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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2019

Entrevista a Marisa del Campo Larramendi sobre Manuel Sacristn (III)
Para Sacristn la poltica socialista de la ciencia deba inspirarse en el principio del mesotes, de la cordura, de la mesura

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Marisa del Campo Larramendi naci en 1957. Se licenci en CC de la Informacin por la Universidad Complutense de Madrid. Trabaj en varios peridicos locales. Despus de una estancia de dos aos en Inglaterra, estudi teora y tcnicas narrativas en la Escuela de Letras de Madrid. En la actualidad imparte talleres de narrativa y coordina una tertulia literaria. Por otro lado, escribe obras de teatro y dirige y acta en una compaa teatral. Comenta la actualidad socio poltica en su muro de Facebook. https://www.facebook.com/marisa.delcampolarramendi

***

Nos habamos quedado en este punto. Uno de sus textos clsicos, uno de los textos ms conocidos de Sacristn es su presentacin del Anti-Dhring. Hablaba antes de ella, deca que era un hueso difcil de roer. Leda ahora, 55 aos despus, qu le llama ms la atencin si algo le llama la atencin?

El texto de Sacristn est muy bien construido y sabe perfectamente adonde quiere llegar desde un principio, aunque el lector en ese inicio todava lo ignore. Parte de un camino que podemos llamar histrico-filolgico, tuerce por una senda filosfica, para enfilar la conclusin a travs de una vereda histrico-poltica. Dejmonos llevar de la mano del autor.

Comenzamos con el detonante histrico: un mediocre profesor escribe un libro de cierto xito. Dirigentes de la socialdemocracia alemana se asustan de la posible influencia de Dhring y piden a Marx y a Engels una respuesta. El encargado de responder con la aquiescencia de Marx e incluso supervisin y colaboracin ser un Engels muy poco predispuesto a la tarea. Metido en harina, Engels descubre el motivo del xito de un libro tan mediocre: es la primera exposicin introductoria al socialismo, y tambin se da cuenta del peligro: es una vuelta a la fundamentacin utpica y moralista del movimiento obrero. Como dice Sacristn, la tarea de Engels en el Anti-Dhring es aclarar: como el fundamento del socialismo moderno no es la voluntad moralista, sino el conocimiento de la realidad. Esta afirmacin permite a Sacristn torcer por la senda filosfica a travs del indicador concepcin del mundo.

Pero, qu es una concepcin del mundo? Sacristn responde: no es un saber, no es ciencia positiva: es una serie de principios que dan razn de la conducta de un sujeto y contiene proposiciones no resolubles por mtodos positivos Por ejemplo?: la existencia de Dios, el sentido de la vida, la infinitud del universo Las concepciones del mundo carecen de las dos caractersticas bsicas del conocimiento cientfico: la intersubjetividad y la capacidad de hacer predicciones. Esto no quiere decir que una concepcin del mundo no pueda buscar en la ciencia su fundamentacin. Por ejemplo?: el marxismo, que se declara materialista e inmanentista.

Pero tambin se declara algo ms: dialctico. Y aqu entramos en el bosque y conviene ir despacio.

 

Tan despacio como desees.

Quitmonos la mochila, saquemos la tortilla y mastiquemos con cuidado: no hay ciencia de lo particular; el mtodo cientfico es reductivo-analtico y en su proceso de abstraccin prescinde de lo cualitativo, Con este conocimiento se pierde una parte de lo concreto: precisamente la parte decisiva para la individualidad de los objetos; la dialctica es cualitativo-sinttica y su campo es esa individualidad, las llamadas totalidades concretas. Como resume Sacristn: El anlisis marxista se propone entender la individual situacin concreta (en esto es pensamiento dialctico) sin postular ms componentes de la misma que los resultantes de la abstraccin y el anlisis reductivo cientfico (y en esto es el marxismo un materialismo). Todo solucionado? Hemos salido del bosque y, tras tumbarnos un rato al sol en la hierba, podemos baarnos en el rio? Pues no, porque en la concepcin dialctica del Anti-Dhring no todo el monte es organo.

