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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2019

Caos y transfiguracin (IV)

Miguel Iradier
Blog personal


Donde est el peligro est la salvacin. Se exhibe una transparencia de la guerra que los pocos hacen a los muchos, de cmo defenderse y volver sus armas contra ellos usando los reflejos del dinero, la ingeniera del conocimiento y la economa del tiempo

Religiones del Libro

Las tres grandes religiones del Libro modernas tal vez no sean las que uno tiene en mente cuando piensa en Jerusaln, sino ms bien el liberalismo, el marxismo y la religin del progreso cientfico, que se las arreglaron para encontrar su centro de cristalizacin e irradiacin en Londres. El liberalismo y la ciencia cristalizaron simultneamente, y ms tarde el marxismo se ha presentado como la diametral anttesis del liberalismo, sin dejar de jugar en su terreno, y sin hacer prcticamente mella en su cosmovisin cientfica.

Lo que caracteriza a estas tres nuevas religiones, vuelco o inversin de las anteriores, es su fe en la salvacin dentro de este mundo en contraste con la salvacin ultramundana; son por tanto religiones mundanas, religiones de la redencin dentro de la sociedad. Naturalmente, hablamos del liberalismo como la evolucin secular de la reforma protestante. Si la ciencia y el capitalismo liberal se abonaron desde el comienzo y de la forma ms descaradamente prctica al aprovechamiento del reino de lo posible se acta porque se puede, porque nada nos lo impide-, el marxismo qued atrapado en el dominio harto ms estrecho de la necesidad se acta o no se acta porque es inevitable-, lo que desde el comienzo la releg a un mesianismo que deba ensanchar sus bases con la proletarizacin de los pobres.

Las tres fes se apoyan en una misma lgica inexorable de la acumulacin en el tiempo, lo que, dicho sea de paso, ms que tener fe es jugar sobre seguro aunque nunca se conozcan los plazos. El conocimiento se acumula, la riqueza se acumula, las contradicciones y problemas se acumulan. El triunfo global y manifiesto del capitalismo hace que toda la culpa sobre el estado del mundo recaiga sobre l, no dejndole ms que marginales y poco crebles excusas. Libre de responsabilidades, aunque con una credibilidad harto menguada, el marxismo ha vuelto a pasar a la oposicin. Y qu hay de la ciencia entretanto? La ciencia por supuesto sigue al servicio del capitalismo y su cosmovisin, como lo ha estado siempre; pero el marxismo no lleg muy lejos discutiendo su mtodo.

Siendo estrictamente coetneos, que el espritu de la ciencia ahora no importe ms all de su cosecha tecnolgica que est muerto, en una palabra- ya nos dice bastante de lo vivo que pueda estar el espritu del capitalismo. Pues este "espritu", en una como en otro, presupone la autonoma con respecto a su creacin. Pero nada de esto es ya el caso. Si el marxismo a su vez desea ver muerto a su rival, pero es incapaz de advertir la muerte de la bsqueda de la verdad, demuestra que no est menos muerto tampoco. Critica la acumulacin pero espera darse con ella el gran banquete al final de la Historia, a cabalgar como si fuera su jaca.

La verdad es que cuesta imaginarse revolucionarios con tarjeta de crdito, pero aunque as fuera, cmo habra de surgir un hombre nuevo cambiando las relaciones de produccin si al final producimos las mismas cosas? Cmo aduearse de la inercia y de esta deriva si apenas se tiene otra idea que remedar el desarrollo en los pases menos industrializados? Planificar el decrecimiento? Eso es una completa necedad. Lo nico sensato a lo que cabe aspirar es a que no haya una necesidad artificial de crecimiento como con el dinero-deuda actual; el mero hecho de que se hable de cosas como esa en nombre de la naturaleza slo demuestra que no se entiende que la naturaleza est igualmente dentro de nosotros. Es oyendo cosas como estas cosas que la gente dice: "El diablo tiene razn: est ms claro que el agua que no hay alternativa".

No seguir por aqu puesto que, al menos para uno, la principal batalla no est en los mecanismos de poder ni en la ubicua socializacin sino en lo que se le escapa; incluso sabiendo de antemano que cualquier espacio nuevo que se abra est condenado a ser pasto para los diversos instintos y apetitos. S, todo es social y s, todo es poltico, pero no es slo social ni es slo poltico, y es eso ltimo lo que a algunos ms nos interesa.

Las religiones antiguas ya eran lo bastante conscientes de la prisin social en la que vive el ser humano, y justamente lo que ofrecan era una va de escape, aunque no hay ni que decir que ellas mismas se convirtieron en grandes estructuras de poder y de opresin. Por otra parte, los marxistas estaran menos furiosos si sopesaran hasta qu punto la socializacin de toda la existencia es tambin un triunfo suyo, aunque naturalmente no estn muy dispuestos a admitirlo. Finalmente, no s si se comprende lo bastante que el plus que ofrece el dinero y la propiedad para las lites y para todo el mundo- ms all del poder, consiste en su promesa de evadirse de lo social, incluso si no se contempla a las masas como chusma. Seuelo que ha de quedar ms o menos frustrado por diversas razones, como la cortedad de miras, o la ms apremiante de que el karma del dinero, que es el tiempo de los dems, no perdona.

El proceso irreversible de acumulacin, fundado en intercambios supuestamente reversibles, nos lleva de cabeza hacia la desactivacin, que puede adoptar tres formas: la catstrofe, la muerte lenta, o la transformacin en profundidad o transmutacin. Para las dos primeras ya tenemos mil rutas, est por ver si tenemos algn argumento slido para lograr la tercera.

Sin embargo, en cualquiera de los tres casos tenemos un conflicto vivo de intenciones y direcciones, entre seguir hacia adelante y retroceder que es tan caracterstico de esta poca y de los aos que se avecinan como lo ha sido siempre de cualquier periodo de crisis y fractura. Este conflicto se revela tambin en toda la constelacin que fulgura en torno al tema del dinero soberano o la recuperacin de la ciencia, sin embargo, aqu al menos hay un potencial creador y creativo que equilibra los aspectos necesariamente destructivos y que no se aprecia en el resto de opciones, penetradas de derrotismo hasta el tutano.

Es este torbellino del tiempo en nuestra turbulenta ruta hacia el caos el que se est amplificando en nuestra conciencia. Incluso podramos decir que ese aparente moverse en la lnea del tiempo no es otra cosa que ese zoom o amplificacin. En cierto sentido, estara ya siempre presente como indeterminado, y ahora como siempre slo se est especificando. El misterio del tiempo es que el pasado existe ms all de nuestro poder, pero slo por nuestra actividad o falta de ella se puede encender su sintona.

