Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2019

Es la interpretacin, estpidos

Jaime Richart
Rebelin


Despus de la experiencia de estos ltimos cuarenta y cuatro aos, y visto todo lo sucedido en su transcurso, se me ocurre que, de haber vivido Franco 20o 30 aos ms, esta Constitucin y el mapa poltico-administrativo vigente le hubieran servido al aggiornamiento de su ideologa: la Constitucin de 1978 reemplazara a las Leyes Fundamentales del Reino, nombrara jefe de Estado al que ya tena preparado para rey, y l pasaba a la reserva para vigilar la transicin y cuidar que en adelante todo lo fundamental se ajustase a su ideario. Con un partido conservador libre de sospechas y otro progresista pero dcil en alternancia; con una Diputacin en cada provincia, una Audiencia Nacional atenta a los amagos de sublevacin, un Tribunal Constitucional corrigiendo la tentacin de todo desvo, un Tribunal Supremo a lo suyo pero eminentemente conservador, y un Senado repleto de adictos al Nuevo Rgimen, Espaa hubiera seguido su andadura como una balsa de aceite. As, gradualmente, se hubiese podido llegar algn da a la democracia sin especiales contratiempos ni dolor. Yo mismo hubiera podido sugerrselo dada mi cercana en su ltima poca, destinado en la Fiscala General del Estado; destino al que muy pronto renunci. Al fin y al cabo, la mayora de las leyes franquistas eran impecables, tcnicamente. Sencillamente porque sus redactores, el legislador, no estaban presionados por los mercados, ni apremiados por la impaciencia, como lo estn ahora. Y distintos conceptos que suenan bien, como seguridad, derechos, cogestin", etc, estaran cumplidamente atendidos, en la teora, de esta misma Constitucin. Pues as es cmo se pone de manifiesto que la Constitucin no fue ms que un apao de siete redactores provenientes del Rgimen. Ninguno proceda de las clases populares. Se meti en el paquete a votar, a la monarqua. El ejrcito vigilaba. El pueblo tema un golpe de Estado a la muerte del dictador y estaba deseando pasar pgina cuanto antes, por eso firm lo que fuese con tal de empezar una nueva vida poltica henchida de libertades. No eran aquellos momentos para analizar el contenido del texto de esta Constitucin, ni lo tramposa que podra ser...

sta es sin duda la razn de que, segn el CIS, un 70 por ciento de los espaoles sea favorable a la reforma de la Constitucin. Y a propsito de ella, dos pilares: un referndum monarqua-repblica, por un lado, y la entronizacin del Estado Federal. Sin embargo, en tanto esto no suceda, entiendo que no es la Constitucin el problema ms grave, por arriba, que tiene Espaa. Pues, a pesar de estar viciada en origen y ser centralizadora, contra natura por las muy distintas sensibilidades geogrficas, el verdadero problema est en la psima voluntad interpretativa del texto constitucional mostrada por los gobiernos que se han ido sucediendo, por parte del TC, por parte del TS y por parte del periodismo oficialista al que se suma un periodista salido de cloacas. Pudiendo haberla interpretado con flexibilidad de otro modo casi todas las normas suelen tener ms de una lectura- gobierno, TC, TS y periodismo oficialista, adems subvencionado, siempre han interpretado las normas para cerrar el paso a la autntica libertad de expresin, al desarrollo de las libertades participativas y a toda posibilidad de avance de la idea republicana. Y tambin, para impedir el cambio del sistema electoral que prima a los dos partidos de la alternancia.

Cuando Espaa comenz la nueva singladura, esta aventura democrtica, el pueblo esperaba muchas cosas. La esperanza era el motor. Era lgico y natural. Pero luego, a medida que han ido pasando los aos, se ha ido agravando ms y ms la frustracin. En lugar del esperado saneamiento de la sociedad, se ha revelado la corrupcin generalizada en la clase poltica y empresarial. En lugar de la esperada disminucin de las desigualdades, las desigualdades se han ido ensanchando todava ms. En lugar del esperado progreso poltico y la esperada separacin de poderes del Estado, la clase poltica se ha mostrado en general ms oportunista que servidora pblica, cuando no malhechora, y los tres poderes se han manifestado semi fundidos en uno. En lugar del ejercicio democrtico a travs del referndum y de las consultas populares previstas en la Constitucin y, eventualmente, la esperada autodeterminacin de los territorios y pueblos de Espaa, no slo no ha habido lugar ni al uno ni a las otras en ningn caso y circunstancia, sino que se ha reaccionado por parte de esas cuatro instituciones con parecida represin a la franquista, a pesar de que la Constitucin prev referndum y consulta popular en su artculo 149, 32, slo dependientes de la autorizacin del gobierno de turno.

Es un cmulo de cosas que hace indeseable las condiciones en que se ha ido manifestando esta democracia que parece un simulacro. Porque luego, ah est la permisividad del ejecutivo y del legislativo hacia los poderes fcticos; la benevolencia de la justicia hacia los miembros indeseables y, eso s, felones que han saqueado las arcas pblicas; la respuesta de los gobiernos, del TC, del TS dadas al pueblo y a sus demandas a lo largo de estas cuatro dcadas sobre distintas cuestiones... Todo lo que hace aflorarlas fuerzas ocultas manejadas por los poderes bancarios, financieros y de las grandes empresas, y por los reaccionarios franquistas a los que a veces se unen los falsos socialistas con los que comparten los beneficios de las puertas giratorias (139 ministros y altos cargos desde 2014, segn Pblico). Fuerzas que frenan la evolucin democrtica e interpretan las normas de cualquier rango, ms en claves franquistas que en trminos de la tolerancia que caracteriza a los estados modernos y avanzados. Es ms, hubiera bastado una verdadera separacin de los poderes del Estado, una interpretacin razonable de los artculos de la Constitucin, del cdigo penal y otras normas concomitantes, respecto al orden pblico, respecto al Pas Vasco y Catalua y otras cuestiones de calado, por un lado, y una interpretacin implacable de las leyes punitivas para castigar a los polticos expoliadores hacindoles devolver hasta el ltimo euro el producto de su nauseabunda rapia, por otro lado, para que el pueblo hubiese aceptado como mal menor la Constitucin sin deseos significativos de derogarla o reformarla. Porque la separacin de poderes siempre ha sido sospechosa, y nunca la tolerancia ha sido la pauta; ni por parte de los gobiernos ni por parte de la justicia. Slo han sido tolerantes ambos con quienes no deban serlo: con los abusadores del poder y con los forajidos de traje y corbata.

En estas condiciones, aunque nunca las leyes en s mismas son la solucin, porque la solucin viene de la catadura de quienes las interpretan y aplican, la reforma de la Constitucin que introduzca el Estado Federal y a la larga o a la corta la posibilidad de la Repblica como forma de Estado, es una asignatura tan pendiente que, hasta que no sea realidad, ser muy difcil que Espaa viva con estabilidad y verdaderamente en paz. Por eso Catalunya y la deseable exhumacin de los restos del dictador se han convertido en otras ms de las muchas cortinas de humo provocadas para que en el fondo todo siga igual. Para que todo siga igual, si no es que eclosiona la oficial involucin institucional en los inminentes comicios a travs del partido oficial de ultraderecha, al que se adhiere como una lapa el que finge ser de centro pero es tan extremoso como l, con la obsecuencia y condescendencia efectivas del partido mayoritario progresista que fue...


Jaime Richart, antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter