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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2019

Carta a Josep M. Castellet

Rafael Snchez Ferlosio
El viejo topo


Nota de edicin: Esta semana nos ha dejado uno de nuestros ms brillantes prosistas, Rafael Snchez Ferlosio. Honramos su memoria rescatando esta carta, escrita en 1965, en la que rompa una lanza a favor de la publicacin de un texto del lingista Snchez de Zavala.

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Nota Artes del Ensayo: En este nmero rescatamos una carta que habla de los mbitos secretos de Rafael Snchez Ferlosio a principios de los aos sesenta: su obstinada y casi obsesiva dedicacin a la investigacin lingstica. La carta es casi una prolongacin de esos desvelos: la envi en 1965 a Jos Mara Castellet, a la sazn director de la editorial Pennsula, rompiendo una lanza en favor de la publicacin de Ensear y aprender. El libro rondaba por la mesa de otros amigos, como Javier Pradera, editor entonces en Alianza, y lo firmaba el infatigable Vctor Snchez de Zavala. Segn se ver, el enfoque y la prosa de Snchez de Zavala haban recibido duras crticas entre los primeros lectores del mecanuscrito. Con un fino olfato que es ya proverbial, Castellet puso aquella carta vindicativa al frente de la edicin del libro para que escoltara, junto con un prlogo de Jos Luis L. Aranguren, los primeros pasos de una obra que ambicionaba, como tantas en su tiempo, reformar los usos intelectuales del pas.

Querido Castellet:

Posiblemente no te entend por telfono, pues te estuve esperando en casa aquella misma maana; despus he conjeturado que si decas que mandabas a Juan como embajador deba de ser para que le expusiera a l lo que a ti quera haberte expuesto; pero no llegu a hacerlo porque se me vol el goytisolo antes de que en mi tarda mente pudiese cuajar tan obvia conjetura. De todas maneras, an creo estar a tiempo de sacar la cuestin a relucir: se trata del libro que quiere publicar mi amigo Vctor Snchez de Zavala, persona a la que conozco y vengo tratando desde hace unos dieciocho aos, y en una relacin no meramente familiar sino tambin intelectual, de suerte que son muchos los intereses y las curiosidades comunes; esto tengo que reconocerlo lealmente, por lo que pueda desautorizar mi gestin en su favor pues no de otra cosa se trata, ya que probablemente me ha de hacer difcil alcanzar la objetividad que deseara. Pero han venido aqu a concurrir adems otros factores, que en la misma medida en que alejan todava ms esa objetividad de mis alcances hacen presin sobre mi nimo para que no pueda dejar de escribir esta carta, pues han desencadenado en m una simpata siempre, en principio, inoportuna en la vida intelectual que me hace tomar el asunto como cosa ma. Esos factores son los siguientes: la peculiar animadversin que el original ha suscitado en algunas de las personas que lo han ledo y la ntima comprensin que desde mis ms personales experiencias tengo por las grandes dificultades de estilo que constituyen la ms declarada aunque me sospecho que no la ms poderosa motivacin de la repulsa. Yo, que llevo ocho aos peleando con mis cada da ms voluminosos papeles, sin conseguir acercarme antes, por el contrario, me temo que alejndome cada vez ms a un estilo expositivo mnimamente viable, no puedo por menos de considerar (cada uno cuenta de la feria segn le va en ella) este problema como uno de los ms serios que, en las circunstancias actuales, pueden plantearse en la vida intelectual, a lo menos en lo que a la cultura espaola se refiere, y respetar, por lo tanto, de todo corazn, cualesquiera esfuerzos por insuficiente e hirsuto que llegue a ser su resultado encaminados a romper con las arcaicas inercias verbales, en busca de un estilo cuya complejidad y sutileza estn a la altura de las difciles cosas que es preciso decir; piensa en el disparatado y hasta ilegible estilo de Della Volpe; pues bien: la conciencia lingstica que su desafortunado intento supone es para m mucho ms valiosa y respetable, desde el punto de vista del porvenir de la cultura, que cualesquiera otras pginas de ms agraciado aspecto y ms agradecida lectura. No otra cosa es la que pienso del estilo de mi amigo, aunque no creo que llegue a ser tan extremoso como el del crtico italiano: en ambos casos como en el mo propio se trata fundamentalmente de lo que podra llamarse construir la frase y el perodo en tres dimensiones, como ya la gramtica oral nos permite construir sus partes; es decir, de no resignarse a poner forzados por la linearidad del discurso comn en sucesin las relaciones en las que las exigencias del concepto piden una articulacin lateral. Y el estilo buscado no se puede inventar sino ensayando y errando con libros que, aparte de llevar a los lectores a la conciencia de su necesidad y propagar entre ellos el acicate de su bsqueda, vayan venciendo los prejuicios e inercias de un odo anquilosado en los carriles de lo inmediatamente comprensible.

