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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2019

Caos y transfiguracin (I)

Miguel Iradier
Blog personal


Donde est el peligro est la salvacin. Se exhibe una transparencia de la guerra que los pocos hacen a los muchos, de cmo defenderse y volver sus armas contra ellos usando el reflejo del dinero, la ingeniera del conocimiento y la economa del tiempo

Dos generaciones despus

Los estudios de Robert Epstein indican que hoy Google puede cambiar el sentido del voto indeciso de un 20 a un 80 por ciento, dependiendo de los grupos demogrficos, en las elecciones de cualquier pas en que sea el buscador de referencia, lo que resulta ser la inmensa mayora de los casos. La compaa ha negado enfticamente estos cargos.

Gilad Atzmon daba en el clavo en una entrada reciente: tanta esfuerzo invertido en educacin para la memoria del Holocausto tena que cosechar finalmente sus frutos, hasta el punto en que la gente ya ha aprendido a reconocer a los nazis incluso sin necesidad de uniformes. Y as, a pesar de nuestro gusto insuperable por los estereotipos, para identificarlos ya no necesitamos que lleven monculo o tengan un acento alemn de pelcula; nos basta con observar sus palabras y sus obras.

Salvo para los ms implicados en la maquinaria de propaganda, era de esperar que semejante exceso de celo tuviera efectos contraproducentes. Tantas pelculas y series, tantos artculos histricos sobre el nazismo en diarios a los que tan poco les importa la historia, sin apenas darse cuenta iban describiendo un crculo que ya est a punto de cerrarse; o ms bien describan, habida cuenta de que se cumplen ochenta aos y dos generaciones del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, dos semicrculos enlazados en direccin alterna.

Aunque sabemos que al nazismo lo derrot ante todo el ejrcito rojo de campesinos y obreros, y no el gremio de los banqueros, en el relato de la Buena Guerra los grandes beneficiarios y santificados fueron por el contrario tres estados que hasta el da de hoy siguen conformando el tcito pacto tripartito del eje anglosionista, la ms viva encarnacin del imperio en nuestra era, y cuyos orgenes se remontan cuando menos al milenarismo puritano de la poca de Cromwell y Mennaseh ben Israel, en que se dice que los intereses bancarios comenzaron a subir.

Por supuesto que el superimperialismo del dlar pareca hasta ahora una historia bastante diferente visto al menos desde la perspectiva de los pases ms desarrollados, testigos de una colonizacin relativamente benigna y gradual. Nadie hoy cree votar al fascismo como tampoco en los aos treinta crean hacerlo. No, nada es igual; y aun se ha hecho lo imposible por mostrarnos que se trata de todo lo contrario. Y sin embargo, ya a nadie le resulta difcil ver ms all de los disfraces. Cmo se ha llegado al punto en que se ha hecho imposible disimular?

Habra que decir tal vez que para distinguir entre agresores y agredidos no hacen falta ejercicios de concienciacin. Seguramente s cuando el agredido es otro, y los medios de desinformacin hacen su trabajo; pero no cuando el agredido es uno mismo. Y a pesar de todo, en un mundo donde los responsables nunca dan la cara, se ha podido desviar casi siempre la atencin hacia otros agresores ficticios.

La verdad es que si de algo son maestros en el imperio del caos es de propaganda, de la lucha "por las mentes y los corazones". Pero ni la ms consumada mendacidad puede cambiar indefinidamente los hechos, y el hecho es que Washington ha de dar la cara no slo por su oligarqua, sino por la mayor parte de las indeseables oligarquas del planeta, lo que se cobra un alto coste en imagen.

Lo que te lleva primero al xito es lo mismo que luego te destruye, tal es la Ley; y ya que esta gente es amante de la Ley y el Libro tendremos que apelar a ella. Se habla de la decadencia del Imperio pero lo cierto es que el Dlar sigue aprecindose frente a las otras monedas, y probablemente lo haga todava durante un tiempo. El caos y el miedo invitan a buscar un slido refugio, y el imperio del caos continuar patrocinndolo mientras esa tendencia le produzca un rdito inmediato.

Tendencia que no durar indefinidamente. Es factible que contine hasta el fin del presente superciclo de deuda y la crisis presumida para este ao o el 2020, e incluso mantenga cierto impulso ms all; pero no llegar viva a la crisis de mucho ms calado que expertos de orientacin muy diversa ya vislumbran para el 2025-2030, y que, por la mera acumulacin de problemas no resueltos, supondra el verdadero cataclismo de las instituciones.

Las oligarquas del mundo son expertas en desviar la atencin, y los Estados Unidos en atraerla. Siendo los segundos valedores de las primeras, y las primeras valedoras de los segundos, la situacin podra tornarse ms que complicada. El matn global podra convertirse en el payaso de las bofetadas; circunstancia aparentemente absurda que sin embargo ya se insina incluso ahora.

El poder y la presencia norteamericana en el mundo y sus instituciones es sencillamente apabullante, de hecho muy superior a lo que advertimos, como muestra el caso citado de Google y otros igual de importantes pero ms fuera de foco. Como a los peces el agua, el que no la notemos slo nos habla de hasta qu punto nos informa. Al respecto se ha hablado de full spectrum dominance , de un dominio en todo el espectro, y de eso es de lo que se trata. Es casi imposible subestimar esta hegemona, pero lo hacemos continuamente. Es casi imposible sobreestimarla, y tambin lo hacemos todo el tiempo.

Los Estados Unidos son la nacin indispensable slo en el sentido ms coyuntural de la palabra. Es indispensable ahora para una oligarqua global bastante libre de compromisos, dispuesta en todo momento a mudar sus bases. El problema es que, justamente por ser el gran valedor de la oligarqua global, por fuerza tiene que convertirse en un estado odioso, y as es imposible mantener el prestigio de la marca.

Sin prestigio, que como todos sabemos significa engao, el valor ficticio de las cotizaciones se hunde y los capitales buscan otros destinos ms atractivos para sus burbujas. Ellos ya saben de sobra que su fuerza y su valor es slo su posicin de privilegio en el mercado, de ah el vrtigo y la torpeza de sus gestos para mantenerlo a cualquier precio.

Se trata de una espiral que se realimenta hasta que llegue a un punto de ruptura, y en el que el mero figurarse ese punto estrangula el haz de posibilidades. No es tan envidiable la posicin actual de los Estados Unidos, que se comporta como el gran acreedor pero vive ms que nadie del crdito. Hace de proxeneta y prostituta, mientras que, al otro lado del ocano, la Gran Bretaa e Israel se reparten convenientemente los papeles.

