en cuenta que castellanos y portugueses no hicieron sino continuar su cruzada contra el Islam occidental en los territorios de ultramar. Pero deberamos ser conscientes de que en los tiempos pretritos existan otras polticas religiosas alternativas a las de la conversin forzosa de las poblaciones sometidas: ah est el sincretismo de la religin cvica romana, la coexistencia existente bajo el imperio mongol o, incluso, la relativa tolerancia con la que en Al-ndalus se trataba a los mozrabes. Francamente, en estas comparaciones los espaoles no salimos muy bien parados.

Otra de las singulares virtudes de la colonizacin espaola seria la del mestizaje. Claro que hace falta tener una memoria muy selectiva para no querer ver que un mestizaje impuesto en condiciones de absoluta desigualdad implica un alto grado de violencia sexual contra las mujeres indgenas. Por otro lado, la cultura de lo mestizo ha servido tambin para invisibilizar a los pueblos originarios hasta la actualidad, puesto que el encuentro entre dos culturas siempre se ha dado en condiciones asimtricas; dado que las diversas repblicas americanas han continuado hasta el presente con la tradicin colonial de mantener a sus pueblos originarios en situacin subalterna.

Hasta ahora en nuestro relato hemos hablado de vctimas y victimarios. Pero no podemos ver a los pueblos originarios de Amrica simplemente como testigos impasibles de un destino inexorable. Con la conquista comenz la resistencia indgena, que fue una constante durante todo el periodo colonial (y ms all): desde Guaicaipuro a Tpac Amaru, pasando por la gesta de los Mapuches. De hecho, el que algunos de estos pueblos hayan resistido y conservado su cultura ancestral hasta nuestros das (en s mismo un ejemplo de resiliencia para todo el gnero humano) debera hacernos a los espaoles meditar seriamente sobre como nuestras acciones del pasado repercuten hasta el presente (un presente en el que las multinacionales espaolas siguen depredando sobre Amrica Latina).

Si no usamos la historia como fuente para memes o para arrojar argumentos falaces a nuestros adversarios polticos, nos daremos cuentas de que es un proceso vivo, en el que se unen orgnicamente los tiempos pasados, presentes y futuros. El siglo XVI es un periodo de gran relevancia no solo para la historia de Espaa y Amrica Latina, si no tambin para el conjunto de Europa y el mundo entero. La Monarqua hispnica jugo un papel de primer orden en aquel siglo crucial para la configuracin del sistema-mundo capitalista en el que vivimos. Este es un periodo especialmente complejo y contradictorio de nuestra historia: en el que se combina la creacin de un imperio ultramarino a costa de los pueblos amerindios con la innovacin del Estado moderno, el humanismo con la intolerancia, la violencia inusitada de las conquistas con el esplendor artstico, el cnit de la Monarqua con los inicios de la decadencia... en definitiva un periodo al que debemos acercarnos sin demagogias y con una mentalidad abierta [3].

En perspectiva histrica, esta muy claro que Espaa ha ganado bastante ms que Amrica Latina del periodo colonial; aunque solo fuese por que gracias a la extensin del castellano por el Nuevo Mundo, nuestro pas puede gozar en la actualidad de una destacada proyeccin internacional. Por tanto desde Espaa haramos bien en no poner el foco en los elementos de hipocresa y oportunismo en la propuesta de Lpez Obrador, sino ms bien en la altanera neocolonialista con la que gran parte de nuestra clase poltica despacha los asuntos relacionados con Amrica Latina.

Notas:

[1] Para una definicin del termino Democidio ver http://www.hawaii.edu/powerkills/DBG.CHAP2.HTM#*

[2] Para empezar a hacerse una idea de todo lo que se perdi con la conquista recomiendo la obra divulgativa de Charles C. Mann, 1491: Una nueva historia de las Amricas antes de Coln.

[3] Una buena sntesis de este apasionante periodo de nuestra historia puede encontrarse en Monarqua e Imperio de Antonio-Miguel Bernal.

Jorge Sancho, Licenciado en Historia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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