As, pues, las resistencias enfrentadas por los lectores de sentido comn al estilo de Snchez de Zavala no son sino la manifestacin patente de esas mismas inercias y prejuicios que se trata de vencer y que hacen tanto ms evidente la conveniencia de libros como el suyo, aparte de la mayor o menor fortuna con que el problema del estilo se resuelva en cada caso cosa que, en ste, incluso el propio autor est lejos de pensar haber logrado como se requiere. Pero hay ms todava y con ello accedemos imperceptiblemente a las otras motivaciones que sospecho escondidas detrs de la repulsa que el libro ha suscitado en algunos lectores psicolgicamente caracterizados, y es el hecho de que el desaforado personalismo vigente que, nacido tal vez de la torpe politizacin actual de la cultura, se proyecta pelo a pelo sobre la vida intelectual exija de los libros que vengan a ser como una suerte de tajante, fidestica y definitiva declaracin de dogmas personales; exigencia la ms anticientfica que pueda imaginarse, por cuanto, lejos de proyectarse el inters hacia la cosa y su propia verdad, lo vuelve enteramente hacia la verdad de la persona, como si el libro no tuviese otra funcin que la de hacer saber a qu atenerse con respecto a ella; por eso un libro no es un libro cuando no se presenta como una exposicin de conclusiones y declaracin de principios e irrita en la misma medida en que, lleno de respetuosas vacilaciones y meras proposiciones de vas de investigacin, no se presta a satisfacer aquellas apetencias; en una palabra siempre que en vez de ser el fin de un discurso no quiera ser ms que su comienzo. As, al autor que no enuncia convicciones definitivas (sencillamente porque no las tiene; aunque se piense que lo que pasa es que las oculta, confundiendo su rectitud cientfica con una especie de prudencia personal) se le tiene por un ser escurridizo, que no da la cara, cuando en verdad es el que ms desprendidamente arriesga.

Pero all donde los libros se busquen desde un verdadero inters hacia las cosas y no desde el personalismo del a ver por dnde respira el tipo este, que no tiene ms fin que averiguar si es de los mos, all donde los libros se lean olvidndose de que alguien los escribe, donde tengan otra funcin que la de servir de criterio para salvar a su autor o echarlo a la gehenna, all donde se recuerde que quieren decir algo no ya para que sea comparado con otras opiniones sino contrastado con las cosas mismas, all no puede producir irritacin, sino todo lo contrario, un libro que se limite a suscitar y a proponer, a invitar al lector a que extienda la mirada sobre todo el panorama de las cosas que habra que tener en cuenta para encarar debidamente el asunto que se trata. Y a este respecto no puedo por menos de encarecer el libro de mi amigo como un oasis de autntica actitud cientfica en el desierto del afsico personalismo nacional; y aqu es donde, por segunda vez la primera lo era en mi ntima comprensin hacia las dificultades del estilo, pierdo la objetividad y me veo arrastrado inevitablemente a una simpata que en s misma no puedo considerar sino daina para la vida intelectual, a una actitud de defensa que bien querra que las circunstancias me permitiesen deponer; pero si el desierto levanta sus simunes y cierra sus arenas contra la implantacin de los oasis, yo no puedo por menos de apretar entonces casi acrticamente mis palmeras contra las de mi amigo, a fin de aumentar as las escasas probabilidades de que medren los cultivos que creemos necesarios. Pero esto no era ms que una metfora, que me ha apartado, como suele pasar, de la verdad, pues no es cierto que yo defienda, dejando al margen sus defectos, el libro de mi amigo porque considere su actitud conveniente para el ambiente cientfico espaol; no existe en absoluto semejante clculo: se trata sencillamente de que los motivos y no ya razones que me creo haber adivinado tras el rechazo de este libro por algunos originan en m una indignacin que no puede sino ir en detrimento de la imparcialidad de mi defensa y me incitan a hacer la conjetura meramente sintomtica y por lo tanto desprovista de un legtimo apoyo probatorio de que toca el asunto justamente como ha de ser tocado; indicio totalmente insuficiente e inaceptable en tanto que argumento, como todos los que siguen el modelo de arcessor ergo sum pero, con todo, indicio al fin: irrita, en el ambiente de tensiones ideolgicas que padecemos, que, en torno a la enseanza, no se haga apologa ni dogmatismo, ni se repita una vez ms la cantilena de un humanismo idlico, sino que se vaya en busca de datos a la neurociruga y a la ciencia del lenguaje; irrita porque es introducir una complicacin y una delicadeza que pone en cuarentena todos los planes y medios de enseanza de una sociedad que cree saber muy bien cmo tiene que adoctrinar a sus vasallos; irrita porque ya meramente como actitud cientfica pone en evidencia la sumarsima brutalidad que semejante sociedad proyecta y se promete seguir proyectando sobre s misma y sus propios componentes; irrita porque aspira a averiguar ms de la cuenta; porque es cientfica, en una palabra. Esta censura a priori que ni siquiera espera a ver salir el libro para rebatirlo sino que se empecina en sofocarlo antes de su publicacin, es lo que produce en m esa reaccin de simpata que deseara poderte contagiar.

