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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2019

Argelia
El ejrcito y la dinmica del levantamiento popular antisistema

Nadir Djermoune
Viento Sur


En la quinta semana de la movilizacin popular reclamando que se vaya el poder y el sistema, el debate en los medios polticos y mediticos avanza y aborda la cuestin de una transicin poltica bajo un ngulo jurdico.

Uno de los medios ms influyentes, el diario El Watan, da la palabra a un profesor de derecho constitucional, Laggoun Walid, para defender una transicin poltica en el marco de la actual Constitucin. Piensa que la opcin ms segura polticamente y conforme a la Constitucin est en la dimisin del presidente y la aplicacin del artculo 102. Pues la puesta en marcha de este arsenal permite mantener una continuidad de las instituciones y evita el vaco institucional que creara el final de mandato constitucional del presidente el 28 de abril si permanece en su puesto hasta esa fecha. Recordemos que mientras tanto el presidente de la repblica ha anulado ya las elecciones previstas para el 19 de abril y el pueblo sigue reclamando su salida.

Subrayemos, por otra parte, que la aplicacin de este artculo se puede contemplar en tres supuestos: en caso de fallecimiento, de dimisin o de inhabilitacin del presidente de la Repblica por causa de enfermedad grave. Qu ha impedido entonces la aplicacin de este artculo desde que la incapacidad de Buteflika para ejercer una funcin presidencial era conocida?

Por su parte, el antiguo candidato a las presidenciales del 19 de abril, el general retirado Ali Ghediri [general-mayor de 2010 a 2015, luego director de recursos humanos en el Ministerio de Defensa], en una entrevista concedida a Radio-M, ha declarado lo mismo: permanecer en la legalidad de esta Constitucin. No hay que dejar que la marejada se lleve al Estado, subraya. Y en su opinin, la puesta en marcha del artculo 102, y que pondr de hecho a Abdelkader Bensalah como presidente del Consejo de la Nacin, por tanto un hombre que encarna al sistema y al rgimen, permitir poner en pie los mecanismos capaces de asegurarnos una transicin sin riesgos, es decir sin riesgos de ver desaparecer al sistema actual, aunque intente formalmente hacer una separacin entre sistema y Estado.

Salir del embrollo jurdico

Esta campaa poltico-meditica parece tener efectos sobre las autoridades militares. stas, por la voz del jefe del Estado Mayor y viceministro de de defensa Gaid Salah, lanzan un llamamiento para la aplicacin de este artculo 102. Llamamiento que abre la va a las y los diputados de las dos cmaras parlamentarias para demandar al Consejo Constitucional que ponga en marcha este procedimiento de inhabilitacin.

En su interpretacin ms estricta, este procedimiento significa que Noureddine Bedoui, nombrado en sustitucin del antiguo primer ministro Ahmed Ouyahia, pero que no ha podido constituir su gobierno, debera organizar las prximas elecciones. Sin embargo, el artculo 104 de la Constitucin afirma que el Gobierno en funciones en el momento de la inhabilitacin, del deceso o de la dimisin del Presidente de la Repblica, no puede dimitir o remodelarse hasta la entrada en funciones del nuevo Presidente de la Repblica. Ahora bien, este gobierno en funciones [el de A. Ouyahia y el de N. Bedoui que no puede formarse] no puede por tanto ejercer su poder en la medida en que un nuevo presidente [post-Buteflika] no ha sido elegido!

Por tanto, hay que salir de este embrollo jurdico-procedimental que implica ya la puesta en marcha de este artculo de la Constitucin. Pues lo que est en juego en esta transicin no es ya jurdico sino poltico. Pero en este plano, una lectura crtica y dialctica de la dinmica revolucionaria en curso nos permite ver que hay, en lo inmediato, un callejn sin salida. Por retomar una frmula clsica, si la gente de arriba no puede ya dirigir y los partidos tradicionales no son ya legtimos, y la gente de abajo no est an preparada para gobernar, es decir para poner en pie en el perodo presente estructuras de contrapoder representativas y democrticas, entonces se manifiesta una situacin potencial de dualidad de poder, pero su concrecin depende de la dinmica del movimiento social y de las mltiples correlaciones de fuerza que se derivan entre la gente de arriba igual que entre la gente de abajo.

