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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2019

Se cumplen cien aos del asesinato del mximo dirigente de la Revolucin Mexicana:
Manifiesto a la Nacin

Emiliano Zapata Salazar
TopoExpress

Manifiesto de Emiliano Zapata a la Nacin en Morelos, el 20 de octubre de 1912


La victoria se acerca, la lucha toca a su fin. Se libran ya los ltimos combates y en estos instantes solemnes, de pie y respetuosamente descubiertos ante la nacin, aguardamos la hora decisiva, el momento preciso en que los pueblos se hunden o se salvan, segn el uso que hacen de la soberana conquistada, esa soberana por tanto tiempo arrebatada a nuestro pueblo, y la que con el triunfo de la revolucin volver ilesa, tal como se ha conservado y la hemos defendido aqu, en las montaas que han sido su solio y nuestro baluarte. Volver dignificada y fortalecida para nunca ms ser mancillada por la impostura ni encadenada por la tirana.

Tan hermosa conquista ha costado al pueblo mexicano un terrible sacrificio, y es un deber, un deber imperioso para todos, procurar que ese sacrificio no sea estril, por nuestra parte, estamos bien dispuestos a no dejar ni un obstculo enfrente, sea de la naturaleza que fuere y cualquiera que sean las circunstancias en que se presente, hasta haber levantado el porvenir nacional sobre una base slida, hasta haber logrado que nuestro pas, amplia la va y limpio el horizonte, marche sereno hacia el maana grandioso que le espera.

Perfectamente convencidos de que es justa la causa que defendemos, con plena consciencia de nuestros deberes y dispuestos a no abandonar ni un instante la obra grandiosa que hemos emprendido, llegaremos resueltos hasta el fin, aceptando ante la civilizacin y ante la historia, las responsabilidades de este acto de suprema reivindicacin.

Nuestros enemigos, los eternos enemigos de las ideas regeneradoras, han empleado todos los recursos y acudido a todos los procedimientos para combatir a la revolucin, tanto para vencerla en la lucha armada, como para desvirtuarla en su origen y desviarla de sus fines.

Sin embargo, los hechos hablan muy alto de la fuerza y el origen de este movimiento. Ms de treinta aos de dictadura, parecan haber agotado las energas y dado fin al civismo de nuestra raza, y a pesar de ese largo periodo de esclavitud y enervamiento, estall la revolucin de 1910, como un clamor inmenso de justicia que vivir siempre en el alma de las naciones como vive la libertad en el corazn de los pueblos para vivificarlos, para redimirlos, para levantarlos de la abyeccin a la que no puede estar condenada la especie humana.

Fuimos de los primeros en tomar parte de aquel movimiento, y el hecho de haber continuado en armas despus de la expulsin de Porfirio Daz y de la exaltacin de Madero al poder, revela la pureza de nuestros principios y el perfecto conocimiento de causa con que combatimos y demuestra que no nos llevaban mezquinos intereses, ni ambiciones bastardas, ni siquiera los oropeles de la gloria, no; no buscbamos ni buscamos la pobre satisfaccin del medro personal, ni anhelbamos la triste vanidad de los honores, ni queremos otra cosa que no sea el verdadero triunfo de la causa, consistente en la implantacin de los principios, la realizacin de los ideales y la resolucin de los problemas, cuyo resultado tiene que ser la salvacin y el engrandecimiento de nuestro pueblo. La fatal ruptura del Plan de San Luis Potos motiv y justific nuestra rebelda contra aquel acto que invalidaba todos los compromisos y defraudaba todas las esperanzas; que nulificaba todos los esfuerzos y esterilizaba todos los sacrificios y truncaba, sin remedio, aquella obra de redencin tan generosamente emprendida por los que dieron sin vacilar, como abono para la tierra, la sangre de sus venas. El Pacto de Ciudad Jurez devolvi el triunfo a los enemigos y la vctima a sus verdugos; el caudillo de 1910 fue el autor de aquella amarga traicin, y fuimos contra l, porque, lo repetimos: ante la causa no existen para nosotros las personas y conocemos lo bastante la situacin para dejarnos engaar por el falso triunfo de unos cuantos revolucionarios convertidos en gobernantes; lo mismo que combatimos a Francisco I. Madero, combatiremos a otros cuya administracin no tenga por base los principios por los que hemos luchado.

Roto el Plan de San Luis, recogimos su bandera y proclamamos el Plan de Ayala. La cada del gobierno pasado no poda significar para nosotros ms que un motivo para redoblar nuestro esfuerzo, porque fue el acto ms vergonzoso que pueda registrarse; ese acto de abominable perversidad, ese acto incalificable que ha hecho volver el rostro indignados y escandalizados a los dems pases que nos observan y a nosotros nos ha arrancado un estremecimiento de indignacin tan profunda, que todos los medios y todas las fuerzas juntas no bastaran a contenerla, mientras no hayamos castigado el crimen, mientras no ajusticiemos a los culpables.