Estados Unidos podra convertirse en un proyecto fallido y an el capital global buscara la forma de reciclarse en gran medida- a travs de la Gran Tela de Araa de la City londinense. Una salida puede resultar ms "indispensable" que los portaaviones cuando de lo que se trata es de salvar el culo del capital, y en ese valor de reserva tan experimentado siguen cifrando sus esperanzas no pocos ingleses.

Finalmente est Israel y la comunidad juda en el mundo; y esto, y no los Estados Unidos ni Gran Bretaa, es lo verdaderamente indispensable en el relato alucinado que impera. Pues el verdadero Imperio no es la dominacin territorial y extraterritorial que ya vamos conociendo, sino el relato que aun hoy nos parasita y que va marcando los tiempos camino del desastre.

El tiempo del relato lo marca la concentracin del capital, que es lo que entendemos hoy como poder puro. Sabido es que la distribucin de riqueza y rentas sigue la ley del 80/20 tambin llamado "principio de los pocos indispensables": el 20 por ciento de la poblacin posee el 80 de la riqueza, pero a su vez es la quinta parte de esa quinta parte la que tiene cuatro quintos de las cuatro quintas partes y as sucesivamente, en una ley de potencias con invariancia de escala.

Esta ley de potencias conduce a la conocida estimacin que dice que las 62 personas ms ricas tienen ms patrimonio que la mitad de la poblacin mundial, los 3.700 de millones de pobres. Lo que capta menos la atencin del lector es que la mera prolongacin analtica de esa ley nos dice que la mayora del poder de la oligarqua mundial est concentrada en unas pocas manos, an muchas menos de las que creemos: casi toda la riqueza de esos 62 sera de 12, y casi toda la riqueza de esos doce sera slo de 3 personas o a lo sumo 4 personas o familias. Esto, al menos, segn unas fras matemticas que han funcionado muy bien a lo largo de toda la escala. Se dira que, ms que una poderosa tendencia, es el nico resultado posible tal como estn dispuestas las cosas.

En vano buscar uno los nombres de esas familias en la lista del Forbes . Se nos dice que las familias que dominaban las finanzas mundiales a principios del siglo XX han ido a menos y han pasado a un discreto segundo plano, pero sera del todo ridculo pensar que gente que se ha dedicado a la banca, el sector que crece ms rpido con respecto a los dems, ha visto sus fortunas menguadas pues todo lo que ocurre ahora, y de lo que tanto hablamos, es justamente por lo contrario.

Se aprecia entonces que la Oligarqua tiene una estructura autosimilar foliada o en hojas, con capas visibles bastante superficiales y un ncleo central masivo: desde siempre, tal es la complexin intrnseca a la plutocracia, que por su naturaleza y propio peso tiende a hundirse bajo el suelo como Plutn, dios de la riqueza subterrnea. Lo que ha ido cambiando gradualmente con el tiempo es la escala de operaciones y unos lmites espaciales y temporales que tienden ya manifiestamente a agotarse.

Tambin se sigue de aqu que el Oligarca tiende a ser oligarca o "indispensable" para otros oligarcas ms dispensables, lo que crea entre ellos una escala de subordinacin, con una plutarqua o criptocracia en su ncleo que busca la sombra tanto como los brotes buscan el Sol. La verdadera Plutocracia no es entonces ni siquiera una clase social, pues su nmero no puede dar para tanto. A lo sumo es un grupsculo o camarilla.

En ese ncleo duro de la oligarqua o verdadera Plutocracia se hallan los principales valedores de Israel. No hace falta recordar a quin iba dirigida la declaracin Balfour, caso nico en la historia de la creacin de un estado. Era precisamente este exceso de prominencia de los ms poderosos el que haca ms que recomendable una discreta desaparicin.

La estructura recursiva o autosimilar, que se reproduce a diversas escalas, de la distribucin de la riqueza con la desigualdad que implica se deshara demasiado fcilmente sera demasiado inestable- si no tuviera un factor de cohesin adicional, una circulacin selectiva de un flujo a lo largo del tiempo, que aqu slo puede ser el del dinero y el inters asociado a la deuda. Puesto que la distribucin de Pareto, o ms generalmente las leyes de potencias, son independientes de la escala y tienen una amplia ocurrencia en todo tipo de fenmenos de la naturaleza y la sociedad humana, mucho es lo que se ha especulado sobre su origen, permaneciendo todava la cuestin enteramente abierta.

Michael Hudson, el gran estudioso de los mecanismos de deuda de Babilonia a nuestros das, nota cmo "las cargas de deuda (1) aaden un coste improductivo a los precios (2) desinfla los mercados de poder adquisitivo (3) desalienta la inversin y el empleo en estos mercados y por tanto (4) presiona a la baja los salarios.

Aplicando una analoga con la ley constitutiva que rige para la resistencia de los materiales y la construccin, podemos hablar de presin y su recproca tensin, as como de la deformacin a que est sometida la estructura. Durante muchos siglos, como Hudson recuerda, fue algo ordinario la cancelacin peridica de deudas por los soberanos como una forma de restablecer el orden social y evitar lo que de otro modo hubiera podido suponer el derrumbamiento de todo el edificio. Esto formaba parte del orden por lenta revolucin en el seno de un tiempo cclico.

Es de suponer que la acumulacin de deuda en aquellos tiempos sola responder al crecimiento lineal del inters simple. Y es sin embargo a partir del siglo XVII, cuando adquiere impulso el inters compuesto, la revolucin cientfica y los gobiernos parlamentarios, que la cancelacin cclica de deudas empieza a situarse fuera de cuestin. De hecho, y que nadie olvide esto, los prestamistas favorecieron a los gobiernos parlamentarios sobre las monarquas porque con ellos en caso de impago siempre encontraban cmo cobrarse en especie a costa de los bienes pblicos.

Salta a la vista la estrecha vinculacin y coexistencia del inters compuesto y la acelerada acumulacin en todos los rdenes, desde la riqueza y la demografa al conocimiento cientfico y tecnolgico. El inters compuesto, en s mismo una tendencia temporal, es el gran acelerador de los tiempos, y con el aumento de sus expectativas se tiende a rehusar ms fuertemente cualquier correccin cclica de sus efectos. El inters compuesto es pues el fermento especfico de la aceleracin de los tiempos modernos y su ruptura definitiva con cualquier solucin parcial por el bien de la estabilidad. De aqu y de ninguna otra parte emana el reconocido carcter revolucionario del capital en los tiempos modernos; pues est claro que la explotacin y la mera bsqueda del beneficio haban existido desde muy antiguo.

