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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2019

Entrevista a Carol Arcos Herrera, acadmica, terica y pensadora feminista
Estos feminismos traman el deseo de un pachakuti feminista como horizonte poltico de expectativas hacia donde debe dirigirse la lucha antipatriarcal y anticolonial"

Luisa Fuentes Guaza
Centro Hacedor de Futuridades Maternales


Converso con la acadmica, terica y pensadora feminista, Carol Arcos Herrera (Santiago, Chile, 1980), cuya investigacin sobre el surgimiento del concepto moderno de maternidad del proyecto liberal en Chile a lo largo del siglo XIX se alza como un eslabn imprescindible para entender la dinmicas y dependencias implcita entre maternidad y Estado-Nacin en Amrica del Sur.

Su reflexin planeta un espacio revelador y crtico sobre cmo los feminismos antirracistas y anticoloniales estn encajando todas las cuestiones relacionadas con la reproduccin social y trabajo materno poniendo atencin en los mandatos donde queda eliminado el sentir del cuerpo gestante y cuerpo sostenedor. 

Podramos desmantelar la lgica del trabajo materno como corpomaldicin o como proceso de alineamiento o como carga irreversible frente la posibilidad de articular nuevas reatribuciones donde dar la teta no sea sinnimo de poner lavadoras o sostener no sea sinnimo de encierro en el espacio privado unido a una redistribucin social no-externalizada, no-privatizada, no-negadora de los derechos de las criaturas en la primera infancia de todas las actividades que configuran el trabajo materno como potencialidades para la transformacin de las condiciones de vida?

En primer lugar, es necesario reconocer las maternidades como un trabajo (como bien lo dices t) y esto, evidentemente, se hace posible gracias a la desestabilizacin cultural, intelectual y poltica que hacemos desde los feminismos en lo que se ha venido a llamar la cuarta ola, pero, que para el contexto latinoamericano, prefiero denominar feminismos anticoloniales y antirracistas.

Entonces, hablar de trabajo materno significa, por una parte, actualizar el debate sobre el nudo produccin/reproduccin, o capital/vida, ya presente en el feminismo de la dcada del 70, pero, por otra, cuestionar tambin sus propias premisas clasistas, racistas y neocoloniales. No solo pienso en los feminismos norte-norte, sino tambin en nuestros feminismos latinoamericanos hasta los 90, cuando no atendan a las dinmicas de colonialismo interno, por ejemplo.

En este terreno son fundamentales las propuestas de Silvia Federici, las perspectivas de la economa feminista (en las Espaas tienen pensadoras muy fecundas en este mbito, Amaia Prez Orozco, Esther Velsquez, por nombrar solo algunas), y, por sobre todo, destaco el trabajo descolonizador de las feministas comunitarias bolivianas Mara Galindo y Julieta Paredes, y la figura de Silvia Rivera Cusicanqui desde su posicin chixi (concepto mediante el que da cuenta de una comunin problematizada entre mltiples diferencias culturales, un en medio de la contradiccin). Como he dicho en otra parte (http://www.debatefeminista.cieg.unam.mx/wp-content/uploads/2018/03/articulos/DF55_02.pdf), estos feminismos traman el deseo de un pachakuti feminista como horizonte poltico de expectativas hacia donde debe dirigirse la lucha antipatriarcal y anticolonial. Y ese pachakuti feminista requiere de nuevos tratos sociales para sostener la reproduccin de la vida y el trabajo del cuidado. Las feministas tenemos el deber poltico de pensar en la maternidad y no dejar este terreno abierto al mercado de ideas fascistas y conservadoras que constantemente reactualiza absurdos, pero resonantes y peligrosos, discursos maternalistas y naturalistas en consonancia con la defensa supuesta que hacen de la vida en sus proclamas antiabortistas. Es un asunto que nos atae vital y polticamente y que no deberamos continuar mirando con recelo o como el eterno goce (en el sentido psicoanaltico del trmino) patriarcal al que debemos someternos.

Entonces, a tu pregunta respondo que s, s es posible si desde el feminismo nos proponemos pensar en las maternidades y transformar las relaciones de poder-saber-afecto en las familias, en la casa, en el Estado, en el feminismo. Es una tarea que debemos hacer en conjunto.

podramos re-asignar la crianza como territorio para la generacin de verdaderas condiciones de igualdad y justicia como espacio de aprendizaje revolucionario desde el origen de la vida sin que ello suponga reforzar el constructo cuerpo-comunidad-femenino o reforzar los roles de gnero o contribuir a la mitologizacin de la feminidad?, podramos gestar y sostener desde la emancipacin asumiendo tales actividades?

Es lo deseable, no? Pero debemos generar las condiciones no solo materiales, que son fundamentales, sino tambin simblicas. No es posible, por ejemplo, que una estudiante en un programa de Ethnic Studies en Estados Unidos, mexicana y pobre se sienta mal por ir a clases porque es madre joven, se sienta juzgada porque ser madre es sinnimo de ser patriarcal por antonomasia en uno de los programas de avanzada y supuestamente ms de izquierda de su universidad. O cmo es posible que un estudiante gay de postgrado me pregunte cuando estaba embarazada de mi segunda hija: Estas embarazada? Ah bueno, no todos los hijos se abortan! Qu est pasando? Si nosotras no podemos despatriarcalizar la maternidad, quin lo har?

Debemos pensar en cmo hacer, no? Ya estamos haciendo algunas cosas, como reorganizar el trabajo domstico y del cuidado con nuestras parejas, familias, pero nos queda mucho por hacer en esos contextos y an ms en el mundo asalariado, en las relaciones laborales. Y, cmo no, entre nosotras las feministas.

Podras ahondar ms en lo que comentas sobre cmo la teora feminista "continua mirando con recelo o como el eterno goce (en el sentido psicoanaltico del trmino) patriarcal al que debemos someternos" todas las cuestiones relacionadas con la reproduccin social?

Cuando me refera a la nocin psicoanaltica, sobre todo lacaniana, de goce lo haca en un doble sentido. En primer lugar, es un concepto complejo no solo tericamente en el marco del psicoanlisis, sino tambin para la teora crtica feminista. Recordemos que Lacan, en un primer momento, piensa la nocin de goce ligada a la de placer sexual, para posteriormente repensarla en la trama de sus frmulas de sexuacin (proceso mediante el que un sujeto deviene sexuado). Es en este ltimo marco que Lacan desarrolla una idea diferencial del goce: el goce flico y el goce femenino (llamado tambin suplementario, pues no sufrira la interdiccin de la castracin), y el que tambin ha sido activamente discutido desde el feminismo psicoanaltico o el psicoanlisis feminista. Autoras tales como Luce Irigaray, Julia Kristeva, Juliet Mitchell, Nancy Chodorow, Jessica Benjamn, Jane Flax, entre otras, nos han permitido utilizar las valiosas herramientas del psicoanlisis para cuestionar la unidad del sujeto (desde el psicoanlisis somos sujetos deseantes, asujetados o divididos) y pensar en las diversas y conflictivas maneras en cmo devenimos sujetos sexuados. El trabajo de estas y otras autoras se ha posicionado desde, al menos, dos filiaciones tericas, por una parte, aquellas que trabajan desde la teora freudiano-lacaniana y la otras que lo hacen desde la teora de las relaciones objetuales, sobre todo a partir de la figura de Melanie Klein. No me detendr mucho ms en esto, porque es para otra conversacin, pero s recomendara la lectura de la introduccin de Silvia Tubert a la edicin espaola de Psicoanlisis y feminismo. Pensamientos fragmentarios (Ediciones Ctedra) de Jane Flax. El goce, grosso modo, radica en el intento permanente de exceder los lmites del principio de placer, su economa causa sufrimiento. El goce, entonces, es un efecto significante operando sobre el cuerpo y que elabora una forma de satisfaccin sustitutiva, pero que el sujeto no la siente como placentera, sino como dolorosa. En este sentido, es posible decir que el proceso de sexuacin implica el lugar real donde alguien se debate con opciones de goce y sntoma. Este es un tema que me viene interesando mucho. Ahora mismo estoy escribiendo acerca de cmo tres escritoras latinoamericanas del siglo XIX (Carmen Arriagada, Juana Manuela Gorriti y Nsia Floresta) textualizan el sntoma en sus epistolarios. Si bien podra entenderse que estoy reposicionando la aspiracin patriarcal de que las mujeres solo pueden significar su libertad o su falta mediante la exhibin de un cuerpo sufriente, por el contrario, lo que busco es releer la senda de esa herida como una simbolizacin en donde la muerte habita el deseo de escritura.

Creo que me alejo de tu pregunta, pero ahora vuelvo. Te deca que pensaba en la idea de goce en un doble sentido. Entonces, en el primer sentido quiero enfatizar, por si no ha quedado claro, que analizo el problema de la maternidad desde un enfoque psicoanaltico. En segundo trmino, pero ligado a lo anterior, considero que debemos comprender la maternidad o las maternidades no solo bajo la economa sufriente del goce. Pienso en diversos argumentos, desde los ms cotidianos discursos del narcisismo neoliberal yo soy para m, lxs hijxs son un estorbo. Con esto no digo que es abosolutamente imprescindible que las mujeres tengamos una vida con nosotras mismas, nuestro cuarto propio o intimidad, pero lo que promueven los discursos a los que me refiero no es la emancipacin, sino que, por el contrario, lo que movilizan es la produccin de consumidoras y hedonistas mujeres para el capital. Ahora bien, tambin pienso en discursos intelectuales ms acabados y con los que a momentos coincido, pero con los que al final del da no estoy de acuerdo. Por ejemplo, el libro Contra los hijos de Lina Meruane, una de las autoras chilenas que ms me gusta por lo dems. Es interesante el argumento de su premisa general, pues el libro es una diatriba contra los hijos tiranos, contra la infancia en su articulacin contempornea y neoliberal, razonamiento con el que concuerdo, pero tambin va tejiendo una postura muy contraria al trabajo materno: la mquina de hacer hijos es nuestra condena (15), una condena para las mujeres. Evidentemente, como seal antes, el ejercicio de la maternidad debe ser una eleccin libre, la que nunca es del todo consciente por supuesto, pero es muy distintido comprender la maternidad como un interdicto que como una condena. Cuidar de otros tambin nos hace libres y podemos hacerlo, de hecho, feministamente. Meruane arguye: Estarn a punto de gritarme: maldita t! feminista de tomo y lomo!, y yo dira no tenemos nada de gritarle, somos feministas pensando en la experiencia ms desgarrante para la subjetividad de una mujer, pero tambin debemos hacerlo para construir maternidades feministas y, por lo tanto, en la senda tambin abierta hacia la experiencia LGTBI. Sin embargo, creo que no debemos olvidar el cuerpo-gestante-sostenedor. De lo contrario, se hacen vlidos las demandas del mundo gay por conseguir vientres de alquiler o el trfico de mujeres desde el sur global hacia el norte, que satisfagan ya no solo la industria de la prostitucin, sino tambin de la gestacin.

La maternidad no puede seguir siendo un interdicto patriarcal, debemos tener la liberad psquica y material de desear ser madres o no, pero algo bien distinto es tener una posicin antireproductiva. La maternidad es un conflicto subjetivo tan potente que se vuelve un espacio privilegiado para la repeticin, vale decir, la experiencia que posibilita ms fuertemente el retorno del goce materno, la madre el primer Otro para el psicoanlisis, sobre el cuerpo. Placentera y dolorosa, ambivalencia materna es la idea que para m mejor figura la maternidad.

No te parece que hemos tenido que asimilarnos de manera masculinizada desde los feminismos de la tercera ola para llevar a cabo la emancipacin ajustando nuestro cuerpo y sus sentires a estructuras falocntricas donde el empleo y asalariarte estaba en el centro negando la necesidad de prestaciones sociales que apoyen la reproduccin social?

S, por supuesto. T hablas justamente de bio-procesos y eso es tan importante. Gran parte de las veces olvidamos el peso que tienen dichos bio-procesos en la vida cotidiana de las personas. No es lo mismo ir a trabajar embarazada que sin estarlo, o con la regla, o amamantando. La experiencia corporal y psquica de las mujeres es diferencial, y eso no nos hace menos o ms hbiles para desarrollar tal o cual trabajo frente a la masculinidad, pero devenir mujeres (cisgnero o transgnero, heterosexual u homosexual) es un proceso evidentemente distinto que no tiene por qu escenificarse con las herramientas ms agresivas del patriarcado. Pienso, por ejemplo, en colegas mujeres flicas que desmerecen el trabajo domstico y que no estn dispuestas a pensarlo porque no merece la pena, es patriarcado y punto. Lo privado es poltico, lo ntimo es poltico y la maternidad requiere que la pensemos polticamente.

Podemos ya poner sobre la mesa que los actuales feminismos anticoloniales y antirracistas o desde el norte-norte, lo de la cuarta ola, demandan una teora crtica y un tratamiento pblico que reconozca los bio-procesos o procesos encarnados que atraviesan al cuerpo-gestante y al cuerpo-sostenedor durante el trabajo materno?, estamos legitimadas para articular un feminismo bio-integrativo que asuma los distintos sentires no-masculizados en relacin a la maternidad?

Pucha! (como decimos en Chile), claro que s. Lo estamos haciendo desde nuestros propios lugares. Creo que conocerte a ti y las redes activistas que ests formando ayudarn enormemente en una tarea que con estos ritmos nuestros recin comienza.

Fuente: https://futuridadesmaternales.net/2019/04/05/las-feministas-tenemos-el-deber-politico-de-pensar-en-la-maternidad-y-no-dejar-este-terreno-abierto-al-mercado-de-ideas-fascistas-y-conservadoras-que-constantemente-reactualiza-absurdos-pero-resona/

 



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