Tanto es as que Sacristn afirmar que en el Anti-Dhring son frecuentes las aplicaciones impropias de la dialctica el ejemplo que pone es el del clculo infinitesimal. Estas aplicaciones impropias llevan a Engels a dos errores: primero, una definicin vaca de la dialctica que le aleja del principio fundamental de ella: anlisis concreto de la situacin concreta; segundo, olvidarse del principio de la prctica, lo que le conduce a una solucin idealista de la escisin entre el saber filosfico o concepcin del mundo y la ciencia.

Culpable Engels de asumir algunas actitudes metodolgicamente regresivas y paralizadoras de la ciencia? S.

Hay pues un engelsismo naturalista e ingenuo que lastra ciertas corrientes del marxismo? Atencin a la respuesta de Sacristn: La inmadurez del pensamiento de Engels, al menos en lo que hace referencia a la relacin entre concepcin comunista del mundo y ciencia positiva de la naturaleza, se encuentra sin duda tambin en Marx.

Y ya nos vamos acercando de la mano de nuestro experto gua de montaa al camino histrico-poltico y a la conclusin.

 

Vayamos a ella.

Vayamos. Si la concepcin comunista del mundo no puede ser un sistema filosfico, tampoco puede ser inmutable sino que tiene que cambiar de lenguaje y de arranques fcticos en la medida en que cambian el conocimiento y la sociedad humana que conoce. El marxismo es, en su totalidad concreta, el intento de formular conscientemente las implicaciones, los supuestos y las consecuencias del esfuerzo por crear una sociedad y una cultura comunistas. Y lo mismo que cambian los datos especficos de ese esfuerzo, sus supuestos, sus implicaciones y sus consecuencias fcticas, tienen que cambiar sus supuestos, sus implicaciones y sus consecuencias tericas particulares: su horizonte intelectual de cada poca. Debemos pues excluir toda fijacin dogmtica si queremos llevar y mantener el socialismo a una altura cientfica

Y ahora atencin a las palabras de Sacristn:

Que todo esto haya estado insuficientemente claro en el desarrollo no en la formulacin general, como prueba la insistencia, en el Anti-Dhring, en negar que tenga sentido concreto hablar de verdades absolutas y eternas para Engels y seguramente para Marx, parece fuera de toda duda. Como tambin debe estarlo, por otra parte, que las perjudiciales consecuencias que ello ha tenido para el marxismo son menos imputables a Engels que a las vicisitudes del movimiento obrero y de la construccin del socialismo en la URSS

A buen entendedor pocas palabras bastan.

Ya podemos quitarnos la botas de montaa y meter los pies en el rio en el que no nos baaremos dos veces. Explicitar la concepcin comunista del mundo:

Es una tarea esencial al pensamiento marxista, tarea que este debe replantearse constantemente. Seguramente ms en el anlisis concreto de la situacin concreta, horizonte en el que se hace operativa la dialctica marxista, que en las laxas exposiciones de conjunto, progresivamente vacas a medida que se alejan de la ciencia positiva y de lo concreto.

 

En cuanto al ecologismo, cundo y por qu empieza a interesarse Sacristn por estas temticas entonces bastante novedosas en nuestro pas?

Acabamos de traer a colacin de la introduccin al Anti-Dhring la siguiente cita:

El marxismo es, en su totalidad concreta, el intento de formular conscientemente las implicaciones, los supuestos y las consecuencias del esfuerzo por crear una sociedad y una cultura comunistas. Y lo mismo que cambian los datos especficos de ese esfuerzo, sus supuestos, sus implicaciones y sus consecuencias fcticas, tienen que cambiar sus supuestos, sus implicaciones y sus consecuencias tericas particulares: su horizonte intelectual de cada poca.

El particular horizonte intelectual del pensamiento de Sacristn sufre un cambio de datos especficos con el Mayo del 68 y la invasin de Checoslovaquia. En especial este ltimo hecho signific para Sacristn un verdadero fin de poca. A partir de entonces, inicia una revisin de la tradicin emancipatoria de inspiracin marxista que, como buen seguidor de Marx y de Lenin, haba de pasar por el anlisis concreto de la situacin concreta. De esta reflexin sobre lo que hay, sacar varias consecuencias, la fundamental: la derrota del movimiento obrero que se haba desplegado a lo largo de todo el siglo XX. Sacristn, en su pesimismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad, buscar focos de resistencia a la victoria del capital ms all o ms ac del movimiento obrero. Los encontrar en los llamados movimientos o temas post leninianos o leninistas. Como dijo de l Francisco Fernndez Buey: Manolo Sacristn fue sobre todo un comunista marxista constantemente atento a las novedades del mundo en que vivi Quiero decir, no atento a las modas del momento, que eso importaba muy poco, sino a los cambios de fondo, a los cambios moleculares, a las tendencias socioculturales que l crea que apuntaban en un sentido nuevo.

