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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-04-2019

Reflexiones sobre el socialismo

Marcelo Colussi
Rebelin


Introduccin

En el transcurso del siglo XX ha habido varios intentos para llevar adelante esa monumental empresa que representa cambiar el modelo capitalista por una sociedad socialista. Rusia, China, Cuba, Vietnam, Norcorea, Nicaragua, cada uno con sus caractersticas particulares, lo ha intentado. No se puede decir que los mismos fracasaron estrepitosamente; de ningn modo. All no hubo fracasos. Con dificultades, con muchos ms problemas de los que hubiera sido deseable, se consiguieron resultados encomiables. Si se miden con el rasero capitalista basado en la acumulacin del fetiche mercanca y la teora del valor, por supuesto que esas sociedades no se desarrollaron; pero est claro que los socialismos realmente existentes se encaminaron a otra cosa y no a repetir el modelo del capitalismo.

Una sociedad no se puede medir por la cantidad de shopping centers que posee, ni por la velocidad con que cada uno de sus integrantes cambia el modelo de automvil o de lavadora. Esa es una forma de medir los xitos, pero por cierto no la nica, ni la ms recomendable. Si de medirlas se trata, definitivamente hay que apelar a otras categoras. Lo que se busc en esas experiencias tiene que ver bsicamente con la dignificacin del ser humano, con desarrollar sus potencialidades, con la promocin de valores ms ricos que la acumulacin de objetos apuntando, por el contrario, hacia la solidaridad, al espritu colectivo, al darle vuelo a la creatividad y la inventiva.

Quiz esas primeras experiencias, de las que sin dudas podemos y debemos formular una sana crtica constructiva, son un primer paso: con las dificultades del caso qued demostrado que s se puede ir ms all de una sociedad basada en la exclusiva bsqueda de lucro personal/empresarial. Los logros en ese sentido estn a la vista: en esas sociedades, ms all de la artera publicidad capitalista, no se pasa hambre, la poblacin se educa, no existe la violencia demencial de los modelos de libre mercado, existe una nueva idea de la dignidad. Si hoy muchas de esas experiencias se revirtieron o se pervirtieron, eso debe llamar a una serena reflexin sobre qu significa hacer una revolucin. Pero no hay nada ms demostrativo de los logros obtenidos como el hecho que, por inmensa mayora, en los pases donde existieron modelos socialistas, al da de hoy, con la llegada del capitalismo salvaje y luego de pasado el furor de la novedad de las cuentas de colores de los fascinantes shopping centers, las poblaciones aoran los tiempos idos. Ahora, al igual que en cualquier pas capitalista, all comer, educarse, tener salud y seguridad social es un lujo; el socialismo, an con sus errores, ense que la dignidad no tiene precio.

La titnica tarea de revolucionar el sistema conocido implica un cambio fenomenal: es la construccin de un parteaguas en la historia, es el inicio de una sociedad que, alcanzado un nivel de productividad mucho ms alto que otros estados histricos de desarrollo anteriores, puede empezar a pensar realmente en el bien comn, en el colectivo, en la especie humana como un todo. Eso es el socialismo. Obviamente, un proyecto fenomenal. Haciendo nuestras las palabras de Marx: No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.

Establecer una nueva sociedad: ah est la clave. No es reformar, maquillar, disimular algo viejo dando la sensacin de un superficial cambio cosmtico. Estamos hablando de una transformacin profunda, enorme. Por supuesto, eso es algo monumentalmente difcil. Es refundar la humanidad. Y eso, la experiencia lo mostr, no es algo que se logra por decreto, en poco tiempo, slo con buena voluntad a partir de ideas renovadoras, con una vanguardia que intenta dinamizar un proceso y empuja. Cambiar el curso de la historia implica transformar de raz el sujeto que somos. Para el caso: transformar a millones y millones de seres humanos. Eso no es imposible, pero s sumamente complejo. Unas pocas generaciones, tal como efectivamente sucedi en esas primeras experiencias, slo pueden servir para comenzar a dimensionar la magnitud de la empresa con la que nos enfrentamos. Es un reto fenomenal!

