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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2019

La construccin fiscal europea, un reto de la ciudadana europea

Santiago Gonzlez Vallejo
elsaltodiario


La Unin Europea, mejor dicho, los gobiernos de los diferentes pases europeos han construido un espacio econmico que tiene unas reas muy avanzadas y otras que estn en su mnima expresin.

Esto que es explicable por razones histricas, dinmicas polticas e ideolgicas, hace que los diferentes gobiernos tengan varias narrativas sobre la UE y cul debera ser su evolucin. No est determinado que se vaya o se quiera ir a un espacio poltico comn. Hay gobiernos que estn satisfechos con que se quede la UE como est (o menos), en un mercado comn y poco ms, y otros gobiernos paneuropestas que consideran que debe irse hacia una unidad poltica y, mientras tanto, avanzar en polticas y presupuestos concomitantes a las atribuciones de un Estado (Federal).

Por supuesto, hay muchas graduaciones entre un espacio estrictamente limitado a un mercado comn y la situacin en la que nos encontramos, donde hay unos fondos de cohesin, unas normas de obligado cumplimiento en muchos planos, un tribunal de justicia e incluso una construccin de gobernanza del euro, empezando por las garantas bancarias y un Parlamento Europeo colegislativo. El hecho de fijar, mediante el mecanismo del Semestre Europeo una vigilancia mancomunada de los parmetros de dficit, deuda, balanza de pagos, etc., es un paso relevante de gobierno econmico, pero capitidisminuido porque cada Estado y su diferente estructura econmica tiene que encontrar esos equilibrios macroeconmicos e intentar ponerse en cabeza de prosperidad econmica y social casi con sus propios medios y en competencia con el resto de los pases de la UE.

Esa lucha competitiva entre gobiernos de Estados, unos con otros, ha sido, esta vez s, determinada por el Tratado de la Unin. As, para atraer inversiones productivas o para capturar movimientos financieros los Estados compiten entre s (deslealmente?) y uno de sus instrumentos est en la fiscalidad. sta es libre de ser fijada por cada Estado y el Tratado de la Unin establece que la UE (la Comisin y el Consejo o el Parlamento Europeo) no puede ordenar nada en este aspecto si no es por unanimidad. Esto genera una competitividad fiscal a la baja que favorece a multinacionales, a sus accionistas, fondos y particulares, en contra de los criterios de una fiscalidad progresiva y suficiente.

Es cierto, que hay todo un pensamiento poltico que seala, con razn, que pagar impuestos es un elemento coercitivo que es consustancial a la ciudadana. El Estado se forja por la imbricacin del ciudadano que paga una contribucin por pertenecer a una comunidad. Esa estructura, el Estado, que paga, es suya.

Y en estas estamos. La UE no es un Estado. Y muchos gobiernos tienen o creen tener para sus nacionales una ventaja en la actual disposicin de necesitarse la unanimidad en asuntos fiscales, para diferenciarse del conjunto, y ofrecer elementos singulares al mundo empresarial y financiero. Y con esos gobiernos, tambin estn sus nacionales o viceversa. Y esto es un hndicap para la construccin europea.

Apple tiene un acuerdo con Irlanda para llevarse los beneficios de todas sus ventas a Irlanda y no pagar impuestos, pero tiene miles de ingenieros en Dubln. Holanda es reacia a que los pases del Sur se retrasen en corregir sus dficits pblicos, pero obvia los tejemanejes de las multinacionales sitas en esos pases, pero cuyas matrices se encuentran en dicho Estado, y que con sus precios de transferencia laminan la capacidad de pagos fiscales de las filiales. Luxemburgo, Malta, Chipre son parasos fiscales. Y otros ms, tienen figuras fiscales o tal nivel de opacidad que son considerados primos hermanos de los anteriores.

Finlandia, Suecia, Dinamarca e Irlanda se han negado a establecer la tasa Google para que las empresas digitales que no pagan nada, en ningn sitio- tengan que satisfacer un mnimo de su facturacin de unas reas determinadas de sus negocios. El impuesto de transacciones financieras, a pesar de contar con el apoyo de varios pases europeos en lo que se ha llamado cooperacin reforzada, se ha aplazado su puesta en marcha, tras el Brexit y el rechazo del resto de pases europeos.

La modificacin del Tratado de la Unin exigira que tanto los pases pequeos que consideran que para tener ventajas competitivas con los grandes tienen que ofrecer esas singularidades fiscales de poca tributacin y opacidad, como los que ahora cuentan con muchas sedes de multinacionales cambiasen su posicin y perdieran las ventajas actuales. Nos encontramos en una encrucijada. Muchos economistas consideramos que es necesaria alguna armonizacin y que globalmente los europeos ganaramos con ella. Pero, como en muchos otros aspectos, habra quien perdera si no hay otras modificaciones econmicas. Por eso hay gobiernos que rechazan perder su capacidad de veto y siguen exigiendo en esa parcela de la fiscalidad, la unanimidad.

Los redactores del informe Tax 3 del Parlamento Europeo, que se han enfrentado a la realizacin de una investigacin de los Papeles de Panam, el Luxleaks, etc., la opacidad y el oportunismo de las multinacionales y de personas multimillonarias para no pagar impuestos, han visto que ante ese dilema armonizacin vs unanimidad se podra hacer uso del artculo 116 del Tratado que dice En caso de que la Comisin compruebe que una divergencia entre las disposiciones legales, reglamentarias o administrativas de los Estados miembros falsea las condiciones de competencia en el mercado interior y provoca, por tal motivo, una distorsin que deba eliminarse, proceder a celebrar consultas con los Estados miembros interesados.

Si tales consultas no permitieran llegar a un acuerdo para suprimir dicha distorsin, el Parlamento Europeo y el Consejo adoptarn, con arreglo al procedimiento legislativo ordinario, las directivas necesarias a este fin. Podrn adoptarse cualesquiera otras medidas apropiadas previstas en los Tratados.

Pero, an encontrando un camino que lograse romper la regla de la unanimidad, slo sera un camino transitable si los nacionales de cada Estado valoran que quieren ser ciudadanos europeos y cada uno de los gobiernos acepta que no tienen que estar al servicio de un capital transfronterizo. Mientras tanto, la UE es el paraso fiscal de las multinacionales a costa de sus ciudadanos.


Santiago Gonzlez Vallejo. USO. Economista

www.elsaltodiario.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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