Uno de esas tendencias sera el ecologismo que versaba sobre las cuestiones en que la sociedad industrial capitalista interfiere con la naturaleza. Al parecer, Sacristn a esta temtica quera darle el nombre de sociofsica.

 

Se la dio en un informe que present a Grijalbo para una nueva coleccin de divulgacin cientfica.

Apuntar el dato, gracias Salva. Ya desde principios de los setenta, Sacristn percibe las consecuencias amenazadoras para el equilibrio ecolgico del planeta del modelo de desarrollo industrial. Recurdese que el primero de los informes al Club de Roma sobre Los lmites de crecimiento se public en 1972. A lo largo de toda la dcada, Sacristn llevar una amplia actividad ecologista, tanto a nivel prctico su participacin en el Comit Antinuclear de Catalua CNC, como terico, en especial en las revistas Materiales y Mientras Tanto, que son sin duda de las primeras publicaciones en Espaa que destacaron el peligro del mito del progreso y la civilizacin industrial, y trataron de combinar la problemtica ecolgica con la tradicin emancipatoria marxista.

Texto fundamental en este aspecto es Comunicacin a las jornadas de ecologa y poltica publicado en 1979, en el primer nmero de la revista ya mencionada Mientras Tanto. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=978829

 

Lo public tambin Zona abierta,no era un texto fcil. Cmo caracterizara el ecocomunismo de Sacristn?

La mezcla o integracin entre ecologismo y comunismo no era imposible como la del agua con el aceite, pero tampoco era tan fcil como la del caf con el azcar. Las afinidades electivas que entre ellos pudieran haber tenan que ser descubiertas y las oposiciones entre ellos limadas. Sacristn emprendi esta labor de convergencia entre la ecologa y el comunismo desde mediados de los setenta hasta su muerte.

En lo que se refiere al ecologismo, Sacristn argir que este debera abandonar sus veleidades neo romnticas, tanto en la creencia de una naturaleza Madre, buena y providente, como en la defensa de un pasado arcdico que nunca se dio; atemperar sus crticas a la ciencia, dejando de concebir la estructura cientfico tecnolgica como un mal en su totalidad, sabiendo distinguir dentro de ella las tecnologas destructivas de las que no lo son; y considerar como algo fundamental la cuestin del poder poltico, en particular el estatal.

Dentro del comunismo un primer aspecto que crey prioritario abordar fue la supresin de todo milenarismo. Como el mismo Sacristn explica:

Milenarismo es creer que la Revolucin Social es la plenitud de los tiempos, un evento a partir del cual quedarn resueltas todas las tensiones entre las personas y entre stas y la naturaleza, porque podrn obrar entonces sin obstculo las leyes objetivas del ser, buenas en s mismas, pero hasta ahora deformadas por la pecaminosidad.

Como en un juego de muecas rusas o en un seto vivo de senderos entrecruzados, este primer aspecto entraa o nos conduce a otro: para el marxismo la revolucin significara la liberacin de las fuerzas productivas aherrojadas por unas relaciones de produccin basadas en la explotacin del hombre por el hombre y la apropiacin privada del excedente. Sin embargo tal concepcin de la revolucin ya no puede ser defendida pues en buena parte las fuerzas productivas se han transformado tambin en fuerzas destructivas, y su total liberacin implicara la ruina ecolgica del planeta.

Esta segunda revisin, dirige nuestra atencin a un factor fundamental: el sujeto revolucionario.

 

Ah es nada: el sujeto de la revolucin!