Ahora bien: estas breves reflexiones nos llevan hacia consideraciones ms profundas; nos obligan a repensar el sentido ltimo de lo que significa la revolucin socialista. Por qu no funcionaron como se esperaba las primeras revoluciones socialistas del silgo XX? Por qu, despus de varias dcadas, cayeron, o se revirtieron? Acaso no es posible entonces tomarse en serio lo de transformar la historia, crear un hombre nuevo, dejar atrs la prehistoria apegada a las luchas en torno a la propiedad privada? Reflexiones, por cierto, que son imprescindibles para acometer la construccin del cambio en ciernes. La idea de base es que s es posible; si no, ni siquiera nos lo estaramos planteando. La pasin que nos alienta es que la utopa es posible. De lo que se trata ahora es cmo darle forma, cmo sembrarla para que germine. En otros trminos: cmo colapsar el actual sistema, cmo impactar, cmo vencerle.

Dicho as, pareciera que aqu se dan recetas, guas de accin, un manual para hacer la revolucin. Ojal se pudiera disponer de eso! Sin embargo, ello es absolutamente imposible; es ms: est reido con la tica socialista misma, con la idea de una verdadera transformacin. Ms all de poder pensar dificultades comunes e intentar sacar conclusiones de los errores cometidos y de las luchas libradas, si algo define la experiencia humana es su complejidad, su alto grado de imprevisibilidad, su dosis de irracionalidad incluso (pese a que exista una ciencia social -conservadora y de derecha- que intenta anticiparse y controlarla). Vista en sentido histrico, ms all de saber que las guerras son disputas a muerte por el poder: es racional la guerra en trminos de especie humana, o justamente atenta contra ella? Todos sabemos que fumar puede producir cncer, pero seguimos fumando. Cmo entender la racionalidad entonces? Se abre ah una imperiosa necesidad de reformularnos cuestiones bsicas, desde el materialismo histrico y desde las ciencias sociales que fueron apareciendo en el transcurso del siglo XX, luego que Marx formulara las lneas fundamentales de este andamiaje conceptual.

Por ejemplo, la cuestin del poder como eje que dinamiza buena parte de las relaciones interhumanas (las conocidas al menos, las que se basan y presuponen la propiedad privada), es un tema que desde la izquierda tradicionalmente no se ha considerado en toda su complejidad, lo cual no deja de ser una agenda pendiente de gran importancia. Por qu vemos que se repiten muchas veces errores similares a los del campo capitalista en la construccin de alternativas anticapitalistas? Est la izquierda inmunizada ante los juegos del poder, o ello debera replantearse con mayor altura crtica? Por qu un camarada dirigente de ayer puede transformarse tan fcilmente en un magnate?

As sea slo un ejemplo este tema del poder -no pequeo, por cierto- son muchas las tareas de revisin crtica que esperan para potenciar las estrategias revolucionarias, hoy por hoy bastante alicadas. No hay manuales al respecto; hay, en todo caso, preguntas crticas. No ms. Pero tampoco: nada menos. Cmo nos planteamos el tema del poder? Qu hay de las actuales mezquindades y flaquezas que nos constituyen? (Dicho en otros trminos: por qu es posible revertir revoluciones socialistas victoriosas?) Cmo se construye el hombre nuevo del socialismo? Slo decir esto y ya vemos la necesidad de la autocrtica: por qu hombre y no ser humano?, hombre como sinnimo de humanidad? No se nos filtra ah un arrogante prejuicio machista-patriarcal? De eso se trata entonces: no de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva. La autocrtica permanente debe ser una clave vital. Pero en lo humano no se puede establecer aquello de borrn y cuenta nueva: construimos el socialismo con la materia prima que somos. Ah estriba una dificultad enorme, y por tanto, el reto es maysculo. De todos modos dificultad, nunca, en ningn momento histrico y en ninguna lengua significa imposibilidad.

Sin dudas es mucho ms fcil preguntar crticamente y desarmar lo establecido que proponer cosas nuevas. Esa es una dialctica humana: es ms fcil destruir que construir. En ese sentido, resulta ms simple constituirnos en crticos implacables del capitalismo (pues obviamente hay muchsimo por demoler ah) que proponerle alternativas vlidas, posibles, efectivas, que realmente sirvan para edificar algo nuevo. Si fuera tan fcil aportar soluciones, el mundo sera distinto. Pero siendo autnticamente socrticos en nuestro proceder, podramos decir que en el hecho de preguntar/criticar lo conocido anida ya el germen de la respuesta, o sea, la solucin al problema planteado. Por tanto, vale (y mucho!) preguntarnos acerca de los lmites del capitalismo, del actual y de sus races histricas, porque a partir de ese interrogante se podrn ir construyendo las respuestas, los caminos alternativos.

En tal sentido: hagamos teora. Y sin tenerle miedo a la teora, podemos repetir con Einstein que no hay nada ms prctico que una buena teora en el momento oportuno.

