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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2006

De nuevo suenan los sables

Manuel Marrero Morales
Rebelin


En la dcada siguiente a la muerte del dictador Franco se oa con frecuencia el ruido de sables entreverado con el de sotanas. Todos conocamos los nombres de los capitanes generales de cada regin militar y de los diversos ministros, militares por supuesto. Luego lleg el intento de golpe de Estado de Tejero, Milans del Bosch y otros varios, pendientes an de desvelar de forma definitiva y fehaciente. Los ecos de la intentona duraron varios aos, hasta que se los trag el sumidero de la historia.

Afortunadamente, ya habamos llegado a una situacin en que desconocamos hasta el nombre del Jefe del Alto Estado Mayor. El servicio militar ha dejado de ser obligatorio y los militares estaban o recluidos en sus cuarteles o en misiones humanitarias varias, aparte de alguna que otra escaramuza en aguas canarias contra diversas especies marinas.

En fechas recientes, los ruidos de sotanas haban vuelto a aparecer por las calles de Madrid, manifestndose contra Zapatero y su Ley de Educacin, acompaados por sus monaguillos del PP. Y han obtenido buenos rditos de su manifestacin.

A los militares los haba vuelto a poner de moda el protagonismo diario buscado por el ministro Bono que padece de incontinencia verbal cada vez que vislumbra por los alrededores un micrfono o una cmara de televisin. Pero hasta ah, todo pareca estar sin novedad.

No obstante, el Estatuto para Catalua ha vuelto a desenterrar la visceralidad de la derecha carpetovetnica, retrotrayendo sus posiciones al ao 32 de la anterior centuria. Y la arenga pronunciada con motivo de la Pascua Militar por el Teniente General Jos Mena contra dicho Estatuto ha sido el eco, con msica de marcha militar, de la letra que el PP nos repite cada da hasta la saciedad.

Rediscutir el nuevo marco legal constitucional y estatutario, revisar el Estado de las Autonomas despus de 27 aos, avanzar hacia una mayor descentralizacin, les parece a los inmovilistas e involucionistas una peligrosa situacin que los polticos no quieren ver y que puede llevar a soslayar la Constitucin y hasta el desmembramiento de Espaa (Jos Conde Monge, presidente de la Asociacin de Militares Espaoles).

El problema no es que los militares opinen, que debieran tener derecho a ello, como cualquier otro ciudadano. El problema es que sus opiniones se conviertan en rdenes jerrquicas, e investidos de salvapatrias, quieran liberarnos con las armas de las garras del Estatuto cataln y siguientes, como ya lo hicieron en el 36, con respecto a la II Repblica, decidida democrticamente por la mayora del pueblo espaol y eliminada por un golpe militar que cost tres aos de guerra, un milln de muertos y casi cuatro dcadas de dictadura y privacin de libertades.

El PP se ha manifestado como un partido que cada vez parece tener mayores dudas acerca de la actual democracia y al que le gustara, al parecer, volver al antiguo rgimen, donde slo ellos gobernaban, bajo el mandato de Francisco Franco, caudillo de Espaa por la gracia de Dios, con un solo partido y un solo sindicato. El PP juega con el miedo ancestral. Y no creo que sea una afirmacin gratuita, puesto que aunque su portavoz, el Sr. Elorriaga no justific las declaraciones del general Mena, s subray que el PP lo que hace es explicar el contexto en que se han producido... la poltica del Presidente del Gobierno... el desgobierno existente... los acontecimientos que estamos viviendo, la tensin que se est generando y la divisin que se est produciendo en la sociedad espaola.

En consecuencia, las fuerzas ms reaccionarias de este pas cada vez estn ms aglutinadas y cohesionadas, defendiendo sus intereses comunes. Dirigentes del PP, obispos y militares, dogmticos y autoproclamados defensores de las esencias patrias, de los supremos intereses de la nacin y de la constitucin, intentan meter el miedo en el cuerpo de los demcratas, pues, como dira Benedetti el olvido est lleno de memoria, y aunque no sepamos el nombre del jefe del Alto Estado Mayor ni falta que nos hace- s tenemos marcado en la memoria colectiva la larga noche de los transistores del 23 de febrero de 1981 y aquel se sienten, coo! ... y ocurre que el pasado es siempre una morada pero no existe olvido capaz de demolerla.

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Manuel Marrero Morales (miembro del Sindicato de Trabajadores de la Enseanza de Canarias STEC-IC)



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