Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2019

Otros cuadros de la violencia de gnero en Cuba

Istvn Ojeda Bello
Progreso Semanal


Imagnate que muchas veces me lanzaba cosas: una vez fue un caldero y otra, dos platos. Siempre delante de mis hijos, y yo tena miedo por ellos. Una vez me amenaz pblicamente con un cuchillo y me dijo que no poda ir a la Polica, porque entonces s que me iba a ir mal[1] 

As le cont ella a un grupo investigador en el oriente del pas. Es una de tantas historias que obligan a decir, sin sonrojo ni ingenuidad, que la violencia contra la mujer es una realidad en Cuba. Ahora con los datos de Encuesta Nacional de Gnero realizada por la Oficina Nacional de Estadsticas e Informacin (ONEI) en 2016 es posible completar mejor la triste fotografa de un asunto que merece toda la atencin.

La violencia de gnero est presente an en la sociedad cubana, con todas las implicaciones que se derivan de esta problemtica para las mujeres en cualquier parte del mundo, haba dicho en 2013 la doctora Clotilde Proveyer Cervantes, profesora titular del Departamento de Sociologa de la Universidad de La Habana (UH). Resumiendo los resultados de los estudios cualitativos ms serios realizados sobre este tema en el pasado reciente, ella afirmaba que las manifestaciones de ese fenmeno tienen aqu matices similares a las de otras zonas del mundo: desde un silencio omisor hasta la muerte; porque, explic, la estructura social patriarcal, aunque menos monoltica debido a los cambios operados a nivel social, sigue sirviendo de sostn a la dominacin masculina.

Cuando me picote toda me cogi por la espalda desprevenida lavndome el pelo. Me hal por el pelo desde el bao hasta el ltimo cuarto. Ya me haba cortado en la mano y yo vea la sangre corriendo. All me dio patadas y me cort en la pierna y el pie con el cuchillo. Yo no poda ms. Era como una mueca de trapo

Los anlisis de la profesora Proveyer Cervantes y las cifras de la ONEI confirman que la mayora de la poblacin cubana de entre 15 a 74 aos de edad sabe que este no es el nico caso pues en mayor o menor medida los encuestados admitieron la existencia del problema. De hecho, el 26,7 por ciento de mujeres afirm haber sido objeto de violencia en los 12 meses anteriores a la encuesta y el 22,6 por ciento a lo largo de su vida. No obstante, incluirlo el apartado de las dificultades no significa que la gente lo vea como algo prioritario. El 51,9 por ciento (el 50,2 por ciento de las mujeres y el 53,7 de los hombres) opin que este tipo de violencia es poca en el pas.

El examen cuantitativo de la ONEI revela que la modalidad de agresin ms frecuente contra las mujeres cubanas sin importar el lapso desde su ocurrencia por ltima vez, es la psicolgica seguida por la econmica, luego la fsica y por ltimo la sexual. El predominio de la hegemona desde lo subjetivo aflora cuando las vctimas afirmaron sentirse a menudo controladas por sus parejas. Esas marcas, alertan expertos, suelen ser ms duraderas que un bofetn.

Qu hacer, a dnde ir?

Ahora me siento marcada para la sociedad. La gente ve mis marcas y dice, ah va la que picotearon. Hay gente que ha dicho que me lo busqu, incluso cerca de m, sin saber que soy yo de quien estn comentando

El viacrucis de esta cubana tiene rostro numrico en lo que al respeto dijeron los encuestados por la ONEI. Aunque ms de la mitad rechaz el mito de que supuestamente las mujeres deben soportar la violencia por su seguridad econmica y el bienestar de sus hijos(as) o que las mujeres son violadas porque provocan a los hombres; el 40 por ciento (38,6 por ciento de las mujeres y el 42 de los hombres) se sinti muy cmodo con la idea de que la violencia en la pareja es cosa de dos. Peor an: dos tercios secund la sentencia de que La mujer que soporta el maltrato es porque le gusta, sino ya hubiera roto la relacin.

