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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2019

Corporatismo, anticolectivismo y otros ismos en la involucin antidemocrtica

Xabier Anza
Rebelin


Dos miembros de la direccin de ELA somos recibidos por la Consejera de Seguridad Estefana Beltrn de Heredia en la sede del Gobierno Vasco en la Gran Va de Bilbao. La reunin se hace a peticin del sindicato. Queremos transmitirle nuestra preocupacin ante repetidas actuaciones de la Ertzaintza en conflictos laborales y huelgas. Hablamos de actuaciones ilegales, como escoltar el esquirolaje. La reunin transcurre por los senderos previsibles: el gobierno solo ve problemas de orden pblico. Si la huelga es un derecho fundamental a quin le importa?

Llegado un momento solicitamos la instruccin de la Ertzaintza para los conflictos laborales, su protocolo de actuacin. No podemos verlo. Eso pondra en peligro la seguridad de los ertzainas. Corregimos: Bueno, omitan del texto los elementos que tengan que ver con la seguridad. Lo que queremos saber es qu se transmite a los y las ertzainas sobre los derechos que asisten a huelguistas, al comit, a la empresa.... Ni hablar. Llegados a este punto preguntamos. Ya sabemos que a ELA no le habis consultado, pero a la hora de elaborar esa instruccin habis solicitado algn dictamen a otros agentes como empresarios, patronales, profesores de derecho laboral u otros sindicatos?. A nosotros dice nos ha votado el pueblo y tenemos la legitimidad para elaborar esa instruccin. Claro decimos que tenis la legitimidad, por eso estamos aqu.

Lo que nosotros queremos saber es si a la hora de elaborar una instruccin sobre cuestiones que afectan a la sociedad (da igual de qu cuestin se trate) las organizaciones de la sociedad que se sienten concernidas por esa problemtica tienen la opcin de emitir opinin y de que esa opinin sea escuchada por el gobierno. La respuesta se repite. A nosotros nos ha votado el pueblo y tenemos la legitimidad para elaborar esa instruccin. Supongo que tambin habr instrucciones, por ejemplo, para los inmigrantes. Pero el gobierno no necesitar recabar la opinin de organizaciones como Sos-Racismo o Caritas. Tienen la legitimidad porque les han votado. No hay nada ms que hablar.

Corporatismo

Lo sucedido con la Consejera tiene muchsima miga. Porque en esa reunin no se produce tan solo un choque de intereses, sino que son dos paradigmas, dos universos polticos, dos maneras entender la democracia las que colisionan. Para Beltrn de Heredia la ciudadana solo se expresa como pueblo, y ello a travs del sufragio con que elige a sus representantes. Todos aceptamos eso. Pero para nosotros eso es solo una parte de los procesos de deliberacin poltica. La ciudadana se expresa como pueblo, s, pero se expresa y se realiza tambin como sociedad. Como sociedad se articula y organiza en torno a aspiraciones ticas, polticas, econmicas, sociales, religiosas, deportivas De manera soberana la sociedad constituye organizaciones, que a su vez definen sus programas y su accin para alcanzar sus aspiraciones. Y para ello ejerce derechos fundamentales como la reunin, la manifestacin, la opinin, la huelga, la negociacin colectiva Mediante el ejercicio de esos derechos aspira a influir no solo en las otras organizaciones y en el conjunto de la sociedad y en la llamada opinin pblica, sino tambin en el poder legislativo (parlamentos) y en el ejecutivo (gobiernos). Es decir: para nosotros el voto no es la nica fuente de legitimidad ni tampoco el nico instrumento de influencia.

Estefana Beltrn de Heredia no le niega a la ciudadana el derecho a organizarse, faltara ms, pero lo cierto es que no se siente concernida por sus demandas, ni mucho menos urgida a plantearse la ms mnima correccin a su accin de gobierno y de direccin, en este caso, de la polica autonmica. No al menos a partir de lo que ELA le cuenta, por muy grave que sea que lo era. Pero lo sustantivo, en el tema que nos trae, es que ella no reconoce ms legitimidad que la que otorga el sufragio universal y desde luego no se deja afectar por quienes le incordian.