En el antiguo edificio social la cancelacin de deudas era justamente una restauracin o reparacin del orden que impeda su derrumbamiento. En el nuevo rgimen de acumulacin lo que se hacen cclicas son las crisis, que se prefieren como forma de "disciplinar los mercados", aunque de forma harto selectiva puesto que no todos responden por igual. La renovacin por las crisis en fases alternas de destruccin-reconstruccin sera ms propia de sociedades y mercados altamente expansivos, marcados por el crecimiento acelerado.

El hecho de que el capitalismo expansivo se enfrente cada vez ms a los lmites del desarrollo por falta de mercados nuevos slo puede aumentar gradualmente la presin ejercida sobre la estructura social y agudizar el carcter destructivo de las crisis. Se aade a esto el consenso de que ya se han agotado los mrgenes de maniobra en la poltica econmica interna que permite amortiguar o administrar los sesmos.

Si simplificando al mximo el principio de Ehret afirma que la vitalidad y la salud de un organismo es igual a su presin menos su obstruccin ecuacin que la moderna medicina no se ha molestado en verificar-, tal vez podamos extrapolar esta misma lgica elemental a la vitalidad y salud econmica del organismo social equiparando, como no, la obstruccin con la deuda; puesto que esta obstruccin se traduce en un aumento de la tensin hasta llegar a un punto de ruptura.

Tambin la fractura deja en su agrietamiento un sello recurrente o autosimilar, como la distribucin de Pareto o de los pocos indispensables; en la literatura cientfica se ha tratado de explicar su aparicin con el concepto de tolerancia altamente optimizada, que puede generar tales distribuciones mediante un diseo deliberado que optimice varias restricciones simultneamente.

En el presente sistema todo est optimizado a expensas de la extraccin de mximo valor o beneficio. Esto conlleva un alto grado de fragilidad sistmica, puesto que finalmente son las estructuras las que se han adaptado y especializado a un objetivo muy estrecho con independencia de todo lo dems.

En la bifurcacin como en la fractura, la tolerancia altamente optimizada permite minimizar los daos externalizando los costes, vale decir, arrojando los escombros a la va pblica y desentendindose de ellos. Pero tambin permite maximizar la influencia usando aventajadamente la jerarqua y ramificacin de este principio independiente de escala. Slo la escala del planeta contiene y se enfrenta abiertamente a este principio, de ah que, cada vez ms, la geopoltica se muestre como el mbito de emergencia en el que afloran los asuntos irresueltos de la estratificacin social, o como el desbordamiento en el plano horizontal de presiones en vertical.

Fsicos como B. Boghosian han hecho simulaciones de la distribucin de Pareto estableciendo una analoga ms o menos exacta entre las colisiones de molculas y las transacciones monetarias. El resultado final conduce a una singularidad en que, salvo una fraccin que tiende a esfumarse, la riqueza de toda la poblacin termina reducindose a cero.

Cabe entonces preguntarse si este tipo de distribuciones son realmente "naturales" y si su perfil y su estabilidad depende o no de forma explcita de determinados parmetros de control. Y aunque este objeto de estudio permanece abierto y es muy controvertido se tiene la impresin de que los resultados de su investigacin, que deberan suscitar el mayor inters, estn completamente fuera de foco.

Modelos como el citado Bogoshian confirmaran las cada vez ms generalizadas sospechas de que nuestro sistema se comporta verdaderamente como un agujero negro, cuya succin es en ltima instancia indiscriminada aunque posee a lo largo del camino toda una rica estructura selectiva de mediaciones recurrentes en el que el pez grande se come al pequeo hasta el fin de la cadena. Al menos idealmente y haciendo caso omiso de las indeseables resistencias que siempre hay que vencer.

Sin embargo, no hace falta entrar en detalles tcnicos para anticipar que, si existen parmetros de control en esta dinmica, han de estar directamente relacionados con los que generan la deuda, que son los que generan la carga, y por tanto la tensin, el vaco y la succin. El paso de la presin a la tensin, de lo lleno a lo vaco, puede ser extremadamente fluido, pero desde las instituciones centralizadas que dominan la banca se procuran regular a travs del tipo de inters y el porcentaje de depsitos de los bancos privados que determinan su capacidad de creacin de dinero.

En esta simplificada traduccin biomecnica que me permito, bien puede decirse que el elemento parasitario est "ms cerca de ti que tu vena yugular", pues no se trata de que est cerca, sino dentro de cada uno de nosotros. Y efectivamente, todava hoy, son pocos los que dan crdito a estas cosas.

Todo este mecanismo es tan escandaloso, que hasta los que mejor lo entienden han de procurar sacrselo de algn modo de la cabeza; o habra que decir ms bien que son ellos los que necesitan sacrselo de dentro, porque a la persona promedio, a pesar de la omnipresente propaganda del darwinismo social, es difcil que le pueda nunca entrar. Pues lo que estamos diciendo, y que los medios vocean tan tranquilamente a diario, es que este mecanismo se procura modular desde arriba tanto como se puede modular.

Hay una narrativa horizontal que se estima conveniente para los "estados atmicos" del cuerpo social, lase individuos la supuesta competencia darwinista de todos contra todos. Y hay una lgica vertical, mucho ms concretamente estructurada, que piensa sin embargo en los "ecolgicos" trminos del marketing en la explotacin de nichos y ecosistemas. As, existe una visin horizontal sin la menor profundidad intensamente publicitada para los muchos mientras hay una lgica vertical implacablemente administrada por los menos.

Michael Rothschild le dedica en su pionera obra Bionomics un breve captulo al "Parasitismo y la explotacin". Considera que en economa distinguir el bien del mal equivale a la cuestin de distinguir entre relaciones mutualistas y relaciones parasitarias. Los huspedes, evidentemente, son vctimas. "La eliminacin de la explotacin en todas sus formas debera ser el objetivo principal de las leyes econmicas de la sociedad pero mantener las leyes al paso de una economa en rpida evolucin no es fcil."

