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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2019

"Desadultocentrar" las relaciones para seguir tejiendo el pluriverso de saberes

Andrs Kogan Valderrama
Rebelin


La construccin de un sistema de dominacin adultocntrico, al igual que el androcntrico y antropocntrico, puede situarse histricamente al nacimiento de las primeras grandes civilizaciones neolticas del planeta (Mesopotamia, Israel, India, China, Egipto), las cuales construyeron diferentes jerarquas de poder para controlar a los territorios, sostenerse con el paso de los siglos e imponer as lgicas clasificatorias, en donde algunos grupos humanos se han sentido con el derecho de estar por encima de otras y otros, ya sea en nombre de dios, la razn, la humanidad, el progreso, el desarrollo, la revolucin, etc.

Es as como la idea de adultez, al igual que la de masculinidad y cultura, puede entenderse como parte de un proceso de construccin de un nuevo sujeto histrico hegemnico, que necesit dividir a los grupos humanos por edades, para as justificar un autoritarismo etario que ha sido reforzado y se ha ido retroalimentado en las diferentes instituciones que se han creado a lo largo de los aos (iglesias, partidos polticos, gobiernos, grandes medios de informacin, escuelas, universidades, sindicatos, hospitales, empresas, familias, fundaciones, etc.).

Un adultismo que en los casos de la iglesia, la familia, la escuela y los grandes medios de informacin, han sido sus grandes impulsores y difusores mediante procesos de socializacin verticales, en donde se han difundido nociones profundamente discriminatorias sobre grupos catalogados arbitrariamente como nios, jvenes y ancianos, los cuales han estado por debajo de un adulto entre 30-60 aos, quien no hace ms que reforzar otras identidades hegemnicas (hombre-blanco-cuerdo-heterosexual-emprendedor).

Es el caso de la infancia, que se ha entendido histricamente por ser sujetos ms irracionales, salvajes y por tanto cercanos a la naturaleza, ya que desde el discurso adultocntrico, los nios representan humanos incompletos, que deben ser guiados, a la fuerza o no, por un adulto, quien tiene el monopolio de la responsabilidad, la prudencia y el juicio correcto. De ah que se les permita solo el juego y no tengan ninguna injerencia en la toma de decisiones en el ncleo familiar.

En lo que refiere a la juventud desde el punto de vista adultocntrico, es el sujeto ms peligroso para el orden existente, ya que es cuando se transita entre la cultura y la naturaleza, entre la razn y la emocin, por lo que su identidad debe ser definida lo antes posible. Es aqu cuando instituciones como la escuela y la universidad tienen un protagonismo mayor, ya que el joven debe llenarse de contenidos y dejar el juego atrs, al estar en una etapa preadulta. Adems de esa forma se puede controlar una mirada crtica y rebelde por transformar las cosas, lo que es siempre peligroso para el poder imperante.

En cuanto a la adultez mayor, es otra etapa descrita por el discurso adultocntrico como de declive de la curva evolutiva de la vida humana, y por tanto de vuelta a cercana a la naturaleza, por la enorme cantidad de enfermedades diagnosticadas por la medicina moderna. De ah que el anciano sea el principio del fin del individuo moderno, ya que su envejecimiento pone en jaque su pnico a la muerte existente, por lo que har todo lo posible por retrasarla. Por consiguiente, el discurso adultocntrico busca a toda costa la inmortalidad, a pesar de vivir en un planeta con lmites finitos, reforzando as el discurso antropocntrico.

A partir de lo anterior, se desprende como el discurso adultocntrico no es capaz de verse a s mismo, ya que habla desde un supuesto punto de vista universal, neutral y objetivo, como si la adultez no se construyera tambin. No es casualidad por tanto que existan una gran cantidad de proyectos de investigaciones y programas de intervencin focalizados para infancia, jvenes y adultos mayores, pero no para adultos. Asimismo, no es coincidencia que se hable de los derechos de los nios, jvenes y de los adultos mayores, pero no de los adultos, ya que es en ese rango de edad (30-60) cuando se ostenta el poder poltico, econmico e intelectual en el mundo.