Lo sucedido con la consejera de seguridad no es un hecho aislado. Es pura ideologa corporatista y tiene en nuestro pas importantes mentores. Unai Rementera, Diputado general de Bizkaia, le dijo a ELA que se presente a las elecciones si lo que quiere es hablar de fiscalidad. Confebask insta a que los sindicatos abertzales no sean considerados sindicatos (que se les ilegalice en la prctica) ya que sus aspiraciones rebasan el mbito de las relaciones laborales, y se meten en cosas como el TAV. Hace solo unas semanas, el Parlamento Vasco rechaz debatir, simplemente debatir, una iniciativa legislativa presentada por la Carta de Derechos Sociales avalada por 51.000 firmas. En 2016 el Gobierno Urkullu decidi que en la CAPV se publicarn como si fuesen estatutarios los convenios laborales suscritos por la minora sindical. Antes, en 2014, un informe de expertos sugiri al Gobierno que aquellos sindicatos que no cumplan su funcin (como puede ser legitimar el dilogo social) no reciban financiacin pblica. Todo ello porque, como bien expres la anterior Secretara general de Confebask, Nuria Lpez de Guereu, ELA no asume la funcin de moderacin que cabe esperar de un sindicato mayoritario. Hace tambin escasas semanas, un decreto del Gobierno Vasco institucionaliza un dilogo social tripartito (patronales, sindicatos y gobierno) en el que se darn por buenos los acuerdos que suscriba un solo sindicato, aunque represente una exigua minora. El lehendakari, hace un par de aos, refirindose a Catalua, deca que era alarmante que movimientos sociales sin ningn tipo de responsabilidad condicionasen proyectos y comprometiesen a los partidos ante la sociedad.

Funcionalismo

Conviene ver el finsimo hilo que une esas declaraciones e iniciativas, cuestiones todas ellas solo aparentemente inconexas. Porque a ninguno de esos agentes, como se dice, se le ha ido la pinza. Antes al contrario, su actuacin, por muy antidemocrtica que se nos antoje, tiene una enorme coherencia. Y la clave es una palabra: funcin. Su visin, su concepcin de la sociedad y la poltica, se inspira en la biologa. La sociedad es, para ellos, un organismo nico, donde cada parte debe cumplir una funcin para la vida del conjunto organismo. Las partes, las organizaciones, no son entes soberanos que definen sus aspiraciones y buscan su influencia de la manera que entiendan conveniente. Si quieren ser reconocidas y homologadas simblica e institucionalmente, la funcin de esas partes debe estar orientada al bien comn. Y si no cumple su funcin, no se le reconoce, se les margina, se la combate. Porque las organizaciones que incordian son un incordio. Un incordio, ojo, en toda su profundidad etimolgica. Del latn antecordium, el tumor junto al corazn que se extenda en los caballos y les impeda respirar y moverse. Eso mismo es la parte de la sociedad que incordia: un tumor que afecta al corazn de la comunidad impidindole avanzar hacia el bien comn.

El planteamiento parece redondo pero presenta no pocos problemas: quin define el bien comn? quin decide las funciones deseables y las indeseables? quin establece que un sindicato o una ONG se excede en sus funciones? otro agente, la mayora parlamentaria que se constituya en cada momento? El planteamiento no es nuevo. Es una versin postmoderna de una visin ya antigua: el corporatismo, una visin siempre ligada a los sectores ms conservadores, incluidas sus versiones ms autoritarias. En su versin homologada en democracia, la extirpacin del incordio no llega a ser ni fsica ni jurdica (esperamos), pero s simblica, institucional y operativa.  

Anticolectivismo

La ideologa de gnero es un colectivismo social que el centro derecha tiene que combatir... nosotros creemos en las personas. Recorriendo Espaa yo no veo rojos o azules, yo veo espaoles; yo no veo, como se dice, gente urbanita o gente rural, yo veo espaoles; yo no veo jvenes o mayores, yo veo espaoles; yo no veo trabajadores o empresarios, yo veo espaoles; yo no veo a creyentes o a agnsticos, yo veo espaoles Porque el colectivismo es precisamente eso, la infantilizacin de toda sociedad. La primera cita es de Pablo Casado; la segunda de Albert Rivera; la tercera de David Muoz Lagarejos, un joven socilogo de la misma hornada.