Palabras escritas en 1990; hoy da casi ni se suea con embridar la economa con regulaciones nuevas. Las cosas ya son demasiado complicadas; antes que aadir leyes llenas de trampas, sera preferible proceder a desagregar funciones ilegtimamente unidas. Por lo dems, el organismo encargado de la extraccin de valor casi tiene ms sangre que el husped, y cualquier intento quirrgico de separarlos conlleva un alto riesgo de desangramiento.

Slo los Estados Unidos parecen estar en condiciones de arruinar su propia hegemona, pero vista la atraccin invencible de Washington por las monumentales meteduras de pata, nada es hoy menos improbable. Cabe esperar la llegada a la Casa Blanca de otros presidentes con ms respeto a la comunidad internacional, alguien con un perfil como Sanders, pero como ya se vio en su da con Obama casi todo se reduce a un lavado de imagen pblica. La deriva imperial no se negocia y pesa mucho ms que cualquier alternancia.

La proverbial torpeza poltica de Washington hasta ahora slo encontraba parangn con la maestra de los norteamericanos para venderse como la Meca del desarrollo. Si la imagen del sueo americano basada en la permanente expansin del consumo se resquebraja, si quiebra su poder de adhesin, ya slo le queda el uso de la coercin y de la fuerza, lo que a su vez termina de rematar su imagen internacional, lo que a su vez desinfla la apuesta del capital internacional por su centro neurlgico a pesar de que ste tampoco encuentra refugios mejores.

Es difcil que los Estados Unidos puedan escapar a esta dinmica, pues la expansin del consumo y el crdito se hace ya prcticamente imposible, adems de por otros muchos factores, por poderosas razones demogrficas. En esto no est slo, pues otros pases desarrollados ya han llegado antes a pirmides de poblacin envejecidas; pero an no se reconoce, como advierte Chris Hamilton, que desde 2007 tanto los nacimientos como la inmigracin neta han cado bruscamente en Norteamrica. La prxima crisis, antes que de liquidez, ser una crisis por saturacin de deuda. Tambin la pujanza yanqui es cosa del pasado.

Damos por supuesto que el plano de la geopoltica y la lucha entre potencias traduce en gran medida y a un cierto nivel horizontal una larvada guerra civil mundial que en la vertical es una guerra de clases, pero no slo de clases y tambin de jerarquas. Al menos as es es como lo entienden, antes que nadie, los grandes centros de poder imperiales, el financiero, poltico, militar, tecnolgico y de los medios; desde Wall Street al Pentgono, pasando por Washington, Hollywood o Silicon Valley.

Todo en Estados Unidos se ha convertido en una formidable mquina de guerra, sometida a la paradoja de tener que ser agresiva en extremo incluso para simplemente mantener sus posiciones. Esto responde a su sobredimensionamiento en todos los rdenes, lo que tarde o temprano tendra que resultar en una dolorosa implosin.

Lo realmente milagroso sera que la Gran Burbuja Americana no pinchara. Aun as, lo mismo que las oligarquas frente al resto del cuerpo social, puede contarse con que se intentar minimizar los daos exportndolos cuanto sea posible. De todos modos, y para volver a las palabras de Hamilton, la crisis mayor que se avecina no es tanto un huracn como una Edad de Hielo; supondr no slo la culminacin de un ciclo de deuda, sino la inversin de una tendencia expansiva de la demografa que en lo esencial ha durado ms de mil aos. Y lo mismo se aplica a los pases de Europa, o Rusia, Japn o China todos los que pueden aportar un crecimiento significativo para la economa global.

Ni el capitalismo terminal que conocemos ni los Estados Unidos estn hechos para adaptarse a algo as, de modo que se procura que sea el resto del mundo el que se adapte a ellos. El imperio americano pertenece a unas condiciones que son las del pasado ms que las del presente, por no hablar del futuro. De ah el aire ms que sospechoso de todo lo que emana de los centros imperiales; ni los ms masivos despliegues de relaciones pblicas ni ningn comit de storytelling pueden hacer mucho por cambiar la percepcin de lo que ya es evidente.

Muros, Estado policial, capitalismo de vigilancia, manipulacin permanente, cultura del miedo y la confrontacin, corrupcin legalizada, incontinencia en la agresin y en la mentira, mercados amaados por doquier tan impersonales como el ltimo escaln de la distribucin de riqueza de Pareto Estados Unidos teme ya incluso competir, como lo delatan mltiples gestos y amenazas. Todo un dechado de virtudes para "liderar" con su ejemplo las naciones. Quin habl de estar del lado equivocado de la Historia?

Su nica excusa, se dice, es que no hay alternativa digna de consideracin. Lo que sigue es un intento para mostrar lo contrario. Si los Estados Unidos son una mquina de guerra en todos los mbitos, en ninguno se ejercita de forma ms permanente que en el econmico. Sabido es que el dlar es una forma de que el resto del mundo financie el desproporcionado despliegue militar americano, que a su vez es el garante del orden del dlar; pero esta es slo la forma ms ostensible entre las muchas con que financiamos nuestra servidumbre.

La mtica torpeza diplomtica de Washington responde a unas condiciones histricas y geogrficas peculiares que le han permitido no tener que contar prcticamente con nadie. El escenario geopoltico es una totalidad que se nos escapa y de la que cualquier agente forma parte, pero los norteamericanos no lo perciben as, lo que los convierte, en casi todos los sentidos, en el pas menos indicado para administrar las cosas de otros. Esta calamitosa torpeza y arrogancia presagian un crepsculo de proporciones bblicas.

Existe alguna posibilidad de derrotar al dlar sin pasar por una tragedia de la magnitud de una tercera guerra mundial? Parece ser que existe. Tenemos a nuestra disposicin algo similar a un arma definitiva; pero no har falta decir que no se trata tanto de aplicar hurfanas medidas, como del espacio o va abierta por una nueva situacin que hay que saber interpretar y recrear.

Nueva fbula del zorro y el len

Los pases europeos y los de casi todo el mundo desearan poder sortear el sistema de sanciones y bloqueos estadounidense que supone un reino del terror econmico, pero sus bancos cooperan con la Reserva Federal y reciben dinero en las crisis como si fueran tambin accionistas. La creacin de un vehculo especial europeo de pagos y compensaciones tiene muy poco alcance mientras sus compaas pretendan seguir haciendo negocios en EUA.