En este vaco poltico coyuntural, el rgimen que representa al sistema intenta mantenerse. La institucin militar es la nica institucin que sostiene la estructura del poder antiguo. Sin embargo, ser de hecho interpelada de forma ms manifiesta (aunque ciertas fuerzas polticas le hayan confiado ya de hecho un papel de liderazgo) para intervenir tras el 28 de abril, es decir tras el final del mandato legal de Buteflika, que dejar el pas sin direccin oficial. No queriendo ciertamente hacer frente a la vindicta popular, la institucin militar prefiere poner en primer plano a civiles para mejor gestionar el futuro en caso de acentuacin de la crisis y as ganar tiempo.

Pero, ms all de esta postura que obedece a considerandos de orden tctico, la cuestin que se plantea ya es la del comportamiento poltico de esta institucin. Se estn evocando analogas con diferentes experiencias.

 

Dos escenarios posibles: Egipto y Portugal

En un artculo publicado en ElQods el arabi, el pasado 12 de marzo, Gilbert Achcar, profesor en el SOAS (Londres) y especialista del mundo rabe, subraya la analoga pertinente con el caso egipcio. Considerando que son las fuerzas armadas regulares las que forman la columna vertebral tanto de Egipto como de Argelia, subraya que fue el Consejo Supremo de las fuerzas armadas egipcias quien destituy al antiguo presidente Hosni Mubarak el da 18 del levantamiento del pueblo egipcio en 2011, y algunos das despus del comienzo de la multiplicacin de las huelgas en el pas. En Argelia, ve desarrollarse ante nuestros ojos un escenario similar: las Fuerzas Armadas argelinas han anulado el proyecto de quinto mandato del presidente en ejercicio, Abdelaziz Buteflika, y han decidido prolongar su mandato de transicin.

Despertados por la experiencia de sus colegas egipcios, as como por la que ellos mismos haban vivido a comienzos de 1992, segn Achcar, los dirigentes del ejrcito argelino intentan un escenario que les mantenga en el poder y anuncian un perodo de transicin durante el cual desean establecer una nueva hoja de ruta para continuar rigiendo el destino del pas. La pregunta que se plantea actualmente sera la siguiente: el Jefe de Estado Mayor del Ejrcito Popular, Ahmad Qaid Saleh, toma el destino de Mohamed Hussein Tantawi, antiguo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas egipcias, o ser, para Argelia lo que Abdel Fattah al Sissi es para Egipto?

Pregunta pertinente que puede estar en contradiccin con otro escenario: el caso portugus.

En una contribucin al peridico Le Soir dAlgrie del 25 de marzo de 2019, Yazid Ben Hounet, investigador en el CNRS/Francia, parte de un anlisis sociolgico que considera que contrariamente a Siria o Egipto, el ejrcito argelino no es un grupo etnico-religioso (el caso sirio) o una clase social distinta de la mayora del pueblo (el caso egipcio). Preconiza tomar en serio el carcter popular y nacional del ejrcito argelino () que no se trata por tanto del ejrcito de un clan, de una casta, de una clase social, de una etnia o de una regin. Ve en las consignas gritadas en todas las manifestaciones Djeihc, chaab: khawa, khawa (Ejrcito, pueblo: hermano, hermano) no solo un llamamiento a la solidaridad, sino tambin un recordatorio de la realidad.