 

Aqu Sacristn va a tocar aspectos significativos y hasta contrapuestos entre s: uno, somos biolgicamente la especie de la hybris y Hemos de reconocer que nuestras capacidades y necesidades son capaces de expansionarse hasta la autodestruccin; dos, dadas las circunstancias complejas de la actual sociedad industrial el sujeto revolucionario no debe liberar las fuerzas productivas sin ms, ni simplemente coartarlas gracias a una autoridad burocrtica y platonizante; tres, esta compleja labor exige un cambio en la consideracin del sujeto revolucionario: ni un Prometeo encadenado cuya liberacin se entenda como una expansin ilimitada de disposiciones, facultades y operaciones, ni un hombre fustico absolutizador de la accin, sino ms inspirado en normas de conducta de tradicin arcaica. Tan arcaica, que se puede resumir en una de las sentencias de Delfos: De nada en demasa; cuatro, el sujeto revolucionario la clase obrera tendr que basar su autoconciencia no solo en la negacin clsica del sistema capitalista, sino tambin en la positividad de su condicin de sustentadora de la especie, conservadora de la vida, rgano imprescindible del metabolismo de la sociedad con la naturaleza.

No se le escapaba a Sacristn la dificultad de hacer converger estas dos corrientes y no solo a nivel terico, sino tambin prctico. Y as contaba:

Todos los que trabajan en ambiente obrero hemos tenido experiencia de lo difcil que es. Por ejemplo yo me he encontrado con la respuesta espontnea de cuadros obreros militantes y combativos ante la idea de que el automvil privado es algo seguramente de necesaria eliminacin: es ahora que los obreros podemos tener coche que los tericos descubrs que el coche es malo Es una frase absolutamente llena de realidad y sumamente respetable. Eso no se puede tirar por la borda. Es una cosa muy seria la frase.

A pesar de ello y sin olvidar la realista cuestin del poder y del estado, Sacristn reivindicaba que

se debe intentar vivir una nueva cotidianeidad, sin remitir la revolucin de la vida cotidiana a Despus de la Revolucinno se puede seguir hablando contra la contaminacin y contaminando intensamente.

 

En cuanto a sus textos y conferencias de poltica de la ciencia, alguna cosa que quiera destacar de estos materiales?

Sacristn parte de dos constataciones: una

En este final de siglo estamos finalmente percibiendo que lo peligroso, lo inquietante, lo problemtico de la ciencia es precisamente su bondad epistemolgica Si los fsicos atmicos se hubieran equivocado todos, si fueran unos idelogos pervertidos que no supieran pensar bien, no tendramos hoy la preocupacin que tenemos con la energa nuclear. Si los genetistas hubieran estado dando palos de ciego, si hubieran estado obnubilados por prejuicios ideolgicos, no estaran haciendo hoy las barbaridades de la ingeniera gentica; dos, la ciencia en su acepcin moderna tiene la consecuencia de que nuestra epistme no es simplemente saber terico, conocimiento desinteresado, sino fuerza activa en la produccin de la vida social y en su reproduccin, y al mismo tiempo poder destructivo.

Partiendo de estos dos hechos, Sacristn aventura la hiptesis de que

Ahora, seguramente, est mucho ms fundada que en 1867 la hiptesis de que antes de que se produzca una revolucin social, en un sentido profundo de la palabra revolucin (por eso digo social), se pueda producir el desastre fsico. De lo que ya no hay, creo yo, garanta nada suficiente -garanta nunca la hubo, pero ahora ni siquiera psicolgica- es de que el proceso social se pueda adelantar al socio-fsico de destruccin de nuestro marco vital por las fuerzas productivas en curso.

Si esta hiptesis en el momento en que fue emitida pudo haber sido tildada de pesimista, en la actualidad solo cabe calificarla de premonitoria. Hace pocas fechas, la ONU ha emitido un informe que alerta de una catstrofe ambiental para 2050: la aparicin de super bacterias por la contaminacin y la devastacin del rtico por el cambio climtico seran las causas de millones de muertos.

Ahora, como en tiempos de Sacristn, hablar de filosofa de la ciencia es hablar de una poltica de la ciencia. Y hablar de una poltica de la ciencia es hablar de cmo controlar el aparato cientfico tcnico antes de que el proceso socio-fsico de destruccin de nuestro marco vital se haya hecho irreversible. Para Sacristn esa poltica socialista de la ciencia comunitaria y no autoritaria deba inspirarse en el principio del mesotes, de la cordura, de la mesura y supondra una verdadera ruptura con el modo de produccin y de consumo de las sociedades industriales avanzadas. Aqu el nudo gordiano se aprieta al lmite: por un lado, la catstrofe socio fsica se puede adelantar e impedir el cambio social; y por otro es necesario el cambio social para impedir la catstrofe socio fsica.

Justo y penoso es reconocer que en esta carrera por ver quin llega antes en la historia: la catstrofe sociofsica o el cambio social, la primera parece llevar una gran ventaja, en la actualidad bastante mayor de la que ya llevaba en tiempos de Sacristn.

 

El reciente Informe sobre el Medio Ambiente de las Naciones Unidas lo confirma .

En efecto. El capitalismo se ha extendido a todo el mundo y la globalizacin lleva hasta el ltimo rincn del planeta la ley del benfico y la acumulacin de capital; el complejo tecno cientfico ha escapado de las fronteras estatales y ya solo una autoridad internacional podra controlarlo; la sociedad de consumo lejos de reducirse se est ampliando con la irrupcin de una nueva clase media en los pases emergentes deseosa de los mismos estndares de vida depredadores que occidente; los estados imperiales, inmersos en una dura competencia internacional por los mercados, empujan y promocionan la investigacin tecnocientfica en un sentido cada vez ms destructivo; la famosa fraccin sacristaniana, cuyo denominador es la potencia cientfica y el numerador el control ciudadano, y cuyo ndice de dominio sobre el complejo tecno cientfico pasara por aumentar el numerador, parece ya insuficiente, si no implica tambin una reduccin del denominador; la percepcin popular de la capacidad destructiva de ciertas tecnologas se ha perdido en gran parte, es ms reina como sentido comn de la poca que la tecnologa resolver los problemas ambientales sin necesidad de transformar nuestro modo de producir y consumir: el coche elctrico como solucin de recambio al coche de motor de explosin pero siempre el coche! o la fusin fra o el hidrgeno o el superequis como nueva fuente de energa inagotable y limpia que sustituya al petrleo pero siempre la desmesura en el gasto energtico!; por ltimo, no porque no haya ms, sino para no extendernos en demasa, ni deprimirnos del todo, la automatizacin y robotizacin estn transformando el proceso de produccin en un sentido del que todava no conocemos todas las consecuencias, no solo en la propia estructura y composicin del factor trabajo, sino en la propia base del sistema capitalista: la ley del valor.

Si Sacristn gustaba de decir que haba que pintar la pizarra de la realidad tan negra como era para que as resaltara ms el trazo de tiza blanco de la alternativa, no cabe duda de que la negrura en la actualidad es ms que considerable, el problema es que no est nada claro, no ya si poseemos una alternativa, sino si nos queda siquiera un trozo de tiza en la mano. En cualquier caso, estamos obligados a intentar pintar algo aunque sea con el dedo. Debemos pues actuar como si creyramos que otra poltica de la ciencia y otro mundo es posible, aunque solo sea porque estamos convencidos de que de seguir as lo que dejar de ser posible es el mundo.

 

Tomemos un ltimo respiro.

Respiremos.

 

PS. Un comentario de Joaqun Miras a la entrevista anterior, a la segunda parte:

Muchas gracias, Salvador. Esta intelectual es muy aguda y a la par muy buena conocedora de Sacristn. Dos cosas en matizacin

En primer lugar, destacar que Sacristn es el filsofo cataln ms importante, ms potente desde Balmes; puede parecer una boutade, pero si lo es, pues se ponen nombres y se me llama memo.

