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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2019

Entrevista a Marisa del Campo Larramendi sobre Manuel Sacristn (y IV)
Sacristn, rectificando en parte a Gernimo, da batallas que se saben perdidas como necesaria forma de resistencia

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Marisa del Campo Larramendi naci en 1957. Se licenci en CC de la Informacin por la Universidad Complutense de Madrid. Trabaj en varios peridicos locales. Despus de una estancia de dos aos en Inglaterra, estudi teora y tcnicas narrativas en la Escuela de Letras de Madrid. En la actualidad imparte talleres de narrativa y coordina una tertulia literaria. Por otro lado, escribe obras de teatro y dirige y acta en una compaa teatral. Comenta la actualidad socio poltica en su muro de Facebook. https://www.facebook.com/marisa.delcampolarramendi

 

Nota previa del entrevistador

He conocido esta misma maana del mircoles 10 de abril el fallecimiento de uno de los filsofos ms decisivos de esta ltima dcada en nuestro pas, Javier Muguerza, muy amigo de Manuel Sacristn. A l le dedic La razn sin esperanza. Puede verse una conversacin con l sobre la obra de Sacristn en Acerca de Manuel Sacristn (tambin la entrevista que le hizo Xavier Juncosa para Integral Sacristn). No creo equivocarme si en nombre tambin de Marisa dedicamos esta conversacin a su recuerdo y en su honor. Gracias, compaero, gracias.

Javier Muguerza

 

Cambio de tercio y voy finalizando, no quiero abusar ms. Qu concepto de poltica tena Sacristn en mente?

No creo que Sacristn estuviera muy a gusto con el papel que su origen de clase y la divisin social del trabajo le haba otorgado, al menos, con el rol de intelectual acadmico dominante en su poca. Es la pregunta que a todos nos llega alguna vez: quin soy? Su mirada realista y analtica sobre la realidad le llevaba a un juicio muy crtico sobre lo que vea; su tica le empujaba a ponerse del lado de los de abajo. La poltica en Sacristn es pues un intento de mediar entre el realismo de su visin del mundo y su moral de inspiracin ilustrada y humanista. No es de extraar que sintiera por Gramsci, ya a finales de los aos cincuenta, una fuerte afinidad electiva. El pensador italiano con su concepcin de la poltica como una tica pblica, con su idea de que todos los seres humanos somos intelectuales, con su propuesta del intelectual orgnico de los de abajo como pedagogo o impulsor del buen sentido que habita en el pueblo, con su bsqueda de una va revolucionaria en occidente que pasase por una profunda reforma moral, cultural e intelectual, y todo ello sin olvidar el realismo poltico de Maquiavelo, debieron ejercer una profunda atraccin en Sacristn.

El quin se es, se resuelve en el qu se hace. Para Sacristn no poda existir un marxismo terico: el marxismo o tena una dimensin prctica o no era. Y esa dimensin prctica solo poda ser la poltica revolucionaria, un proyecto tico poltico de emancipacin.

Su concepcin de la poltica daba pie a toda una praxeologa, algunas de cuyas caractersticas seran:

Profundamente realista en el anlisis concreto de la situacin concreta: el marxismo es anti ideolgico y pretende religar el movimiento obrero con la ciencia.

Esta bsqueda del rigor analtico no quiere decir que se conciba la accin poltica revolucionaria como ciencia exacta por el contrario se trata de una praxis humana con un alto grado de incertidumbre.

Conviene pues desconfiar de los grandes diseos estratgicos y dejarse guiar, en la incertidumbre, por una metdica heurstica de prueba y error, y por los principios ticos, por los ideales, por el objetivo final.

Esta praxis poltica no debe reducirse a la lucha institucional o al terreno de la sociedad poltica, sino que debe extenderse por la sociedad civil, hacerse molecular, transformar nuestra vida cotidiana.

Quisiera terminar este apartado con una cita que nos habla del carcter abierto, crtico y anti dogmtico de la concepcin poltica de Sacristn:

A estas alturas de finales del siglo XX uno no sabe muy bien quin ha tenido ms xito revolucionario estratgicamente hablando. Lo dir provocativamente []: si la III Internacional o Gandhi. Sin duda Gandhi no ha conseguido una India artesana, pero la III Internacional tampoco ha conseguido un mundo socialista []. El aprovechamiento de la leccin de Gandhi debera servir de verdad para potenciar a la larga polticamente los movimientos alternativos, los pequeos ncleos marginales o no tan marginales que existen, consiguiendo hacer un puente entre ellos y el grueso del movimiento obrero, al que considero de todos modos el protagonista principal. En mi opinin esto conlleva un corolario para el militante de izquierda en general, obrero en particular, comunista ms en particular: el ponerse a tejer, por as decirlo, el tener telar en casa; no se puede seguir hablando contra la contaminacin y contaminando intensamente

Y por qu fue tan crtico con muchas aristas de la transicin?

Aprovechando tu forma de plantear la pregunta, cabra bromear diciendo que Sacristn no solo fue crtico con muchas aristas de la transicin, sino que lo fue con el poliedro entero.

Sin embargo no deja de ser llamativo el hecho de que Sacristn escribi muy poco sobre este tema, al menos yo no conozco ningn texto que verse sobre la transicin de la importancia del que escribi, por ejemplo, sobre el eurocomunismo del que me place citar la siguiente y definitiva definicin: El eurocomunismo como estrategia es la insulsa utopa de una clase dominante dispuesta a abdicar graciosamente y una clase ascendente capaz de cambiar las relaciones de produccin sin ejercer coaccin.

Hay opiniones, entrevistas, alusiones y editoriales de las revistas Materiales y Mientras Tanto, donde podemos sospechar su mano, pero poco material teniendo en cuenta el central inters que tuvo la transicin para la intelectualidad espaola.

Las razones de esta relativamente parca produccin pueden atribuirse a varios motivos: la conviccin de que en la transicin ya estaba todo el pescado vendido, el no querer hacer sangre en un PCE/PSUC cuya poltica de concesiones era vista como un suicidio y, sobre todo, la intuicin de que se estaba asistiendo a un cambio de poca histrica: las clases dominantes comenzaban a desencadenar una lucha de clases en todo occidente cuyo objetivo era desmantelar las conquistas alcanzadas por los de abajo durante los Treinta Gloriosos. Sera precisamente la valoracin de este cambio de fase histrica, los nuevos movimientos de respuesta de los de abajo que estaban surgiendo en ella y la necesidad de un replanteamiento terico y prctico dentro de la tradicin emancipadora los temas que atrajeran su atencin y centrasen su intensa produccin terica durante y despus de la transicin, hasta su muerte, principalmente en las revistas Materiales y Mientras Tanto.

No queremos con esto dar la impresin de que Sacristn no opin sobre la transicin.

No da esa impresin...

Me alegro, porque lo hizo y con claridad: defendi que el PCE debera haberse negado a aceptar los trminos en que se propuso su legalizacin, se abstuvo en el referndum de la constitucin, se opuso a los Pactos de la Moncloa... Tampoco pretendemos hacer pensar que Sacristn fue de los que creyeron que la ruptura democrtica y la apertura hacia un proceso de democracia avanzada era posible y si no se realiz se debi a la traicin del PCE. Sacristn estaba convencido de que la transicin estaba hegemonizada por los de arriba, custodiada por el ejrcito y vigilada por la gran potencia americana y por las europeas y que solo poda dar lugar a una democracia demediada en la cual la estructura real del poder econmico-poltico quedara intocada:

Pero desgraciadamente me parece obligado partir de un supuesto pesimista. Creo que, por lo menos en una primera fase, la clase dominante podr jugar como quiera. Lo ms que puede hacer la oposicin es echarle arena en los cojinetes. No hay que olvidar que el fascismo espaol no ha sido derrotado por la crtica de las armas, sino slo vaciado ideolgicamente por el arma de la crtica.

Y aqu llegamos al punto que ms me interesa destacar: la estrategia implcita en Sacristn sobre el qu hacer frente a la transicin. Estrategia que en mi opinin explicara tanto su actitud personal o privada, como su postura poltica o pblica.

Sacristn vea la transicin como un verdadero agujero negro capaz de tragarse toda oposicin y neutralizar cualquier capacidad de respuesta o crtica. Ms all de sus crticas a la generalidad del proceso muy negativas al principio, ms matizadas con el tiempo lo que tema Sacristn era el transformismo, la absorcin de ideas y personas por la gran operacin poltica de la transicin. A nivel de los de abajo por la oferta de un modo de vida consumista europeo; para las elites de izquierda la oportunidad de medro y carrera profesional. Su postura de rechazo frontal a la operacin de la transicin tambin era, pues, la apuesta por crear un espacio de lucha fuera del campo de juego que aquella marcaba. Espacio marginal, en la esquina del tablero poltico, pero nico lugar desde donde segn su criterio se podra organizar una poltica de resistencia a lo que estaba por venir.