Hoy nada de lo que se dirige a alguna parte tiene fuerzas para llegar a parte alguna; sera el momento para atender ms a la vertical que no da pistas sobre puntos cardinales ni direcciones. Y si todos sentimos la creciente tensin e indecisin entre el pasado y el futuro, tal vez en ninguna parte se refleje tanto eso como en Israel, aunque como buen reflejo, all tenga ms bien el sentido inverso de presin.

Que Israel supone ahora mismo en el mundo una inversin de su campo de fuerzas lo muestra el hecho de que es el nico nacionalismo en ascenso dentro del nufrago archipilago de las naciones. Por supuesto, hoy existen por doquier intentos de avivar la llama nacionalista dentro de un orden internacional en plena crisis, pero todos carecen de suficiente conviccin porque todos estn atrapados por el mercado. Esto, por lo que se ve, no es suficiente para moderar la posicin de Israel. Lo cual puede tener varias lecturas, adems de la ms obvia; en cualquier caso, el juicio de Yeshayahu Leibovitz tal vez el primero en usar el trmino judeo-nazi- sigue siendo el ms ntimamente acertado: los israelitas han abandonado su religin en favor de una religin nueva, el culto a su estado y al Judo superviviente del Holocausto.

Sin duda un nacionalismo con tan pocas fisuras ha de parecer admirable y envidiable para muchos de los que miran con nostalgia al pasado. Pero el sionismo moderno es algo ms que un caso particular entre otros: es la nica fuerza capaz de hacer que el siempre oportunista liberalismo termine abrazando el milenarismo, y el capitalismo, al apocalipsis. El crculo que se abra con los puritanos de Cromwell y los afanes de Ben Israel se cierra y se consuma: los judos abandonan su espera mesinica y la vuelcan en su estado; y los antiguos puritanos que haban volcado al espritu en lo mundano cada vez cifran ms sus esperanzas en que este mundo acabe lo antes posible. Bien puede decirse que las aberraciones conocidas como sionismo, integrismo islmico y evangelismo resultan del fuego cruzado entre las tres antiguas y las tres nuevas religiones.

"El judo, la serpiente, y el oro", dijo Jnger, tres misterios en uno solo. Y como, indudablemente, la apelacin a "el judo" ha servido siempre para personificar algo que resulta misterioso, intentaremos dejar la personificacin de lado y sustituirla por otras incgnitas ms manejables. Podramos haber sustituido el dicho por "el tiempo, el dinero, y el capital" y tendramos un hueso igual de duro de roer.

Pues parece claro que el dinero y el capital son cosas sobremanera diferentes a pesar de que puedan equiparse; el dinero nos habla de lo que circula, y el capital de lo que se acumula. Slo si todo el dinero se acumulara podra hablarse de un "truco de circulacin", lo que es un contrasentido evidente incluso en el caso del patrn oro, que sin embargo permite contrastar el problema. Incluso hoy hay pases como China o Rusia que maniobran para respaldar sus monedas con oro en el caso probable de que rompan sus compromisos con el dlar. El oro apuesta por una poltica de escasez y es sin duda retrgrado, pero eso no impide que sea una alternativa momentnea vlida si quiebra el sistema monetario mundial.

Naturalmente se trata de emergencias antes que de tentativas restauradoras, y estamos muy condicionados para pensar que se trata de reflejos regresivos. Sin embargo el tema del oro plantea otras cuestiones interesantes sobre la tecnologa y esa tremenda idea de la aceleracin del tiempo y de los tiempos naturales que, segn la observacin de Eliade, fue introducida por los alquimistas. Hoy por ejemplo las cadenas de bloques y los medios electrnicos hacen ms viable que nunca el dinero pblico y los dineros privados, as como su convergencia o divergencia; de eso no cabe duda. Sin embargo, la cuestin de la soberana, que por supuesto siempre es algo relativo y problemtico, est tambin ntimamente conectada con la cuestin de hasta qu punto algo as depende exclusivamente de esas tecnologas y es rehn de ellas o puede revertirse sin demasiados problemas hacia estadios ms primitivos de la evolucin monetaria: billetes, oro, notas, metales, cestos de monedas o de bienes, agentes cambiarios, conchas o lo que fuera. Parece un mero truismo que los sistemas ms robustos tendrn que ser los que menos dependan de unas condiciones tcnicas especficas; y lo mismo puede decirse de cualquier otra demanda o postulado emancipador, del que para saber cun universal es habra que ver qu tal tolera el cambio de condiciones. Esto sera una forma de tomarle la medida al contexto sin ceder a su tirana ni a sus chantajes. En el caso del dinero, est claro que la prctica manda.

Segn este criterio, un cambio sera tanto ms deseable cuando menos necesario o forzado sea desde el punto de vista de las condiciones materiales. O, en caso de que parezca forzado, en la medida en que pueda revertir su situacin y operar en otras condiciones materiales con menor grado de interdependencia. Tambin esto mide el grado de renovacin o regeneracin en el seno de la innovacin, pues lejos de necesariamente regresivo tambin pude ser el mejor indicador de superacin de una inercia. En definitiva, hoy que tanto se acaricia el concepto de resiliencia, se trata de ver cunto dan de s los principios de simplificacin y reversibilidad aplicados a los usos y prcticas humanas. Puesto que nos acercamos a una fase de caos monetario esperemos que creativo- no van a faltar las oportunidades de experimentar las interacciones entre dineros pblicos y privados en distintos soportes.

Si, como dice Badiou, la abstraccin monetaria es la nica forma reconocida de universalidad, estamos obligados al menos a sacar la leccin bien aprendida, o no tenemos remedio. Slo recuperando ese poder cabe desmitificarlo y devolverle el colorido habitual de lo profano. Pues el dinero es el espritu mismo de lo profano sacralizado tan slo al ser enajenado de los mismos que lo crean, le dan valor y lo hacen circular.

Schumpeter deca que el marxismo pareca superior al capitalismo especialmente a los ojos de los intelectuales, que justamente son los que tienen la relacin ms "abstracta" con el dinero. A esta presunta superioridad moral de no estar envueltos en el mundo real, a la que apelaron tantos marxistas, le ha acompaado siempre una clnica aversin por el funcionamiento, no ya del capital, sobre el que no han dejado nunca de elaborar, sino del dinero, cuyos detalles han ignorado como por principio. Nada podra ser menos casual. Puesto que los maestros del dinero encarnaran esa inteligencia granburguesa que efectivamente mueve el mundo y es la gran rival del intelectual desocupado.