Cmo hacer la revolucin socialista entonces? Presentmoslo en forma de preguntas:

Interrogantes a resolver

Es posible construir el socialismo en un solo pas hoy da?

Quiz podra ser factible tomar el poder a nivel nacional, desplazar al gobierno de turno en forma revolucionaria y establecerse como nuevo grupo gobernante con un planteo de izquierda, pero eso no significa necesariamente una transformacin en trminos de relaciones de fuerza como clase de los trabajadores y oprimidos. Adems, dado el grado de complejidad en el proceso de globalizacin y la interdependencia de todo el planeta, es imposible construir una isla de socialismo con posibilidades reales de sostenimiento a largo plazo. En ese sentido los planteos revolucionarios deben apuntar a pensar en bloques, espacios regionales. La idea de Estado-nacin entr en crisis y hay que revisarla crticamente desde las propuestas de izquierda. El ejemplo de los distintos socialismos que se intentaron construir en el transcurso del siglo XX nos da alguna pista al respecto: se pueden comenzar procesos muy interesantes, fecundos, imprescindibles incluso; pero eso es un prembulo del socialismo. De todos modos, todo ello no debe inmovilizarnos y hacernos pensar en que hay que abandonar las luchas nacionales. De momento nuestra unidad de accin son espacios nacionales, y ah debemos trabajar, plantendonos todos estos problemas como los nuevos retos.

Cmo dar luchas globales desde lo micro?

No hay ms alternativa que esa: las luchas son siempre en el espacio local, pequeo: en la comunidad, en el sindicato, en las reivindicaciones sectoriales. Pero toda lucha debe tener como perspectiva final un nivel ms amplio, entendiendo que lo local es articula, en definitiva, con lo planetario. Hoy da hay que buscar sumar descontentos, acumular fuerzas de los numerossimos golpeados/explotados/excluidos del sistema. Ese trabajo de hormiga de juntar descontentos se hace en el nivel micro; aprovechando la globalizacin que impera, el desafo es sumar esos descontentos puntuales y locales en esfuerzos globales, macros. El Foro Social Mundial fue (es) un intento en ese sentido. quiz no prosper como herramienta real de lucha, pero a partir de ello hay que estudiar el fenmeno y ver cmo impulsar alternativas realmente viables que consideren el estado actual del mundo como aldea global.

Planificacin estatal o pequeos emprendimientos descentralizados?

Las experiencias econmicas comunitarias y a pequea escala pueden ser una importante fuente de inspiracin para el cambio. Nos referimos, por ejemplo, a una cooperativa local, un taller alternativo, un grupo de mujeres tejedoras o de pescadores artesanales. Es decir: pequeas iniciativas puntuales que sirven para satisfacer las necesidades humanas, pero no a la escala gigantesca, global, monumental, del sistema capitalista mundializado, y que transmiten nuevos valores de solidaridad y consumo responsable. En esos pequeos emprendimientos resuena, en todo caso, aquella frmula de Marx del comunismo como comunidad de productores libres asociados. Pero en la actualidad es para pensar si all hay un cambio real de paradigmas, una dinmica verdaderamente anticapitalista, o si estas experiencias, en todo caso, constituyen islas que quiz pueden jalonar el camino, pero que no pueden funcionar como elemento transformador. Son, sin dudas, importantes experiencias que deben retomarse y pueden mostrar la ruta por donde transitar. Es como el caso de las empresas cerradas y recuperadas bajo control obrero, o el movimiento Okupa: eso no es la revolucin socialista, pero es la clula que indica por dnde puede/debe ir la cuestin. Las transformaciones duraderas y efectivas deben ser de carcter nacional, con un Estado fuerte que sea realmente el vehculo conductor efectivo de las transformaciones, con una clase trabajadora organizada y combativa que se plantea proyectos macros. El Estado, en definitiva, es la expresin de esa clase revolucionaria. Lo comunitario puntual puede inspirarnos, as como la asamblea local, la reunin de vecinos o comunitarios, la cooperativa. Pero esas pequeas experiencias que mencionbamos no pueden competir realmente contra el gran capital global, hoy ms financiero que productivo. Sin embargo, la experiencia real y concreta de los socialismos reales indica que el Estado, que es representacin de las relaciones sociales de produccin anteriores, es decir: capitalistas, no se transforma en revolucionario por decreto, y puede pasar a ser rpidamente un estamento burocrtico que se erige en nueva clase dirigente (capitalismo de Estado). De ah la necesidad de explorar estos nuevos caminos alternativos de las economas descentralizadas.