Y el segundo, a la par con Ortega de Espaa en la segunda mitad del siglo XX. Ms que en primer lugar, es un introito. El primer lugar es qu es lo que lo hace ser un personaje desconocido. Pues el tipo de organizacin del que se dota la izquierda, a cuyo proyecto l se vincula. Toda persona que tenga inters intelectual debe separarse de ese tipo de organizacin habitual. No tiene lugar, ni tarea. Si se lo busca es como guinda de pastel y firmante de manifiestos. el tipo de intelectual habitual de ese tipo de organizacin institucional, que tiene como fin instrumentar la sociedad -por su bien"- para alcanzar las instancias gubernativas, no tiene tiempo para la reflexin terica, y sabe adems que esa es intil para sus fines. la conspiracin, la coalicin entre minoras cooptadas, el tejer redes clientelares, etc. es su trabajo fundamental. Y, si son diligentes -pueden ser y a menudo son vagos- ese trabajo implica mucho tiempo. Una persona como Sacristn no puede medir su capacidad de hacer poltica -una palabra que asume significados contradictorios- con la de estos otros. Creo que ese Sacristn, que, proyectndose en Lukcs, dice ser no muy listo en habilidades en "habilidades", polticas, expresa un fondo de retranca una retranca que ha superado por entero en el artculo sobre el quinto congreso del PSUC, cuando escribe en Diario Mundo [El Pas]? que ha sido una rebelin de las bases, pero que al da siguiente, los profesionales de la poltica volvern a tener la sartn por el mango, porque los trabajadores volvern al tajo mientras que los otros tendrn expedito el camino a lo suyo-de-siempre. No fue "al da siguiente", fue en el mismo congreso, que, como el perfume de Chanel era el numer cinco. La base sublevada contra la direccin era masiva y las delegaciones contrarias a la direccin en mayora. Pero...quienes se hacen con la posibilidad de representarlas, pactan en la habitacin de los acuerdos-con-puales, que el nuevo CC constar de tres partes. Tres es el nmero de la divinidad y era el de los sectores de profesionales "comientes" de la poltica. Y as se pacta. Entre caballeros rufianescos o rufianes entre ellos caballerosos aunque a la semana siguiente dos de esos grupos se cargan al que asentaba su culo sobre la mayora, pero no como expresin de sus aspiraciones... El otro da escuch un muy buen e informado resumen sobre las maniobras de Nuet, que tiene la firma del PCC, organizacin que ya no tiene militancia -sus militantes son de comunistespuntcat- pero que no se ha disuelto supongo que como sujeto mercantil, y que tiene 2 millones 300 mil euros y 19 locales y solo un administrador Pero esto no es lo importante ahora. Lo importante es que escuch que hace unas semanas -la que sea- la gente de EUiA -hoy otro cadver, para liberacin de algunos como yo- trat de sacar a debate lo que saban que estaba haciendo -nada indecente, en s mismo, uno se va a donde se quiere ir, pero no utilizando plataformas de gentes, claro-. Y fueron los que comen de la cosa, los Mena, etc, quienes dijeron que-no-que-no, que eso ya lo resolveran ellos hablando con Nuet....o lo el coletas y el otro No se puede ser orgnico de estos rganos y no ser un vendedor profesionalizado de humo. Se te comen, porque no te necesitan. Y Sacristn lo supo, y ya lo saba cuando se muere. El estudio, la reflexin son fundamentales para un proyecto alternativo. Pero ese no pasa por ese tipo de organizaciones, que son consecuencia y resultado de su fracaso, del fracaso de movimientos de masas organizados, imprescindibles para su existencia, o de la debilidad e incipiencia de los mismos, lo que permite a los ganapanes profesionales subirse al carro y domear la cosa. Sacristn aade reflexin de la buena a todo esto cuando critica la concepcin de la estrategia, que esta amiga cita , la carta a Lacalle y ahora ya me repito, pero en serio, volviendo a una idea del otro da: puede ser que esto que expreso sea una ingenuidad hilarante. De serlo, vale, pero entonces, nosotros, todos nosotros y todo el estudio y reflexin nuestra, es intil. No somos necesarios, no se nos necesita.

 

Primera parte de esta entrevista: Entrevista a Marisa del Campo Larramendi sobre Manuel Sacristn (I). De Sacristn quiero destacar su compromiso poltico de militante comunista en pro de una humanidad emancipada http://www.rebelion.org/noticia.php?id=253843

Segunda parte. Entrevista a Marisa del Campo Larramendi sobre Manuel Sacristn (II). Sacristn nunca quiso ser un acadmico al uso, sino un intelectual en el sentido gramsciano, orgnicamente ligado a los de abajo http://www.rebelion.org/noticia.php?id=254122

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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