Sin embargo las gentes siempre han preferido adorar a esa inteligencia que mueve el mundo que a la de un motor inmvil que a pesar de todo no puede quedarse quieto, del mismo modo que han preferido dejar de ser proletarios a ser proletarizados por igual desde la izquierda y desde la derecha. Y, otra cosa que el marxismo nunca supo entender, han adorado precisamente y ante todo su intrascendente brillo profano, pues ya se sabe que no todo el mundo est hecho para creer.

El fin del dinero-deuda bancario y su vuelta a las esferas pblica y privada supondra acabar con el aura que todava hoy el dinero tiene y que no puede responder a otra razn que la ignorancia de su funcionamiento y el escamoteo de su poder. Aunque pueda llevar su tiempo tomar contacto con esta parte de la conciencia social sustrada, es de esperar que con el uso el entusiasmo remita a cierta desencantada normalidad, que sera lo ms deseable si es que queremos ocupar nuestro espritu en otras cosas.

El marxismo siempre tuvo razn al insistir en que el dinero es tiempo de trabajo invertido; el dinero no es ni puede ser algo exterior a los mecanismos sociales de creacin de valor. Pero en esto hay que incluir tambin el trabajo y el rendimiento de la propia esfera monetaria en el funcionamiento y eficiencia de todo el sistema, que no es una pequea parte del todo. Un cuerpo no es slo msculo, y si el cerebro es el rgano que ms sangre necesita tambin es por algo.

Si un lector de los aos previos a la eclosin de la era cientfica, alguien que leyera a Paracelso o a Bhme, hubiera sabido de nuestros desvelos y abstracciones, probablemente hubiera dicho que la tierra, el trabajo y el dinero, que vienen a corresponderse con los tres sectores tradicionales de la economa, son la sal, el azufre y el mercurio del compuesto social. Un telogo de esta poca, o incluso del medievo, hubiera dicho que son su cuerpo, su alma y su espritu. Mucho se discuti entre atanores y tratados si los tres eran aislables, si tenan entidad propia o si eso era nada ms que un espejismo y slo "coexistan", lo que an pareca ms problemtico. Las actuales disputas econmicas siguen siendo variaciones de ese mismo tema, por ms prestigios cuantitativos que le hayamos aadido. Y de hecho, sabemos a ciencia cierta que la parte ms cuantitativa de la economa, la doctrina neoclsica, es a menudo la ms falsa.

Esta visin, la de que hay principios que no se pueden descomponer, todava predominaba en la qumica de la poca de Newton, que an por entonces era la ciencia de los procesos y transformaciones de la naturaleza por excelencia, y no una fsica que hasta para el mismo fsico ingls slo poda conformarse con descubrir ciertas leyes regulares. Su ptica en particular era el primer gran intento de robarle a la cualidad su cantidad, pues no hay motivos para pensar que la gravedad sea ms universal que la luz.

Lleg luego la culminante tentativa de Hegel en la que todo se resuelve en distintos momentos del sujeto: el ser en s, el ser fuera de s, y el ser para s. De ah extrajeron su inspiracin desde el marxismo a la lgica pragmtica de Peirce o los interesantes malabarismos de Lacan o Zizek, articulados ahora como lo real, lo imaginario y lo simblico.

Sin embargo, ninguna de estas ejercitaciones del espritu puede compararse en simplicidad, atrevimiento y genialidad con el experimento crucial de los viejos artistas del fuego, esos que se llamaban a s mismos Filsofos: encerrar un determinado sujeto mineral hermticamente cerrado y dejar que l slo se descomponga, se limpie, se recomponga y se exalte. En definitiva, ms que hacer trabajar a la naturaleza, averiguar por la experiencia en qu le gusta trabajar a ella cuando las circunstancias no le son desfavorables. El avaro, el economista y el ingeniero social han buscado por todos sus desesperados medios algo parecido a ese crculo virtuoso, sin acertar nunca a preguntarle al incgnito sujeto por sus propias inclinaciones.

Haba no pocas cosas de inters en las relaciones que tan certeramente y fuera de ulteriores consideraciones planteaban: que nada se mueve si no es por desequilibrio, que el espritu del compuesto es femenino pero que su circulacin determina los lmites de lo mecnico, que el alma y vida del compuesto es masculina pero est atrapada y sofocada, y un largo etctera de tpicos que son tan contrarios a nuestros tpicos de hoy que, ms que "un espejo en que mirarnos", parecen un espejo que nos mira.

Desde este punto de vista un tanto "endgeno", aunque a su manera, un dinero puramente neutral o indiferente tampoco podra circular; para existir tiene ya que incorporar sus propios desequilibrios o ser un producto de ellos. Pero en un sentido ms laxo, es admisible llamar dinero neutral a uno que no favorezca la acumulacin sobre la circulacin. El patrn oro lo favoreca; pero el dinero-deuda moderno an la ha favorecido ms. De qu sirve representar al espritu si no se es imparcial? Esa neutralidad que se traduce en objetividad es la nica superioridad del espritu, de hecho es lo que hace al espritu; si no la guarda, l solo se destituye.

Y en efecto el espritu femenino slo desciende y se eleva en busca de equilibrio. Se ha usado de tarde en tarde la expresin "la alquimia del capital", pero no hace falta gran imaginacin para figurarse que el afn de la naturaleza es todo lo contrario de la acumulacin por extraccin y por desigualdad. Las maas del hombre y la fuerza intrnseca de las cosas no pueden ser ms contrarios. La naturaleza aumenta su potencia por la homogeneidad de sus partes; las leyes de potencias, como la de Pareto, suponen un proceso de diversificacin y restriccin, y por ende de envejecimiento.

Es decir, la evolucin de las leyes de potencias en el tiempo, si no implican redistribucin sin condiciones ni canales especficos, comportan una restriccin creciente y consecuentemente su creciente fragilizacin: no es en nada diferente del proceso de envejecimiento que podemos apreciar en nuestros semejantes y en nosotros mismos, as que no puede estar ms en nuestra cara. Y aunque estoy hablando de algo que matemticamente no se ha demostrado, no se necesita ninguna demostracin porque tendra que resultar evidente. Tanto estudiar la complejidad para no ver estas cosas, que al menos si capt algn gran hombre de ciencia como Ramn Margalef.

Claro que el camino de la naturaleza del que hablaban los viejos Filsofos no es este tan natural del envejecimiento sino por el contrario el de su retrogradacin, partiendo eso s de la descomposicin y total destruccin del compuesto; el espritu que lo limita como su forma visible, y que se haya secuestrado en la circulacin, es el mismo que precipita la putrefaccin cuando lo abandona. Segn este presupuesto, toda la naturaleza perecedera es ya naturaleza congelada, atrapada en su propio crculo mnimo. Si para Galileo la naturaleza era un libro escrito en lengua matemtica y para Descartes la mente era un espejo de la naturaleza, para ellos, tal vez ms perspicaces, la naturaleza ha sido siempre el espejo de la mente. Incluso nuestras mentes encerradas no pueden dejar de percibir circunstancias muy diferentes en lo mismo.