De hecho no cabe decir que Europa tenga lejos todos los resortes de poder, pues dejando a un lado a la City londinense, el Banco de Pagos Internacionales que marca la pauta de los depsitos en los bancos de todo el mundo se encuentra en Basilea, y el SWIFT interbancario del que se sirven los norteamericanos para su coaccin se halla en las afueras de Bruselas; claro que tambin la sede de la OTAN se halla en Bruselas, y bien poco cuenta todo eso ante la relacin de dependencia en todos los rdenes y el miedo cerval de los gobiernos al fantasma de la crisis.

Kuan Tzu, el maestro e inspirador de Sun Tzu, ya mostr repetidamente hace veintisiete siglos que se le poda dar la vuelta a la relacin entre dos pueblos en muy pocos aos prestando atencin a sus fortalezas y debilidades econmicas, en una poca en que no existan ni estribos para montar los caballos. Qu no se podra hacer hoy en unos tiempos en que casi todo circula a la velocidad de la luz y la cotizacin de las compaas pueden desplomarse en das, horas o minutos.

Por poner slo un ejemplo, bastara con que el gobierno chino decidiera disciplinar sus inversiones y a sus inversores en el extranjero para que la economa norteamericana empezara a gritar. Ya slo esto podra provocar una reaccin en cadena. Pero todo el mundo sabe lo que ocurre, y adems, hoy por hoy parece ser que el capital no encuentra mejores salidas.

Mientras tanto las posibilidades de una revolucin monetaria son absolutamente reales pero nos cuesta imaginar algo que desde siempre ha pasado por encima de nuestras cabezas. Como bien dice Alfredo Apilnez, la importancia del tema de la creacin del dinero es inversamente proporcional a la atencin que recibe, lo que desde luego no es una casualidad.

Las tensiones crecientes que genera el dlar son causa principal pero no la nica. Est tambin la poderosa y en gran medida irreversible tendencia hacia el dinero electrnico, con su desconcertante abanico de posibilidades. Y est tambin la necesidad igualmente creciente de seguridad ante unos mercados cada vez ms voltiles, que ahora juega momentneamente a favor del dlar pero que puede cambiar completamente de sentido en el caso de ofrecerse otras alternativas. En condiciones de gran presin externa esto funcionara con una certeza hidrulica.

En cuanto al dinero electrnico, ya no es para nadie un secreto que hay una guerra contra el dinero en efectivo. Lenta y sostenida, pero guerra al fin y al cabo. No nos vamos a quedar sin monedas o billetes de hoy para maana, pero se trata de minimizar gradualmente su uso de forma que el nico dinero soberano y legal se convierta en un residuo desdeable que no represente ningn peligro para los bancos privados.

Se pretende vender esto como un avance contra el crimen y la evasin de capitales para darle un cierto aire de legalidad y aun legitimidad, pero lo cierto es que tiene muy poco que ver con la ley y aun menos con los gobiernos. Por el contrario, en principio la idea es hacer la emisin del dinero an ms un asunto privado, como si un 97 por ciento no fuera suficiente. Claro que no se trata tanto de ganar un 2 por ciento ms, como de cerrar el nico flanco vulnerable que hoy los bancos tienen de cara al pblico y que an les impide la impunidad total: el riesgo de estampidas bancarias.

Si se elimina este molesto problema, esta fastidiosa piedra en el zapato, puede decirse que los bancos ya no tienen absolutamente nada que los limite. Es la libertad total. Libertad total para jugrselo todo entre ellos, quien sabe si para llevar al mundo real la excitante simulacin que planteaba Bogoshian con sus transacciones atmicas. Y para el resto de la poblacin, sera el sueo cumplido del campo de concentracin financiero y la consumacin de la vigilancia total. Es una posibilidad que hay que tomarse en serio y sera necedad considerarla un cuadro distpico cuando lo que ya tenemos no dista tanto de eso.

Naturalmente si escribimos es porque an existen otras posibilidades. Y no hablamos ya de alternativas aisladas sino del escenario en el que se presentan sus combinaciones. La primera de estas alternativas, por s misma coja, proviene de la emergencia de las criptomonedas, que no es sino el otro aspecto de la gradual transformacin del viejo dinero fsico en dinero electrnico. S, es cierto que tras un ascenso desbocado, la burbuja de monedas como el bitcoin ha estallado estrepitosamente; pero eso es slo un favor que se nos hace, puesto que su lugar en todo este ro revuelto tendra que ser otro que la especulacin.

El dinero electrnico del que se habla ahora para reemplazar al efectivo sigue estando respaldado por el banco central y est denominado en su moneda; otra cosa es que los mismos bancos consideren emitir monedas propias con determinados incentivos, ventajas y convertibilidad con la moneda legal. Claro que lo mismo puede hacer cualquier grupo que decida hacer uso de su propia criptomoneda, tanto si lo permite la ley como si no, puesto que todo depende del acuerdo entre partes, aunque las condiciones de convertibilidad varen dramticamente en un caso y en otro.

En el futuro los gobiernos podran permitir legalmente todo tipo de criptomonedas privadas, o por el contrario podran prohibirlas todas, o bien podran permitrselas slo a determinados bancos o entidades financieras. Ninguna de las alternativas altera la tendencia a convertir el dinero electrnico en el estndar, puesto que su progresin imparable ya se da con la moneda de curso legal. Se trata de cosas completamente diferentes, aunque como todo lo del dinero, siempre tan intangible, se presta mucho a confusin.

Lo que permanece invariable en todo este asunto es que las monedas privadas se aceptan por cuenta y riesgo del usuario, y la moneda de curso legal tambin, pero con un riesgo mnimo. El 97 por ciento del dinero que usamos lo crean los bancos, o si se prefiere lo crea quien pide el crdito aunque todo quede apartado de su control, pero en ningn caso es emitido por el banco central. Esto es algo que los mismos usuarios se niegan a creer porque de otro modo se sentiran demasiado estpidos. Tambin la teora econmica estndar rehsa admitirlo, por ms que en los ltimos aos hasta los bancos centrales lo estn dejando bien claro aunque slo sea para descargarse responsabilidad.

Si confiamos en este dinero sacado de la nada, si le damos crdito al crdito que nos dan, es porque en ltima instancia es el Estado el que respalda ese edificio hecho de nmeros y contabilidad; de otro modo, y para empezar, nadie metera su dinero en ellos. Por ms que los bancos presuman de solidez, no son nada sin el apoyo monetario del estado del que son exclusivos beneficiarios.

Lo ms razonable y conservador es suponer que esta tendencia se prolongar en el futuro, si pasamos del dinero que ahora crean los bancos a la creacin distribuida de dinero mediante monedas electrnicas que permiten una contabilidad segura gracias a la tecnologa de cadena de bloques. Es decir, slo si estn respaldadas por el estado, si ste permite oficialmente su conversin en moneda legal, parece que puedan tener una demanda suficiente.

La cadena de bloques permite una total consistencia e independencia de la sancin legal y la postura adoptada por el estado, pero la confianza depositada en estas criptodivisas y por tanto su demanda s que depende en gran medida de dicha posicin. As, todava hoy podemos confrontar en la prctica y sin necesidad de quimricas apelaciones a los tiempos pasados las dos principales teoras sobre el origen del dinero: la cartalista o estatalista, que dice que el dinero es un artilugio legal por naturaleza, frente a la metalista generalmente adoptada por la academia y que afirma que proviene del acuerdo entre compradores y vendedores en los mercados.

Naturalmente todo este planteamiento tambin puede aplicarse al sistema internacional de pagos, bancos y sanciones. Es decir, compaas y agentes de los distintos pases pueden decidir confiar mutuamente y crear acuerdos comerciales en cualquier criptodivisa con total independencia del sistema actual, quedando por determinar la forma de conversin en otros bienes o monedas.

Respecto a esto ltimo, podra ser determinante la actitud de los estados de origen, o bien se podra recurrir a otras formas de valorizar el circulante, ya sea con metales preciosos, con una cesta de productos o una cesta de monedas. Hoy por hoy, no hay ms que ver el dlar, no hay prcticamente ninguna relacin entre la demanda de una moneda y su respaldo directo en bienes; pero siempre hay una indeterminacin de fondo, y con ella una incertidumbre asociada, que permite invertir la situacin si los mercados estn bajo gran presin, circunstancia a la que se abona la superpotencia.

Si bien los estados parecen espacios cautivos para las monedas soberanas, ya vemos que en la prctica sta slo asciende a un 3-10%, por lo que puede verse claramente que en realidad de lo que se trata es de espacios cautivos para los bancos, que son los que capitalizan y se benefician de la confianza en el estado. Sus ciudadanos pueden liquidar su dinero bancario y convertirlo en criptodivisas, no necesariamente con fines especulativos, e incluso por motivos opuestos como la seguridad.

Probablemente el merecido derrumbe de bitcoin ha sido un deliberado escarmiento para enfriar el entusiasmo ante este tipo de salidas para el capital; pero no se poda esperar menos de una moneda de orgenes tan dudosos y calada hasta el tutano de los peores instintos extractivos del capitalismo. A los grandes tenedores annimos de esta moneda no les cost mucho terminar con el experimento despus de haber esquilado a las ovejas, logrando cuando menos dos o tres objetivos distintos de un golpe.

Si se presta un poco ms de atencin y no se deja distraer por las aparentes antinomias, puede verse que en realidad el mercado y el estado en absoluto se oponen como alternativas del tipo "o esto o lo otro", sino que por el contrario siempre han ido juntos y han servido "el uno para el otro"; y que oponerlos de forma excluyente ha sido parte de la ceremonia de la confusin poltica reinante hasta el da de hoy. En realidad lo que hay es una transmisin de abajo arriba y de arriba abajo casi sin solucin de continuidad pero muy selectivamente controlada.

Y lo que permite que esta transmisin sea lo bastante fluida en ambos sentidos es el control del elemento fluido por excelencia en la sociedad, el dinero y sus tipos de inters que hoy tienen un gobierno altamente centralizado. Verdaderamente hay importantes aspectos del capitalismo financiero o lquido que, pese a todas las apariencias, no desmienten la lgica bsica de las "sociedades hidrulicas" de Wittfogel.

El control del dinero por los bancos privados gracias a los "bancos centrales independientes" les confiere una ventaja que no es comparable a ninguna otra puesto que es a la vez punto de apoyo y palanca de poder econmico, a travs de la deuda pblica, para disciplinar al poder poltico. Slo esta apropiacin, ilegtima pero incuestionada, explica el apabullante dominio de la situacin por los bancos.

Y no hace falta decir que en esa situacin los gobiernos son meros comparsas a los que an se les deja la importante papeleta de legitimar el orden de cosas. La asimetra es tan grande como la que existe entre empleador y obrero, en el que primero puede despedir al segundo pero el segundo no puede prescindir del primero.

Si el obrero no puede despedir a su patrn, puede despedir a su banquero, que es el patrn de su patrn; o en todo caso despedirse de l. Todo sera diferente si uno puede retirar su dinero de los bancos y emplearlo productivamente de acuerdo con sus intereses, y tal tendra que ser la funcin natural de las criptomonedas. Ahora bien, si esta opcin empezara a coger fuerza entre el pblico, los ciudadanos pueden usar este poder natural que les viene de vuelta no slo con finalidades econmicas, sino tambin para ejercer presin poltica a la vez que vacan los depsitos bancarios.

En caso de apuro los bancos trataran de hacer presin sobre los gobiernos para ilegalizar estas monedas y su competencia, pero, qu demandas podran hacer los ciudadanos sobre el gobierno, con este nuevo poder? Pues incluso ponindose en el caso ms flagrante de ilegalizacin, todava tendran una considerable capacidad de modular la demanda interna de dinero y con ello su valor. Las clases populares tienen una parte pequea de la riqueza pero son la parte mayor del uso de dinero en efectivo, legal o soberano en conjuncin con, y esto ya es curioso, el crimen organizado y el lavado de dinero.

Lo que en s mismo ya es un exponente de hasta qu punto el sistema monetario actual ha desvirtuado las relaciones. Y es que como dijo Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra durante diez aos, "de las muchas formas que hay de organizar la banca, la peor es la que tenemos hoy". Por otro lado, si estudios cuidadosos muestran que an sigue aumentando la demanda de dinero en efectivo en casi todas las divisas, ello no se debe tanto a su uso en transacciones, que slo supone un 15% del total, como a la bsqueda de seguridad en un clima general de creciente incertidumbre. As pues, hay una demanda creciente de seguridad, y la volatilidad que la sustenta est muy lejos de remitir, por no decir lo contrario.

La demanda ms importante que podran hacer los ciudadanos con su nuevo poder ante el estado y su gobierno, aparte de admitir legalmente algo que es legtimo de suyo que puedan existir monedas privadas-, es el retorno al dinero soberano ntegro y el fin del dinero endgeno bancario surgido del crdito. Esto, que puede parecer revolverse contra uno mismo, es en realidad lo ms lgico y ms all de la lgica es tambin lo que dicta el instinto y el sentido de la necesidad. No se trata de rizar el rizo sino por el contrario de alisar un sistema artificiosamente enmaraado que a menudo no beneficia ni siquiera a los que se benefician de la opacidad.

