Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2019

Espaa s debe pedir perdn a Amrica Latina

Rafael Silva
Rebelin


La destruccin de las civilizaciones precolombinas, el genocidio de la poblacin autctona, la esclavizacin de la fuerza de trabajo en las minas y en las encomiendas, y la conversin forzosa a una religin extraa, son episodios constatados de la historia de la humanidad. Tanto nos cuesta decir que sentimos aqulla siniestra epopeya protagonizada por nuestros antepasados directos?

(Paco Rodrguez de Lecea)

 

Muchas veces, de modo sistemtico y estructural, los pueblos indgenas han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. Qu tristeza! Qu bien nos hara a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: perdn! El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita

(Papa Francisco)

 

Es verdaderamente perturbador el grado de derechizacin al que se ha llegado en el debate y entre la opinin pblica espaola (que en este sentido no hace sino encaminarse por la senda emprendida por la mayora de sociedades occidentales en el ltimo periodo). La banalidad, la zafiedad, el cinismo y la indigencia intelectual estn llegando a tal punto que empiezan a ser incompatibles incluso con la existencia de una democracia formal en Espaa

(Jorge Sancho)

 

Recientemente hemos asistido a la polmica suscitada por el requerimiento del Presidente de Mxico, Andrs Manuel Lpez Obrador, al Rey de Espaa, para que pida perdn por los agravios que el Imperio Espaol de entonces ejecut contra los pueblos y tribus nativas mexicanas durante el perodo de su conquista, hace ahora cinco siglos, concretamente entre 1519 y 1521. En 2021 se cumplirn 500 aos de la cada de Tenochtitln y 200 aos de la Independencia de Mxico, y en la celebracin de dicha efemride enmarcaba Lpez Obrador dicha solicitud hacia Espaa. Estoy de acuerdo con dicha pretensin del presidente mexicano, pero pienso que debe ser un perdn matizado, referido no tanto (que tambin) al reconocimiento de los agravios, atrocidades y aberraciones que cometimos allende los mares, sino y sobre todo, la peticin de perdn debe centrarse, a mi juicio, sobre la propia versin de la Historia que nosotros, desde Espaa, hemos divulgado y exportado. Bastara con que se difundiera la verdadera labor que nuestra Espaa Imperialista de entonces ejecut sobre los pueblos nativos latinoamericanos, y que por tanto, en vez de un mensaje de altivo descubrimiento, heroico y venturoso, por la gloria de la patria, se difundiera la autntica versin de la historia, que no es otra que una historia de sometimiento.

El relato dominante nos ha contado una historia de grandeza pica de nuestros conquistadores, de hazaa memorable, cuando la verdad es que hubo masacre, invasin, y colonizacin brutal. Muchos autores, profesores e investigadores insisten en que los hechos histricos de hace cinco siglos no pueden evaluarse ni juzgarse con los ojos de hoy, a la vista actual de los acontecimientos. Es cierto. Pero es una afirmacin que habra que matizar bastante, porque por la misma reglaTampoco podemos evaluar la Inquisicin como un crimen contra la humanidad perpetrado por la Iglesia Catlica (bajo la instigacin, la connivencia y el mandato de la Espaa Imperial)? No podemos tampoco evaluar los tremendos sufrimientos que fueron causados a moriscos, judos y sobre todo gitanos, que fueron expulsados en sucesivas oleadas histricas mediante diversas pragmticas, comenzando por la de Medina del Campo en 1497? Los sucesivos reinos desde entonces no slo expulsaron de nuestras tierras a todos ellos, sino que adems publicaron contra ellos salvajes leyes que intentaban eliminar su memoria histrica, su identidad, su cultura, su derecho a ser y a existir, y que abran la veda para que contra los gitanos de la poca se pudieran ejecutar los ms perversos tormentos. Es cierto que toda la legislacin de la poca era cruelmente salvaje, pero este hecho histrico no anula la perversidad de tales leyes.