Hablamos pues del misterio de la serpiente que se intoxica con su propio veneno y tambin puede autoeliminarse. El animal que ya tena forma antes de ser criatura, es, en el compuesto social, el dinero mismo, que tambin representa a su espritu. Naturalmente, si hablamos de tres principios distintos es para articular un poco lo inarticulado, que no es el monstruo social sino lo anterior a l; pero nadie negar al menos que en lo social y en lo econmico, como en los organismos, operan principios de diferenciacin.

"El tiempo, el dinero y el capital". Time is money dicen los anglosajones, que alternativamente tambin dicen time is gold . Pero el capital puede drogar al dinero, as como las inyecciones de dinero son el nico remedio que hoy encuentra el adicto capital. Idealmente, con el dinero, el crdito y la inversin se puede marcar el tempo de la economa, siempre que haya un retorno en forma de ingresos, consumo e impuestos. Pero la iniciativa colectiva que parta del establecimiento del dinero como su espacio natural ha desaparecido, pues la misma Reserva Federal hoy imperante carece en realidad de autonoma, estando simplemente al servicio de la oligarqua y su sistema de succin. Puesto que su principio presuntamente autnomo ha dejado manifiestamente de serlo, lo que cabe esperar es su descomposicin acelerada.

Slo librndose de sus oligarcas tiene hoy una nacin alguna posibilidad de subsistir. La transmutacin del sistema monetario cambiara totalmente el tiempo y tiempos del compuesto social de la forma menos violenta que quepa concebir; pero si no se recupera cierta autonoma a tiempo, la creciente fragilidad estructural exhibida en la desigualdad precipitar la cada rpidamente. Sabido es que la bancarrota se fragua poco a poco pero se declara de repente. Por supuesto, el hundimiento a cmara lenta ya lo estamos viviendo.

Por ms que hablemos tanto de ello, realmente nadie est preparado para que lo que ha funcionado toda nuestra vida deje de repente de funcionar. Mucho menos an todos los que acarician la quiebra del capitalismo, y que ahora seran incapaces de hacer funcionar nada. En las revoluciones rusa o china an haba gente capaz de sacar adelante las cosas dentro de un contexto de enorme atraso general; pero la izquierda patrocinada de hoy se hace un lo hasta con un falso problema de identidad. El derrumbamiento que est sobre nosotros demandar soluciones prcticas y casi inmediatas, pues de lo que hablaremos entonces ser de supervivencia.

As que los que hablan todava de tomar el Palacio de Invierno muy probablemente se van a encontrar con un panorama muy diferente de una revolucin. Por supuesto que, como nos recuerda Charles Hugh Smith, las lites tampoco son capaces ni por un momento de imaginarse un mundo en el que las cosas no funcionen como hasta ahora. Si internet surgi para sobrevivir a un ataque nuclear y estamos todo el da en ella ya sabemos lo que tenemos que hacer: aplicar su lgica tanto dentro como sobre todo fuera de la red. Es decir, descentralizarlo todo tanto como sea posible: el dinero, "el capital, el poder poltico y el control de los recursos". lites y centralizacin son trminos sinnimos.

La capacidad de descentralizar sus estructuras y cuadros de mando o decisin y de hacerlas menos dependientes de una tecnologa especfica, es lo que determinar el grado de resiliencia de las naciones y el tejido social. Algunos pases previsores y dados a la planificacin, como por ejemplo China, pueden intentar soluciones mixtas manteniendo las jerarquas y negociando a conveniencia la descentralizacin y participacin popular en su espacio interno. Si el Chile de Allende y el proyecto Cybersyn ya iban en esa direccin, no es difcil de imaginar todo lo que pueden evolucionar modelos de este tipo en pases conformados por una tica confuciana y que ya tienen mandos al cargo de los problemas un poco a la altura de su complejidad. En casos as el circuito de control ciberntico pondra a su servicio la realimentacin de la serpiente monetaria.

En lo tcnico este tipo de realimentacin no dista gran cosa del bucle a cerrar por los monopolios globales norteamericanos, con la enorme salvedad de que estos ltimos slo se ponen al servicio de la ganancia y los cuadros polticos de un "socialismo de mercado" como el chino siempre intentan mantener un equilibrio. Tendran as un margen de estabilidad y supervivencia superior, permaneciendo la formidable incgnita que en este tipo de modelos supone el ser rehn de la tecnologa.

En el Occidente plagado de fuerzas centrfugas esto no parece viable ni deseable; habra que pensar ms bien en el socialismo de mercado original que tuvo su primera formulacin en Proudhon. El artesano autodidacta de Besanzn ignor cuanto pudo la importancia decisiva del estado pero incluso en aquel tiempo ya vio claramente lo bsico que era el dinero y el crdito para el mutualismo; y esto se reafirma en una economa como la actual que depende ms del crdito que de los salarios.

Si las lites de los pases occidentales tuvieran ms conciencia del probable colapso, seguramente trataran de negociar a partir de los dilemas monetarios planteados en la primera parte de este ensayo; pero a da de hoy ni ellos ni la ciudadana se toman en serio, ni el tema del colapso, ni la decisiva alternativa monetaria con su complejo fuego cruzado.

Algunos pases pueden servir de modelo a otros pases, y algunas monedas pueden marcar a otras la pauta as como ciertos tipos de clulas y redes sociales del mundo real pueden ser semillas de futuro para otras organizaciones autnomas. Si queramos modernidad y la modernidad es experimentacin no nos faltarn ni de la una ni de la otra en el caso de que vivamos para contarlo. Claro que en esta silla del dentista hasta al tiempo de la modernidad le duelen las muelas.

Dos generaciones ms tarde de la gran guerra parece que hemos agotado el mrito elevado al cielo por ese tremendo sacrificio del que siempre hemos vivido. Todo parece indicar que no vamos a poder vivir ms de eso y que habr que hacer mritos nuevos incluso slo para no perecer, no digamos ya para crear un mundo nuevo. Esto, que es vlido para todos, no se aplica a todos por igual porque ya hay demasiados que estn pagando con su sangre el nuevo sacrificio.