La demanda de dinero soberano, de dinero seguro, de dinero al cien por cien de reservas o incluso de dinero sin reservas o dinero legal sin ms, ha empezado a tener cierto apoyo popular justamente desde la gran crisis del 2008. Es cierto que sigue siendo todava un movimiento marginal que apenas atrae los focos de la atencin pblica, pero no deja de ser un movimiento en ascenso que lentamente va emergiendo en la conciencia general.

Un ejemplo lo tenemos en la iniciativa suiza por recobrar el dinero soberano y terminar con el sistema de reserva fraccionaria en que se basa la creacin del dinero-deuda bancario, y que termin en un referndum en junio del 2018. La iniciativa fue derrotada con ms de un 75% de voto en contra y no sabemos si el gobierno cont con la inestimable ayuda de Google, pero no hace falta decir que tanto el Banco Nacional Suizo como los medios hicieron una campaa de miedo en su contra. Se habl de "extrema incertidumbre" y de los riesgos de adentrarse en un "sistema no sometido a ensayo fundamentalmente diferente del de cualquier otro pas". El influyente banco central alemn tambin se pronunci en su contra.

Hubo antes una propuesta similar en Islandia que tampoco logr su objetivo, pero sera errneo concluir que con estas dos primeras tentativas frustradas se agota el recorrido de la idea. Este soberanismo monetario planteado desde la sociedad civil a veces puede ser algo ingenuo y la exposicin que hacen del tema sus defensores no siempre es la mejor de las posibles; pero su objetivo es muy claro y los argumentos bsicos estn cargados de razn. Y el tiempo no dejar de mostrar la conveniencia y aun la urgencia para cambiar de sistema.

Al menos estas propuestas han alcanzado notoriedad incluso con la disposicin altamente desfavorable de la mquina meditica, hasta el punto que la teora convencional y casi oficial de la creacin del dinero de los economistas ya ha sido puesta claramente en evidencia. En el ao 2012 Paul Krugman an pareca ignorar que los bancos crean efectivamente el dinero de la nada en su famoso debate con Steve Keen; hoy no creo que se atreviera a sostener semejante posicin aunque slo fuera por miedo al ridculo. En esto al menos la desvergenza va perdiendo terreno.

Y en cuanto al miedo a aventurarse con un "sistema no sometido a ensayo" que se airea para intentar reconducir a inquietos y descarriados, no hay ms que ver lo bien que estamos con este sistema tan sobradamente probado. Cuesta imaginar cmo un sistema que liquida el factor principal de inestabilidad bancario puede ser peligroso, aunque s es cierto que a menudo preferimos lo malo conocido a lo bueno por conocer, incluso cuando hay tal asimetra entre los intereses de quienes hacen el dinero y quienes lo usan. Pero esto es un conservadurismo de suelo falso, por que cuando la gente busca seguridad, lo que hace en ltima instancia es acaparar dinero soberano.

Tambin existe un ms que comprensible temor a ser el primer pas en desafiar el sistema de reserva fraccionaria que domina el mundo, y que con razn y sin ella se asocia tanto con la Reserva Federal. Temor, por supuesto, a represalias de todo tipo, empezando por los ataques financieros, para que no cundiera el ejemplo. No hay ms que revisar la historia reciente para ver que estos temores estn ms que justificados, aunque todo depende tambin del grado de dependencia y exposicin de cada pas al capital extranjero, factores que de suyo contradicen la soberana.

Y sin embargo el argumento del miedo en el caso suizo no es slo propaganda, ni est slo relacionado con la vulnerabilidad exterior. Es un hecho histrico indiscutible que este sistema no ha sido nunca ensayado en los tiempos modernos y que su inmersin en un entorno tan alejado del de pocas pasadas no deja de suscitar incgnitas; razn de ms para hacerlo tan interesante si es que de verdad queremos crear algo nuevo.

Algunos argumentan que ya se han probado todas los polticas monetarias y que stas se quedan en la superficie y hay que atender ms a los problemas de la economa productiva. Hay una mezcla de verdades y falsedades en ello. Para empezar es evidente que el dinero soberano sin reserva fraccionaria sigue siendo hasta el da de hoy una opcin indita, y por cierto, mucho ms simple, neta, legtima e irrenunciable que todas las complicadas y pusilnimes medidas paliativas adoptadas hasta ahora. Es algo bueno y deseable en s mismo, y, aunque en la prctica no haya nada aislado en este mundo, es en principio independiente de las polticas fiscales y de gasto pblico.

El marxismo ms irredento, harto ms idealista que el mismo Hegel, continua insistiendo en que el dinero es un epifenmeno objeto de los prestigios del "fetichismo de la mercanca", en lo cual coinciden de forma nada sorprendente con la teora convencional, que an nos sigue asegurando que se trata slo de un ndice de la actividad econmica real. Si hemos de creer esto, los bancos slo seran meros intermediarios entre los agentes que "realmente mueven las cosas" y tienen las manos en la masa. Naturalmente, slo a la banca podra interesarle semejante versin de los hechos. Hay que reconocer que si estos pobres banqueros ilusos se han equivocado y tienen cogido el rbano por las hojas, lo tienen muy bien agarrado y no se les escapa tan fcil.

La teora marxista, que con razn ha insistido en la asimetra entre capital y trabajo, aplica sin embargo la misma lgica de la equivalencia de "la economa vulgar" cuando equipara al dinero con la mercanca, cuando la asimetra y el ascendiente del dinero sobre la mercanca y de la liquidez sobre el mero capital no pueden ser ms obvios: desde el que vende ilegalmente en la calle, al que vende amparado por la ley, o al banquero que extiende legal pero ilegtimamente la masa monetaria y teme que se le reclame el dinero. Podemos dar por descontado que la teora economa nunca llegar a ser un empeo completamente cientfico, pero si no queremos ver estas cosas estamos realmente perdidos.

No, el dinero no es un "truco de circulacin", del mismo modo que el hecho de que la sangre llegue a las distintas clulas del cuerpo no es debido a un "truco de circulacin" ni a un autoengao de las clulas. Es una categora diferente y no slo una categora: es tambin una tecnologa laboriosamente desarrollada a lo largo del tiempo y tan neutral como acostumbran a ser las tecnologas, es decir, ms bien muy poco. Precisamente porque es lo ms externo y formal, es tambin lo que define en todo momento los lmites del sistema. Quien controla el dinero lo controla todo.