En general, ante el asunto de la conquista de Amrica Latina, asistimos desde hace siglos a un claro negacionismo de los verdaderos hechos histricos que ocurrieron. Al igual que con el relato de la II Repblica, de la Guerra Civil y de la posterior dictadura franquista, el pensamiento dominante ha dejado su distorsionada versin de los hechos, y de ah que, por ejemplo, an estemos con el asunto de la exhumacin del dictador pendiente, a ms de 40 aos de su muerte. Precisamente an arrastramos la celebracin de la Fiesta Nacional el 12 de Octubre, como una reafirmacin de nuestro papel en aqullas tierras, una jornada festiva que debera ser erradicada, pues como decimos, no hay nada que celebrar. Enseguida vendr la derecha recalcitrante y patritica a argumentar que les dimos la lengua (como si los pueblos indgenas fueran todos mudos), la conciencia moral (como si las tribus indgenas no tuvieran de eso), la democracia (como si eso hubiera existido durante la Espaa Imperial), y la libertad, pero no dicen nada de las numerosas masacres que ocurrieron, del expolio al que sometimos a dichos pueblos, o del tratamiento que dbamos a los negros africanos que exportbamos al Nuevo Mundo. El Gobierno del PSOE se limit a decir con soberbia y altanera que Felipe VI no tiene que pedir perdn a ningn pas. Absolutamente lamentable. Quiz el ms beligerante ha sido el escritor Arturo Prez Reverte, quien tild por va Twitter al Presidente mexicano de imbcil y de sinvergenza. Por su parte, el Nobel de Literatura , Mario Vargas Llosa, tambin neg el genocidio americano (porque tambin existen personajes ilustres y acadmicos ignorantes).

Es adems incomprensible tanto revuelo poltico, meditico y social, cuando Lpez Obrador nicamente solicitaba en su carta que el Reino de Espaa exprese de manera pblica y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos pases acuerden y redacten un relato compartido, pblico y socializado de su historia comn, es decir, que tampoco era una declaracin de guerra. Tan slo se pretende que acabemos de una vez con el relato dominante, con el relato de las bondades imperiales, porque es un relato falso, que situemos los hechos en su justo lugar, que les concedamos una valoracin ajustada a la realidad. Y en cualquier caso, y podemos extrapolarlo a otros muchos asuntos, el Gobierno y la oposicin se han arrogado la representacin de todo el pas sin consultar a la ciudadana, porqueno sera el conjunto del pueblo espaol el que debera manifestarse sobre si debemos o no pedir perdn a otros pueblos por los hechos acaecidos durante la conquista? Si es un acto de pas, es evidente que todo el pas debera manifestarse ante tales hechos, y la respuesta que debe dar el Estado, y no el Gobierno de turno. Lo que ocurre es que estamos muy poco acostumbrados a la democracia.

El problema fundamental es el relato que nos han contado. Y, por supuesto, nos lo han contado los dominadores. Porque ese relato es falso. Nuestra educacin nos ha transmitido, a travs ya de muchas generaciones, un consenso nacionalcatlico en el que estos hechos histricos se nos presentan como hazaas picas de nuestros conquistadores, y en el que la destruccin de las civilizaciones y culturas americanas ms antiguas fue solo un mal necesario para la construccin de nuestra Hispanidad. Da de la Raza se llamaba al 12 de Octubre, luego Da de la Hispanidad, y ltimamente Fiesta Nacional. Todava, en pleno siglo XXI, usamos conceptualizaciones con una evidente carga semntica, tales como Reconquista o Descubrimiento, cuando es absolutamente palmario que no reconquistamos ni descubrimos nada. Todas esas culturas ya existan con anterioridad, y poblaban aquellos territorios desde mucho antes que los espaoles que llegaron despus. Por ejemplo, el 2 de enero (fecha a la que Vox pretende traspasar el actual Da de Andaluca del 28F), no reconquistamos Granada, nicamente finalizamos nuestra expulsin de los musulmanes, mejor dicho, de los andaluces que habitaban Granada, desde mucho antes que los actuales andaluces. Nosotros llevamos cinco siglos, ellos llevaban ocho.

Los conquistadores castellanos no llegaron a ningn Nuevo Mundo, ni a una tierra desconocida ni vaca, ni tampoco habitada por salvajes que esperasen a recibir las culturas ms avanzadas, las civilizaciones ms iluminadas. Las Amricas ya eran habitadas desde miles de aos antes por multitud de tribus, de pueblos y de culturas que se extendan desde Alaska hasta Tierra de Fuego, presentando todo un ecosistema humano rico y diverso. All ya se encontraban civilizaciones avanzadas, con ciudades, comercio, y un alto grado de organizacin social. Nosotros solo llegamos para hacer ms grande nuestro Imperio, y para imponerles nuestra lengua, nuestra cultura y nuestra religin, por la fuerza. El Imperio Espaol de entonces, ese donde nunca se pona el sol, ejecut la destruccin deliberada de pueblos enteros, a las rdenes de nuestros hroes Pizarro, Hernn Corts, Nez de Balboa o Cristbal Coln. El historiador Jorge Sancho nos lo explica con claridad: En todo caso, es innegable que tomando en consideracin el conjunto del proceso (que se extendi durante ms de un siglo y a escala continental) la catstrofe demogrfica fue de unas dimensiones apocalpticas. En trminos absolutos murieron decenas de millones de personas, algo comparable solo con las Guerras Mundiales o las conquistas de los mongoles en Asia. En trminos relativos el impacto fue an mayor, dado que las estimaciones ms conservadoras situaran la prdida de poblacin en el Nuevo Mundo en al menos un 75% de la poblacin continental entre los aos 1500 y 1650, cuando empez una lenta recuperacin. Este probablemente sea el proceso demogrfico ms relevante en tiempo histrico ya que alter de manera decisiva el equilibrio demogrfico entre los continentes. Es algo de lo que, sencillamente, no podemos estar orgullosos.