La entera idea progresista del perfeccionamiento gradual del hombre y de la historia como serie de fases de emancipacin es rehn de la tecnologa y de una creciente dependencia que es lo contrario de la emancipacin. El contrapeso a esa flagrante contradiccin tiene que ser la atomizacin y el repliegue en la singularidad individual, que slo se ve enriquecida en el sentido de tragrselo todo. Desde el nominalismo el triunfo de lo social y la exaltacin de lo individual van de la mano; si no hay exaltacin el tejido social se deprime y sus clulas dejan de reproducirse. El progresismo sigue asumiendo que la modernidad capitalista es un gran avance sobre una sociedad medieval tildada de oscurantista, a pesar de que sus burgos nos siguen mostrando, incluso con todas las leyendas negras vertidas, un increble dinamismo, una gran presencia de espritu y un sistema monetario mucho ms equitativo que el actual. De este modo el progresista no puede dejar de mostrar de quin es deudor y cmplice.

Por slo poner un ejemplo, hoy sabemos que en torno al ao mil no hubo ni histeria ni temor ni milenarismo de ningn tipo, algo que sin embargo fue un azote en torno al 1600 cuando afinaban sus instrumentos Kepler o Galileo, o incluso todava en el Londres del mirfico 1666 o en cualquier parte en 1999. No hace falta pensar que la edad media fuera ninguna edad de oro, incluso si le debemos mucho ms de lo que creemos; el problema es que estemos tan necesitados de creer que fue mucho peor que nuestra poca.

Un autoperfeccionamiento social de estilo ciberntico con su propio bucle de realimentacin como el antes mencionado nos parece opresivo y claustrofbico; sin embargo la creencia en un autoperfeccionamiento del hombre en la sociedad en nada importante difiere de lo primero: en ambos casos se trata de no dejar correr el aire, de estrechar los anillos de la serpiente del tiempo para que se cierre an ms sobre nosotros. Y es que nuestra idea de un tiempo lineal coexiste con un tiempo circular ms amplio nos interese o no saberlo.

China tiene por otra parte la enorme ventaja, que no dejar de aprovechar, de que la recepcin que ha hecho de la ciencia moderna es puramente utilitaria y sin mayores compromisos ni races en su imaginario; es decir, le sobra todo lo que en la ciencia occidental es espurio sin que nosotros mismos lo sepamos, pues a pesar del relato de libre exploracin no hemos acertado a trascender la utilidad. Tanto para ellos como para nosotros, la bsqueda de la verdad cientfica necesita reorientar por completo su mtodo, y llegar tan lejos como el criterio utilitario permita. Una vez ms el rbol de la ciencia del bien y del mal nos distrae del rbol de la vida.

El mito occidental del superhombre, acierta en esto la malicia de Geidar Dzhemal, no es algo que venga de finales del XIX, sino de mucho ms atrs, de los tiempos del pseudohermtico "Discurso sobre la dignidad humana" de Pico, manifiesto del Renacimiento y precedente de la "declaracin de los de los derechos del hombre y el ciudadano" de la Revolucin Francesa y el famoso manifiesto comunista. El mismo Corpus Hermeticum pergeado por su tutor Ficino al amparo de los Medici es un vano y fatuo ejercicio de retrica renacentista capaz de aburrir a las ovejas si los comparamos con los oscuros y tres veces sellados escritos de los verdaderos artistas, tan bien calculados para extraviar al necio, inspirar al nio y alentar en su trabajo al trabajador. Sin embargo las vacuas generalidades de los humanistas inflamaron la imaginacin e "impregnaron la 'espiritualidad' europea con la semilla de hierro de la voluntad de poder", en el ms claro ejemplo de inversin de lo general y lo particular y con la incitacin del ms lento, delicado trueque de inteligencia y voluntad. Claro que, ms que al superhombre, a lo que se parece cada vez ms lo que va saliendo del gigantesco circuito de la destilacin social es a un homnculo.

A principios del XIX, la recreacin de Goethe sobre la relacin entre el fatuo Fausto y Mefistfeles, la de Grimm entre la hija del molinero y Rumpelstintkin, y la de Hegel entre el amo y el esclavo nos dan tres versiones distintas pero emparentadas del problema del reconocimiento, y en particular del reconocimiento del espritu. Tal vez recuerdan, entre lneas, que la dinmica especfica de Occidente, la anomala que supone su trayectoria, habra sido imposible sin una segunda vista y un pathos de la distancia que ningn pueblo por s solo puede lograr. De la Florencia de los Medici al Londres de los Rothschild, Marx y Disraeli o la Viena y el Nueva York del siglo XX, los judos son el cuerpo dentro de otro cuerpo y el espritu dentro de otro espritu que el infatuado gentil se niega a admitir, como si la masa pudiera reconocer la levadura de otra forma que hinchndose. La vanidad de un lado y el orgullo del otro impedirn siempre la aclaracin de las verdaderas relaciones.

Esta situacin da un vuelco con la creacin del estado de Israel, que aspira a darle al pueblo hebreo su propio cuerpo y su propia identidad. Pero tampoco aqu terminan ni mucho menos los equvocos problemas del reconocimiento: un estado que defeca habitualmente sobre el derecho internacional desea ser reconocido por todas las naciones; y por otra parte, sus ms fuertes valedores aspiran a su travs a un reconocimiento indirecto que de otro modo les delatara.

Pero tal vez el mesianismo hebreo ms antiguo era ya un malentendido entre ese pueblo y su dios, pues supona esperar algo en el mundo a cambio de la fe, lo que armoniz tan bien con el espritu protestante. Ese vuelco en el mundo y en la historia es evidentemente el punto nodal de todos nuestros desequilibrios que por ms que lo intenten no escapan a su origen religioso. Entretanto lo que al principio fue espera hoy se ha convertido en exigencia. Lo peor de tener que hablar de los judos, en vez de los hebreos, es que la palabra "judo" carga ya sobre s la connotacin de "impugnacin de Dios", en el doble sentido del "de"; en pugna consigo misma, ella sola se hace palabra detestada y detestable.

La impresin que se tiene es que, en la atribulada y exasperada Judea del imperio romano, a la figura de Cristo, cualquiera que sea su trasfondo, slo le cabe el sentido de la abolicin de la espera el reino est dentro de vosotros-, la negacin de la huida hacia adelante de la Historia. Implicara entonces la recuperacin de una vertical natural sobre un curso horizontal que tambin sera natural si no fuera forzado por los hombres; claro que ya desde los primeros tiempos comenzaron a darse visiones contrapuestas sobre lo histrico y lo no histrico, lo humano y lo divino en esta problemtica cristalizacin.