Si en algo estn ms verdes los soberanistas monetarios no es en la importancia concedida al sistema del dinero sino en los vnculos de ste con la economa productiva, empezando por la inversin. Como ya han evidenciado toda una serie de economistas desde Keynes y nos ensea la misma prctica econmica, no es cierto que slo del ahorro venga la inversin, sino que es ms bien al contrario, es la inversin la que origina el ahorro, y es con la inversin que la sociedad, para decirlo con palabras de Alejandro Nadal, "se otorga a s misma una especie de crdito".

Hay entonces que distinguir claramente entre el tipo de dinero que queremos y las formas de crdito y asignacin de recursos que pueden desarrollarse a partir de un dinero neutral. Que un dinero neutral es deseable no creo que sea algo sobre lo que haya que extenderse mucho. Que el enorme privilegio y poder que se deriva de crear capacidad de compra no debera seguir en manos de unos pocos banqueros tambin tendra que ser evidente. Pero creacin de dinero e inversin siguen siendo asuntos completamente distintos.

Para hablar con trminos ya usados en economa, el dinero endgeno sin bancos, el dinero exclusivamente legal o soberano nos proporciona el "eje vertical" de las interacciones entre el estado con su entidad emisora y los usuarios privados, mientras que las interacciones entre agentes privados se desarrollan en el eje horizontal. En la creacin de dinero la relevancia del eje vertical est ahora en mnimos y es en el horizontal donde se genera la inmensa mayora del total; lo que se antoja un fiel reflejo de la actual relacin de fuerzas entre la poltica y la economa y entre lites y masas-, a pesar de que la creacin de todo el dinero por el estado, al carecer de opciones, tampoco tendra nada que ver con las polticas de los gobiernos.

Por otro lado no es culpa de la gente que se tienda a confundir la demanda del dinero soberano con la nacionalizacin de la banca, y la emisin del dinero con la concesin de crdito; pues esto se debe en primer lugar a la conflacin de poderes que la banca privada ha tomado sobre s. Y as se aprecia la enorme descompensacin que tiene este sistema respecto a cualquier pretendida neutralidad. Dicho de otro modo, la simple neutralidad tendra que cambiar enormemente el espacio poltico, el espacio econmico y su mutua relacin. Y lo hara de formas que ahora ni siquiera imaginamos.

Estos ejes vertical y horizontal de nuestras coordenadas expresan directamente la encrucijada existente entre la soberana del estado y las fuerzas ocenicas, transnacionales de los mercados. Se ha hablado mucho del famoso trilema de Rodrik que plantea que hoy un pas no puede tener simultneamente soberana, democracia e integracin en los mercados globalizados, y ha de sacrificar al menos una de estas prioridades; es para todos del mximo inters ver cmo se modificara esta disyuntiva con la introduccin, no slo del dinero soberano, sino tambin de la democratizacin y liberalizacin de los mercados de crdito.

Hemos dicho "liberalizacin" de los mercados intencionadamente, a sabiendas de que producir picores entre las filas inmensamente mayoritarias de los que ya estn bastantes ms que hartos de medidas liberalizadoras; si al menos hubiramos dicho slo "democratizacin". Pero es muy deseable que, ms all de la correccin poltica, comprendamos que el actual neoliberalismo ni siquiera tiene la menor intencin de ser liberal ni de liberar nada, sino todo lo contrario; de esta forma le adelantamos ya el envite. Acaso no se ha dicho que "una casa dividida contra s misma no puede mantenerse en pie?"

O tal vez nos equivocamos? Naturalmente, tambin hablamos de "democratizacin y liberalizacin" porque en el mencionado trilema se presentan como parcialmente excluyentes, pero en las esferas separadas de la poltica y la economa. Aqu por el contrario de lo que hablamos es de democracia econmica, toda vez que los mercados realmente existentes estn brutalmente alejados de las consabidas condiciones ideales de igualdad. Pero, por otra parte, a esta democratizacin de la esfera "liberal" y ahora liberada de la economa, no le seguira algo as como una liberacin de la poltica de su condicin cautiva en la partitocracia y el mercado electoral? O ms bien su subversin?

Una posibilidad como esta resultar ininteligible si no se entiende un poco mejor qu significa la liberacin del actual mercado de crdito. ste hoy se haya reducido al exclusivo crtel de los bancos y a la llamada banca paralela, alternativa o en la sombra. Este tipo de fondos de cobertura y entidades financieras son un fenmeno consustancial a la emergencia del casino global y no dejan de crecer al no estar sujetos a la regulacin bancaria, representando una parte cada vez ms alta de los activos financieros. La diferencia con los bancos es que no toman depsitos ni tienen acceso a los fondos del banco central. Situadas en una zona de transicin o de penumbra, estas entidades suponen ms una prolongacin natural de los bancos en su imparable tendencia expansiva que una competencia, rumbo hacia el Oeste de la desregulacin.

Es en esta zona de penumbra emergente, que no ha recibido atencin diferencial hasta hace diez o doce aos pero con una actividad mayor que la de la economa mundial, donde se generan las principales innovaciones del sector financiero; la financiacin colectiva, donde de forma tpica se ponen en contacto inversores e impulsores de proyectos, es slo una ms entre un gran nmero de propuestas que van de los seguros a las hipotecas pasando por cualquier otro producto imaginable. No hace falta seguir mucho los mercados para darse cuenta de que la banca paralela, en su bsqueda insaciable de nuevas formas de liquidez, slo tiene que estirarse un poco ms para llegar a las monedas privadas y, naturalmente, a las criptomonedas, algo que por supuesto no ha dejado de hacer.

A la "banca en la sombra" la envuelve una buena parte de ficcin porque se nos hace creer que es algo ajeno y separado de la banca formal, siendo un chivo expiatorio perfecto para cuando se presentan crisis como la del 2008; pero no hace falta decir que pretender separar una de la otra en la prctica sera tan quimrico como querer separar el sistema circulatorio del linftico no en vano se habla de tramas y de la gran trama financiera en esta dinmica de flujos del capital. A la banca sombra simplemente se le adjudican las inversiones de ms rentabilidad, ms riesgo y ms apalancadas.

Fuente: https://www.hurqualya.net


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