Todo esto por lo que respecta al origen de la revolucin, por lo que toca a sus fines, ellos son tan claros y precisos, tan justos y nobles, que constituyen por s solos una fuerza suprema, la nica con que contamos para ser invencibles, la nica que hace inexpugnables estas montaas en que las libertades tienen su reducto.

La causa por la que luchamos, los principios e ideales que defendemos, son ya bien conocidos de nuestros compatriotas, puesto que en su mayora se han agrupado en torno de esta bandera de redencin de este lbaro santo del derecho, bautizado con el sencillo nombre de Plan de Villa de Ayala. Ah estn contenidas las ms justas aspiraciones del pueblo, planteadas las ms imperiosas necesidades sociales, y propuestas las ms importantes reformas econmicas y polticas, sin cuya implantacin, el pas rodara inevitablemente al abismo, hundindose en el caos de la ignorancia, de la miseria y de la esclavitud.

Es terrible la oposicin que se ha hecho al Plan de Ayala, pretendiendo, ms que combatirlo con razonamientos, desprestigiarlo con insultos, y para ello, la prensa mercenaria, la que vende su decoro y alquila sus columnas, ha dejado caer sobre nosotros una asquerosa tempestad de cieno, de aquel en que se alimenta su impudicia y arrastra su abyeccin. Y sin embargo, la revolucin, incontenible, se encamina hacia la victoria.

El gobierno, desde Porfirio Daz a Victoriano Huerta, no ha hecho ms que sostener y proclamar la guerra de los ahtos y los privilegiados contra los oprimidos y los miserables, no ha hecho ms que violar la soberana popular, haciendo del poder una prebenda; desconociendo las leyes de la evolucin, intentando detener a las sociedades y violando los principios ms rudimentarios de la equidad arrebatando al hombre los ms sagrados derechos que le di la naturaleza. He all explicada nuestra actitud, he all explicado el enigma de nuestra indomable rebelda y he all propuesto, una vez ms, el colosal problema que preocupa actualmente no slo a nuestros conciudadanos, sino tambin a muchos extranjeros. Para resolver este problema, no hay ms que acatar la voluntad nacional, dejar libre la marcha a las sociedades y respetar los intereses ajenos y los atributos humanos. Por otra parte, y concretando lo ms posible, debemos hacer otras aclaraciones para dejar explicada nuestra conducta del pasado, del presente y del porvenir.

La nacin mexicana es demasiado rica. Su riqueza, aunque virgen, es decir todava no explotada, consiste en la agricultura y la minera; pero esa riqueza, ese caudal de oro inagotable, perteneciendo a ms de quince millones de habitantes, se halla en manos de unos cuantos miles de capitalistas y de ellos una gran parte no son mexicanos. Por un refinado y desastroso egosmo, el hacendado, el terrateniente y el minero, explotan esa pequea parte de la tierra, del monte y de la vera, aprovechndose ellos de sus cuantiosos productos y conservando la mayor parte de sus propiedades enteramente vrgenes, mientras un cuadro de indescriptible miseria tiene lugar en toda la Repblica.

Es ms, el burgus, no conforme con poseer grandes tesoros de los que a nadie participa, en su insaciable avaricia, roba el producto de su trabajo al obrero y al pen, despoja al indio de su pequea propiedad y no satisfecho an, lo insulta y golpea haciendo alarde del apoyo que le prestan los tribunales, porque el juez, nica esperanza del dbil, hllase tambin al servicio de la canalla; y ese desequilibrio econmico, ese desquiciamiento social, esa violacin flagrante de las leyes naturales y de las atribuciones humanas, es sostenida y proclamada por el gobierno, que a su vez sostiene y proclama pasando por sobre su propia dignidad, la soldadesca execrable.

El capitalista, el soldado y el gobernante haban vivido tranquilos, sin ser molestados, ni en sus privilegios ni en sus propiedades, a costa del sacrificio de un pueblo esclavo y analfabeta, sin patrimonio y sin porvenir, que estaba condenado a trabajar sin descanso y a morirse de hambre y agotamiento, puesto que, gastando todas sus energas en producir tesoros incalculables, no le era dado contar ni con lo indispensable siquiera para satisfacer sus necesidades ms perentorias.

Semejante organizacin econmica, tal sistema administrativo que vena a ser un asesinato en masa para el pueblo, un suicidio colectivo para la nacin y un insulto, una vergenza para los hombres honrados y conscientes, no pudieron prolongarse por ms tiempo y surgi la revolucin, engendrada, como todo movimiento de las colectividades, por la necesidad. Aqu tuvo su origen el Plan de Ayala.

Antes de ocupar don Francisco I. Madero la presidencia de la Repblica, mejor dicho, a raz de los Tratados de Ciudad Jurez se crey en una posible rehabilitacin del dbil ante el fuerte, se esper la resolucin de los problemas pendientes y la abolicin del privilegio y del monopolio, sin tener en cuenta que aquel hombre iba a cimentar su gobierno en el mismo sistema vicioso y con los mismos elementos corruptos con que el caudillo de Tuxtepec, durante ms de seis lustros, extorcion a la nacin. Aquello era un absurdo, una aberracin, y sin embargo, se esper porque se confiaba en la buena fe del que haba vencido al dictador. El desastre, la decepcin no se hicieron esperar. Los luchadores se convencieron entonces de que no era posible salvar su obra ni asegurar su conquista dentro de esa organizacin morbosa y apolillada, que necesariamente haba de tener una crisis antes de derrumbarse definitivamente: la cada de Francisco I. Madero y la exaltacin de Victoriano Huerta al poder.

En este caso y conviniendo en que no es posible gobernar al pas con ese sistema administrativo sin desarrollar una poltica enteramente contraria a los intereses de las mayoras, y siendo, adems, imposible la implantacin de los principios por que luchamos, es ocioso decir que la Revolucin del Sur y Centro, al mejorar las condiciones econmicas, tiene, necesariamente, que reformar de antemano las instituciones, sin lo cual, fuerza es repetirlo, le ser imposible llevar a cabo sus promesas. All est la razn de por qu no reconoceremos a ningn gobierno que no nos reconozca y, sobre todo, que no garantice el triunfo de nuestra causa.

Puede haber elecciones cuantas veces se quiera; pueden asaltar, como Huerta, otros hombres la silla presidencial, valindose de la fuerza armada o de la farsa electoral, y el pueblo mexicano puede tambin tener la seguridad de que no arriaremos nuestra bandera ni cejaremos un instante en la lucha, hasta que, victoriosos, podamos garantizar con nuestra propia cabeza el advenimiento de una era de paz que tenga por base la justicia y como consecuencia la libertad econmica. Si como lo han proyectado esas fieras humanas vestidas de oropeles y listones, esa turba desenfrenada que lleva tintas en sangre las manos y la consciencia, realizan con mengua de la ley la repugnante mascarada que llaman elecciones, vaya desde ahora, no slo ante el nuestro sino ante los pueblos todos de la Tierra, la ms enrgica de nuestras protestas, en tanto podamos castigar la burla sangrienta que se haga a la Constitucin del 57.

Tngase, pues, presente que no buscaremos el derrocamiento del actual gobierno para asaltar los puestos pblicos y saquear los tesoros nacionales, como ha venido sucediendo con los impostores que logran encumbrar a las primeras magistraturas, spase de una vez por todas, que no luchamos contra Huerta nicamente, sino contra todos los gobernantes y los conservadores enemigos de la hueste reformista, y sobre todo, recurdese siempre que no buscamos honores, que no anhelamos recompensas, quevamos sencillamente a cumplir el compromiso solemne que hemos contraido dando pan a los desheredados y una patria libre, tranquila y civilizada a las generaciones del porvenir. Mexicanos: si esta situacin anmala se prolonga; si la paz, siendo una aspiracin nacional, tarda en volver a nuestro suelo y a nuestros hogares, nuestra ser la culpa y no de nadie. Unmonos en un esfuerzo titnico y definitivo contra el enemigo de todos, juntemos nuestros elementos, nuestras energas y nuestras voluntades y opongmonos cual una barricada formidable a nuestros verdugos; contestemos dignamente, enrgicamente ese latigazo insultante que Huerta ha lanzado sobre nuestras cabezas;rechacemos esa carcajada burlesca y despectiva que el poderoso arroja, desde los suntuosos recintos donde pasea su encono y su soberbia, sobre nosotros, los desheredados que morimos de hambre en el arroyo.

No es preciso que todos luchemos en los campos de batalla, no es necesario que todos aportemos un contingente de sangre a la contienda, no es fuerza que todos hagamos sacrificios iguales en la revolucin; lo indispensable es que todos nos irgamos resueltos a defender el inters comn y a rescatar la parte de soberbia que se nos arrebata.

Llamad a vuestras conciencias; meditad un momento sin odio, sin pasiones, sin prejuicios, y esta verdad, luminosa como el sol, surgir inevitablemente ante vosotros: la revolucin es lo nico que puede salvar a la Repblica.

Ayudad, pues, a la revolucin. Traed vuestro contingente, grande o pequeo, no importa cmo; pero traedlo. Cumplid con vuestro deber y seris dignos; defended vuestro derecho y seris fuertes, y sacrificaos si fuere necesario, que despus la patria se alzar satisfecha sobre un pedestal inconmovible y dejar caer sobre vuestra tumba un puado de rosas. Reforma, Libertad, Justicia y Ley

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/manifiesto-a-la-nacion/



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