Si hoy Israel supone una inversin del campo de fuerzas de la naciones, la atribulada y exasperada causa palestina y su derecho de retorno implica la inversin de esa inversin, un cuerpo dentro de otro cuerpo y, por mal que pese, un espritu dentro de otro espritu. No importa cun abrumador sea tu espionaje y tu vigilancia, aquel al que oprimes te conoce, y por fuerza te conoce mejor que t a l. Esto es lo que resulta tan intolerable.

Si miramos hoy un mapa del mundo los pases que reconocen a Palestina veremos que ocupan la mayor parte de las tierras del globo, con casi toda Latinoamrica, frica, Asia y Rusia: nicamente Norteamrica, Australia y Europa Occidental rehusan o demoran el reconocimiento. Esto slo se explica por la intimidacin y la presin, pero que nadie se queje de estar atado de pies y manos si no hace nada por romper el crculo. La causa palestina no es negociable y no depende de ulteriores expectativas; dndole la espalda tambin le damos la espalda a nuestra propia dignidad.

Efectivamente, que nadie se queje de vivir en un acolchado "campo de concentracin financiero" si desprecia lo que ocurre en Gaza; sabemos por lo dems que hoy ambos encierros estn ntimamente unidos. La infausta industria de la vigilancia y la seguridad con la que hoy Israel penetra en todo el mundo, el gran negocio paramilitar de aprovechamiento del caos creciente en todas las naciones, se vende precindose de haber sido "probada sobre el terreno" y en carne viva. Romper el cerco palestino es romper el propio cerco.

Sorprendera entonces sin lmites que tantos estados en Europa y en el mundo confen algo tan absolutamente estratgico como su seguridad a empresas de un pas tan decido a sacar ventajas por todos los medios; de un estado militar-policial cuya profunda inmoralidad slo puede compensarse con el envilecimiento de cualquiera de sus interlocutores, no sea que pretenda darle lecciones de algo. Sorprendera, claro, si no fuera porque esas lites igualmente corruptas no pueden encontrar mejor complicidad a la hora de mantenernos a todos a raya.

No, no podemos tomarnos en serio la idea del colapso porque nos parece sencillamente inconcebible; pero a los rusos y a los pobladores del antiguo bloque comunista no les parece en absoluto inconcebible porque ya sufrieron uno bien calamitoso hace slo poco ms de dos dcadas. Parece mentira que los europeos occidentales no seamos conscientes de algo as estando tan cerca, se ve que an creemos tener derecho a algo diferente. En cuanto a Washington, es tan slo normal que all no tengan ni idea, a pesar de que los brindis por los despojos de la Unin Sovitica de los sospechosos habituales se oyeron de la City a Wall Street pasando por Harvard. Luego est la ingeniosa ocurrencia de decir que no hay que preocuparse por la tercera guerra mundial porque esa ya la ganaron. Ahora bien, si eso es cierto, resulta que se les ha acabado la buena suerte, porque segn la secuencia cannica de transformaciones no hay cuarta guerra buena, sino tan slo la cada acelerada de la descomposicin final.

No se trata tanto de decir que el colapso sea inevitable, puesto que todo este escrito aspira a su modo a conjurarlo, como de ver que incluso en el mejor de los escenarios no parece posible eludir una fase de profundo caos, algo que por el mero hecho de que Washington est hoy al mando ya parece garantizado. Y en ese sentido, seran los pases menos desvinculados de su esfera de poder los ms expuestos a sufrir las consecuencias. Se puede aprender mucho ms de cualquier pas o pueblo que en esta ltima poca haya conocido tiempos difciles.

Si lo que crea el dinamismo del dinero es la bsqueda de beneficio, an es una cuestin muy debatida qu condiciona su tasa fuera del sistema de precios. El neoricardiano Sraffa pareca sugerir, asumiendo una perspectiva endgena, que se trataba de una "variable tcnica dependiente del tipo de inters", interpreta Apilnez; pero creo que si el mismo Hegel, contemporneo de Ricardo, hubiera mostrado ms atencin a la incipiente teora econmica se habra abonado a esa tesis con la mayor determinacin. Idealmente, pero contando an con las asimetras evidentes que no slo la teora neoclsica ignora, el excedente de valor no se relacionara tanto con la explotacin como con el modo global de distribucin del producto social, que a su vez determinara el tiempo subjetivo-objetivo en que esa sociedad vive. Esto armoniza con nuestra visin de la serpiente monetaria como el lmite y forma conferido por la circulacin. El inters como mera atencin es anterior a todo lo dems, pues todo vive de nuestra solicitud. Tampoco es de extraar que se hable hoy tanto de la economa de la atencin, aunque slo sea para robrnosla.

Hoy sabemos que los primeros estndares de medidas fueron elaborados en los templos de Egipto y Mesopotamia. La metrologa es tan consustancial a ese gran salto que suponen las primeras grandes civilizaciones como la escritura y la contabilidad, y sin ella resultara inconcebible la consolidacin del estado o la expansin del comercio y la actividad econmica. La convencin siempre ha sido el ms poderoso y torpe de todos los imperios. Hay estndares reversibles y estndares prcticamente irreversibles, como la ineficaz distribucin actual de las letras del alfabeto en el teclado; y hay otros estndares capaces de englobar a otros del pasado en su esfera.

Casi todas las medidas o magnitudes de la fsica moderna exhiben un alto grado de heterogeneidad que no es sino el reflejo de los arbitrajes en el uso del clculo y el lgebra en esos templos modernos que son nuestras grandes ecuaciones; su aparente simetra y elegancia esconde los grandes nudos de sus relaciones. Nuestro ideal de trasparencia parte de la pureza de las relaciones iniciales, no del aspecto que tienen al ser englobadas. La ms inobstruida conexin con el pasado pasa por esta va aparentemente estrecha.

En palabras de C. H. Smith, tendemos a optimizar ms aquello que ms se mide. Tambin el beneficio obedece a este orden, slo que el beneficio ha sido hasta ahora la diferencia ms atendida, aunque en una economa cada vez ms compleja tambin es proporcionalmente menos directa y ms difcil de estimar. El polo de una economa ha tenido que ser entonces la medida ms fcilmente disponible, y el beneficio se deja a la discrecin del individuo. Si el campo de medida de la economa vara tambin vara el sistema y nuestra percepcin de l. Pero el beneficio, ms que optimizarse, se maximiza, lo que en sistemas con recursos finitos supone la fuente principal de inestabilidad, algo ya claramente visto por Aristteles hace veinticuatro siglos. En estos tiempo de IA, bien cabe imaginar un sistema optimizado para recursos finitos y realimentado, que deje a la discrecin de las monedas particulares los criterios de valoracin y prioridades. Y puesto que estas tecnologas ya se aplican con los propsitos ms claramente desestabilizadores, no vemos por qu no habra que usarlos en aras de un mnimo de estabilidad y bienestar colectivo. Los criterios y campos de medida en conjuncin con la moneda permiten la transmutacin de esos valores colectivos; buscar lo homogneo en lo inhomogneo es el oro de lo universal que permite contrarrestar el peso del oro muerto y dinamizar de otro modo la acumulacin.

La transvaloracin de los valores, la transmutacin del tiempo y el valor, slo puede operar desde el interior de nuestra conciencia, que antes se llamaba espritu; pero como la superciudad global en que vivimos ya es la materializacin de esta nuestra era del espritu, nada nos resulta ms difcil de reconocer. Para el hombre moderno ya es mucho conseguir acuerdos momentneos entre su voluntad y su intelecto; pero que estos hayan podido tener alguna vez una unidad sustancial, que puedan ser uno en esencia, es algo que hoy resulta imposible concebir; la inconsistencia del deseo separa a aquellos dos de su comn fondo indeterminado.

Y efectivamente, slo volviendo a lo indeterminado podemos ver a lo ahora invisible destacarse. Lo que tambin significa, naturalmente, que est ms all de nuestra capacidad de determinacin. Esto, ms que resignacin, sera la comprensin cabal de nuestros lmites, de la que nunca dejamos de estar necesitados. Y en caso de que nos falte comprensin, nunca tendremos muy lejos la admisin de nuestra suprema impotencia.

Sabe ms la compasin sin pretenderlo que todo el conocimiento del mundo. Leibovitz tena razn al decir que los israelitas han abandonado su religin y a su Dios en beneficio de una religin de estado. Pero al menos su orden secular podra mantenerse si se salvara la idea de restitucin que siempre fue motriz para ese pueblo. Si abandonan a su nico Dios, abandonan la justicia, y abandonan la compasin, que es lo nico que media entre ambos y nos recuerda a nuestros semejantes, es imposible que puedan subsistir. Da igual que sea simple humano orgullo, o que sea un orgullo inhumano; un orgullo ilegtimo slo existe para quebrarse. Lo esencial es que el instinto no se comprenda a s mismo. Habis vendido vuestro derecho por un catico plato de lentejas. Ni tenis a David con vosotros, ni sabis dnde brilla su estrella.

Por supuesto tambin creo que Leibovitz tena toda la razn al pedir que la religin se mantuviera siempre y en cualquier caso completamente aparte del estado y las cuestiones de poder, lo que siempre ha sido ms fcil de llevar a cabo en las naciones de la cristiandad, con una religin no legislativa, que en el judasmo o el islam. Para poder concebir la dificultad que en estas dos religiones tuvo la separacin de lo divino de lo poltico, pensemos por un momento si pidiramos que la bsqueda de la verdad cientfica, toda la ciencia terica fundamental, se mantuviera aparte del estado. O que la poltica econmica de un pas fuera completamente independiente de teoras econmicas que sabemos son puramente ideolgicas. En tales casos lo que observamos es una imposibilidad creciente de separacin; y sin embargo pocas cosas seran ms deseables. Si, la ciencia o la economa son cuestiones especficamente colectivas, pero eso no las inclina ms a la verdad que a la falsedad.

El orgullo es lo primero, se dice; pero cada uno pone el orgullo en cosas diferentes, lo que basta para que se equivoque con l. Uno no puede evitar sentir profunda simpata por un pueblo que a pesar de tener ms de mil aos de historia an se debate por nacer. Algunos llaman a eso orgullo, pero el presentimiento del futuro, incluso en las peores condiciones, tal vez merezca un nombre diferente. Me estoy refiriendo a Rusia, que por cierto, tambin tiene las dosis adecuadas de conocimiento e inspiracin para darle la vuelta a toda nuestra cosmovisin cientfica; aunque ah, como en todas partes, sean los poderes polticos la mayor limitacin. Orgullo legtimo podra sentir alguien por no comer carne ni participar en la matanza organizada de animales, pero, orgullo de qu y frente a quin? Lo que menos separa al hombre es lo que ms lo pone en pie y lo destaca.

Orgullo es lo que an dicen tener muchos occidentales por nuestra dominacin del mundo, que se ha basado no en ninguna superioridad moral sino en la explotacin de una ventaja cientfica que fue siempre tecnolgica. Pero justamente lo que a uno le parece ms despreciable de Occidente es ese infatuado ventajismo que le impide ver qu ha hecho con la naturaleza y la verdad, y el cientfico, como no poda ser menos, suele ser el menos consciente de la reduccin operada. Si los hombres de ciencia dieran un paso adelante y aprendieran a colaborar fuera de las estructuras de poder y los grandes presupuestos, todo los logros del pasado palideceran y nos pareceran bolas de azcar. Y por su puesto, a largo plazo, eso es lo que ms habra que temer. La liberacin de la naturaleza, y con ello me refiero a nuestra interpretacin de ella, es una grandiosa y sagrada misin que no dejar de repercutir en todo lo humano de la forma ms insospechada: si cambia lo suficiente nuestra idea de la relacin entre lo reversible y lo irreversible tambin vuela en pedazos la mercantilizacin de las relaciones, el sujeto del tiempo y el tiempo de la sociedad. No se liberar el hombre mientras no se libre de la idea de dominar la naturaleza; y as se confirmar cabalmente que nada humano ha de durar eternamente.

Hoy todo es poco, todo se queda corto para curar la adiccin a este tiempo pervertido del que parece imposible salir. Y sin embargo no hay que inventar nada, pues no hay enfermedad que no mejore con un poco de abstencin, y no habra enfermedad ms superficial que la ideologa tecnolgica si no formara un solo cuerpo con la voluntad de poder. Hay en ella dos extremos: los que ejercen esa voluntad hasta la empuadura, y los que son empuados y sustrados de su propia voluntad. Y tambin se da, naturalmente, todo un trfico de datos e interacciones entremedio. Y ya que las asimetras tambin deberan servir de algo a los dominados, habr que decir que la adiccin a nivel de usuario es mucho ms leve que la adiccin del productor de adiccin.

Ciertamente desconectar es un lujo que no todos se pueden permitir y que ahora se vende como otra desintoxicacin ms en boga. Empero conviene no banalizar el alcance que puede tener la verdadera abstinencia en un mundo donde nada se hace por un lapso sostenido y cuando es de eso de lo que se trata. Un padre del desierto dijo hace muchos siglos que en los ltimos tiempos una persona hara tantos mritos en un da como los que entonces requeran aos o toda una vida. Entendemos lo que esto quiere decir? No sabemos si a la humanidad le quedan diez o diez millones de aos; lo que s sabemos es que copiar un texto en un cdice medieval llevaba aos y hoy nos impacientamos si se atasca la impresora o una descarga lleva ms de diez segundos. Tendra que ser evidente que en muchos procesos fsicos y mentales el tiempo se ha comprimido miles de veces, mientras que otros siguen demandando la misma duracin; como tambin que hay otros que en puridad no tienen que ver con proceso ni duracin alguna, como las imgenes, que deben a eso mismo su poder de atraccin y ocultamiento.