Entonces la tragedia descrita estara en camino de tornarse un crculo vicioso donde ella no ve salida alguna, entre otras razones porque siente que depende nicamente de sus propias fuerzas. Sucede que, segn la ONEI, apenas el 3,7 por ciento de las mujeres vctimas de violencia afirm haber acudido a alguna institucin o servicio buscando ayuda para ellas; mientras que el 78,5 por ciento de todas, afectada o no, dijeron que ante una situacin de esta ndole reaccionaran por sus propios medios. Son indudablemente malas noticias para los engranajes que desde el Estado y la sociedad civil tienen la tarea de ocuparse de la proteccin directa de la integridad fsica y psicolgica de las mujeres.

En especial para la Federacin de Mujeres Cubanas (FMC) la cual, dijeron quienes aceptaron compartir sus experiencias con los investigadores del Instituto Minero-Metalrgico de Moa (*), no tiene xito porque ellas perciben como su verdadera necesidad un lugar a dnde ir a vivir con sus hijos, cuestin a la cual objetivamente no puede dar respuesta esta organizacin.

Este testimonio colectado por un estudio abarc todo un quinquenio en la mencionada localidad del extremo oriental de la provincia de Holgun, y alert sobre situaciones de violencia de gnero que no llegan a las estadsticas por subregistros a partir del no funcionamiento de los mecanismos de denuncia establecidos por los Ministerios del Interior y Salud, o por la actitud cmplice de algunas vctimas subyugadas bajo el mito de que ese es el marido que me quiere.

Entonces, en pos de la prevencin y la atencin de este problema social estimaron necesario resolver la escasez de vnculos interinstitucionales que, a travs de una estrategia nacional, defina, coordine, d seguimiento y evale un conjunto de acciones planificadas sistemticamente, para lograr un trabajo coherente e interconectado desde el nivel nacional hasta el local.

Cambios evidentes pero insuficientes

Sin dudas la Encuesta Nacional de Gnero agrega visibiliza la violencia contra la mujer, tal cual lo han hecho otros espacios de debate social y en cierta medida los medios de comunicacin. Reconforta saber que el 79,4 por ciento de los encuestados (78 por ciento de los hombres y el 80,8 de las mujeres) consider que en ninguna ocasin se justifica este tipo de conducta.

Los efectos de esa toma de conciencia relativa fueron palpables durante la consulta popular a la nueva Constitucin tras el cual se incluy explcitamente el cometido al Estado de que le asegure a la mujer tambin la proteccin de la violencia de gnero en cualquiera de sus manifestaciones y espacios, encargndole de paso la creacin de los mecanismos institucionales y legales para ello.

Pero eso sera apenas un impulso a un quehacer mayor porque la cultura del supuesto poder masculino tiene races lo suficientemente fuertes como para estar seguros de que, ni de lejos, dejarn de ocurrir todava episodios como los descritos en estas lneas y peores y que alimentan los comentarios morbosos en el barrio cuando debera ser motivo de movilizacin colectiva para erradicarlos.

Nota: Los testimonios plasmados en este trabajo fueron recogidos por los investigadores Yuliuva Hernndez Garca, ngel Ramrez Matos y Miurlenis Graham Cspedes en Bajo el silencio: violencia contra mujeres y relaciones incestuosas en el medio rural. Lecturas culturales de un estudio de caso en Moa. (Ruth Casa Editorial y Editorial Ciencias Sociales, 2017). En ellos se plasman las voces de las sobrevivientes a la violencia de gnero que se incrementa en Cuba. En otros casos, como el de la estudiante de medicina Leydi Laura Garca Lugo, de 21 aos, asesinada el pasado fin de semana en la provincia Villa Clara, las vctimas no pueden ni siquiera hacer el cuento. Otras personas debemos hacerlo por ellas.

Fuente: http://progresosemanal.us/20190411/otros-cuadros-de-la-violencia-de-genero-en-cuba/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter