Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2006

El dios americano de las palabras

Manuel Talens
Axis of Logic


El peridico electrnico Axis of Logic public ayer este ensayo junto con el siguiente comentario editorial:

El pasado octubre tuve el privilegio de dirigirme a los ciudadanos de la hermosa ciudad venezolana de La Victoria (que tiene una poblacin de 130 000 habitantes, a una hora de distancia al oeste de Caracas). El ttulo de mi conferencia en dos partes fue El imperio corporativo global y el sueo americano. Durante la charla, correg a quienes se refirieron a Estados Unidos como Amrica y a quienes me llamaron americano . Les record que Estados Unidos no es en absoluto un pas americano! Al contrario, expliqu, Estados Unidos no es ms o menos que una gran y poderosa colonia europea localizada en las Amricas. Luego, seal con el dedo la tierra bajo la tarima sobre la que hablaba y declar, Esto es Amrica! Ahora mismo estamos en Amrica! En este ensayo, Manuel Talens explica y aclara el uso y el mal uso que les damos a los nombres y su importancia. Es digno de una lectura cuidadosa. Su ensayo me recuerda un verso en la estrofa inicial de l Tao te ' Ching : El nombre que puede pronunciarse no es el nombre constante.
Les Blough, Editor

En el principio exista aquel que es la Palabra y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. As, de una manera tan semitica, arranca el evangelio de San Juan. Los otros tres, de Mateo, Marcos y Lucas, son menos imaginativos y, por eso, la exgesis suele atribuirles un valor literario inferior cuando los compara con la obra maestra del autor del Apocalipsis. Juan, que era un hombre culto y un magnfico novelista avant la lettre, no dud en afirmar que el ser comienza con la palabra. Dicho de otra manera, sin palabra nada existe, pues cualquier ente real o de ficcin, cualquier objeto o cualquier idea, necesitan ser nombrados para poder atravesar ese espacio que llamamos vida.
Pero los nombres no se deben al azar y pertenecen a la categora de los cdigos inconscientes, como bien han sealado los psicoanalistas de estirpe lacaniana, tan devotos del significado oculto del lenguaje. Uno de ellos, Aldo Naouri, cuenta en su libro de divulgacin Madres e hijas el caso de un joven parisino que se fue dando un portazo de la fbrica que iba a heredar, porque no soportaba la manera en que su padre -un racista convencido- trataba al personal magreb. Ms tarde, el joven tuvo una hija, cuyo nombre, Houria, plasmaba a la perfeccin dicha ruptura con el pasado: Houria, en lengua rabe, significa independencia. Otro caso, mucho ms simptico, era el de una mujer que padeci toda su vida de resfriados. Como por casualidad, llam a su hijo Geffroy, que en francs significa fonticamente tengo fro.
 
Y ahora, sentadas las premisas de mi exposicin, me centrar en el nombre de un pas que recientemente fue objeto de enconados debates en los intercambios internticos del foro plurinacional de traduccin al que pertenezco. El nombre no es otro que The United States of America, alias America. S, los ciudadanos de Estados Unidos llaman Amrica a su propio pas y, en consecuencia, se autodenominan americanos. Sin embargo, Amrica es todo un continente, con ms de treinta pases, grandes y pequeos, que podran reclamar con el mismo derecho llamarse as. Nos encontramos, por lo tanto, ante un caso flagrante de apropiacin indebida y unilateral de un nombre comn, algo que en clave retrica podramos calificar de sincdoque o metonimia, es decir, el trasvase de significado desde un trmino que designa un todo hasta una sola de sus partes.
 
Consciente del disparate, un argentino llamado Emilio Stevanovich -el intrprete ms joven que ha tenido la ONU-, acu durante la guerra fra la denominacin de Estados Unidos de Norteamrica, pero tuvo poco xito, pues conduce a una nueva metonimia igual de ilcita: la del gentilicio norteamericano. Basta con echar un vistazo a cualquier atlas para ver que en Amrica del Norte, adems de Estados Unidos, tambin existen Canad y Mxico, asimismo norteamericanos.
 
Recientemente he visto la ltima pelcula de Jean-Luc Godard, loge de lamour, un lcido y despiadado ejercicio sobre la memoria, y en ella el director deja bien claro que Estados Unidos ha robado el nombre que utiliza. En la escena que a m ms me impresion vemos a un abogado hollywoodense adquiriendo los derechos cinematogrficos de los avatares durante la Resistencia francesa de un viejo matrimonio de judos. Lee el contrato en ingls y un intrprete traduce para la familia. En un momento dado, cuando dice que los compradores son americanos, la nieta del matrimonio -militante contra la globalizacin neoliberal- lo interrumpe: Qu americanos?, pregunta. De Estados Unidos, responde sorprendido el otro. Pero los brasileos son tambin Estados Unidos, replica la joven. De los Estados Unidos del Norte, contina el abogado. Los mexicanos tambin estn en el norte y son Estados Unidos. Lo que pasa es que ustedes no tienen nombre, ni memoria. Poco despus, en un contrapunto extraordinario, aprendemos que el matrimonio, cuyo apellido original era Samuel, ha conservado hasta la fecha el que utilizaban en tiempos de la Resistencia, Baillard, porque ellos s tienen nombre, y no lo quieren olvidar.
 
Por supuesto, los causantes de la metonimia America ni siquiera se plantean el trastorno que causa su impostura, pero en los aledaos del imperio se ha intentado remediar este escollo semntico. Los trminos yanqui o gringo hubieran servido, pero son despectivos, como tambin lo es el malvolo usano -de USA, pero peligrosamente limtrofe con gusano- sugerido por el periodista espaol Julio Camba.
 
Por fin, apareci la designacin estadounidense (los mexicanos lo escriben estadunidense y los franceses han comenzado tmidamente a utilizar tasunien), que parece ms neutral, pero el arreglo dista de ser perfecto, ya que el nombre oficial de la antigua Nueva Espaa es Estados Unidos Mexicanos y, al menos en teora, los nietos de Cuauhtemoc son tambin -y con toda la razn- estadunidenses.
 
Las complicaciones no terminan aqu, pues no solamente los ciudadanos de Estados Unidos carecen de nombre -lo cual ya es grave-, sino que el binomio Estados Unidos tampoco es un nombre en sentido estricto. En general, los pases suelen tener un apelativo claramente identificable -Australia, Gabn o Venezuela, por citar tres al azar- y nadie utiliza circunlocuciones extraas a la hora de nombrarlos, pues una cosa es que existan la Repblica Francesa o el Reino de Marruecos y otra muy distinta que nos refiramos a ellos as, salvo en documentos legales. En cambio, un nombre tan absurdo como Estados Unidos de Amrica ha necesitado la creacin de abreviaturas. En ingls la sigla es USA. Y en nuestra lengua? La discusin en el foro al que me refera antes empez cuando se intent unificar la grafa castellana de la abreviatura de marras, con vistas a establecer los criterios editoriales de una revista electrnica que hemos empezado a publicar. Fue entonces cuando nos dimos cuenta del galimatas en que se ha enredado la cuestin, pues, en Espaa, el libro de estilo de El Pas recomienda EE UU -separado y sin puntos-, El Mundo opta por EEUU -junto y sin puntos-, el Abc y La Vanguardia se cien al acadmico EE.UU. -junto y con puntos- y el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua espaola de Manuel Seco escribe EE. UU. -separado y con puntos-, mientras que el Manual de espaol urgente de la Agencia EFE prefiere EUA (Estados Unidos de Amrica) y una rpida visita a la Red permite ver que, por ejemplo, el peridico mexicano La Reforma utiliza EU y El Mercurio chileno indistintamente EEUU o EE.UU. Elegir, en tales condiciones, equivale a una lotera.
 
Una ltima posibilidad, que recientemente me ha sugerido un compaero, sera renunciar por completo a traducir la sigla inglesa del pas y derivar de sta el nombre de sus habitantes, que pasaran a ser usamericanos, es decir, americanos de USA. Eso acabara de una vez por todas con la metonimia original y con las discordancias citadas ms arriba.
 
Est claro que a estas alturas de la historia, y dado el peso poltico planetario de Estados Unidos, nos enfrentamos a un problema insoluble, susceptible de anlisis pero carente de remedio. Es irrebatible que tantas discrepancias sugieren, como poco, una relacin conflictiva de todos nosotros, los perifricos, con esa nacin que desde principios del siglo XX se arrog el papel de gendarme del universo.
 
Pero volvamos a Lacan, para quien nada en las palabras es casual: si fuese cierto que somos lo que nos dicta el nombre o el apellido que llevamos, algunos patronmicos muy cargados de sentido imprimiran carcter a su portador. Veamos un ejemplo: Fidel Castro permanece fiel a unos postulados que le bloquean en gran medida la posibilidad de desviacionismo; su apellido, del latn castrum (campamento, origen del trmino castellano castrense), me recuerda los tiempos del bachillerato, cuando traducamos en clase largos fragmentos de La guerra de las Galias, de Julio Csar. Supongo que alguien habr sealado ya estos detalles del lder cubano, que me parecen de una evidencia cristalina: tengo para m que estaba predestinado a ser un inflexible soldado y que sus estudios iniciales de abogaca fueron solamente un desvo fugaz.
 
Veamos un segundo ejemplo, ste graciossimo: Jacques Chirac, el actual Presidente francs, instal un circuito de retretes para alivio de paseantes en las calles de Pars cuando fue alcalde de dicha ciudad. Eran bastante lujosos y se acceda a ellos a cambio de unas monedas. Quin sabe si, muy a su pesar, cumpli inconscientemente con el destino de su apellido -o al menos los franceses lo entendieron as-, pues en lenguaje vulgar las dos slabas de Chirac complementan lo escatolgico (del verbo chier, cagar) y lo econmico (del verbo raquer, pagar), de tal manera que a los pocos das de inaugurar los retretes corra por toda Francia el siguiente eslogan humorstico, nacido en la calle: avec Chirac, tu chies et tu raques, es decir, con Chirac, cagas y pagas.
 
No es nada extrao tropezarse con ingenieros de caminos que se llaman Puente, con policas Alguacil o con dermatlogos Pellejero, y as hasta el infinito. Todos ellos -siempre segn Lacan- eligieron la profesin que les dict el apellido. De la misma manera, el pas America (es decir, su maquinaria poltica, no sus habitantes, a pesar de que la contaminacin existe) incluye en el ADN de sus cromosomas estatales la esencia del depredador que luego ha sido, pues ya en 1787 inici su andadura expoliando un nombre colectivo y, despus, ha impuesto el lenguaje mercantilista de su industria del espectculo y de sus multinacionales, tanto por las buenas como por las malas.
 
Quin le iba a decir a San Juan que el dios de ficcin de su evangelio, aquel cuya metfora era la Palabra, cobrara vida muchos siglos despus, adoptara el nombre del continente en que est situado y, desde el despacho oval de una casa pintada de blanco -smil embrionario del huevo fundador-, creara un nuevo orden mundial -imitando as el primer versculo del Gnesis: En el principio Dios cre los cielos y la tierra- y lo pondra a su servicio a travs del control de las telecomunicaciones y la propaganda, es decir, de las palabras.
 
Manuel Talens es escritor espaol.
 
Este artculo apareci en traduccin inglesa del autor, revisada por Nancy Almendras, en la edicin del 12 de enero de 2006 del peridico electrnico Axis of Logic (www.axisoflogic.com/artman/publish/article_20613.shtml). Nancy Almendras y Manuel Talens son miembros de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica ([email protected]).
Traduccin al italiano de Davide Bocchi (http://mirumir.altervista.org/2006/01/il-dio-americano-delle-parole-di.html) Traduccin al ingls de Manuel Talens, revisada por Mary Rizzo (www.axisoflogic.com/artman/publish/article_20613.shtml)

Traduccin al francs de Maria Poumier ( http://quibla.net/amerique2006/ameriques1.htm).

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter