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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2019

No est claro que el experimento produzca esos beneficios ni que sea aceptable realizarlo con poblacin reclusa
Regresando al siglo XX: experimentacin mdica dentro de prisin

Francisco Miguel Fernndez Caparrs
Pblico


En las ltimas semanas se ha generado un amplio debate a propsito de la paralizacin de un experimento que se estaba llevando a cabo con personas presas en las crceles de Huelva y Crdoba. Dicho experimento consista en aplicar una cantidad determinada de corriente elctrica en la parte frontal de la cabeza con el fin de estudiar la agresividad del sujeto. Antes y despus de someterse a las descargas, los reclusos realizaban un cuestionario de 40 preguntas; la comparacin entre los resultados de uno y otro cuestionario deba reflejar el efecto que dicha tcnica, la denominada estimulacin transcraneal por corriente continua (tDCS), habra tenido sobre los niveles de autopercepcin de la agresividad del preso. Los primeros resultados del experimento fueron publicados el pasado mes de enero en la prestigiosa revista Neuroscience y, segn el equipo que ha desarrollado la primera etapa del experimento, no podran ser ms prometedores. Antes de la estimulacin elctrica afirmaba una de las investigadoras al diario El Pas- los presos suelen responder de manera muy violenta. Dicen que si se la hacen, se la pagan. Despus de las tres sesiones, se sienten relajados y muchos dicen notar una especie de paz interior.

Poco tiempo despus de publicarse las conclusiones de este pionero experimento, Instituciones Penitenciarias lo ha paralizado al admitir que los internos de la prisin no deberan haber participado en el ensayo. Al mismo tiempo, el Defensor del Pueblo Espaol ha iniciado de oficio una investigacin al considerar que la condicin de persona bajo custodia de los presos elimina la voluntariedad para participar en el proyecto. Tras la paralizacin del experimento, distintos medios de comunicacin han recogido la indignacin de los investigadores que no comprenden por qu detienen una investigacin sin pensar en los beneficios [] que esta tcnica podra aportar a las personas agresivas dentro y fuera de las crceles".

Sin embargo no est claro que el experimento produzca esos beneficios ni que sea aceptable realizarlo con poblacin reclusa.

Una tcnica beneficiosa?

El equipo que ha desarrollado el proyecto, as como distintos expertos en biotica, han sostenido, por un lado, que la estimulacin transcraneal supone un escaso o nulo riesgo para la salud y que, por otro, sus efectos beneficiosos han sido ms que probados. En realidad, ambas afirmaciones son falsas. En cuanto a que la estimulacin transcraneal no implica ningn riesgo para la integridad fsica y mental de quien se somete a la prueba, distintos investigadores han advertido sobre los efectos adversos que puede tener esta tcnica. Por ejemplo, el doctor Pascual Leone, quien en 2016 ya adverta sobre los riesgos de la estimulacin transcraneal , sostiene que podran darse consecuencias perjudiciales a largo plazo, las cuales desconocemos todava . En cuanto al segundo argumento, el doctor Prez Martnez explicaba hace unos aos a eldiario.es en relacin con la estimulacin transcraneal que la mayor parte de las investigaciones no han encontrado un beneficio claro y, las que lo han hecho, avisan de que sern necesarios ms estudios en la misma lnea. En conclusin, no conocemos los efectos adversos a largo plazo de esta tcnica (el experimento realizado en las prisiones tampoco contempla un seguimiento para observar la aparicin de estos posibles efectos) ni son tan seguros los beneficios que puede aportar. Adems, tal y como reconocen los propios investigadores, el lugar y el tipo de aplicacin de corriente realizada en este experimento no se haba probado antes; es la primera vez que en este tipo de investigacin se aplica estimulacin bilateral en las regiones cerebrales especificadas en el estudio.

Libre consentimiento en un lugar donde se priva de la libertad?

Otro de los argumentos que han esgrimido los defensores de este proyecto coordinado desde la Universidad de Huelva ha sido que no sera tico privar a un preso de su derecho a beneficiarse de una investigacin. Desde nuestro punto de vista, el argumento no puede ser ms perverso. En el plano internacional, una de las principales normas de referencia es el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Polticos (PIDCP) donde encontramos en sus artculos 7 y 10 la regulacin de la experimentacin mdica o cientfica con personas. El primero de esos artculos consagra la prohibicin de tratos inhumanos o degradantes detallando que en particular, nadie ser sometido sin su libre consentimiento a experimentos mdicos o cientficos. El segundo de los artculos insiste en esta misma prohibicin en relacin con las personas privadas de libertad. El problema que se plantea desde este momento es si las personas privadas de libertad pueden prestar libremente su consentimiento del mismo modo que cualquier otra persona que no se encuentra dentro de una prisin.

A este respecto, en su Observacin general nmero 21, sobre el trato humano a las personas privadas de libertad , el Comit de Derechos Humanos de la ONU ofrece una interpretacin restrictiva cuando interpreta el artculo 10 del PIDCP. Dice as: las personas privadas de libertad no solo no pueden ser sometidas a un trato incompatible con el artculo 7, incluidos los experimentos mdicos o cientficos , sino tampoco a penurias o restricciones que no sean las que resulten de la privacin de libertad; debe garantizarse el respeto de la dignidad de estas personas en las mismas condiciones aplicables a las personas libres. Adems, en la Observacin general nmero 20, sobre la prohibicin de la tortura u otros tratos o penas crueles,inhumanos o degradantes , especifica en su artculo 7 que se necesita una proteccin especial en relacin con esos experimentos en el caso de las personas que no estn en condiciones de dar un consentimiento vlido, en particular de las sometidas a cualquier forma de detencin o prisin . Estas personas no deben ser objeto de experimentos mdicos o cientficos que puedan ser perjudiciales para su salud .

Por otra parte, nuestro Reglamento Penitenciario establece varias condiciones a la investigacin mdica dentro de prisin en su artculo 211. Esa norma seala que las personas privadas de libertad no pueden ser objeto de investigaciones mdicas ms que cuando stas permitan esperar un beneficio directo y significativo para su salud y con idnticas garantas que las personas en libertad . Ms arriba ya hemos explicado por qu es ms que cuestionable que pueda existir un beneficio directo y significativo en la salud de las personas privadas de libertad. En cuanto a la segunda condicin, uno de los principales elementos que componen esas garantas es la capacidad para prestar libre y voluntariamente el consentimiento para participar en la investigacin. Como recordaba en un reciente artculo la Vocal de la Subcomisin de Derecho Penitenciario del Consejo General de la Abogaca Espaola, Mara Luisa Daz Quintero , el carcter voluntario del consentimiento queda vulnerado desde el momento en el que es solicitado por personas en una posicin de autoridad y sin que le queden muchas opciones para rechazar, reflexionar o decidir libremente. Y este es el caso que nos ocupa, una persona bajo custodia de la Administracin penitenciaria carece del principio ms relevante de este consentimiento [] la autonoma de ser libre en la adopcin de su decisin.

Y la biotica dnde queda?

Por ltimo, en el campo de la biotica, encontramos distintos instrumentos normativos que limitan o condicionan fuertemente la experimentacin mdica o cientfica con colectivos vulnerables; entre estos, por supuesto, se encuentran las personas que se han visto privadas de libertad. No es casualidad que ello sea as ya que entre las causas que motivaron la creacin de una disciplina como la biotica se encuentran algunas de las mayores atrocidades que se cometieron a lo largo del siglo XX -precisamente- contra personas privadas de libertad. Nuremberg y Tuskegee son solo dos de los nombres de la historia de la infamia.

Por eso, durante la segunda mitad del siglo pasado, surgieron numerosos textos normativos en el mbito de la biotica que regulan la experimentacin con sujetos humanos. Uno de los primeros documentos que encontramos es la Declaracin de Helsinki que, si bien es cierto que no tiene carcter vinculante, ha tenido una importante influencia en la regulacin de la investigacin cientfica en los ordenamientos de mbito regional o nacional. En este sentido, el artculo 20 de la Declaracin de Helsinki recoge que la investigacin mdica en un grupo vulnerable slo se justifica si la investigacin responde a las necesidades o prioridades de salud de este grupo y la investigacin no puede realizarse en un grupo no vulnerable . En el artculo donde se exponen los primeros resultados obtenidos, el equipo investigador sostiene sin ningn tipo de pudor que el estudio cumple con los principios consagrados en la Declaracin de Helsinki.

Por su parte, en el mbito estatal, encontramos el Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina -tambin conocido como Convenio de Oviedo- que en nuestro pas entr en vigor en el ao 2000. El artculo 17 del Convenio, en la letra tercera de su primer apartado, reproduce el mismo principio de la Declaracin de Helsinki: solo podr hacerse un experimento con una persona presa cuando no pueda efectuarse con una eficacia comparable con sujetos capaces de prestar su consentimiento al mismo. En este sentido, era posible haber efectuado este mismo estudio con poblacin que se encontrara fuera de prisin? No solo era posible, sino imperativo.

Surgen, no obstante, otras muchas dudas. El Comit tico de la Universidad de Huelva que evalu este experimento conoca cul era la poblacin objeto de estudio o, por el contrario, en el proyecto inicial apareca una diferente? Por qu a da de hoy an no ha sido publicado ni el proyecto de investigacin donde se enmarca el experimento ni el informe de evaluacin preceptivo del Comit tico de la Universidad de Huelva? Se han cumplido todas las garantas en relacin con el derecho a la intimidad de quienes han participado hasta la fecha en este experimento?

En todo caso, desde ninguna perspectiva posible, ya sea clnica, jurdica o biotica, se sostiene la defensa de este estudio. En primer lugar, porque no se tiene suficiente evidencia que pruebe el carcter supuestamente beneficioso de la estimulacin transcraneal a la vez que se desconoce si podra producir algn tipo de efecto adverso. En segundo lugar, existen claros lmites jurdicos que han sido lesionados: no hay un beneficio directo y significativo en la salud de quienes han participado en el experimento y tampoco -esto es la ms importante- se da un consentimiento informado libre y voluntario. En ltimo lugar, el Convenio de Oviedo y otros tantos documentos de referencia dentro del campo de la biotica estipulan que, a la hora de realizar un experimento, siempre se escoger a poblacin no vulnerable de forma preferente. Por todo ello, el estudio de la Universidad de Huelva, al incumplir todas y cada una de estas previsiones, no solo ha actuado muy lejos de los principios ticos que deben regir cualquier investigacin cientfica, sino que ha lesionado uno de los derechos fundamentales que recoge nuestra Constitucin: la prohibicin de realizar tratos inhumanos o degradantes.

Fuente: https://blogs.publico.es/red-juridica/2019/04/04/experimentacion-prision/



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