Si realmente queremos asistir a la descomposicin de un todo por s mismo, no har falta entonces buscar ningn sujeto mineral especfico, porque uno mismo, por ms que sea un caso perdido, tiene todo lo necesario para asistir al ms instructivo de los cursos. Lo nico que tiene que hacer es llevar adelante esa abstinencia mental el tiempo suficiente y distanciarse de estmulos externos. Nuestros tiempos de reaccin y realimentacin son hoy tan parpadeantes y breves, que hasta el cese de nuestra absurda msica de fondo por un instante al que prestemos atencin hace que las cosas sean diferentes. Qu no sucedera entonces si persistiramos un poco en ello. Cunto? No hay que preocuparse por el cunto, basta quedarse con lo que hay en el tiempo vaco incluso con el infinito desierto del tedio. Pero el tiempo vaco es tiempo?

El cambio no requiere mayoras. Hoy todos hablamos de lo comn pero a esto que es lo ms comn e inarticulado le tenemos autntico pnico, lo que ya es una excelente seal. No slo el capitalista, el intelectual tambin preferira una buena bomba atmica. As pues, el mero instinto, ms necesario que nunca, nos dice que aqu hay un camino de supervivencia adentrndose en la zona de penumbra pero no de supervivencia para imaginarias alimaas darwinistas. No parece muy digno preguntar sobre qu es lo que sobrevive aqu; si ya hoy se nos dan tantas facilidades mejor sera averiguarlo uno mismo.

Si internet si hizo para sobrevivir al ataque nuclear, la abstinencia ha existido desde siempre incluso para que ahora sobrevivamos a internet. Las facilidades son engaosas, el mrito es real, lo gratuito lo nico eficaz. El espritu sopla donde quiere, pero suele querer donde se le deja. La abstinencia es una va de transformacin y conocimiento vlida para todo tipo de creencias y falta de ellas con tal de que uno ponga su parte. La conectividad est llena de nudos, la trasparencia nos parece oscura porque no podemos concebir que los nudos se disuelvan.

El animal no come cuando enferma, y el hombre, el animal enfermo, es el nico capaz de ayunar cuando no est mal. En nuestra mistificacin cientfica de los orgenes, habra que suponer que hubo un largo periodo indeterminado en que en el hombre se han debilitado grandemente los instintos a cambio de que surja gradualmente la razn, pero nadie responde a la tremenda pregunta de cmo se las arregl para sobrevivir todo ese tiempo en una condicin tan lamentable. La naturaleza es la circunstancia, y de la circunstancia slo sondeamos lo poco que nos aprieta. Mucho antes de la lucha por la vida existi la alerta, o tal vez sera mejor decir que siempre estuvo en otro orden de cosas. Por supuesto, no tenemos ni idea de qu grados de escucha pudo haber alcanzado ese mtico hombre de los orgenes, ni hasta dnde se habra extendido su mirada.

Nuestro viejo materialista dice: Todo es materia y movimiento; pero yo, ya coma cerdo o bacalao, ya lo riegue con vino o con ginebra, soy el mismo viejo zorro de siempre. Todo est gobernado por las relaciones materiales y de produccin menos uno mismo; la naturaleza est ah fuera para darle forma, no puede estar dentro dndonos forma a nosotros. Es una curiosa forma de materialismo, y tambin una curiosa forma de liberalismo. A esta bestia parda podemos llamarla liberal-materialismo o materialismo liberal, poco importa, es la misma que nos ha trado tan lejos a todos y a cada uno de nosotros.

Si hemos de hacer caso a lo que sugieren algunos antiguos, parece que nuestros primeros padres, esos grandes ausentes de la Edad de Oro, por olvidarse hasta se olvidaron de morir. No se habran extinguido sino que ms bien se habran ido fundiendo con el fondo hasta hacerse irreconocibles. Si cada poca suea a la siguiente y ellos se quedaron dormidos, han tenido tiempo de sobra para soarnos a todos. Aun as preferimos soar con el Antropoceno a despertar.

La ltima astucia del desesperado y fugitivo Benjamin fue tratar de fundir en un solo ser la receptividad de la espera mesinica con la aspiracin constructiva de las utopas. El mundo no estara hecho de tomos, ni de historias, ni de transacciones con monedas, sino de mnadas, que como ya haba visto Leibniz, son slo un orden actualizado de fulguraciones. No sabemos si el idealismo ha quedado lejos o cerca, pero no podemos ignorar la evidencia de que todo en nuestro presente es puro proceso de actualizacin. O dejamos que el mundo nos actualice a nosotros, o elegimos que sea lo que se sustrae a su corriente lo que tenga la palabra.

Lo que pareci el colmo de lo inactual est condenado a tener cada vez ms actualidad; esa necesidad de romper las costuras del tiempo por ambos costados para que la serpiente cambie de piel reclama ms y ms sus derechos en las esferas prcticas de la poltica y el dinero, y lo har probablemente en la ciencia, las tecnologas y el entero dominio de nuestra expresin, pues nunca faltamos a la necesidad de identificar fuera lo que ya estamos sintiendo dentro. El ser moral del hombre requiere de su intelecto, su imaginacin y su accin, y si aspirramos a algn cambio en profundidad reconoceramos nuestra impotencia a la hora de coordinarlos con ms provecho que dao. Este reconocimiento es tambin nuestra mxima fortaleza y nuestra ms grande libertad. Uncir esas cosas a nuestra voluntad es importante y necesario, pero desuncir nuestra voluntad de ellas es ms importante todava: lo que queremos unir lo separamos, pero lo que no separamos no hace falta reunirlo de ninguna manera.

En vano se habla de las contradicciones del capitalismo y el mundo moderno si no se comprende que tales contradicciones estn encarnadas en cada uno de nosotros independientemente de nuestra conviccin. Como no ha dejado de decirse, no es lo que te han hecho, sino lo que haces con lo que te han hecho, lo que importa. La trasparencia se sacrifica en su ideal; para poder aspirar al tiempo soberano, desocupado y sin direccin hemos de sacrificar debidamente a los dioses de las seis direcciones.

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Fuente: https://www.hurqualya.net

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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