El anticolectivismo es una bandera antigua. Entre el poder (el patrono, el estado...) y el ciudadano individualmente considerado, no debe interponerse ninguna instancia colectiva. Cualquier colectivismo infantilizara al ciudadano. Esta visin de corte liberal cierra los ojos a la ms elemental realidad: la desigualdad radical de las personas y los grupos sociales; la situacin de subordinacin, dependencia y vulnerabilidad de infinidad de personas slo por el hecho de ser parte, precisamente, de un colectivo (ser mujer, asalariada, o de lengua, ideologa, religin o cultura minorizada...). El invidualismo se nutre de una ficcin, la del sujeto soberano, que difcilmente se sostiene en la realidad social.

Mal vamos si creemos que esta ideologa anticolectivista es patrimonio exclusivo del tridente derechista espaol. Recientemente, un importante alcalde de nuestro pas les neg a unos huelguistas una reunin si a la cita acudan acompaados por responsables o tcnicos del sindicato. Entre el alcalde y el huelguista no debe haber instancia colectiva; ni entre la mujer y el empresario; ni entre el preso y las instituciones penitenciarias; ni entre el campesino y el seor... Lo que dicen Casado, Rivera, y lo que dicen todos los dirigentes y cargos vascos citados no parte de la misma visin corporatista del sistema poltico, y la visin estrictamente funcionalista de los agentes sociales?

La conexin parcial

El desafo que plantea la emergencia de estas derechas, autoritarismos y nuevos corporatismos, no tiene que ver con el hecho de que miles de personas hagan suyo de un da para otro un programa protofascista. No es eso lo que previsiblemente va a suceder.

A lo que nos enfrentamos es a algo ms sutil, pero no por ello menos peligroso. Nos enfrentamos a la capacidad de estas nuevas y viejas fuerzas de conectar parcialmente con los miedos, las aspiraciones, las frustraciones y los sentimientos de espectros sociales bien distintos. Puede ser el jerarca catlico que siente en el contexto de la ola feminista que ser muy difcil en poco tiempo seguir subsidiando a una organizacin que excluye de su gobierno a las mujeres; puede ser el empresario a quien molesta la organizacin colectiva de su plantilla; pueden ser los trabajadores y trabajadoras presas de la incertidumbre que compran la moto del inmigrante que les roba el empleo y los derechos; pueden ser el militante ecologista desesperado por incapacidad de las democracias realmente existentes para alcanzar las medidas necesarias y urgentes contra el cambio climtico Lo realmente peligroso es la facilidad con que esa deriva puede justicarse. Y pondr un ejemplo: Hace solo unas semanas el Gobierno vasco public, como decamos, un decreto de institucionalizacin del dilogo social en la CAPV. El decreto establece que bastar la firma de un solo sindicato (de los cuatros que tienen derecho a participar) para la consecucin de acuerdos, si as lo quieren el gobierno y la patronal. A CCOO y UGT-Euskadi les ha parecido estupendo. Pero alguien imagina que estos mismos sindicatos daran por buena esa reglamentacin para el dilogo social del estado, es decir, que bastase, pongamos por caso, el voto de USO para alcanzar acuerdos en la mesa de dilogo social espaol? Es evidente que no.

Por supuesto que UGT y CCOO no son organizaciones ni de derechas, ni profascistas ni autoritarias... Pero ese no es el problema. El problema es la facilidad con que han sido capaces de compartir un diagnstico fatal con la patronal y el gobierno, un diagnstico sobre un estado sindical de excepcin (porque el sindicato mayoritario no va al dilogo social) que les legitima para actuar contra los ms elementales principios democrticos; el problema es de qu manera pueden acabar siendo funcionales a los intereses gubernamentales y patronales, a quienes la representacin sindical real se la trae al pario... El problema es esa irresponsable conexin parcial, y esa vocacin quirrgica tan del gusto del capital, que pasa por extirpar los elementos incmodos que persisten en las sociedades y en las instituciones. Esos elementos incmodos son indispensables para una sana democracia que por utilitarismo funcional, intereses particulares, frustraciones o fobias, son eliminados, pudindose as crear el caldo de cultivo ptimo para el desarrollo de estructuras fascistas.

Xabi Anza. Responsable de Formacin de ELA

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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