Es necesaria una vanguardia?

Viejo problema en la izquierda, no resuelto, y probablemente que no admite una solucin nica. Vanguardia no debe ser partido nico. Sin lugar a dudas que el puro espontanesmo tiene lmites muy cercanos: es, en todo caso, pura reaccin visceral, ms propia de los procesos colectivos de muchedumbres desarticuladas (pensemos en un linchamiento por ejemplo) que de acciones planificadas, con direccionalidad poltica, que buscan motorizar proyectos claros. Por supuesto que la reaccin espontnea existe, y puede jugar un papel muy importante en la historia; pero la historia tiene lneas maestras que alguien traza, que no son casuales. Es ms: hoy da existe toda una coleccin de ciencias (ticamente las podremos seguir llamando as, o son meras tecnologas?) que tienen como objetivo manejar, controlar, trazas escenarios a futuro y lograr que grandes masas de poblacin acten conforme a lo planificado. Por supuesto, estn siempre al servicio de los poderes de turno. Desde la izquierda no planteamos manejar las masas, pero s trazar lneas para que se den cambios en el sistema. Eso, en definitiva, es la poltica revolucionaria: tener proyectos a futuro en el que las grandes mayoras jueguen el papel protagnico para transformar el actual estado de explotacin e injusticia. Dejando librado todo al puro voluntarismo, al espontanesmo popular, no se ir muy lejos: es preciso tener claro un proyecto. Esa claridad es la que debe aportar la vanguardia. Ahora bien: es difcil establecer quin juega ese papel. Los partidos de izquierda tradicionales con su estructura vertical, militar en algunos casos, son cuestionables. El liderazgo de una sola persona, ms all de su carisma, puede dar como resultado el nada deseable culto a la personalidad que ya hemos conocido en ms de una ocasin, quitndole real protagonismo a las clases explotadas. En todo caso hay que pensar en vanguardias con direccin colegiada, siempre en dilogo permanente con las masas. Los partidos de izquierda electoral, sin dudas, no pueden erigirse en vanguardia, por cuanto no formulan ninguna crtica real al sistema.

Quin es hoy el sujeto de la revolucin?

Las nuevas modalidades del capitalismo globalizado presentan nuevos paisajes sociales; el proletariado industrial urbano, considerado como el ncleo revolucionario por excelencia para la revolucin socialista, est hoy diezmado. O vendido por sindicatos corruptos cooptados por la clase dominante, o desmovilizado por contrataciones laborales en absoluta precariedad que lo dejan en situacin de indefensin. En tal sentido, la clase obrera como tal ha retrocedido en su papel histrico, acorralndosela y anestesindola (para eso, adems, estn las nuevas tecnologas de control: medios de comunicacin masivos, nuevas religiones fundamentalistas, deporte profesional que inunda la vida cotidiana). Por supuesto sigue siendo la principal creadora de plusvalor a partir de su trabajo, pero hoy da la arquitectura del sistema, sin cambiar en su sustancia, ha tenido modificaciones importantes. Numricamente, incluso, no est en crecimiento; la desocupacin o subocupacin -derivados naturales del capitalismo, ms an en esta fase de hiper robotizacin y automatizacin de los procesos productivos, de deslocalizacin y de primado del capital financiero-especulativo- han hecho del proletariado industrial una minora entre la masa de explotados. Los explotados/excluidos del sistema, globalmente considerado, crecen: campesinos sin tierra que en muchos casos marchan a las ciudades, subocupados y desocupados, poblaciones originarias cada vez ms marginadas o excluidas por un modelo de desarrollo que no las incluye, migrantes del Sur hacia el Norte, empobrecidos por la crisis estructural, jvenes sin futuro, constituyen los sectores ms golpeados por el capitalismo. Los obreros industriales, tanto en el capitalismo central como en el perifrico, en ese mar de desesperacin pueden considerarse afortunados, pues tienen salario fijo (eso, hoy da, ya se presenta como un lujo). Todo ello, por tanto, cambia el panorama social y poltico: hoy da el fermento revolucionario se nutre en muy buena medida de todo ese subproletariado de trabajadores precarizados e informales, de poblacin sobrante en la lgica del sistema. Y adems entran en escena con fuerza creciente otros actores (otros descontentos, diramos) como las mujeres, histricamente marginadas y que ahora levantan reivindicaciones especficas, los pueblos originarios, las juventudes, que pasan a ser igualmente fermentos de cambio. Por todo ello, el motor de la revolucin socialista hoy ya no es slo el proletariado industrial: es la masa de trabajadores y golpeados por el sistema. Los grupos ms beligerantes de estas ltimas dcadas han sido, justamente, grupos indgenas, campesinos sin tierra, desocupados urbanos, marginales del sistema, en sentido amplio. Es preciso redefinir con precisin el actual sujeto revolucionario, pero sin dudas hay ah otro desafo que debe asumirse con tica revolucionaria.