Partiendo del anlisis de las especificidades del ejrcito argelino, sus dinmicas y su historia, y reforzado por las ltimas declaraciones de Gaid Salah (que no puede ir en sentido contrario a la mayor parte de sus altos mandos) [el papel actual del ejrcito] es el de un acompaamiento de esta revolucin pacfica, ms que el de la represin o la confiscacin de este impulso democrtico, Yazid Ben Hounet establece una analoga con un escenario a la portuguesa. Como los oficiales portugueses que derrocaron [en abril de 1974, oficiales organizados en el seno del MFA, Movimiento de las Fuerzas Armadas] la dictadura de Salazar, escribe, los oficiales argelinos en su enorme mayora, igual que la poblacin argelina, estn muy pendientes de no caer en una nueva forma de guerra interior. Ciertamente, la estructuracin poltica de un sector de oficiales del ejrcito portugus, que realizaba una guerra contra los movimientos de liberacin en Angola, Mozambique y Cabo Verde, es muy diferente de la existente, actualmente, en el seno de las fuerzas armadas de Argelia.

La entrevista del general retirado Ghediri, realizada por el periodista El Kadi Ihsan en Radio-M el martes 26 de marzo de 2019, deja entrever una posible analoga parcial con el llamado escenario portugus.

Otros escenarios y analogas han emergido en este debate amplio y pblico. Entre ellos, el del historiador francs Benjamin Stora que hace un paralelo entre la revolucin actual en Argelia y las que se conocieron en los pases del este europeo al comienzo de los aos 1990. Otras, analizando la cuestin desde el punto de vista econmico, evocan la crisis venezolana

En cualquier caso, todo el mundo espera que Argelia trascienda la espiral del rgimen militar y siga el camino de la democracia. Sin embargo, ms all de la necesidad de comprender los acontecimientos actuales en Argelia bajo el ngulo de experiencias histricas, cada sociedad produce su devenir, su propia historia. Pero no lo hace arbitrariamente, en condiciones elegidas por ella misma, sino en condiciones directamente heredadas de su pasado y de la situacin nacional e internacional.

As, por retomar la conclusin del texto de Gilbert Achcar, la simple existencia de una tal problemtica, y de un tal adversario (el ejrcito), crea condiciones polticas que permiten que las fuerzas populares puedan hacer entrar a la mayor parte de las fuerzas armadas en las filas de la revolucin, impidiendo a sus dirigentes supremos enfrentarse a la voluntad popular y permitiendo al pas pasar del rgimen militar a un gobierno civil democrtico. Por supuesto, esto no se har de un da para otro, pero, quin pretende que los principales cambios revolucionarios de la historia se desarrollen de un da para otro?

Asamblea Constituyente como punto de mira

En esta perspectiva, la consigna de una Asamblea Constituyente sigue siendo la nica vlida. Una orientacin que ponga en el centro la reivindicacin de una Asamblea Constituyente popular y democrtica podra representar una nueva etapa de un proceso con dinmica revolucionaria. Para que tome forma, debe integrar la experiencia cotidiana de las movilizaciones, con sus efectos sobre la conciencia de sectores significativos de las fracciones sociales ms activas en la denuncia del sistema social y poltico actual, y encontrar enganches en las fuerzas revolucionarias indicando las vas concretas necesarias para la emergencia de una Asamblea Constituyente que asimile, a su manera, el conjunto de las necesidades polticas, sociales, culturales y econmicas de una mayora popular.

Hacer fracasar la operacin tctica de la aplicacin del artculo 102 por la oligarqua es una precondicin para que el horizonte de una Asamblea Constituyente se haga creble para una fraccin mayoritaria de la gente asalariada, de la juventud estudiantil, a menudo golpeada por el paro, que se ha hecho la portavoz del estrato social clave de la sociedad (el 45% de la poblacin est formada por jvenes de menos de 25 aos) y del sector cultural y socialmente de vanguardia que representa el movimiento de las mujeres, cuya energa militante ha llamado la atencin de la mayora de observadoras y observadores.


Nadir Djermoune. Arquitecto y urbanista activo en Argelia.

Traduccin del francs por Faustino Eguberri

https://www.vientosur.info/



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