En lo que respecta a como el adultocentrismo y su vnculo con otros procesos de opresin en los ltimos 500 aos (racismo, clasismo, racionalismo), es claro el nexo, ya que desde la colonizacin de Abya Yala hasta nuestros das, los llamados indgenas han sido vistos como nios, al ser seres ms naturales, desde el punto de vista occidental, por lo que deben ser civilizados, desarrollados e integrados a una sociedad moderna en donde el individuo emprendedor es el ideal a seguir. Adems ese racismo se expresa en la exclusin de manera etnocida de cualquier concepcin de lo etario alternativa a la occidental, ya que seran miradas primitivas e irracionales.

Sobre la relacin entre adultocentrismo y androcentrismo, las mujeres tambin han sido tratadas como nias histricamente, por ende sin derechos frente a los hombres, lo que se traduce en infantilizar y desacreditar sus tomas de posicin de manera no muy diferentes a como se hace con los diagnosticados con desorden mental desde el racionalismo imperante. Incluso la naturaleza misma se ha infantilizado desde el adultismo, lo que trae como consecuencia que necesite una autoridad que pueda cuidarla o someterla, siendo por supuesto el hombre adulto el responsable de hacerlo.

A su vez, los diferentes movimientos polticos crticos (feministas, anticoloniales, antipsiquitricos, ecologistas) son siempre denostados por el poder conservador de izquierda y de derecha, infantilizando su accin y cuestionando as su capacidad para generar cambios. Es as como la descalificacin tradicional de jvenes idealistas y romnticos, no hace ms que esconder un profundo discurso adultocntrico de fondo, funcional a la produccin y consumo capitalista como soportes del sistema mundo global.

Si bien han existido ciertos procesos de obtencin de derechos, precisamente gracias a la presin de esos movimientos hacia los estados modernos, la crtica al adultocentrismo se hace imprescindible para seguir construyendo nuevas formas de relacionarnos, mucho ms horizontales, ya que si no se realiza, termina siendo funcional a la construccin de individuos competitivos y de recursos humanos finalmente. La crtica hacia la psicologa del desarrollo por ejemplo, que divide la experiencia humana en rangos de edad, se hace necesario desmontarla polticamente, ya que detrs hay una mirada evolucionista del ser humano, que plantea que los nios son seres subdesarrollados.

En consecuencia, el discurso colonial del desarrollo se aplica no solo a nivel econmico sino tambin a nivel psicolgico, a travs de aquellos grupos definidos por el poder global como vulnerables (locos, mujeres, ancianos, indgenas, negros, queer, nios, pobres, migrantes), los cuales terminan siendo objetos de investigacin e intervencin por las polticas pblicas. La concepcin adultocentrica de la edad por tanto, no es ms que una entre muchas otras concepciones impuestas unilateralmente en el mundo, las cuales se nos presentan como verdades nicas incuestionables.

Por suerte, existen experiencias educativas alternativas, comunitarias, abiertas y crticas al adultismo imperante en todo el mundo, como pueden ser Pedagogas Feministas, Populares, Interculturales, Decoloniales, Feministas, Montessori, Waldorf, Cossettini, Libertarias y muchas otras situadas en los territorios, las cuales cuestionan abiertamente lgicas verticales y autoritarias para el proceso de aprendizaje, as como las distintas formas de dominacin planteadas anteriormente (antropocentrismo, racismo, clasismo, extractivismo, androcentrismo, adultocentrismo).

Los planteamientos de personas como Paulo Freire, Frantz Fanon, Catherine Walsh, Bruno Baronnet, Claudia Korol, Gunther Dietz, Norma Michi, Ivn Illich, Henry Giroux, Rudolf Steiner, Gustavo Esteva, Len Tolstoi, Claudio Naranjo, Roseli Caldart y tantas otras y otros pedagogos, nos muestra que la maquinaria escolar moderna no es ms que una construccin histrica, hegemnica an, pero que se puede deconstruir y desplazar su lgica autoritaria de manera colectiva, desde los territorios.

Andrs Kogan Valderramaes socilogo y editor del Observatorio Plurinacional de Aguas

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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