Cules deben ser en la actualidad las formas de lucha?

Las que se pueda, simplemente. Insistamos mucho en esto: no hay manual para hacer la revolucin! La Comuna de Pars, all por el lejano 1871, fue una fuente inspiradora, y de all Marx y Engels tomaron importantsimas enseanzas. Es a partir de esa experiencia que surge la idea de dictadura del proletariado, en tanto gobierno revolucionario de los trabajadores como constructores de un nuevo orden. Despus de los socialismos realmente existentes y de todas las luchas del pasado siglo se abren interrogantes para plantearnos esa noble y titnica tarea de hacer parir una nueva sociedad: cmo hacerlo en concreto? Pregunta vlida no slo para ver cmo empezar a construir esa sociedad nueva a partir del da en que se toma la casa de gobierno sino tambin para ver cmo llegar a esa toma, punto de arranque primario. Ya hemos dicho que la tarea de construir la sociedad nueva es complejsima y necesita de la autocrtica como una herramienta toral. Ahora bien: la pregunta -quiz ms pedestre, ms limitada y puntual- es qu hacer para estar en condiciones de comenzar esa construccin? Dicho en otros trminos: cmo se desaloja a la actual clase dominante y se toma su Estado (el Estado nunca es de todos, es el mecanismo de dominacin de la clase dominante) para comenzar a construir algo nuevo? Se puede repetir hoy -metafricamente hablando- la toma del Palacio de Invierno de la Rusia de 1917? O hay que pensar en una movilizacin popular con palos y machetes que, acompaando a su vanguardia armada, pueda desalojar al gobernante de turno como sucedi en la Nicaragua de 1979? Constituyen los procesos democrticos -dentro de los lmites infranqueables de las democracias burguesas- de Chile con Allende, o la actual Revolucin Bolivariana en Venezuela, con la figura histrica de Chvez a la cabeza, modelos de transiciones al socialismo? Cules son sus lmites? Se puede apostar hoy por movimientos armados, cuando vemos, por ejemplo, que todas las guerrillas en Latinoamrica o ya han depuesto las armas, o estn prximas a hacerlo? Se puede revolucionar la sociedad y construir el socialismo con el mandar desobedeciendo, como pretende el movimiento zapatista? Hay que participar en los marcos de la democracia representativa para ganar espacios desde all? Dado que no hay manual para esto, la respuesta debera ser amplia y ver como vlidas todas esas alternativas. Vlidas no significa ni infalibles ni seguras; son, en todo caso, pasos a seguir. Hoy es pertinente levantar la lucha armada? De hecho, existe en algunos puntos del planeta (el movimiento naxalita en la India, por ejemplo, o una fuerza no desmovilizada en Colombia, el ELN), pero no est clara su real posibilidad de triunfo, dadas las tecnologas militares sofisticadas con que el sistema cuenta para defenderse. En definitiva, golpeado como est hoy el campo popular, desarticulado y sin propuestas claras, muchos pueden ser los caminos para comenzar a construir alternativas. Por ejemplo, todas las reivindicaciones de los pueblos originarios de Amrica, que no son simplemente reclamos territoriales sino articuladas propuestas polticas alternativas al sistema-mundo imperante (con mayor o menor grado de organizacin, entre las que puede contarse el zapatismo en Chiapas o el movimiento mapuche en Chile, por mencionar algunas) pueden ser puertas a abrir. Queda claro que no hay una va; distintas formas pueden ser pertinentes. Quiz los movimientos populares amplios, los frentes, la unin de descontentos y la potenciacin de rebeldas comunes pueden ser tiles en un momento. La presunta pureza doctrinaria de las vanguardias quiz hoy no nos sirva.

En realidad estas no pretenden ser conclusiones sino preguntas a desarrollarse. Las mismas constituyen una invitacin a profundizar estos debates, a enriquecerlos y darles vida. El mundo de ninguna manera puede ser una suma de triunfadores y desechables, por lo que esa bsqueda est abierta, invitndonos a zambullirnos en ella. Cerremos con una frase del poeta Antonio Machado totalmente oportuna para el caso: Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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