Mirando el libro desde dentro, yo no dispongo ni con mucho de los conocimientos necesarios para poder enjuiciar debidamente una obra fundamentada en copiosas y sistemticas lecturas, las cuales hacen, por lo dems, que incluso los posibles errores se hallen a la altura de los tiempos, de manera que puedan, reconocidos como tales, resultar fecundos. De todos modos, estoy en gran parte de acuerdo no slo con su lnea cientfica sino con sus observaciones singulares, en la medida en que se me alcanzan, e inclusive con sus propuestas puramente pragmticas que, por lo dems, ocupan una parte muy secundaria del contexto, como la invitacin a la eliminacin de los profesores tal y como hasta la fecha se conciben, pues obviamente su origen se remonta a los antiguos lectores todava en italiano la clase se llama lezione de cuando el carcter manuscrito de los libros haca imposible su proliferacin, y que por la inercia y los intereses creados, despus de que la imprenta los hubo hecho totalmente innecesarios, encontraron toda suerte de razones ad hoc para justificar su pervivencia. Pero posiblemente no hay nada tan fecundamente promotor de la subjetividad intelectual como el esfuerzo de desentraar y hacer revivir un texto escrito, sin la ayuda de nadie; esfuerzo en el que somos agentes y no meros pacientes de nuestro aprendizaje.

Tambin, sin embargo, hay cosas con las que no estoy de acuerdo, como con la beligerancia por lo dems tampoco demasiado grande que se da en el libro a la definicin del lenguaje como un medio de comunicacin, que es una verdad de monsieur de la Palisse, esto es, una perfrasis o una tautologa aunque no quiero tampoco afirmar que toda perfrasis sea siempre totalmente improductiva en el razonamiento, pues siempre que se trata de realizar esta significacin, es decir, de ver lo caracterstico de esa clase de cosas que se llaman medios de comunicacin, nos vemos inevitablemente remitidos a la experiencia del propio lenguaje, que se constituye en el arquetipo fundamental de ellas; o sea que la definicin el lenguaje es un medio de comunicacin tena que haber sido precedida, antes de ser tomada en consideracin y para restringir aun ms la escasa beligerancia que se le concede, de una crtica interna que nos hiciese ver en qu medida viene a ser equivalente a decir el lenguaje es de la clase de cosas que de algn modo son como el lenguaje, ya que el lenguaje mismo es la experiencia matriz que ha permitido configurar esa clase de cosas que llamamos medios de comunicacin.

En fin, no canso ms; un encarecimiento y un saludo de

Ferlosio

N1 de la revista Artes del Ensayo, 2017

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/carta-a-jose-ma-castellet/



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