Una poltica comunista racional lo que tiene que hacer es situar bien claro y visible el pensamiento revolucionario de su prctica, el ideal, por decirlo con la ms cursi, tica y pre-marxista de todas las palabras que hacen al caso lo revolucionario es moverse en todo momento, incluso en situaciones de mera defensa de lo ms elemental, del simple pan (como en la presente crisis econmica), teniendo siempre consciencia de la meta y de su radical alteridad respecto de esta sociedad Esta posicin poltica tiene dos criterios: no engaarse y no desnaturalizarse. No engaarse con la cuentas de la lechera reformista, ni con la fe izquierdista en la lotera histrica. No desnaturalizarse, no rebajar sino atenerse a plataformas al hilo de la cotidiana lucha de clases y a tenor de la correlacin de fuerzas de cada momento, pero sobre el fondo de un programa al que no vale la pena llamar mximo porque es nico: el comunismo.

Tras la quiebra de legitimidad de la democracia demediada heredada de la transicin a raz de la crisis econmica de 2008, en curso la operacin gatopardiana Felipe VI con la que los de arriba tratan de superarla, no estamos asistiendo a una segunda transicin, hegemonizada por los mismos que la primera, y cuya pretensin es terminar con la contestacin 15M, mareas, marchas de la dignidad, 8M feministas que ha suscitado la crisis y recuperar el consenso en parte perdido desde entonces, esto es y en definitiva, preservar la hegemona del bloque en el poder bien sustentada hasta ahora por el sistema bipartidista borbnico y continuar con el desmantelamiento de las conquistas sociales y polticas alcanzadas por los de abajo durante los Treinta Gloriosos? Y de ser as, las reflexiones y propuestas polticas de Sacristn sobre la transicin acabadas de comentar y citar, tienen an la suficiente razn, actualidad y vigencia como para seguirlas o inspirarse en ellas?

Comoquiera que sea el caso es que, pasado el tiempo, todo parece indicar que ni la va institucional y reformista que acept jugar segn las reglas de la democracia demediada, ni la alternativa contracorriente y radical que pretenda crear un espacio externo al tablero poltico nacido de la transicin han logrado acercarnos a esa vida buena en la ciudad justa que dira Francisco Fernndez Buey, ni tan siquiera detener la mencionada contrarrevolucin neoliberal que ya intuyera Sacristn a finales de la dcada de los setenta.

Quizs, an ms pesimista nuestra inteligencia, pero todava optimista la voluntad, conscientes de la derrota, la poltica que ahora nos toque realizar sea aquella que reivindica Sacristn rectificando en parte a Gernimo: dar batallas que se saben perdidas como necesaria forma de resistencia:

(...) los indios por los que aqu ms nos interesamos, son los que mejor conservan en los Estados Unidos sus lenguas, sus culturas, sus religiones incuso, bajo nombres cristianos que apenas disfrazan los viejos ritos. Y su ejemplo indica que tal vez nos sea siempre verdad eso que, de viejo, afirmaba el mismo Gernimo, a saber, que no hay que dar batallas que se sabe perdidas. Es dudoso que hoy hubiera una consciencia apache si las bandas de Victorio y de Gernimo no hubieran arrostrado el calvario de diez aos de derrotas admirables, ahora va a hacer un siglo.

Creo que es un exceso pero usted misma me seal que quera comentar algo sobre la obra de Paco Fernndez Buey. Barra libre, lo que mejor estime.

Solo unas palabras.

Se suele decir que, tanto en ficcin como en ensayo, hay dos tipos de escritores. Uno abre la ventana y te describe y analiza el paisaje que se ofrece a los ojos: el jardn a los pies de la casa, los campos ms all de la tapia, las masas de roble y hayas en las laderas de los montes y, al fondo, las cumbres de las montaas ya en el horizonte. Hay otro tipo de escritor que abre la puerta de la calle y te lleva de paseo por ese jardn, por esos campos, por esos robledales, hayedos, montes y montaas, y a cada poco, de forma pormenorizada y amable, te muestra y hace reparar en los detalles ms significativos del terreno que de su mano atraviesas. Francisco Fernndez Buey es de este segundo tipo.

Y es que Fernndez Buey ms all de su erudicin e ideario: su defensa de la metdica frente al mtodo, su preferencia por el Marx tardo, su teorizacin de la politica, su crtica a la barbarie de los nuestros, su Gramsci entre el amor y la revolucin, sus anlisis del movimiento de los movimientos, su preocupacin por la alteridad y la bsqueda del dilogo intercultural, su reivindicacin del principio esperanza y la utopa concreta, su profundo estudio sobre de las Casas y la variante latina de la tolerancia, su rebaje del optimismo ilustrado de Marx con el pesimismo de Leopardi Buey, decamos, tiene un estilo claro, directo, analtico y profundamente participativo con el lector. En sus textos no cierra el pensamiento o los temas que en cada caso trate, sino que los abre y, en cada prrafo, va aadiendo una apertura ms. Ms que hacerte pensar, le sientes pensando y te descubres pensando con l. Es socrtico sin recurrir a las directas preguntas socrticas

No quiero alargarme ms, quizs en un futuro podamos charlar ms reposadamente sobre Francisco Fernndez Buey. Pero si me lo permites, quisiera cederle un momento la palabra a este pensador que deca de s mismo ser un comunista libertario:

Al respecto cito con frecuencia en mis libros una frase de Albert Einstein, otro de mis autores preferidos como cientfico y pensador, frase que pronunci con motivo del asesinato de Walther Rathenau por los primeros grupos de extrema derecha que luego acabaran en el nazismo, en la Alemania nazi. La cita de Einstein sostiene que ser idealista cuando se vive en Babia no tiene ningn mrito, pero ser idealista oliendo el hedor de la mierda de este mundo s tiene mrito y como uno tiene bastantes aos y ha conocido bastante la mierda del mundo este, pues me parece que vale la pena seguir siendo un idealista moral para el tiempo que a uno le queda .

Tomo nota de su ofrecimiento para hablar en su momento de Paco Fernndez Buey. No se me olvidar. Quiere aadir algo ms?

Solo una cosa.

A Sacristn le importaba mucho preservar la tradicin del movimiento emancipatorio, esto es, transmitir a las nuevas generaciones el conjunto de pensamientos y prcticas que, con sus aciertos y errores, se haba ido formando a lo largo de la lucha por una humanidad reconciliada.

Pienso que en este punto se est produciendo un roto. El adanismo poltico del 15M es en mi opinin una muestra de la prdida de la memoria, el conocimiento y la experiencia de la tradicin emancipadora. En este sentido creo que todo lo que se haga por recordar y mantener vivo el pensamiento y la accin de personas como Manuel Sacristn es poco. Un intelectual y un comunista que iba en serio:

A m el criterio de verdad de la tradicin del sentido comn y de la filosofa me importa. Yo no estoy dispuesto a sustituir las palabras verdadero/falso por las palabras vlido/no vlido, coherente /incoherente, consistente/inconsistente; no. Para m, las palabras buenas son verdadero y falso, como en la lengua popular, como en la tradicin de la ciencia. Igual en perogrullo y en nombre del pueblo que en Aristteles. Los de vlido / no vlido son los intelectuales en este sentido, los que no van en serio.

Magnfica manera de finalizar la entrevista. Muchas gracias querida amiga. Aado, como colofn, una nota que usted ha escrito estos das pasados. En mi opinin, un buen complemento. 

De acuerdo, gracias.

 

QU ES ESA COSA LLAMADA "POLTICA MOLECULAR"?

Me pregunta mi amigo Daniel Jimnez Schlegl a qu me refiero con volver a la poltica molecular. Reparemos en que aqu hay dos cuestiones: una, la esencial, qu es esa cosa que llamamos poltica molecular?; dos, la utilizacin del verbo volver implica que fue abandonada y que es necesario retornar a ella.

Veamos.

Las revoluciones burguesas tuvieron dos grandes ventajas a su favor: antes de tomar el poder poltico ya posean el poder econmico y ya haban penetrado y permeado en todo el cuerpo social con su concepcin del mundo. Las hipotticas revoluciones proletarias carecen de la primera ventaja: no solo no poseen el poder econmico, sino que estn sometidas a su frrea ley: la necesidad del proletariado de vender su fuerza de trabajo para subsistir al tener en sus manos los capitalistas los medios de produccin. Esta carencia hace imprescindible la segunda ventaja que en su caso es condicin sine qua non: la concepcin socialista/comunista del mundo debe haber penetrado y permeado en todo el cuerpo social si pretende tomar el poder poltico para transformar la sociedad. Esto es lo que se llama hegemona.

Sin embargo, carente tanto del poder econmico, como del poltico, la concepcin socialista/comunista del mundo tiene muy difcil alcanzar la direccin cultural y vital de la sociedad. Casi todo opera en su contra: desde el hecho bsico de la necesidad de vender la fuerza de trabajo del obrero para subsistir hasta el dominio por parte del capital de la prctica totalidad de los medios de produccin ideolgica, pasando por la naturalizacin de unas relaciones sociales explotadoras, el dominio sobre las conciencias de los fetiches del dinero y la mercanca o los aparatos represivos del estado.

La lucha por la hegemona, la construccin de un orden nuevo dentro del viejo, es pues complicada, trabajosa, sujeta a continuos retrocesos, siempre realizada en una clara situacin de inferioridad. Solo dos circunstancia operan a su favor: una, objetiva: el carcter explotador y depredador del capitalismo; otra, subjetiva: el ansia de libertad y justicia de los de abajo, su aspiracin a la utopa.

Es dentro de esa lucha por la hegemona donde debe situarse la poltica molecular como una de sus herramientas imprescindibles para conquistarla. Pero qu es esa cosa llamada poltica molecular?:

1.- La poltica molecular parte de la base remedando una afirmacin gramsciana de que todos somos polticos, de que la poltica debe ser una dimensin fundamental de nuestro ser y estar en el mundo, de que intervenir en la solucin de los problemas de nuestra sociedad nos hace ms humanos, ms completos, de que la tica si no quiere ser letra muerta en lo privado debe dotarse de vida hacindose pblica y compartida con el otro.

2.- La poltica molecular es micro poltica. Acostumbrados a ver la poltica como ejercicio en las alturas del Estado, olvidamos el campo de accin ms cercano, nuestro aqu y ahora, nuestro mbito diario de desarrollo existencial: el trabajo, la familia, los amigos, el barrio. Estas esferas, dentro de las que transcurre la mayor parte de nuestra existencia, tambin son polticas, en ellas tambin se dan estructuras de dominacin, en ellas tambin se reproducen los tics ideolgicos del poder, de la concepcin del mundo que da por natural un sistema social basado en la explotacin del hombre por el hombre. Es en estas esferas en donde tambin se deben sentar las bases de ese orden nuevo.

3.- La poltica molecular exige una conversin que dira Manuel Sacristn. No podemos pretender crear un mundo nuevo si en nuestra existencia cotidiana mantenemos un estilo de vida viejo: competitivo, consumista, insolidario, egosta, posesivo.

4.- La poltica molecular es, pues, una praxeologa del da a da, de la calle, del t a t, del nosotros aqu y ahora, de las reivindicaciones cercanas y concretas, de los de abajo, desde los de abajo, con los de abajo.

5.- La poltica molecular crea lazos personales, anuda colectivos, genera movimientos, vincula organizaciones, fomenta solidaridades, favorece ayudas mutuas: construye pueblo, edifica un sujeto.

6.- La poltica molecular no debe encerrarse en s misma, obviar las cuestiones macro polticas, olvidar el problema del poder y del estado. Pero debe gritar bien alto que sin ella se podr llegar al poder del gobierno, pero no al poder del estado; que sin ella cualquier poder transformador ser absorbido por los de arriba o simplemente derrocado; que sin ella se reproducirn en los nuevos gobernantes los viejos poderes de siempre.

***

Pero ya nos estamos alargando demasiado. Concluyamos con una breve referencia a la segunda cuestin apuntada al comienzo de este hilo: volver, volver, volver

Si hay que volver a la poltica molecular es porque como casi siempre la poltica transformadora se ha dejado fascinar por la macro poltica, por el brillo institucional, por el poder del estado, por las altas alturas, las moquetas y las poltronas, y ha abandonado el lento tejer de un tejido social progresista, el paciente cuidado de los movimientos contestatarios, el diario ser y estar codo a codo con los problemas del pueblo, la trabajosa creacin de contrapoderes horizontales y de base, la praxis desde abajo, con los de abajo y para con los de abajo.

Y no olvidemos que si el rbol abandona el suelo, pierde su enraizamiento en la tierra, deja de estar en contacto con el humus que lo alimenta, se seca, se pudre y muere.

 

Primera parte de esta entrevista: Entrevista a Marisa del Campo Larramendi sobre Manuel Sacristn (I). De Sacristn quiero destacar su compromiso poltico de militante comunista en pro de una humanidad emancipada http://www.rebelion.org/noticia.php?id=253843 .

Segunda: Entrevista a Marisa del Campo Larramendi sobre Manuel Sacristn (II). Sacristn nunca quiso ser un acadmico al uso, sino un intelectual en el sentido gramsciano, orgnicamente ligado a los de abajo http://www.rebelion.org/noticia.php?id=254122.

Tercera parte: Entrevista a Marisa del Campo Larramendi sobre Manuel Sacristn (III). Para Sacristn la poltica socialista de la ciencia deba inspirarse en el principio del mesotes, de la cordura, de la mesura. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=254384


 

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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