La invasin espaola fue, por tanto, una clara guerra de rapia, de expolio, de saqueo y de apropiacin violenta e ilegtima de las riquezas de aquellas culturas indgenas. Nos apropiamos de territorios, de personas, de recursos, todo ello disfrazado de cruzada civilizadora y evangelizadora. Aquellos pueblos no nos haban pedido evangelizarlos, no solicitaron nuestra inestimable colaboracin para ser trnsfugas de sus culturas ancestrales, y adquirir la nuestra, ni para aborrecer su fe y adherirse a la nuestra. Como consecuencia, la guerra, el hambre, la peste y la muerte asolaron durante decenios aquellas tierras. Este es el relato adecuado. Y ante tamaa realidad, slo nos queda condenar los horrores de aqulla Conquista. Cualquier intento de justificarla es nicamente seguir participando de aquella barbaridad. Ello no obsta para admitir que los espaoles no fueron los nicos brbaros de la Historia, pues a lo largo de la misma se han dado muchos otros episodios cruentos, protagonizados por muchos otros pueblos. Sern ellos los que tambin tengan que disculparse. No es deshonroso, por tanto, asumir la reparacin moral de toda aquella barbarie, y pagar esa factura pendiente con las comunidades indgenas. Ms bien al contrario, sera un gesto de una altura de miras envidiable, realmente ejemplar.

Sin embargo, difundir un relato incorrecto, alejado de la realidad, convirtiendo en picas hazaas lo que realmente fueron horrendos crmenes, como llevamos haciendo durante cinco siglos, es mucho ms que una mentira: es un crimen contra la humanidad. Y cuando aprendamos a contemplar el verdadero relato, a la luz de los verdaderos acontecimientos, cuando lo asumamos y lo difundamos como realmente fue, entonces el perdn estar prcticamente implcito. Porque se nos deber caer la cara de vergenza en nombre de nuestros antepasados, esos espaoles que llevaron la Cruz y la Espada a cientos de pueblos extranjeros, para obligarlos a que tuvieran una nueva fe, una nueva cultura (ya no se discute sobre si ms avanzada o menos), y una nueva identidad. Y esta actitud debe extrapolarse a todo acto cruel, genocida o salvaje de cualquier pueblo contra cualquier o cualesquiera otros. Por ejemplo, por poner un ejemplo ms cercano en el tiempo, pienso que el ex Presidente estadounidense Barack Obama debi pedir perdn en nombre de su pas a Hiroshima y Nagasaki (a Japn en realidad) cuando visit dichas ciudades niponas en el ltimo ao de su mandato, aunque Obama ni siquiera haba nacido cuando su pas hizo estallar las dos bombas atmicas en 1945. Cientos de ejemplos ms podemos tomar como referencia. De esta forma, extenderemos la cultura de la reconciliacin y contribuiremos a una mayor confraternizacin entre todos los pueblos.

Dnde est el lmite, por tanto? El lmite entiendo que debemos situarlo en todas aquellas afrentas, sucesos, acontecimientos y hechos histricos que, a la luz de la proclamacin de la Declaracin Universal de los Derechos Humanos (1948), y de sus documentos anexos posteriores aprobados por la ONU (y refrendados por la inmensa mayora de los pases), constituyan crmenes de lesa humanidad, que no prescriben, y que podamos perfectamente identificar a las vctimas y a los verdugos de dichos crmenes. No podemos extenderlo a los tiempos de Carlo Magno, ni al Imperio Romano, simplemente porque el mundo de aquellas pocas no era igual al mundo de hoy. La configuracin de pases, reinos y continentes era significativamente diferente a la de hoy da, como era diferente, por ejemplo, el mundo en que vivieron Ulises, Agamenn, Menelao y Aquiles. No podemos identificar entonces a vctimas y a victimarios. Pero en todos aquellos casos donde se cumplan estas premisas, entiendo que la prctica del reconocimiento del agravio, y del ofrecer una visin correcta de la Historia, siempre ser un gesto deseado y bienvenido. Un gesto de justicia, y la humanidad est bastante necesitada de ella.

Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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